martes, 22 de mayo de 2018

Gran escritora coreana



Hace apenas tres meses que gracias al boca a boca me enteré de la existencia de La vegetariana, la primera novela que se ha traducido de Kang. Su lectura me impactó y me mostró a una escritora distinta y original por sus temas y su escritura. Una escritora, además, preocupada por la violencia, una violencia que muestra en toda su crudeza. En este caso, el tema de la novela es, precisamente, la matanza provocada en 1980 por el ejército de Corea del Sur en una ciudad al reprimir a la población civil.
La obra se divide en siete capítulos que van desde los momentos de la masacre hasta los recuerdos bastantes años después, culminando en un epílogo en el que la autora cuenta cómo conoció y vivió unos hechos sucedidos cuando tenía apenas ocho años.
Sobre el contenido de los capítulos prefiero dejar la cita de la reseña de Francesc Miró en eldiario.es:

“Kang opta por acercarse desde la ficción, y desde unas voces narrativas que abrazan la fantasía, la introspección y la individualidad del dolor. La mirada de un adolescente que limpiaba los cadáveres de los fusilados, los dolorosos recuerdos de una madre que perdió a su hijo, la incapacidad de superar el trauma de una mujer violada durante las protestas, e incluso la de un alma incapaz de separarse del cuerpo al que pertenecía antes de que una bala se lo arrebatase.”

Estilísticamente, la autora utiliza a menudo la segunda persona cuando se refiere al principal protagonista, pero también la primera y la tercera de una forma que resulta muy efectiva e interesante para la narración.
Sobre este aspecto dice Marc Peig en su magnífica reseña en unlibroaldia.blogspot.com:

“De esta manera, uno de los logros de la autora es la facilidad que tiene en hilvanar una historia narrada, pensada y sentida a través de distintas voces; y no hablo únicamente de un cambio en el protagonista narrador, sino incluso del estilo, del tono, de la voz utilizada; la amplitud de registros de la autora la ubica ante un complejo reto narrativo del que sale profusamente victoriosa.”

Sobre el tema de la  violencia reproduzco dos textos: uno de la propia novela y otro de uno de los dos paratextos que se incluyen al final, en concreto el de Mar Abad, La violencia vista desde las profundidades.

“¿Es el hombre un ser cruel por naturaleza? ¿Lo nuestro no fue más que una experiencia normal y corriente? ¿Lo de la dignidad humana es un engaño y en cualquier momento podemos transformarnos en insectos, bestias o masas de pus y secreciones? El que no dejemos de humillarnos, destruirnos y masacrarnos, ¿es la prueba que ofrece la historia acerca de la naturaleza humana? (p. 159)

“A Han Kang le asombra tanto la crueldad que se arroja en picado hasta sus viscosas entrañas. Encara la violencia mirándola a los ojos, aunque derramen sangre, y agarrándole las manos, a pesar de las heridas donde se relamen las moscas. A la coreana no le tiembla el pulso cuando describe lo cruel y el dolor. Pero lo hace con tal delicadeza y exquisitez que sus historias, en vez de acabar boleadas por la ventana, atrapan sin remedio”. (p.259)

Estamos ante otra buena novela de una autora realmente singular en los temas que elige y en el tratamiento que les da. Tengo que reconocer que es la primera vez que soy capaz de leer en una novela con el máximo interés un capítulo en el que es un alma desprendida de su cuerpo quien me narra las cosas en primera persona. Solo por esto ya me hubiese merecido la pena leer el libro, pero lógicamente hay mucho más.
También es un acierto la inclusión por parte de la editorial de los dos paratextos que ayudan a conocer mejor a la autora y los hechos que tuvieron lugar en 1980.
Un libro tan recomendable como el anterior. Ahora a esperar que la editorial se anime a traducir alguno más. Por cierto, este fue escrito en 2016 y La vegetariana en 2007.


Han Kang, Actos humanos. Traducción Sunme Yoon

viernes, 18 de mayo de 2018

Citas últimas lecturas



Suicidio

“Los suicidios son homicidios tímidos. Masoquismo en vez de sadismo”, registró Pavese en su diario; me tomo la libertad de corregirle: el suicida busca la muerte, actúa con premeditación y alevosía y es por tanto un asesino, un asesino medroso quizá, un asesino tímido.
Clara Usón, El asesino tímido


 Fotografía

La fotografía es la reducción del mundo infinito e insuperable a un rectangulito. La fotografía es nuestra medida del mundo. La fotografía también es el recuerdo. La memoria es la reducción del mundo a rectangulitos. La inclusión de los rectangulitos en un álbum es una autobiografía.
Dubravka Ugresic, El Museo de la Rendición Incondicional


Fotografía

Nunca me había gustado la fotografía. Loa turistas armados con las cámaras, me repelían; hojear los álbumes ajenos me aburría; y mirar las diapositivas ajenas me disgustaba.
(…)
Me estuve preguntando qué y cuánto habría recordado de no haber hecho fotos.
Dubravka Ugresic, El Museo de la Rendición Incondicional


Libros

Había leído libros toda su vida, y si de algo sabía, sabía de libros. Dividía los libros en calientes y fríos. Le gustaban los libros calientes. Los libros calientes eran raros hoy en día. A ella no le importaba mucho la terminología. Seguro que yo sabía a qué se refería cuando decía calientes.
Dubravka Ugresic, El Museo de la Rendición Incondicional


Periodismo

Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza, que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno.
Janet Malcolm, El periodista y el asesino


Revolución

Todo revolucionario se ha preguntado al menos una vez si, finalmente, ese porvenir radiante por el que combate no lo llevará detrás de las alambradas de un campo de concentración al día siguiente de la victoria, y los poetas rusos no tuvieron que preguntárselo durante demasiado tiempo.
Patrick Deville, Pura vida. Vida  & muerte de William Walker

jueves, 17 de mayo de 2018

El inicio de un gran proyecto


Esta novela, aunque es la cuarta que publica Anagrama, es con la que Deville inició en 2004 una serie de 12 como se explica muy bien en el artículo y la entrevista con el autor de Berna González Harbour en elpais.com.
He leído y comentado en este blog las tres ya publicadas que, como sucede con la actual, me han parecido grandes novelas, tremendamente originales y magníficamente escritas y traducidas. (Por cierto, el traductor, que es amigo de Deville, aparece mencionado en la página 236).
En esta novela está ya todo lo que será característico de las que vengan a continuación: presencia de multitud de personajes en su gran mayoría reales (en este caso Sandino, Che Guevara, W.Walker, Ernesto Cardenal, Tony de la Guardia, Fidel Castro y un largo etcétera) además, claro, del propio autor; constantes desplazamientos en el espacio (aquí principalmente por toda Centroamérica) y en el tiempo (en este caso desde 1997, año en que el autor está in situ, hacia atrás sobre todo en el siglo XIX, pero en algún momento en el XVI y más en el XX); utilización, aunque no se haga explícita, de muy buena documentación; muy trabajada y pensada la estructura de la obra; una originalidad y creatividad realmente sorprendentes y, algo que a mí particularmente me encanta, una gran capacidad de síntesis, esto es, con muy pocas frases lograr expresar muchas cosas.
Tomo del comentario aparecido en el digital costarricense nación.com la siguiente cita que resume muy bien la obra desde otra perspectiva:

“(…) destila mordaz desesperanza y maestría estilística y logra una composición electrizante y laberíntica, en que el lector nunca se pierde y resurge constantemente azuzado por la repetición de imágenes y frases hipnóticas, como en una procesión fantasmal, más que un mural, que lleva a los personajes hacia el encuentro definitivo con el heroísmo, el escarnio o la muerte, nunca con la victoria."
Quisiera terminar el comentario con dos breves citas que obedecen a muy diferentes razones:
“A veces se hace justicia. El general Álvarez Martínez fue ejecutado el 25 de enero de 1989 por miembros del Movimiento Popular de Liberación Cinchonero” (p. 199)

“Porque finalmente esta segunda mitad del siglo XX no es en absoluto el periodo que me resulta más familiar. Con la salvedad, no obstante, de que es en este periodo en el que yo vivo.” (p. 207)

La primera me ha sorprendido por esa defensa del asesinato político aunque se trata de un torturador. La segunda me gusta porque recoge una   sensación que he tenido muchas veces quizá por el hecho de haber leído muchos libros de historia.
En fin, ahora queda esperar que se edite pronto el libro que falta de los ya publicados en Francia y que trata nada menos que de Kampuchea y los jemeres rojos. Y mientras tanto, recomendar la lectura de cualquiera de los cuatro ya publicados porque son una experiencia muy gratificante y enriquecedora.

Patrick Deville, Pura vida. Vida & muerte de William Walker. Traducción Losé Manuel Fajardo.

martes, 15 de mayo de 2018

Decepcionante



Este es un libro que trata dos temas realmente duros y difíciles. Por un lado, la muerte de su marido y, por otro, la enfermedad de su hija que se produce por las mismas fechas y que terminará con su fallecimiento muy poco después de publicarse este libro. Es decir, se trata de un texto dedicado a dos hechos dramáticos y, sin embargo, siento tener que decir que a mí me ha dejado bastante frío.
Dice Bernabé Sarabia en su amplia reseña en elcultural.com: 

“El gran mérito de Didion es hacer literatura, sujetar al lector a partir de detalles menores pero significativos de la vida cotidiana. Es capaz de establecer y presentar al lector la gama de sentimientos y la degradación de la felicidad que le supuso la muerte de sus padres a una edad normal, la de su marido, prematura, y la grave enfermedad de su hija. Y todo ello mientras el trabajo y los amigos siguen estando en su horizonte. Así consigue que el lector no salga de sus líneas en cuanto traspasa la primera página.”

Lo reproduzco porque creo que en él está una de las posibles explicaciones de lo que me ha sucedido; me refiero a esos “detalles menores” que menciona y que llenan muchas páginas del libro de tal manera que hacen su lectura un tanto tediosa por momentos y alejan de lo fundamental, o al menos de lo que a mí más me interesaba de lo que cuenta: su vivencia. He tenido que esperar hasta el capítulo 17, en un libro que tiene 22, para encontrar algo parecido a lo que esperaba.
Me resulta duro tener que dar esta opinión sobre el libro de una escritora que ya conocía y que me había gustado, pero es lo que he sentido leyéndolo. Le falta emoción, le falta profundidad y le sobra cotidianidad, aunque seguramente es lo que buscaba Didion que escribió el libro a lo largo del año siguiente al fallecimiento del marido.

Por cierto que se trata de un libro muy premiado y que tuvo gran éxito de crítica y ventas.
Máximo respeto a su dolor, pero reconozco que no he podido compartirlo, sobre todo en lo que se refiere a su hija, a pesar de que estoy especialmente sensible desde mi paternidad.
Hay una entrevista de EduardoLago con la autora en elpais.com.

Joan Didion, El año del pensamiento mágico. Traducción Javier Calvo.

viernes, 11 de mayo de 2018

Primer contacto con un renombrado escritor




Es el primer acercamiento que hago a la literatura del autor y lo hago, precisamente, con el último libro que publicó (aunque no con el último que escribió). A lo largo de los años he visto muchas veces libros de Cheever, sobre todo el enorme volumen con sus cuentos. A mi alejamiento de la literatura anglosajona se ha unido en este caso que no soy lector de cuentos y que me asustan los libros cuando son tan voluminosos. En resumidas cuentas, a pesar de la fama del autor he tardado mucho en tomar contacto con su obra. 
Esta novela corta, apenas pasa de las 100 páginas, dicen los entendidos en su obra que es una especie de testamento literario. No seré yo quien lo niegue pues de hecho he visto que trata varios temas que debieron ser importantes en su vida y, desde luego, en sus últimos tiempos como la homosexualidad o, mejor, la bisexualidad,; el psicoanálisis; la ecología; el avance tecnológico; o, algo que aparece varias veces en el libro, la Europa oriental.
Dice Rodrigo Fresán en el Epílogo que Cheever “prefiere definir a ¡Oh, esto parece el paraíso! como el primer “romance ecológico”. Y, claro, la apreciación de Cheever es la mejor y más justa de todas. Porque la columna vertebral del libro es la de un tal Lemuel Sears –un hombre viejo pero todavía firme en su cuerpo y convicciones- empeñado en salvar a la laguna de su pasado y conquistar a la mujer de su futuro.” (p. 118)
Efectivamente, esa es la columna vertebral, pero el texto tiene varias subtramas que, al menos en mi caso, despistan bastante y alejan de la historia principal aunque al final todo termine de alguna manera confluyendo.
Hay un aspecto de la novela que me ha sorprendido y es su sentido del humor en varios momentos. Así, hay una divertida pelea entre dos protagonistas en un supermercado, una profetisa atropellada por un tren y alguien que se deja olvidado un bebé en el arcén de una autopista.
¿Qué sensaciones me deja este primer acercamiento? Un tanto ambivalentes. Al principio me quedé impresionado por la escritura de Cheever, las primeras páginas me encantaron, pero luego, quizás por las subtramas de las que hablaba antes, me fue decepcionando. No obstante, creo que habría que darle una oportunidad con su verdadera especialidad, o al menos con la que más ensalza la crítica, que son sus cuentos.
Hay una buena reseña de Rafael Lemus en letraslibres.com.


John Cheever, ¡Oh, esto parece el paraíso! Traducción Maribel de Juan.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Núremberg y el Holocausto: una perspectiva original.



Soy un gran aficionado a la lectura de libros sobre el tema del Holocausto y, en general, sobre lo sucedido en la primera mitad del siglo XX. De hecho le he dedicado una entrada de la serie “Mis temas recurrentes” en la que dejo constancia de esas lecturas. Digo esto porque no creía que después de leer tanto pudiera dar con un texto que tratase el tema de una forma original y buscando otra perspectiva.
Ese texto es este de un profesor de Derecho Internacional en Londres que, además, ha participado en importantes procesos de justicia internacional en el Tribunal de La Haya y en de la Unión Europea.
Dice Juan Manuel Mannarino en su magnífica reseña del libro en pagina12.com.ar:

“Calle Este-Oeste se lee apasionadamente como una especie de relatos bajo la estructura de una caja china, donde se despliega una literatura del yo que nunca resulta forzada. A la vez, los géneros –el ensayo histórico, el thriller judicial, la crónica en primera persona–, se amalgaman y conviven a la luz de las historias que van apareciendo y  las percepciones-sensaciones-reflexiones de Sands, quien conduce el hilo de la narración y se involucra sin ser autocomplaciente, funcionan como un paseo autobiográfico que despiertan identificación, asombro y tensión entre los grandes temas del “largo siglo XX””

Con ello ya tenemos un buen resumen de en qué consiste este libro admirable por tantos conceptos: está magníficamente documentado, hay búsquedas casi detectivescas, se hace un tratamiento preciso y respetuoso de la información, hay una gran sinceridad tanto por parte del autor como de alguno de los personajes con los que se entrevista (valga el ejemplo del hijo de Hans Frank), los aspectos jurídicos se expresan con precisión pero también de forma clara y entendible, y todo ello narrado con una agilidad y una fluidez realmente sorprendente viniendo de un abogado.
El libro tiene varios protagonistas. Voy a referirme a dos de ellos que son los que forman el núcleo principal; ambos abogados, judíos  y de origen polaco. Por un lado, Hersch Lauterpacht creador de la idea de “crímenes contra la humanidad” e impulsor de la Declaración Universal de Derechos que participó en el juicio de Núremberg apoyando al fiscal británico. Por otro lado, Rafael Lemkim también participante en el juicio pero en apoyo del fiscal estadounidense y creador a su vez del concepto de “genocidio”.
De ambos conoceremos desde la infancia a sus estudios universitarios hasta llegar a su participación de una forma u otra en el juicio de Núremberg. La investigación de sus vidas le permite a Sands mostrar cómo era la situación en los años veinte y treinta.
No quedaría completa la visión del contenido del libro sin mencionar a otros dos protagonistas: Leon, el abuelo materno, polaco y judío, de Sands, y Hans Frank, el nazi que fuera “rey de la Polonia ocupada”.
Con estos mimbres el autor teje una historia que, a lo largo de sus más de 500 páginas con una letra de reducido tamaño, resulta verdaderamente apasionante y en la que, como se dice en la cita vista, hay de todo.
Por cierto, y esto reconozco que es una manía personal, un libro en el que se cita a Stefan Zweig, a Joseph Roth y la Shoah de Claude Lanzman, tiene que ser por fuerza un buen libro.
Es muy difícil destacar algún aspecto del libro que resalte sobre otro porque otra característica importante es el equilibrio logrado entre las diferentes historias. Quizá, en mi caso, todo lo relativo a la preparación y los entresijos del juicio de Núremberg sea lo que me ha resultado más novedoso por desconocerlo a ese nivel de profundidad.
Me resulta muy difícil escribir sobre un texto tan logrado. Solo me queda recomendarlo muy efusivamente y recomendar también, para quien quiera más y mejor información, la reseña antes citada y las entrevistas con el autor de Guillermo Altares en elpais.com o la de Andrés Seoane en elcutural.com.

Philippe Sands, Calle Este-Oeste. Traducción Francisco J. Ramos Mena.

lunes, 7 de mayo de 2018

Gran descubrimiento



Este libro se publicó por primera vez en inglés en 1990 y se tradujo en 2012, pero a pesar de mi afición tanto por el periodismo como por la no ficción lo desconocía totalmente hasta que, de una forma bastante casual, me topé con una entrevista a Emmanuel Carrère en la revista digital cultura.nexos.com en la que este gran escritor francés, especialista en el periodismo y la no ficción, mencionaba el libro en un fragmento que no me resisto a reproducir íntegro a pesar de su extensión:

Nexos: ¿Hay alguna obra o algún otro escritor, además de Truman Capote, que lo haya llevado por la senda de los personajes criminales?

EC: Para empezar, creo que el modelo de Capote es algo con lo que tiene que enfrentarse, en algún punto, cualquier escritor que trabaje sobre nota roja (fait divers). Es el gran libro en ese ámbito. Hay otro libro que me encanta que se llama El periodista y el asesino de Janet Malcolm; no sé si está traducido al español. Malcolm es una periodista estadounidense, ya mayor, de The New Yorker. Ese libro es estupendo. Es verdaderamente interesante: ¿quieren que les cuente la historia? Es un tipo acusado de haber asesinado a su esposa y se sospecha que a sus hijos también. Se espera su juicio y en el sumario parece ser que sí es culpable. Un periodista, un escritor especialista de esas historias criminales, decide entonces hacer un libro sobre el caso y firma un contrato de publicación. Se pone en contacto con el presunto asesino. Empiezan a trabajar juntos y, mientras el acusado está en libertad condicional, no deja de repetirle a la prensa cómo se va a escribir un libro para defender su inocencia. Luego condenan al tipo, sale el libro, y el presunto asesino descubre horrorizado que el libro lo describe como un psicópata perverso y que el escritor está absolutamente convencido de que es culpable. El asesino, desde los bajos fondos de la cárcel, demanda al escritor; no por difamación sino acusándolo de haberlo engañado, de haber traicionado su confianza. Entonces, la periodista de The New Yorker sigue muy de cerca el caso y escribe El periodista y el asesino, un libro corto de unas cincuenta páginas, de una inteligencia extraordinaria y brillante. Se los recomiendo.

Un gran resumen de en qué consiste este libro que es uno de los más interesantes que he leído sobre el periodismo y que tiene, además, interesantes reflexiones sobre la no ficción de lo que puede ser un buen ejemplo el siguiente fragmento:

“Los personajes de las obras no ficticias, en no menor medida que los personajes de las obras de ficción, se deben a los más personales deseos y a las ansiedades más profundas del autor; esos personajes son los que el autor desea que sean y se preocupa de que así ocurra.” (p. 217)

Y ya puestos a hacer un comentario basado en opiniones ajenas, Ian Jack en su Prólogo deja claro el método y el objetivo de la autora:

 “Como toda su obra, El periodista y el asesino se atiene maravillosamente a lo concreto: personas, lugares, cartas, conversaciones. No se presenta como una narradora fidedigna, sino como guía por los vericuetos de la conducta humana y su relación con uno de los aspectos más importante de la vida moderna el espejo deformante de los medios de comunicación.” Ian Jack en el Prólogo (p.19)

Después de todo lo dicho hay poco que añadir y por mi parte solo lo haría con dos aspectos que me han resultado novedosos. Por una parte, el hecho de que se pueda entrevistar a los jurados de un juicio al acabar el mismo y que se pueda hablar de las deliberaciones que han tenido lugar. Por otra parte, también me ha interesado lo que comenta sobre si se debe hacer una transcripción literal o no de las conversaciones con los entrevistados.
Evidentemente estos son dos temas colaterales en un libro -por cierto de 236 páginas en la edición española y no de 50 como en la edición que menciona Carrère-, cuyo interés empieza con una memorable primera frase: “Todo periodista que no sea estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que  lo que hace es moralmente indefendible.” Y a partir de ahí no decae aunque lógicamente no se exprese siempre con esa rotundidad.
Un libro absolutamente recomendable para cualquiera, pero sobre todo para quienes estén interesados por el periodismo y la novela de no ficción.
Hay una reseña muy completa y muy interesante de Bárbara Ayuso en Jotdown.es.

Janet Malcolm, El periodista y el asesino. Traducción Alfredo Báez.

jueves, 3 de mayo de 2018

Recuperación decepcionante



Conocía a la autora por haber leído hace muchos años El ministerio del dolor que es posterior a esta que hoy comento. Me gustó mucho en su día como me gustaron otras de autores de la exYugoslvia que escribían sobre lo sucedido en su país. 
Ugresic se exilió en 1993 por no estar de acuerdo con el nacionalismo de su Croacia natal y con el conflicto que se estaba produciendo en la zona. Vivió en Berlín y luego en Amsterdam. Este libro lo escribió entre 1991 y 1996, es decir, una parte antes y otra después de su exilio.
Advierte la autora en una especie de nota introductoria: 

“Si le parece que entre los capítulos no existe una relación sensata y firme, que tenga paciencia; las relaciones se irán estableciendo gradualmente.” (p. 12)

En la reseña de Jesús Ruiz Mantilla en elpais.com se reproduce la siguiente cita de Ugresic:

"Es una obra construida en fragmentos para dar la impresión de gran división, como en los cuadros de El Bosco, que te dan pistas en pequeñas partes sobre un todo.”

En ambas, como no podía ser de otra forma,  se da la misma idea de lo que es  esta novela y tengo que decir que yo no he sido capaz de establecer las relaciones que menciona la autora en el primer fragmento reproducido. He estado bastante perdido a lo largo de toda la lectura. Hay partes que me han resultado interesantes, algunas reflexiones que me han gustado (sobre la fotografía o la memoria, por ejemplo), varios de los relatos que me han parecido sugerentes, pero en general creo que la autora ha construido un texto con fragmentos bastante deslavazados y, sobre todo, lo que me ha resultado más sorprendente es la falta de emoción teniendo en cuenta de quién, en qué momento y desde dónde lo escribe. Yo esperaba algo más parecido a lo leído en autores como Slavenka Drakulic, también croata y nacida el mismo año que Ugresic, o Jasna Samic, pero no ha sido así. Por eso la decepción ha sido grande.

Dubravka Ugresic, El Museo de la Rendición Incondicional. Traducción Mª Ángeles Alonso y Dragana Bajic

lunes, 30 de abril de 2018

Demasiado para un debut



En los agradecimientos que la autora incluye al final del libro me ha llamado particularmente la atención el que dedica  a varias instituciones “por haber apoyado esta obra a lo largo de los últimos siete años” lo que supone, teniendo en cuenta que nació en 1989, que este libro está escrito entre sus veinte y veintisiete años más o menos. Creo que este atrevimiento es el principal mérito de un texto que, por otro lado, me ha parecido bastante irregular.
La historia se desarrolla a lo largo de casi tres siglos fundamentalmente en dos escenarios: la Costa de Oro, esto es, Ghana y los Estados Unidos, fundamentalmente en Alabama y ya al final en el Harlem neoyorquino. Y cuenta los diferentes momentos por los que pasan los miembros de dos familias africanas con una cierta relación de parentesco aunque apenas se entremezclan en la novela. Un miembro de una de ellas seré vendido como esclavo y se trasladará a los Estados Unidos. Hay más de veinte protagonistas principales más los correspondientes miembros de las familias que van creando. Entre ellos habrá de todo tipo de personalidades, oficios, relaciones de amor y odio, etc. 
Gyasi se muestra como una buena narradora, es muy ágil en la presentación de cada uno de los personajes para lo que utiliza frecuentemente el flash back de forma muy apropiada y tiene una clara intención como tema clave: mostrar lo que supuso la esclavitud para el mundo africano y para las personas concretas que la padecieron. En este sentido me parecen especialmente relevantes los capítulos que dedica al principio a explicar cómo desde las dos familias se participa en esa trata que al final, eso sí, aprovechan los británicos.
Todo lo dicho hasta aquí nos muestra una novela interesante y bien escrita, pero el problema es que a medida que la historia se va acercando al siglo XX, va perdiendo intensidad y se va notando cada vez más la dispersión y la falta de una cierta unidad que dé consistencia a lo relatado. Llega un momento en que se llega a tener la impresión de que sigue y sigue escribiendo cuando ya ha dicho todo lo que tenía que decir.
Tiene momentos y personajes muy logrados como, por ejemplo, como ese minero, H se llama, con el que inicia la segunda parte, y también momentos muy emotivos, pero tengo la sensación de que ha querido abarcar demasiado y la novela se va cayendo poco a poco de las manos.
Andrea Aguilar hace una corta reseña en elpais.com y Marc Peig hace otra más completa en unlibroaldia.blogspot.com.

Yaa Gyasi. Volver a casa. Traducción Maia Figueroa

viernes, 27 de abril de 2018

ANDAMIO

Como hago de vez en cuando aquí dejo las series y películas que he visto últimamente.

PELÍCULAS

Una mujer fantástica. Película chilena ganadora del Oscar a la película extranjera. Un drama protagonizado por una transexual con algunos momentos emotivos,  pero demasiado reiterativa en los mismos planos y sin apenas progresión dramática.

El insulto. Película libanesa seleccionada para los Oscar. Un tema muy interesante y bien tratado sin maniqueísmos. Bunas interpretaciones y dirección. No es solo el conflicto del Líbano, yo creo que se pueden sacar enseñanzas incluso para nuestra “memoria histórica”.

1945. Llega poco cine húngaro a nuestras pantallas y merece la pena, como lo merece su magnífica literatura. En este caso una interesante película sobre el Holocausto, pero sobre algo más. A mí me ha recordado en varios momentos las imágenes rodadas por Claude Lanzman para Shoah en un pueblo polaco. No es una gran película pero me ha gustado verla.

El Cairo Confidencial. Thriller del director sueco Tarik Saleh que se desarrolla en el momento del inicio de la primavera árabe en Egipto. Entretenida, con un buen guion que muestra sobre todo la gran corrupción en todos los estratos del país. Me ha recordado alguna película europea de los setenta.

Campeones. Arriesgada película de Fesser del que solo había visto su espléndida Camino (también enormemente arriesgada). Una película sobre discapacitados protagonizada por ellos. Divertida y tierna. Un cine diferente que también es necesario.



SERIES

Atrapados (Trapped). Primera serie islandesa que veo. Está en la misma línea y estilo de otras series policiacas nórdicas. Se desarrolla en un pueblo del norte de la isla con un precioso entorno y un tiempo infernal en muchos momentos. Bien narrada e interpretada. A veces se hace uno un pequeño lío con esos nombres tan parecidos. Muy entretenida.

This is us. Segunda temporada que sigue con los temas y enfoques de la primera aunque creo que va perdiendo gas a medida que avanza. Demasiados recuerdos del padre. Me han gustado especialmente los tres capítulos monográficos dedicados a cada hijo. Cine de buenos sentimientos y buenos comportamientos. Necesario de vez en cuando.

McMafia. Serie de la BBC de ocho capítulos con la mafia rusa como protagonista lo que, por su novedad, constituye su máximo interés. Entretenida pero muy desigual y con algún momento bastante inverosímil.

Félix. La primera serie española que veo desde hace muchísimos años y lo hago por estar dirigida por Cesc Gay. Muy buenos paisajes que recuerdan a alguna serie nórdica. También lo recuerda el ritmo, pero donde falla es en el guion bastante endeble y con demasiados aspectos poco claros. Un thriller con poco interés.

Collateral. Miniserie británica en cuatro capítulos. Parte del asesinato de un repartidor de pizzas y la búsqueda de sus asesinos para realmente mostrarnos algunos aspectos de la realidad británica tales como: el trato dado a los refugiados e inmigrantes, la hipocresía religiosa, los problemas del laborismo, el juego de las instituciones dedicadas a la seguridad, etc. Buena realización, interpretaciones y guion. Entretenida e interesante.

The Keepers. Serie documental de siete capítulos sobre el asesinato de una monja en 1969 y los abusos sexuales de un sacerdote en el mismo colegio donde trabajaba la monja. Siempre me dejan admirado estas series que tratan temas tan difíciles de una manera tan bien llevada. No puedo ni imaginar las horas que dedicarán al montaje.

miércoles, 25 de abril de 2018

El periodismo protagonista



Nada mejor para iniciar un comentario de esta novela que hacerlo con un fragmento de la crítica de Luciana De Melio en el diario bonaerense Página 12:

“Claudia Piñeiro lo hizo de nuevo: un relato policial con asesinato en country y 345 páginas que se leen al compás propio del suspenso, como si se estuviera viendo una película. Una trama ajustadísima, personajes entrañables, diálogos que remarcan un trabajo de escritura y un oído para rescatar los modos de decir en Buenos Aires 2011 son sólo algunos de los méritos que van a hacer de esta novela otro best seller para la colección de Piñeiro.”

Tras descubrir recientemente a la autora a partir de la lectura de su última novela, Las maldiciones, decidí seguir con otros textos para ver si se cumplían las expectativas que esta me había abierto. Por el momento se cumplen porque Betibú es otra magnífica muestra de novela policiaca y algo más.
Policiaca porque empieza con un asesinato y sigue con otras muertes aunque la policía apenas si aparece en la novela ya que la investigación, en lo que creo que constituye el gran acierto de la novela, la llevan tres protagonistas “aficionados”: una escritora de novela policiales, Nurit Iscar; y dos periodistas del diario El Tribuno, el veterano Jaime Brena, antes encargado de la sección de policiales del diario pero ahora relegado a otros trabajos menos relevantes, y el “pibe de policiales” como aparece siempre en el texto.
Decía antes que algo más que una novela policiaca, y es así precisamente por elegir unos protagonistas que le  permiten escribir mucho sobre la profesión periodística con fragmentos tan conseguidos como estas reflexiones de Brena:

“(…) hoy en este país no hay quien se pueda parecer a Rodolfo Walsh. ¿Por qué? Porque Rodolfo Walsh, antes que periodista, antes que escritor, antes que ninguna otra cosa, era un revolucionario, y el periodismo ya nada tiene que ver con la revolución. Nos aburguesamos, pibe. Sacamos panza, con ciertas limitaciones hacemos lo que nos piden, cobramos un sueldo a fin de mes, zafamos como podemos.
(…)
Hoy, popes del periodismo o “intelectuales” entre comillas hablan con suficiencia desde sus escritorios, muchas veces instalados en sus casas o donde están de vacaciones. Y se creen importantes porque son “formadores de opinión”. Pero el asunto es cómo formas esa opinión, qué valores respetás y qué escrúpulos tenés. Muchos de ellos dan como verdades irrefutables lo que no es más que su propia opinión.” (p. 153)

(Ni que decir tiene que el segundo párrafo refleja de una forma exacta algo que sucede actualmente y de forma casi mayoritaria en nuestro país.)
Además de este carácter de tema central que tiene el periodismo en el libro, hay otros dos que también trata Piñeiro de una forma muy crítica y con cierto sentido del humor en algunos momentos. Por un lado, la exagerada seguridad que tienen los countries a la entrada. Da la impresión de que a la autora es un tema que le molesta especialmente porque hay varias escenas con ese tema. Por otro lado, Brena está destinado en una sección dedicada a analizar y comentar estadísticas y encuestas absurdas como, por ejemplo, el porcentaje de hombres que duermen boca arriba y de mujeres que lo hacen boca abajo. Hay varios momentos graciosos con estos estudios.
También, aunque creo que esto está tratado de una forma excesivamente cuidadosa, hay alguna referencia a las relaciones de la prensa con el poder.
Saliendo del contenido de la novela, algo que hace atractiva la obra de Piñeiro es que formalmente hay mucho trabajo, el texto está muy cuidado (en el fragmento con el que abro el comentario se hace alusión a ello desde una crítica hecha en su país), hay sobre todo en los primeros capítulos un interesante uso de una estructura paralelística muy bien aplicada y a lo largo de toda la novela se van introduciendo en un mismo párrafo acontecimientos que se van sucediendo con diferentes protagonistas. Y todo esto manteniendo una gran agilidad en la narración y sin que la historia decaiga en ningún momento ni resulte difícil de seguir.
Otro buen libro de una autora cuya obra pienso seguir conociendo.
Por cierto, existe la versión cinematográfica que no está mal aunque se pierden algunos aspectos importantes.
Además de la crítica ya citada hay otra interesante de Carles Geli en elpaís.com.

Claudia Piñeiro, Betibú.

lunes, 23 de abril de 2018

Novela corta pero intensa



Hace unas semanas al comentar el libro En la ciudad líquida de Marta Rebón, precisamente  la traductora de este que ahora comento, ya decía que me había puesto en contacto con autores totalmente desconocidos para mí y que esa laguna habría que irla cubriendo poco a poco.

Comienzo de forma afortunada con esta autora que tiene ya algún otro libro traducido al castellano.
Se trata de una novela corta, realmente muy corta pues son 118 páginas pero en formato pequeño y con un tamaño de letra que ya lo quisiera yo para otros libros más extensos. A pesar de ser un texto tan breve, la gran habilidad de la autora le permite contar bien una historia que, además, empezando en los años treinta atraviesa buena  parte del siglo XX. Sus protagonistas son un hombre y tres mujeres. Sóniechka, de joven gran aficionada a la lectura; Roberto, su marido, represaliado y deportado pero siempre acompañado de su mujer; Tania, la hija de ambos que se enamora de una joven polaca, Yasia, que será la amante de su padre. 
Aunque pudiera parecerlo no se trata de un vodevil, pero tampoco de un melodrama. Tal y como cuenta la historia Ulitskaya, los hechos van sucediendo de la manera más natural. Los años van pasando, el país va evolucionando y los protagonistas también.
Así:

“Durante años de matrimonio, Sóniechka se había transformado de joven idealista en pragmática ama de casa.” (p. 49)

Un ama de casa con la que la autora se permite el siguiente fragmento mezcla de sentido del humor y de una cierta rabia contenida

“ (…) Robert Víktorovich, de vez en cuando, observando por detrás de la ancha espalda de Sóniechka el añil, la sémola, el jabón casero con escamas y las judías verdes, constataba con esa agudeza de espíritu que lo caracterizaba el innegable valor estético, el sentido sublime y la belleza de la creación doméstica de Sóniechka.” (p.74)

Decía que el país va evolucionando, pero en la novela apenas hay algunos esbozos y referencias a esos cambios, quizá el más explícito pueda ser el siguiente:

“Rusia, sumida durante años en un silencio pesado, ahora volvía a hablar, pero la libertad de palabra tenía lugar de puertas a dentro, tenían todavía el miedo en el cuerpo.” (p. 53)

El libro recibió en Francia en 1996 el Premio Médicis a la mejor novela extranjera. Desde luego es un libro que se lee con gusto e interés y al terminarlo se siente la pena de que la autora no hubiese dedicado más espacio a la historia.
Ya tengo encargado Sinceramente tuyo, Shúrik, el primero que se tradujo y que ya es un texto bastante más extenso.



Liudmila Ulitskaya, Sóniechka. Traducción Marta Rebón.

domingo, 22 de abril de 2018

Artículos interesantes

Tal y como está estos días la información, me parece que lo mejor es leer cosas un poco diferentes y variadas.

Un buen artículo de Owen Jones sobre la nueva figura de la política europea, Emmanuel Macron que parece pensado para que en España espabilemos con Rivera. (eldiaro.es)

Una interesante entrevista de Jamue Grau con Josep Ramoneda, uno de los mejores analistas de la política española y europea. (publico.es)

También es muy recomendable la entrevista de hace tiempo  hecha por Álvaro Ruiz y Alejandro García aa uno de mis escritores favoritos, el francés Emmanuel Carrére.(Nexos.com)

viernes, 20 de abril de 2018

Otra visión del conflicto sirio


El actual conflicto en Siria es uno de esos temas de política internacional sobre los que es difícil, por no decir imposible, hacerse con una idea más o menos real. Esta misma semana se ha producido un bombardeo por parte de los Estados Unidos con la justificación de que las fuerzas gubernamentales habían utilizado armamento químico contra la población civil. Cuánto hay de verdad en esta justificación es algo difícil de precisar porque, por un lado, ¿qué sentido tiene utilizar ese tipo de armas ahora que parece que el gobierno controla mejor la situación y que dicha utilización puede traer consecuencias como las que efectivamente ha traído? Y, por otro lado, en este libro se afirma que dichas armas fueron inutilizadas hace tiempo bajo control internacional.
Una vez más, pues, nos encontramos con un conflicto en el que la información está tan sesgada como suele ser habitual. Por eso libros como este del profesor de la UCM Pablo Sapag, quien tiene además relación familiar con el país, pueden resultar útiles.
El libro tiene cuatro partes diferenciadas. 
En la primera, muy interesante y enormemente útil para quienes como yo desconozcan la realidad histórica siria, se explica la formación del país y un aspecto fundamental: el carácter multiconfesional e interconfesional que tiene tanto la constitución como el funcionamiento del estado. Este aspecto aparecerá en multitud de ocasiones a lo largo del libro porque para el autor es un elemento fundamental del país y del conflicto actual.
En la segunda, la más extensa, se habla de las causas inmediatas y remotas de la actual crisis así como los intereses de los diversos países en ella. Aquí hay que destacar que lo más interesante es ver los de las potencias regionales: Arabia Saudí, Qatar, Turquía e Irán. 
En la tercera se hace un repaso al papel de la información y la comunicación tanto en el interior como en el exterior. Esta parte, que a mí me interesaba especialmente, he de decir que me ha defraudado un poco máxime sabiendo en Sapag es profesor en la Facultad de Ciencias de la Información.
Finalmente, en la cuarta parte desarrolla algunos aspectos del conflicto militar propiamente dicho y de la evolución que se ha ido produciendo en las milicias que se enfrentan al gobierno. En este apartado ofrece una información que desconocía y es que con la creación por el gobierno de un ministerio para la reconciliación se ha producido un caso original pues a los milicianos se les ofrecían dos posibilidades: o dejar las armas y convertirse en empleados públicos o, en palabras del autor: “Se trataba de algo inédito porque a diferencia de lo ocurrido en procesos de pacificación y reconciliación de otros países, a los milicianos también se les permitía seguir combatiendo al Estado si así lo deseaban, para lo que se les ofrecían seguridades para desplazarse a otros frentes.” (p. 225)
En un tema donde la información es tan vital y al mismo tiempo está tan mediatizada por multitud de intereses es muy difícil, como decía antes, saber dónde está la verdad o, mejor, qué es lo que se puede aproximar más a ella. En este sentido este libro creo que recoge con relativa neutralidad algunos aspectos del conflicto, aunque en la parte final, y utilizando las entrevistas que el autor tuvo con Bachar el Asad, creo que se inclina más hacia las posiciones del gobierno, sobre todo ahora que el enfrentamiento está centrado principalmente contra fuerzas de tipo yidahista.
En cualquier caso un libro interesante sobre todo para los que no conozcan mucho del problema.
Hay una entrevista de Nacho Valverde con el autor en publico.es.


Pablo Sapag M., Siria en perspectiva. De una crisis internacionalmente mediatizada al histórico dilema interno.

jueves, 19 de abril de 2018

Buen descubrimiento



Desconocía la existencia de este escritor a pesar de que se han traducido varios de sus libros. Nació en Rutenia en una familia judía. Tras ser deportado junto a su padre logró huir y en 1946 se trasladó a Israel donde ha escrito toda su obra en hebreo. Sin embargo, esta edición es una traducción del inglés algo que me ha resultado un tanto chocante.
Se trata de una magnífica novela. Katerina, su espléndida protagonista, es una niña rutena y cristiana que vive en un pueblo. Al desaparecer sus padres se dedicará a servir en casas de familias judías y, poco a poco, irá sintiendo respeto, cariño e incluso admiración hacia ellos a pesar de que en ese ambiente se respira animadversión y odio hacia ellos.
La historia se desarrolla en lo fundamental en el período de entreguerras y Appelfeld dedica muchos momentos por un lado a comentar algunas peculiaridades del mundo judío de la zona casi en plan antropológico y, por otro lado, a dejar constancia del antisemitismo reinante.
Algunos ejemplos de lo primero pueden ser los siguientes fragmentos:

“Hablar por hablar no se da entre ellos. Su laboriosidad es compulsiva.” (p. 35)
“Se los podía reconocer por una serie de señales: eran delgados, de baja estatura, e iban cargados de paquetes.” (p. 71)
“Conocía bien a los judíos. Durante todo el año llevaban una vida dura, dispersa. En su fiesta, un judío quería estar consigo mismo y con su libro.” (p 109)

Además de que aparecen la mayor parte de las festividades propias de ese mundo.
Del antisemitismo hay muchos ejemplos. Algunos son:

“También ella, como todos nosotros, los despreciaba.” (p. 21)
“La gente los golpeaba o los perseguía (…) (p. 22)
 “Los judíos son malvados, los judíos son corruptos, hay que erradicarlos, oía en cada esquina.”(p. 45)
 “-Deberías saber que los judíos  son tramposos. Para ellos, el dinero es más importante que cualquier otra cosa –dijo con una pavorosa compostura.” (p. 91)
 “He trabajado mucho en casa de judíos y les he robado mucho dinero, pero jamás les perdonaré haber dado muerte a nuestro Señor. ¿Cómo se atrevieron esos hijos de Satán a asesinarlo, siendo que Él es amor y gracia? Dios no les perdonará. Ha preparado una gran venganza contra ellos. ¡Ya lo verán!” (p. 139)
“-Es curioso –dijo-. De noche no me enfado ni conmigo, ni con mi madre, ni con mi esposo, que abusó de mí. Me enfado con los judíos. Me sacan de quicio. ¿Entiendes?” (p. 157)

También deja constancia de varios progroms y de los trenes llevando deportados.
Ahora bien, el núcleo de la novela, lo que la hace tan “conmovedora y hermosa” (tal y como dice la editorial en la contraportada), es el personaje de Katerina y su forma de enfrentarse a la vida. Hacía tiempo que no leía una novela cuyo/a protagonista me pareciese tan bien conseguido.
Un libro muy recomendable tanto por lo bien que refleja el momento histórico como por la sensibilidad que muestra al narrar la vida de la protagonista. 
Hay una reseña muy completa, quizá demasiado, sobre el contenido del libro de José Escobar en impenitentelector.blogspot.com.



Aharon Appelfeld, Katerina. Traducción Javier Escobar Isaza.