jueves, 14 de diciembre de 2017

Buen descubrimiento



No hace ni un mes que hacía la entrada en el blog comentando el segundo libro publicado por esta nueva editorial. Ahora lo hago con el primero.
Al igual que el anterior, se trata de un autor del que hasta ahora no se había traducido nada en nuestro país y, por lo leído, parece que es una pena. La novela la escribió Meckert en 1937, cuando tenía apenas veintiséis años, aunque no se publicó en Francia hasta 1941. Está escrita como si se tratase de una confesión, o incluso de una autojustificación, en la que Félix, el protagonista, relata en primera persona el proceso de conocimiento, enamoramiento y matrimonio con  Paulette, su mujer y coprotagonista de la historia, así como, y esta es la parte más interesante y mejor expresada de la obra, los posteriores conflictos con malos tratos incluidos.
En la primera parte asistimos a las relaciones con diferentes miembros de la familia de ella que no aportan demasiado a la historia más allá de ir conociendo a los dos protagonistas. En este sentido es interesante la visión que tiene Félix de la que será su mujer: “Paulette era una verdadera joya. Cocinera, costurera, nada perezosa, profundamente enamorada y nada tonta, tanto mejor.” (p. 99).
También conocemos el trabajo de Félix y, de alguna manera, ciertas condiciones de la clase obrera de esos momentos (por ejemplo, los problemas con la vivienda). En este sentido, es interesante la asistencia de ambos a una manifestación y posterior fiesta de los comunistas que llevan al narrador a decir:

“Era la primera vez que Paulette asistía a una manifestación. Se quedó fascinada. No había risas sardónicas, ni mandíbulas crispadas ni ojos de rabia, esos fantasmas que imaginan los burgueses.” (p. 132)

“Estimular el entusiasmo, excitarse, en eso consistían los mítines, aquellas ferias de la política. Te dejabas la garganta y los pulmones, y te levantaba un poco el ánimo. Era un intermedio, el debido reposo. Era incluso, puestos a decir, una válvula de escape. Evacuabas el vapor, eso era todo.” (p. 133)

Sin embargo, poco a poco y sin que sepamos muy bien el porqué, la relación empieza a deteriorarse y se inician los malos tratos. Esta parte de la obra está magníficamente contada y es una de las pocas veces que he visto este tema tratado en una novela. Además, Meckert utiliza un lenguaje muy adecuado en cada uno de los momentos y, desde luego, en los de máxima crudeza.
En la reseña hecha en el blog lectoravergonzado.blogspot.com se afirma con bastante acierto:

El pensamiento de Félix, ese soliloquio que mantiene consigo mismo, está conformado por oraciones sonoras que parecen golpes. Cada frase es un choque contra el mundo, contra sí mismo. Esa batalla constante que mantiene es la que hace que el lector no pueda permanecer impune, y aunque sabe que las acciones que comete no pueden ser justificadas, siente cierta compasión por él. Extraña sensación."
Una espléndida novela, de esas que se recuerdan por sus personajes y su historia.

Jean Meckert, Los golpes. Traducción Javier Bassas Vila.

martes, 12 de diciembre de 2017

Ravel visto por Echenoz



Apenas han pasado tres semanas desde que hacía la entrada en el blog con el comentario de Correr, la primera novela que leía de Echenoz y ya avisaba de que no sería la última. Efectivamente, aquí tenemos la segunda y tendría que repetir muchas de las cosas que decía en el comentario anterior. Parece que el autor ha hecho una especie de trilogía sobre personajes peculiares de los que cuenta cosas de diferentes momentos de sus vidas sin que sean una biografía ni nada que se le parezca. En este caso se trata del músico francés que ha pasado  a la historia por su famoso Bolero, una pieza tan repetitiva como atrayente. Recuerdo haber visto hace muchísimos años al ballet de Maurice Bejart en un montaje sobre esta pieza que dejaba con la boca abierta.
Tomo de la reseña de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com la magnífica síntesis que hace de la caracterización que el Echenoz hace del músico:

“Formidable recreación, donde se nos muestra al músico en sus diversas vertientes, todas ellas que cuadran mucho con el concepto de excentricidad tan atribuido a los genios: caprichoso, despótico y a veces desconsiderado con cierta corte de aduladores que encajaba hasta los peores desprecios como parte del paquete. Narcisista, obsesionado hasta lo enfermizo por su vestimenta y su calzado, fumador empedernido de Gauloises, evanescente, de aspecto frágil pero elegante, de salud precaria y largo historial de enfermedades desde la juventud.” 

El libro recoge los diez últimos años de la vida de Ravel con un largo viaje a los Estados Unidos para ofrecer varios conciertos. Hay cosas que son reales y otras más o menos inventadas por el autor y, en todo caso, una estupenda recreación literaria. Hay quien, como JoséAntonio González Fuentes en ojosdepapel.com, le critica una cierta superficialidad: 

“Estamos ante un despliegue efectivo y plausible de piel, pero se echa de menos la carne que debería haber debajo, la sangre roja que debería recorrer todo el artefacto. Es una narración muy de nuestra época. Mucho aparataje externo empleado en voz baja y engañosamente lacónico. Es un fuego de artificio que presume con falsa modestia de su carencia de colores.” 

Puede que sea así, pero yo tengo que reconocer que disfruto mucho con lecturas como esta que me atrapan y que, por su escasa extensión, puedo leer de un tirón.

Jean Echenoz, Ravel. Traducción Javier Albiñana.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Historia de una casa (y mucho más)



Hace algo más de dos años decía en una entrada del blog en la que comentaba Hanns y Rudolf, el primer libro de Harding que se publicaba en España: “Un libro muy entretenido pero mucho más que eso: original en su planteamiento, instructivo sobre la vida en aquellos difíciles momentos y extraordinariamente bien estructurado y narrado (se nota la profesión periodística de su autor).”
No es que me guste autocitarme, pero es que tras la lectura de La casa del lago, tengo que decir al menos lo mismo.
Harding no solo sabe elegir muy bien los temas sino, sobre todo, sabe tratarlos de forma magistral. En este caso nos cuenta la historia de una casa (que, además, en algún momento tuvo que ver con miembros de su familia) en las afueras de Berlín, desde que fue adquirida la propiedad y construida a principios del siglo XX, hasta que en la actualidad se está convirtiendo en una especie de museo. 
Por ella pasarán varias familias, cinco en concreto, de diferente extracción y procedencia: desde los judíos del principio, a algún nazi a continuación para terminar, cuando tras la separación en dos de Alemania queda perteneciendo a la RDA, en manos de quien durante un corto periodo de tiempo colaboró con la Stasi (la temida y omnipresente policía política de ese país). Asistimos así como trasfondo a la historia de Alemania a lo largo de todo el siglo pasado con la peculiaridad de que la vemos a través de lo que les va sucediendo a los miembros de estas familias y también a la pequeña comunidad en la que está enclavada la casa.
Si por un lado vemos de qué manera afectan a la familia las leyes antijudías o la llamada “Noche de los cuchillos largos”; por otro, se explican  las protestas que se produjeron en la RDA en 1953 con más de 50 muertos; no podía faltar, claro, la construcción del muro en torno a la ciudad de Berlín que, además, pasaba a apenas 30 metros de la casa y hacía que sus habitantes no tuviesen acceso al lago; y, obviamente, tampoco su derribo y la conversión de Berlín en una ciudad sin divisiones.
Extraordinariamente bien narrada y con una gran agilidad narrativa, vamos conociendo a un montón de propietarios o inquilinos, sus problemas y su forma de solucionarlos, sus amores y sus decepciones. 
Libro difícil de catalogar pues tiene elementos de reportaje periodístico, de investigación histórica, de documental y, desde luego, todo ello recreado literariamente. El autor ha utilizado todo tipo de fuentes y lo que quizá resulte más sorprendente de su obra es lo bien que las integra todas (incluyendo las fotografías con las que de vez en cuando acompaña el texto).
Un libro muy recomendable porque tiene un poco de todo y, sobre todo, porque es muy original.

Thomas Harding, La casa del lago. Berlín. Una casa. Cinco familias. Cien años de historia. Traducción Alejandro Pradera.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Una novela de espías que no lo es



“La pericia de Nguyen puede compararse con la de maestros como Conrad, Green y le Carré.” “Un clásico moderno de la ficción bélica.” “El simpatizante se lee en parte como ficción histórica, en parte como thriller de espionaje y en parte como sátira.”

Comienzo el comentario del libro reproduciendo estas frases que extraigo de las que pone la editorial en la solapa y que recogen fragmentos de críticas hechas en la prensa estadounidense. Gracias a la contraportada y a frases como las reproducidas me decidí por la compra del libro.
Como casi todo en la vida, lo importante son los matices y en este caso tengo que hacer varios. Creo que no le hacen ningún favor al autor si lo comparan con John le Carré porque ni en el tema ni en la forma de desarrollar una novela tiene nada que ver; El simpatizante puede ser muchas cosas, de hecho es un libro difícilmente clasificable, pero desde luego no es un libro de espías aunque sí lo sea su omnipresente protagonista. Tampoco creo que se trate de una ficción bélica, aunque sus protagonistas sean militares (el General, el capitán canoso, el teniente apático, el comandante) y hayan combatido en la guerra del Vietnam. Creo que lo más acertado es decir que se trata de una sátira social y política con el trasfondo de esa guerra y el pretexto del espionaje.
En esa sátira salen bastante malparados los Estados Unidos tanto por sus políticas globales y la visión que han ofrecido de ellas,  como por el trato dado a los refugiados e inmigrantes. En las muchas páginas dedicadas a este tema está lo mejor de un libro tremendamente irregular.
Dos fragmentos que son un buen ejemplo:

”A fin de cuentas, no había nada más americano que empuñar una pistola y comprometerse a morir por la libertad y la independencia, salvo quizá empuñar aquella misma pistola para quitarle a alguien su libertad y su independencia.” (p. 272)

“Fuera se extendería una campo enorme de golf de esos que necesitaban más agua que una ciudad del Tercer Mundo, donde varios cuartetos de viriles banqueros practicaban un deporte cuya habilidad con el palo requería al mismo tiempo la fuerza bruta y bélica necesaria para destripar a los sindicatos y los delicados golpes de gracia de la evasión fiscal.” (p. 311)

El inicio del libro es realmente espectacular y Nguyen es capaz de describir los últimos momentos de la toma de Saigón por parte del vietcong, así como la huida de los norteamericanos de una forma magnífica y tan cinematográfica que parece que el lector está allí presente. Luego irá desarrollando otros temas haciendo gala de una gran ironía y sentido del humor en muchos momentos, pero también hace que a veces la lectura se convierta en algo muy farragoso y le cueste concluir algunas historias. Hay momentos muy graciosos como la práctica del bestialismo con un clamar, pero también los hay muy lúgubres sobre todo en el tramo final. 
Creo que es su primera novela, pero en todo caso da la sensación de que quiere abordar todos los temas y dejar en todos su impronta lo que resulta un tanto excesivo.
¿Recomendable? Como a mí me ha parecido bastante irregular, prefiero dejar dos críticas muy completas y favorables: la de Francesc Bon en unlibroaldia.com y la de Philip Caputo (The New York Times Book Review) reproducida en elcultural.com.


Viet Thanh Nguyen, El simpatizante. Traducción Javier Calvo

jueves, 30 de noviembre de 2017

Para conocer mejor a E. Carrère


Desde que supe de la existencia de este libro en su original francés, esperaba la traducción y la edición por esta, por tantos conceptos,  gran editorial que es Anagrama. Ha llegado el momento y todas las expectativas han sido satisfechas.
Se recogen en el libro treinta y tres escritos de Carrère que abarcan un extenso período de tiempo, pues van desde 1990 a 2015. Hay crónicas periodísticas, crítica literaria,  prólogos de libros,  alguna conferencia y hasta un texto inédito. Los temas son muy variados y cubren desde la crónica negra, a una serie escrita para una revista italiana sobre sexo, pasando por textos sobre Daniel Defoe o Leo Perutz y, sobre todo, muchos escritos en los que ya aparecen las ideas que plasmará en muchos de sus libros.
A lo largo de sus más de 400 páginas vemos al mejor Carrère, a ese escritor capaz de contar historias de una forma original y en la que a la precisión se une una gran implicación personal que contagia al lector. En este aspecto el artículo La vida de Julie, publicado en 2011 y en el que incluye fotografías de la protagonista, me ha parecido realmente emocionante tanto por la tremenda historia que cuenta de la vida de esta politoxicómana, como por la forma en que lo hace.
Cualquier lector puede disfrutar con este libro, pero desde luego es imprescindible para los seguidores del autor porque podemos ver los antecedentes de varios de sus libros. Así hay más de un artículo sobre Romand, el protagonista de El adversario; también más de uno sobre Limónov, el protagonista del libro homónimo; referencias al cáncer que le llevó a escribir Vidas ajenas, su libro que más me ha emocionado; por supuesto, se habla en varios artículos de los viajes que terminaron en Una novela rusa; y hasta aparece algo de su última historia y, dicho sea de paso, la única que no me ha gustado, El Reino.
Pero por si esto no es bastante, también he logrado entender algo de la política actual en Rusia gracias al artículo Generación Bolotnaya; me he interesado por un par de libros de Orlando Figes sobre la revolución rusa; he tenido una visión más completa de la que se daba en la película Enigma sobre Alan Turing; y finalmente, en el capítulo con el que termina el libro, El hombre del dado, me he enterado de una curiosa historia de un libro y su autor, un británico que vive en Mallorca.
Todo ello, además, contado con el estilo característico  de Carrère en el que se aúnan la fluidez con la precisión y la profundidad y que le hacen ser, hoy por hoy, el mejor exponente de la literatura de non fiction, como el propio autor la define en una par de ocasiones, también llamada faction o ficción documental.
De la interesante reseña de Rafael Narbona en elcultural.com, destaco el siguiente fragmento que es una buena síntesis:

“Carrère no prolonga la tradición francesa de la prosa altamente elaborada y con resonancias filosóficas. Está más cerca del periodismo y lo estrictamente narrativo. Sus textos fluyen con enorme naturalidad, con una mezcla de sinceridad, ironía y compasión. Conviene tener un sitio adonde ir puede leerse como la crónica de una época dominada por el desengaño y la incertidumbre, pero que aún cree en las palabras como lugar de encuentro.”

También puede resultar útil leer la entrevista de Alex Vicente con el autor en elpais.com.
Aunque ya lo he dicho antes, quiero insistir en la recomendación de este magnífico libro para cualquier aficionado a la literatura.

Emmanuel Carrère, Conviene tener un sitio adonde ir. Traducción Jaime Zulaika.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Un buen escritor polaco




Es habitual desde hace ya tiempo que gran parte de la mejor literatura que se traduce y publica venga de la mano de pequeñas editoriales. Algunas han tenido luego un importante crecimiento. Estoy pensando en ejemplos como: Impedimenta, Errata Naturae, Sajalin, Periférica, Funambulista y un largo etcétera, entre las que contamos también desde ahora con Las afueras en la que se publica el libro que comento.
Además, para los que nos interesa y gusta la literatura de la Europa central y oriental, son muy importantes porque algunas de ellas, junto con otra ya muy grande y consolidada como Acantilado, están poniendo a nuestro alcance muchas obras de esa procedencia.
Kornel Filipowicz es un escritor polaco totalmente desconocido en España ya que no se había traducido nada de su obra a pesar de que consta de más de treinta libros. Dice la editorial en la solapa del libro, que quizá parte de su desconocimiento fuera de su Polonia natal se deba a haber estado un tanto a la sombra de su mujer que fue Premio Nobel de Literatura. 
Sea como sea, aquí está su primera aparición en España y hay que agradecerla porque, en apenas 120 páginas -parece ser que este escritor cultivaba, (Filipowicz murió en 1990) principalmente la prosa breve-, nos regala una historia magníficamente contada que constituye además un buen retrato de la vida en una pequeña población a principios de los años sesenta. Escrita con un lenguaje muy claro y yendo a lo fundamental, la historia se lee prácticamente de un tirón y se disfruta.
Dice la editorial en la contraportada que traerá a la memoria “alguno de los mejores libros de Natalia Ginzburg y Carmen Martín Gaite”. Creo que la segunda creaba historias más intimistas y la primera hacía intervenir a más personajes, pero es cierto que hay algo de ellas.
Hay una buena reseña de Manuel Hidalgo en elcultural.com en la que cuenta un poco la historia que se narra.


Kornel Filipowicz, Un romance de provincias. Traducción Teresa Benítez



EL ADOCTRINAMIENTO


El adoctrinamiento


Si hay un concepto que está teniendo recorrido últimamente es este, el adoctrinamiento. Hay un partido político, Ciudadanos,  que lo tiene como verdadero leitmotiv desde su fundación y un diario, El Mundo, que ha hecho de él su campo de batalla contra el catalanismo ya sea cultural o político. Hace solo unos días, sin ir más lejos, Albert Rivera presentaba un proyecto de ley para crear una agencia que luche contra el adoctrinamiento que, según ellos, se está produciendo en Cataluña y no solo en la educación sino incluso en la programación infantil de algunas televisiones. Creo que a un tema tan importante y tan grave merece la pena que le dediquemos algunas reflexiones y muchas, muchísimas, matizaciones y aclaraciones. Nos jugamos mucho en este envite.
Comencemos por acudir al diccionario de la RAE para tener claro de qué hablamos cuando empleamos este concepto:

Adoctrinar. Inculcar a alguien determinadas ideas o creencias.
Inculcar
2. Repetir con empeño muchas veces algo a alguien.
3. Infundir con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto, etc.
Ahínco. Eficacia, empeño o diligencia grande con que se hace o solicita algo.

Si atendemos a las distintas definiciones, podemos concluir que hablamos de adoctrinamiento cuando de forma deliberada se repiten determinadas ideas y conceptos con la intención de influir en los otros.

Teniendo todo esto en cuenta, creo que se puede hablar de diferentes formas de adoctrinamiento con efectos también diferentes y, sobre todo, lo más importante, con diversos orígenes. Vamos a verlos en referencia solo a la educación.

En primer lugar, está el que yo llamaría adoctrinamiento “institucional” o adoctrinamiento “invisible”. Este lo realizan la escuela y los profesores de manera más o menos inconsciente e involuntaria. Los alumnos entran a las aulas para iniciar su jornada laboral a partir del sonido de un timbre o similar y de la misma forma la terminarán. Los retrasos tendrán algún tipo de sanción y las ausencias tendrán que ser debidamente justificadas incluso con certificado médico en algunos casos. Durante la jornada tienen siempre delante un jefe, el profesor, que les dirá en cada momento lo que tienen que hacer y controlará que lo hagan. La falta de atención y el bajo rendimiento tendrán también su correspondiente correctivo en forma de sanción o bajada de sueldo (la nota). Y esto un día tras otros a lo largo de un período de tiempo variable, pero en cualquier caso muy largo. ¿Qué se consigue con ello? Creo que no hace falta aclararlo demasiado. Está claro que el alumno se va adaptando poco a poco a un sistema similar en parte al que tendrá en el mundo laboral. ¿Podemos hablar aquí de adoctrinamiento? Hay repetición, es deliberado y se pretende influir en comportamientos, actitudes e ideas, por lo tanto la respuesta no puede ser otra que sí. De esta función del sistema educativo se habla poco o nada. Yo tuve ocasión de escucharla por primera vez cuando hice el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) y tuve como profesor de Sociología de la Educación a Mariano Fernández Enguita. Luego lo he leído varias veces sus libros y artículos. En clase lo he comentado muchas veces con los alumnos e incluso he hecho ejercicios para demostrar hasta qué punto el timbre y yo éramos los dos ejes vertebradores de su vida laboral. Lo entendían perfectamente. Hay quien llama a esta forma de adoctrinamiento  preparación para la vida”.

En segundo lugar, está lo que podríamos llamar el adoctrinamiento “ideológico” que es el único al que se refieren tanto Ciudadanos como El Mundo, pero se refieren a él en “versión reducida”. ¿Por qué digo esto?. Este tipo de adoctrinamiento se puede  dividir en dos muy diferentes sobre todo por sus orígenes y efectos.

Por un lado, el “legal” o también “administrativo”. Me refiero al planteamiento ideológico que tienen las distintas normas con las que se regula la educación y que van desde los planes de estudio, escogiendo unas asignaturas y eliminando otras, hasta los contenidos concretos de las diferentes materias especialmente las que en sí mismas ya tiene una fuerte carga ideológica como pueden ser: Geografía, Historia, Economía o Filosofía. Solo un ejemplo. Cuando Esperanza Aguirre fue ministra de educación, se cambió el contenido de la asignatura Historia de España de 2º de bachillerato. Antes se estudiaba solo la historia contemporánea y desde entonces se estudia desde la prehistoria. El objetivo, lo dijo explícitamente la ministra, era fomentar la identidad nacional. Este tipo puede darse también, y seguramente se da, en alguna comunidad autónoma sobre todo en aquellas que se consideran una nación. Este es igual de legítimo que el que se hace desde el estado.

Por otro lado, se puede dar un adoctrinamiento por parte de un colectivo, normalmente un centro escolar o un departamento, o también por parte de profesores de forma individual. En el primer caso, podemos imaginar que un departamento de matemáticas decide plantear problemas en los que se muestren las desigualdades del mundo actual y lo haga sistemáticamente. De la misma forma podemos imaginar otro que lo que plantee en sus problemas sean cálculos de beneficios de las empresas o de valoración de las acciones en la bolsa y también lo haga sistemáticamente. Es evidente que los alumnos saldrán con percepciones bien diferentes. Y eso que las matemáticas son una ciencia pura. En el caso de un profesor particular puede suceder los mismo y en cualquiera de las asignaturas. La pregunta pertinente es: ¿están generalizados estos comportamientos? ¿se están inculcando de manera sistemática en los alumnos ideas y conceptos que les marquen y dirijan sus pasos hacia determinadas ideologías? Desde luego, en los veinticinco años que he dedicado a la enseñanza no he conocido ningún caso aunque, evidentemente, estoy seguro de que los hay, pero también de que deben de ser muy minoritarios.

Se podría concluir, por tanto,  que el mayor adoctrinamiento se produce desde la administración y en un sentido bien distinto al que se denuncia. A este respecto es muy interesante, y a mí me ha abierto mucho los ojos, el artículo de Rosa Cañadell publicado recientemente en eldiariodeleducacion.com.

Y en cualquier caso, adoctrinar no es necesariamente algo negativo. De hecho, todos los profesores lo hacen con sus palabras, pero, sobre todo, con su comportamiento, con su actitud. Hace poco pudo ver una imagen con una composición de mensajes en los que se podía leer “Yo adoctrino en la tolerancia”, “Yo adoctrino en la solidaridad”, “Yo adoctrino en el respeto”, y seguía con “creatividad”, “trabajo en equipo”, “democracia”, “no violencia”,… Y creo que este es un magnífico programa de adoctrinamiento.



El adoctrinamiento y II


Albert Rivera enarbolando y mostrando con una estúpida sonrisa un mapa de las lenguas europeas en el que, lógicamente, aparecen en el mismo color amarillo Cataluña, el País Valenciano, las Baleares, y el resto de territorios en los que se habla catalán; Xavier Pericay, diputado de Ciudadanos en el Parlamente balear, llamando “adoctrinamiento pasivo” a la inmersión lingüística y remitiendo, junto a su compañera de grupo parlamentario Olga Ballester, al Defensor del Pueblo un “informe” sobre el supuesto adoctrinamiento que se hace en Baleares desde los centros educativos. Todo esto forma parte de la campaña que ese partido político tiene en marcha desde hace tiempo contra el abuso según ellos del catalán que en el fondo es sencillamente contra su mero uso.

Como hace unos días publiqué unas reflexiones sobre lo que entendía por adoctrinamiento y sobre su práctica, quiero detenerme ahora sobre este tipo de campañas que tanto daño hacen tanto al sistema educativo como a muchos profesores.

Empezaré citando el Estatuto de las Islas  Baleares:

Articulo 4. La lengua propia
1. La lengua catalana, propia de las Illes Balears, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial.
 2. Todos tienen el derecho de conocerla y utilizarla, y nadie podrá ser discriminado por razón del idioma.
3. Las instituciones de las Illes Balears garantizarán el uso normal y oficial de los dos idiomas, tomarán las medidas necesarias para asegurar su conocimiento y crearán las condiciones que permitan llegar a la igualdad plena de las dos lenguas en cuanto a los derechos de los ciudadanos de las Illes Balears.

Para los posibles malpensados hay que recordar que este texto fue aprobado cuando en el Parlament tenía mayoría absoluta el Partido Popular y que esas “condiciones que permitan llegar a la igualdad plena” se refieren a las que había que facilitar a la lengua catalana en clara situación de minoría.

Cualquiera que pasee por las calles de Palma, ciudad que acoge a la mitad de la población de Mallorca, o de Calvíà, el municipio más poblado tras la capital, podrá constatar cosas tan evidentes como las siguientes:
La inmensa mayoría de los comercios están rotulados en castellano, lengua en la que normalmente se dirigirán al que entra. Si se acerca a un quiosco de prensa se encontrará con un amplio abanico de diarios, nacionales y locales, en castellano. Si le apetece tomar un aperitivo o comer en un restaurante, las pizarras donde se anuncian los productos y las cartas también estarán redactadas en castellano. Puede querer ver una película en alguno de los cines que existen, el doblaje, o los subtítulos en los raros casos que se dan, están también en esa lengua. Cuando ya en casa ponga la televisión, se dará cuenta de que salvo IB3 todas las demás cadenas emiten en castellano. Podría hacer la lista mucho más extensa, pero creo que ya es una muestra significativa y demostrativa de que se puede vivir perfectamente aquí conociendo solo el castellano.

¿Sucede lo mismo con el catalán? Recuerdo que, según lo visto en el artículo 4 del Estatuto, es la lengua propia de las islas. Evidentemente no. Recogeré una situación real y otra teórica. Las dos últimas veces que hemos ido al supermercado de El Corte Inglés, mi mujer ha pedido “vuit bosses”; en la primera ocasión tuvo que repetirlo hasta tres veces y en la segunda directamente traducirlo a “ocho bolsas”. Pensemos ahora en una situación teórica en la que por un caso de enfermedad haya que acudir a un centro de la sanidad pública; allí puede que sí sea atendido en catalán  o puede que no.

Conclusión: se puede ser monolingüe en castellano y vivir sin ningún problema en un territorio en el que el catalán es la lengua propia y tiene carácter de cooficial con el castellano, pero no está garantizada la misma situación si se fuese monolingüe en catalán (algo que, por otra parte, no sucede porque los catalanoparlantes son bilingües en su práctica totalidad lo que no sucede con los castellanoparlantes).

Esta situación es, precisamente, la que se trata de corregir con las políticas de inmersión lingüística que permiten que un alumno pueda terminar sus estudios con un conocimiento suficiente de ambas lenguas que permita, y hay que insistir en ello hasta la extenuación, a los catalanoparlantes ejercer el derecho a usar su lengua tal y como se lo reconoce el artículo antes citado.

Pues bien, este simple ejercicio de la más elemental  justicia y del cumplimiento de la ley es lo que indigna tanto a un partido como Ciudadanos, hasta el punto de intentar fomentar denuncias por lo que ellos consideran casos de adoctrinamiento. Para ello cuentan con quienes funcionan como comisarios políticos, por ejemplo sacando fotos de un cartel puesto por un sindicato de estudiantes o grabando conversaciones con profesores para luego hacer una denuncia que siempre acaba en nada. O por lo menos quedan en nada judicialmente, porque antes ya se ha encargado el medio afín, en este caso el diario El Mundo, de darles la cancha necesaria para poder hablar del tema.

Para terminar, mencionaré algo de mi experiencia personal. Desde que se aprobó la ley de normalización lingüística, también con un gobierno del Partido Popular, las clases de Ciencias Sociales en la ESO debían ser impartidas en catalán Durante años he incumplido esa norma pues, aunque tengo el reciclaje en esa lengua, no tengo la capacidad oral necesaria. Nunca en todos esos años, ni con gobiernos del PP ni con gobiernos del Pacto (en los que había nacionalistas de esos a los que tanto desprecian desde Ciudadanos) nadie me ha dicho nada y eso que era de dominio público y conocido también por la inspección educativa. Ahora, sin embargo, proponen que se establezca una Agencia de la inspección que vele por el buen desarrollo del castellano. Todo parecería una broma de mal gusto si no fuese porque cada vez hay más medios que se apuntan al carro con tal de atacar a los adversarios políticos.



lunes, 27 de noviembre de 2017

ANDAMIO


El adoctrinamiento y II

Albert Rivera enarbolando y mostrando con una estúpida sonrisa un mapa de las lenguas europeas en el que, lógicamente, aparecen en el mismo color amarillo Cataluña, el País Valenciano, las Baleares, y el resto de territorios en los que se habla catalán; Xavier Pericay, diputado de Ciudadanos en el Parlamente balear, llamando “adoctrinamiento pasivo” a la inmersión lingüística y remitiendo, junto a su compañera de grupo parlamentario Olga Ballester, al Defensor del Pueblo un “informe” sobre el supuesto adoctrinamiento que se hace en Baleares desde los centros educativos. Todo esto forma parte de la campaña que ese partido político tiene en marcha desde hace tiempo contra el abuso según ellos del catalán que en el fondo es sencillamente contra su mero uso.

Como hace unos días publiqué unas reflexiones sobre lo que entendía por adoctrinamiento y sobre su práctica, quiero detenerme ahora sobre este tipo de campañas que tanto daño hacen tanto al sistema educativo como a muchos profesores.

Empezaré citando el Estatuto de las Islas  Baleares:

Articulo 4. La lengua propia
1. La lengua catalana, propia de las Illes Balears, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial.
 2. Todos tienen el derecho de conocerla y utilizarla, y nadie podrá ser discriminado por razón del idioma.
3. Las instituciones de las Illes Balears garantizarán el uso normal y oficial de los dos idiomas, tomarán las medidas necesarias para asegurar su conocimiento y crearán las condiciones que permitan llegar a la igualdad plena de las dos lenguas en cuanto a los derechos de los ciudadanos de las Illes Balears.

Para los posibles malpensados hay que recordar que este texto fue aprobado cuando en el Parlament tenía mayoría absoluta el Partido Popular y que esas “condiciones que permitan llegar a la igualdad plena” se refieren a las que había que facilitar a la lengua catalana en clara situación de minoría.

Cualquiera que pasee por las calles de Palma, ciudad que acoge a la mitad de la población de Mallorca, o de Calvíà, el municipio más poblado tras la capital, podrá constatar cosas tan evidentes como las siguientes:
La inmensa mayoría de los comercios están rotulados en castellano, lengua en la que normalmente se dirigirán al que entra. Si se acerca a un quiosco de prensa se encontrará con un amplio abanico de diarios, nacionales y locales, en castellano. Si le apetece tomar un aperitivo o comer en un restaurante, las pizarras donde se anuncian los productos y las cartas también estarán redactadas en castellano. Puede querer ver una película en alguno de los cines que existen, el doblaje, o los subtítulos en los raros casos que se dan, están también en esa lengua. Cuando ya en casa ponga la televisión, se dará cuenta de que salvo IB3 todas las demás cadenas emiten en castellano. Podría hacer la lista mucho más extensa, pero creo que ya es una muestra significativa y demostrativa de que se puede vivir perfectamente aquí conociendo solo el castellano.

¿Sucede lo mismo con el catalán? Recuerdo que, según lo visto en el artículo 4 del Estatuto, es la lengua propia de las islas. Evidentemente no. Recogeré una situación real y otra teórica. Las dos últimas veces que hemos ido al supermercado de El Corte Inglés, mi mujer ha pedido “vuit bosses”; en la primera ocasión tuvo que repetirlo hasta tres veces y en la segunda directamente traducirlo a “ocho bolsas”. Pensemos ahora en una situación teórica en la que por un caso de enfermedad haya que acudir a un centro de la sanidad pública; allí puede que sí sea atendido en catalán  o puede que no.

Conclusión: se puede ser monolingüe en castellano y vivir sin ningún problema en un territorio en el que el catalán es la lengua propia y tiene carácter de cooficial con el castellano, pero no está garantizada la misma situación si se fuese monolingüe en catalán (algo que, por otra parte, no sucede porque los catalanoparlantes son bilingües en su práctica totalidad lo que no sucede con los castellanoparlantes).

Esta situación es, precisamente, la que se trata de corregir con las políticas de inmersión lingüística que permiten que un alumno pueda terminar sus estudios con un conocimiento suficiente de ambas lenguas que permita, y hay que insistir en ello hasta la extenuación, a los catalanoparlantes ejercer el derecho a usar su lengua tal y como se lo reconoce el artículo antes citado.

Pues bien, este simple ejercicio de la más elemental  justicia y del cumplimiento de la ley es lo que indigna tanto a un partido como Ciudadanos, hasta el punto de intentar fomentar denuncias por lo que ellos consideran casos de adoctrinamiento. Para ello cuentan con quienes funcionan como comisarios políticos, por ejemplo sacando fotos de un cartel puesto por un sindicato de estudiantes o grabando conversaciones con profesores para luego hacer una denuncia que siempre acaba en nada. O por lo menos quedan en nada judicialmente, porque antes ya se ha encargado el medio afín, en este caso el diario El Mundo, de darles la cancha necesaria para poder hablar del tema.

Para terminar, mencionaré algo de mi experiencia personal. Desde que se aprobó la ley de normalización lingüística, también con un gobierno del Partido Popular, las clases de Ciencias Sociales en la ESO debían ser impartidas en catalán Durante años he incumplido esa norma pues, aunque tengo el reciclaje en esa lengua, no tengo la capacidad oral necesaria. Nunca en todos esos años, ni con gobiernos del PP ni con gobiernos del Pacto (en los que había nacionalistas de esos a los que tanto desprecian desde Ciudadanos) nadie me ha dicho nada y eso que era de dominio público y conocido también por la inspección educativa. Ahora, sin embargo, proponen que se establezca una Agencia de la inspección que vele por el buen desarrollo del castellano. Todo parecería una broma de mal gusto si no fuese porque cada vez hay más medios que se apuntan al carro con tal de atacar a los adversarios políticos.




Más literatura antiestalinista



Hace ahora tres años publicaba una entrada en el blog con la primera novela que la editorial Errata Naturae editaba de esta escritora rusa. Me causó una honda impresión por su tema, la represión estalinista, y lo bien escrita que estaba. La que hoy comento tiene mucho de ambas características.
Una traductora obtiene el privilegio de la Unión de Escritores para pasar unos días descansando en una casa en el campo donde podrá dedicarse a traducir huyendo del ruido y las molestias de la casa comunal en la que vive con su hija. Estamos en 1949 y la protagonista perdió a su marido en 1938 ejecutado por el estado. (Exactamente lo mismo le  pasó a la autora de la novela). El tiempo que pasa en esa residencia lo relata en primera persona casi en forma de diario.
Durante su estancia entablará relación con varios personajes: un periodista, un director de cine, un poeta judío, un escritor de novelas de aventuras y otro de novelas de ciencia ficción, etc., pero sobre todo con Bilibin que resultará haber sido también represaliado aunque haya logrado sobrevivir.
Nina Sergeievna, que así se llama la protagonista, da largos paseos por el campo nevado que son de los mejores momentos de la novela por el lirismo que destilan. Luego se suele recluir en su habitación donde además de traducir reflexiona sobre la desaparición de su marido. Ya que:

“Después de haberlo asesinado, habían seguido mintiéndome durante largos años.
“No hay argumentos fundados para la revisión de su caso”. “Cuando cumpla su pena, él mismo la escribirá”. “No hemos recibido la notificación de su muerte”. Y la última vez hace dos años: “quizá esté vivo o quizá esté muerto, ¿cómo voy yo a saberlo?” “No somos una oficina de Registro Civil, ciudadana. No nos informan de las defunciones. Diríjase al Registro Civil”. (p. 98)

No es esta la única crítica al régimen que aparece. De vez en cuando se oye de fondo la radio con unos textos que reflejan muy bien cuál era la realidad de la época y de la ideología que la dominaba (en esos momentos una fuerte crítica del cosmopolitismo con componentes antisemitas). En este sentido es muy interesante la discusión que mantendrá casi al final con el mencionado Bilibin.
Novela muy bien escrita en la que logra una gran ambientación de lo que podía ser una residencia de ese tipo y en la que aparecen, aunque sea brevemente, tipos originales y representativos de la intelligentsia de la época.
Como me viene pasando con las últimas lecturas de escritores rusos sea Evgenia Ginzburg, Varlam Shalámov o la propia Chukóvskaia, en todos me llama la atención el inmenso papel de la poesía en ese mundo y la cantidad de poemas que cualquiera de ellos es capaz de reproducir y la cantidad de poetas que pueden nombrar. Desde una realidad como la española es bastante sorprendente.

Lidia Chukóvskaia, Inmersión. Un sendero en la nieve. Traducción Marta Rebón.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Tardío aunque buen descubrimiento




“¿En qué piensa Echenoz cuando escribe la vida de Emil Zátopek? Sin duda en la mentira estalinista, en el fascismo olímpico, en la indecencia del poder, en las mitologías en venta,  en la avidez y la vanidad que intentan corromper hasta el talento más inocente, y, por encima de todo, en la belleza del deporte y la flexible resistencia de un hombre a todo esto. Correr es un libro sobre la inocencia, ejemplar en todos los sentidos de la palabra” (Philippe Lançon, Liberation)

Este fragmento de una crítica, que la editorial reproduce en la contraportada, resume muy bien las ideas que están detrás de este magnífico libro.
A lo largo de los años he tenido en mis manos muchas veces en mis visitas a las librerías libros de Echenoz y nunca me había decidido a comprarlos. Fue a raíz de verlo aparecer un día metido en el mismo saco que Deville o Carrére cuando tomé la acertada decisión de conocer algo de su obra. En efecto, digo acertada porque es un libro que he leído de un tirón (es cierto que también lo facilita que tenga solo 140 páginas) y con el que he disfrutado de verdad.
Como bien ha dicho el autor, no se trata ni mucho menos de una biografía del atleta aunque lo veamos desde joven hasta ya retirado y mayor. También nos muestra el contexto histórico desde la presencia nazi hasta la de los tanques soviéticos en 1968 para sofocar la “Primavera de Praga” a la que, por cierto, apoyó Zátopek  y esto le costó grandes disgustos y pérdidas. Sin embargo, el núcleo del libro y lo que lo hace tremendamente adictivo es la narración, a la que se entrega Echenoz sin tregua, de las muchas de las carreras en las que participó Zátopek desde sus vacilantes inicios hasta su renqueante final pasando por momentos como la olimpiada de Helsinki en la que obtuvo las medallas de oro en los 5000, los 10000 y la maratón, algo nunca visto hasta entonces y difícil de igualar y ello, además, con un estilo tan peculiar como deslavazado y poco ortodoxo.
Echenoz narra todo con un lenguaje enormemente eficaz  y con un ritmo parece que contagiado del que tenía el propio atleta. Hoy contamos, además, con la posibilidad y el aliciente de poder ver a través de youtube alguna de las imágenes que relata con lo que hasta se puede comprobar, aunque no haga ninguna falta,  la veracidad de lo narrado. Impresiona lo bien que es capaz Echenoz de trasladar al texto alguna de esas imágenes.
Una magnífica novela en la línea de esa faction o ficción documental que tanto me gusta y que tantos buenos practicantes tiene en el país vecino. (Compartiendo tiempo de lectura estos días leo también el libro que se acaba de publicar con artículos de Emmanuel Carrérre, el maestro del género).
Un libro tan recomendable que me ha llevado a adquirir otro en la misma línea que pronto aparecerá comentado en el blog.
Una buena reseña de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com.

Jean Echenoz, Correr. Traducción Javier Albiñana.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Volumen final de una gran obra




Ha habido que esperar nada menos que tres años para que aparezca el último volumen de la obra que Shalámov dedicó a los campos de Kolimá. Yo había leído hace tiempo que en este volumen se recogían algunos ensayos y reflexiones del autor, pero me he llevado la sorpresa de que todo lo que se incluye está referido, como ya se indica en el subtítulo, al mundo del hampa. Me hubiera gustado más lo que esperaba aunque siempre es muy interesante lo que cuenta.

A lo largo de los ocho relatos que conforman el libro, Shalámov nos va describiendo y explicando en qué consiste el mundo del hampa, de dónde salen muchos de sus miembros (es muy interesante la idea de que proceden en gran número de la “deskulakización” en los tiempos de Stalin), cuál es el papel de la mujer en ese mundo, quiénes son “las perras”, cuáles eran sus canciones típicas y, algo muy curioso, los “novelos” como su forma literaria de carácter oral. En definitiva, da una visión muy completa de ese mundo y, obviamente, de su funcionamiento tanto en las cárceles como en los campos de trabajo.
Todo, además, con el estilo tradicional del autor que tal y como se recoge en el Posfacio con sus propias palabras consiste en:


“Nada de desenlaces inesperados ni de fuegos artificiales. Frases escuetas, comprimidas, sin metáforas. Una exposición sencilla, correcta, breve de la acción, sin ninguna floritura… Uno o dos detalles incrustados en el relato, detalles mostrados en un primer plano. Detalles nuevos, que nadie ha mostrado antes.” (p. 200)


Se cierra con este volumen una obra tremendamente interesante en todos sus volúmenes como ya he dejado constancia en anteriores entradas del blog. Una visión casi exhaustiva de lo que fueron los campos de la era estaliniana en la zona de Kolimá. Una obra realmente monumental que forma junto al libro de Evgenia Ginzburg, que también comenté hace poco, lo mejor que se ha escrito sobre esa época. 

En el Posfacio, escrito por  el traductor, se da una visión sobre la obra en general y se cierra el libro  con una serie de ideas que Shalámov incluyó en un documento, fragmentario e inacabado, en el que se recogen una serie de reflexiones entre las que me gustaría destacar la que sigue:


“31. He sabido que el mundo no se ha de dividir entre buenos y malos, sino entre los cobardes y los que no lo son. El 95% de los cobardes son capaces de cualquier villanía, de vilezas mortales, ante una débil amenaza.” (p. 213)


Un libro totalmente recomendable por su valor testimonial, pero también por sus valores literarios.

Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá, Volumen VI. Ensayos sobre el mundo del hampa. Traducción Ricardo San Vicente.

jueves, 23 de noviembre de 2017

ANDAMIO


El adoctrinamiento

Si hay un concepto que está teniendo recorrido últimamente es este, el adoctrinamiento. Hay un partido político, Ciudadanos,  que lo tiene como verdadero leitmotiv desde su fundación y un diario, El Mundo, que ha hecho de él su campo de batalla contra el catalanismo ya sea cultural o político. Hace solo unos días, sin ir más lejos, Albert Rivera presentaba un proyecto de ley para crear una agencia que luche contra el adoctrinamiento que, según ellos, se está produciendo en Cataluña y no solo en la educación sino incluso en la programación infantil de algunas televisiones. Creo que a un tema tan importante y tan grave merece la pena que le dediquemos algunas reflexiones y muchas, muchísimas, matizaciones y aclaraciones. Nos jugamos mucho en este envite.
Comencemos por acudir al diccionario de la RAE para tener claro de qué hablamos cuando empleamos este concepto:

Adoctrinar. Inculcar a alguien determinadas ideas o creencias.
Inculcar
2. Repetir con empeño muchas veces algo a alguien.
3. Infundir con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto, etc.
Ahínco. Eficacia, empeño o diligencia grande con que se hace o solicita algo.

Si atendemos a las distintas definiciones, podemos concluir que hablamos de adoctrinamiento cuando de forma deliberada se repiten determinadas ideas y conceptos con la intención de influir en los otros.

Teniendo todo esto en cuenta, creo que se puede hablar de diferentes formas de adoctrinamiento con efectos también diferentes y, sobre todo, lo más importante, con diversos orígenes. Vamos a verlos en referencia solo a la educación.

En primer lugar, está el que yo llamaría adoctrinamiento “institucional” o adoctrinamiento “invisible”. Este lo realizan la escuela y los profesores de manera más o menos inconsciente e involuntaria. Los alumnos entran a las aulas para iniciar su jornada laboral a partir del sonido de un timbre o similar y de la misma forma la terminarán. Los retrasos tendrán algún tipo de sanción y las ausencias tendrán que ser debidamente justificadas incluso con certificado médico en algunos casos. Durante la jornada tienen siempre delante un jefe, el profesor, que les dirá en cada momento lo que tienen que hacer y controlará que lo hagan. La falta de atención y el bajo rendimiento tendrán también su correspondiente correctivo en forma de sanción o bajada de sueldo (la nota). Y esto un día tras otros a lo largo de un período de tiempo variable, pero en cualquier caso muy largo. ¿Qué se consigue con ello? Creo que no hace falta aclararlo demasiado. Está claro que el alumno se va adaptando poco a poco a un sistema similar en parte al que tendrá en el mundo laboral. ¿Podemos hablar aquí de adoctrinamiento? Hay repetición, es deliberado y se pretende influir en comportamientos, actitudes e ideas, por lo tanto la respuesta no puede ser otra que sí. De esta función del sistema educativo se habla poco o nada. Yo tuve ocasión de escucharla por primera vez cuando hice el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) y tuve como profesor de Sociología de la Educación a Mariano Fernández Enguita. Luego lo he leído varias veces sus libros y artículos. En clase lo he comentado muchas veces con los alumnos e incluso he hecho ejercicios para demostrar hasta qué punto el timbre y yo éramos los dos ejes vertebradores de su vida laboral. Lo entendían perfectamente. Hay quien llama a esta forma de adoctrinamiento  preparación para la vida”.

En segundo lugar, está lo que podríamos llamar el adoctrinamiento “ideológico” que es el único al que se refieren tanto Ciudadanos como El Mundo, pero se refieren a él en “versión reducida”. ¿Por qué digo esto?. Este tipo de adoctrinamiento se puede  dividir en dos muy diferentes sobre todo por sus orígenes y efectos.

Por un lado, el “legal” o también “administrativo”. Me refiero al planteamiento ideológico que tienen las distintas normas con las que se regula la educación y que van desde los planes de estudio, escogiendo unas asignaturas y eliminando otras, hasta los contenidos concretos de las diferentes materias especialmente las que en sí mismas ya tiene una fuerte carga ideológica como pueden ser: Geografía, Historia, Economía o Filosofía. Solo un ejemplo. Cuando Esperanza Aguirre fue ministra de educación, se cambió el contenido de la asignatura Historia de España de 2º de bachillerato. Antes se estudiaba solo la historia contemporánea y desde entonces se estudia desde la prehistoria. El objetivo, lo dijo explícitamente la ministra, era fomentar la identidad nacional. Este tipo puede darse también, y seguramente se da, en alguna comunidad autónoma sobre todo en aquellas que se consideran una nación. Este es igual de legítimo que el que se hace desde el estado.

Por otro lado, se puede dar un adoctrinamiento por parte de un colectivo, normalmente un centro escolar o un departamento, o también por parte de profesores de forma individual. En el primer caso, podemos imaginar que un departamento de matemáticas decide plantear problemas en los que se muestren las desigualdades del mundo actual y lo haga sistemáticamente. De la misma forma podemos imaginar otro que lo que plantee en sus problemas sean cálculos de beneficios de las empresas o de valoración de las acciones en la bolsa y también lo haga sistemáticamente. Es evidente que los alumnos saldrán con percepciones bien diferentes. Y eso que las matemáticas son una ciencia pura. En el caso de un profesor particular puede suceder los mismo y en cualquiera de las asignaturas. La pregunta pertinente es: ¿están generalizados estos comportamientos? ¿se están inculcando de manera sistemática en los alumnos ideas y conceptos que les marquen y dirijan sus pasos hacia determinadas ideologías? Desde luego, en los veinticinco años que he dedicado a la enseñanza no he conocido ningún caso aunque, evidentemente, estoy seguro de que los hay, pero también de que deben de ser muy minoritarios.

Se podría concluir, por tanto,  que el mayor adoctrinamiento se produce desde la administración y en un sentido bien distinto al que se denuncia. A este respecto es muy interesante, y a mí me ha abierto mucho los ojos, el artículo de Rosa Cañadell publicado recientemente en eldiariodeleducacion.com.

Y en cualquier caso, adoctrinar no es necesariamente algo negativo. De hecho, todos los profesores lo hacen con sus palabras, pero, sobre todo, con su comportamiento, con su actitud. Hace poco pudo ver una imagen con una composición de mensajes en los que se podía leer “Yo adoctrino en la tolerancia”, “Yo adoctrino en la solidaridad”, “Yo adoctrino en el respeto”, y seguía con “creatividad”, “trabajo en equipo”, “democracia”, “no violencia”,… Y creo que este es un magnífico programa de adoctrinamiento.