jueves, 19 de octubre de 2017

Emocionante novela




“Si Pablo fuera mi personaje, no habría muerto. (…) Pero esta historia la han escrito otros por mí. Yo solo la estoy llorando.” (p. 166)

En esta frase que cierra el tercer capítulo del libro se resume muy bien cuál es el espíritu y el ánimo del autor.
El 19 de septiembre pasado hacía la primera entrada sobre un libro de Sergio del Molino y hoy, justo un mes después, hago la tercera. Esto solo puede significar que es un escritor que no solo me ha gustado sino que me ha impactado. No diré nada de los otros dos libros pues ya están comentados y muy recientemente en el blog. Curiosamente, me suele suceder a menudo que leo a algunos autores en sentido inverso a la fecha de publicación de sus obras lo que me ha vuelto a pasar en este caso. 
En la reseña hecha por Santi en el blog unlibroaldia.blogspot.com se afirma: “La hora violeta es una obra triste pero, a pesar de todo, no desesperanzada ni desesperanzadora. Tiene pasajes cargados de un dolor y una angustia evidentes; pero el tono escogido para mostrarlos es de una aceptación y una calma casi estoica”.
Pongo a continuación dos fragmentos que reflejan bastante bien el tono de una parte importante del libro:

“Hijo mío, ¿me perdonarás alguna vez? ¿Sabrás disculpar que no pueda salvarte? No sé ni siquiera si soy digno de reclamar tu perdón. No sé si merezco tus besos. Sólo puedo quererte de esta forma tan inútil y desquiciada. Sólo puedo acompañarte, aguantar tu mano en el dolor. Estás solo ante los monstruos, cariño mío. No sé ahuyentarlos, no sé evitar que te hagan daño. Incluso se me niega el último gesto heroico de sacrificarme por ti, de gritarte que salgas corriendo mientras soy devorado por los bichos. No estoy programado para esto. Mi instinto de padre se rebela, pero ni tiene contra quién rebelarse. Es una insurrección suicida, un grito contra mí mismo.” (p. 86)

“La tralla (se refiere a las fuertes dosis de quimioterapia) noquea a Pablo, que debe recibir transfusiones casi cada día. Devora las plaquetas. Le transfunden una bolsa y, al día siguiente, los niveles hematológicos vuelven a estar casi a cero. La piel, transparente. No tiene hambre. El aparato digestivo se le ha llenado de llagas. No come. Se queja, no sonríe, no quiere ni pide nada. Sólo nuestros brazos, sólo el contacto cálido y lejanamente uterino de nuestro cuerpo. Y ni siquiera obtiene eso. No podemos darle nuestros cuerpos, sino una versión estéril de ellos, encubierta con batas y mascarillas quirúrgicas.” (p. 91)

Finalmente, porque creo que aclara muy bien el sentido del libro, reproduzco un fragmento de la entrevista que hace al autor Benito Garrido en culturamas.es:

P.- Realista, narrada en primera persona, los sentimientos del padre y del enfermo se hacen plausibles. ¿Es el estilo más adecuado para empatizar con el lector?
Quería que el libro se pareciese a un dietario. Y, en cierta forma, es un falso dietario, narrado en tiempo presente. Buscaba la mayor cercanía posible con el lector. Si hubiera escogido otro punto de vista, habría tenido que recurrir a la ficción o habría marcado unas distancias impropias con la historia, como si esta no fuera conmigo. Era, de nuevo, la estrategia más honesta y limpia que encontré.

Tras estas reproducciones me falta expresar el impacto que a mí me ha producido la lectura. Tengo que advertir, porque creo que influye bastante en dicho impacto, que soy padre de un niño de siete años a pesar de haber nacido hace muchísimos años.            Quiero expresar con ello que estoy tremendamente sensibilizado con todo lo que les pase a los niños como vengo observando por mis reacciones ante determinadas imágenes tanto reales como de ficción. En este sentido, a pesar del cuidado que pone al autor para no convertir la historia en un melodrama, tengo que reconocer que en muchos momentos me ha puesto un nudo en la garganta y otro en el estómago; que he tenido ganas de compartir su llanto en muchos momentos y que me he sentido solidario con su dolor y su impotencia.
Del Molino es un extraordinario narrador como buen periodista que es, pero además, como he podido comprobar en los tres libros que he leído, es un escritor con una gran sensibilidad escriba de lo que escriba, pues si bien dos de los libros hablan entre otras cosas de la muerte, en La España vacía también la demuestra y el tema es bien diferente.
En fin, solo me resta recomendar el libro advirtiendo, eso sí, que puede herir la sensibilidad del lector, pero también en esto se demuestra que es un gran libro.
No lo he mencionado hasta ahora, pero creo que se deduce claramente de lo puesto que estamos ante una obra de lo que actualmente se llama faction o non fiction.

Sergio del Molino, La hora violeta

martes, 17 de octubre de 2017

Judíos húngaros y ocupación nazi


Soy un seguidor asiduo de los escritores húngaros desde aquel Lajos Zilahy que tanto se leía en la España de los cincuenta, al más reciente Sándor Márai, pasando por multitud de nombres ya que, afortunadamente, en los últimos años se han traducido muchas obras de estos escritores. Tras la literatura  anglosajona y germana, la húngara ocupa el siguiente  lugar en número de libros en mi biblioteca. Hay muchas razones para esta preferencia como pueden ser, entre otras: el interés que suelen tener los temas que tratan, el hecho de que se trata generalmente de grandes narradores y, desde luego, son escritores que escriben muy bien ( o están muy bien traducidos) y de forma también muy clara.
Desconocía totalmente a Erno Szép a pesar de que he visto ahora que ya tenía un libro publicado en España. No tardaré mucho en conseguirlo y leerlo.
Este que ahora comento recoge un breve periodo de tiempo, unas tres semanas, en el que el autor, pues se trata de una novela plenamente autobiográfica, pasó de estar recluido en Budapest en una casa para judíos a terminar realizando trabajos forzados en un pueblo de la provincia.
Casi la mitad del libro está dedicada a contar cómo era la vida en esa comunidad de vecinos que funcionaba como una especie de gueto. En el resto, Szép relata el viaje y la estancia en diversos campos de deporte hasta llegar al destino en el que tendrá que hacer esos trabajos forzados que antes mencionaba. Todo ello está contado con muchos detalles sobre la vida cotidiana (el dormir, la comida, el tabaco) y aparecen bastantes personajes algunos con su nombre real y otros solo con la inicial (esta circunstancia la explica el autor en un párrafo final).
A quien esté medianamente informado y haya leído libros sobre el tema, el libro no le aportará más información ni tampoco le resultará demasiado duro de leer, pero sí que me parece muy interesante por el planteamiento a base de capítulos muy cortos que lo hacen funcionar casi como un diario y, por supuesto, por la magnífica forma en que está contado. No hay apenas reflexiones ni más elementos que la vida de los detenidos por ser judíos. Apenas aparecen los verdugos (en este caso los Cruces Flechadas, esto es, los fascistas húngaros).
No obstante lo dicho me ha resultado llamativo el siguiente fragmento que se sale un poco del contexto del libro y que no sé muy bien cómo interpretar:

“Hablé de política con un señor anciano achacoso, me contó una bonita sentencia:
-        Mira, Hungría se podría describir con una sola frase: “Los campesinos echaban pestes de los señores, los señores echaban pestes de los judíos, y los judíos echaban pestes entre ellos mismos.”” (p .204)

Un libro muy recomendable.
Hay una corta reseña de Juan Jiménez García en diarios.detour.es

Erno Szép, El olor humano. Traducción Eszter Orbán y José miguel González.

domingo, 15 de octubre de 2017

Artículos interesantes

En estos días, leer prensa es tener que leer sobre la crisis catalana. Reconozco que apenas leo sobre el tema, no porque no me interese, sino porque se escribe demasiado con poco conocimiento y mucha carga ideológica detrás. Sin embargo, quedan algunos reductos donde se pueden leer opiniones bastante más matizadas de lo habitual. He seleccionado algunas.

Si siempre es interesante una entrevista con Ada Colau, en estos momentos, lo es más aún. Además se la hace Neus Tomás.(eldiario.es)

Elisa Beni está escribiendo unos artículos muy densos, pero también muy interesantes sobre los aspectos jurídicos de la crisis catalana. (eldiario.es)

Las reflexiones de Josep Ramoneda siempre hacen pensar y replantearse las cosas. (elpais.com) (Es casi el único que se sale de la tremenda campaña de ese medio en contra del independentismo.)

Con Jesús Maraña para un poco lo que con Ramoneda, que hay que leerlo siempre porque es raro el escrito que no aporta cosas interesantes. (infolibre.es)

viernes, 13 de octubre de 2017

Algo más que una novela



No es nada extraño que este libro haya sido prácticamente un best seller como también lo ha sido recientemente la tetralogía de Elena Ferrante. Ambas escritoras comparten una buena escritura con un gran interés de lo que cuentan.
Este libro de Schrobsdorff es una novela en la que prima lo biográfico e incluso lo autobiográfico. Está dividida en tres partes muy diferentes. En la primera, la más extensa, la autora ofrece un magnífico retrato de la Alemania, sobre todo de Berlín,  de los años veinte y principios de los treinta a través de la vida y aventuras de su madre y de sus amistades. Es un reflejo de la vida, y también algo de las ideas, de la clase media tanto alemana como judío-alemana, si es que es correcto hablar así. En la segunda, la madre, al ser  hija de padres judíos emigra, realmente huye, a Bulgaria para lo que hará un matrimonio de conveniencia. Esta parte del libro es en mi opinión la más emocionante y en la que la madre muestra más y mejor sus verdaderos sentimientos. Finalmente, en la tercera parte, la autora reproduce un conjunto de cartas, de 1947 a 1949, de la correspondencia de su madre principalmente con Bettina, la hermana de la autora que también proporcionan momentos muy emotivos.
Reproduzco a continuación algunos fragmentos en los que la autora caracteriza a su madre que me darán pie para hacer algunos comentarios:

 “Nadie podía escapar a la pequeña y compacta Else, ese dechado de gozo vital, esa fuente de ternura y calidez, esa llama de inteligencia diáfana y lúcida.” (p. 160)

“Lo cierto es que no hubiera podido dar con una situación más complicada: una judía que convivía bajo el mismo techo con su marido, la amante de éste, un amante suyo y dos hijos de padres diferentes. ¡Pero qué importaba eso! A fin de cuentas, él no la amaba y nunca había pensado en una relación seria.” (p. 143) (Se refiere a Erich, segundo marido de la madre y padre de la autora.)

“- Y tú, mamá, ¿qué persona fuiste en tu juventud?
  -Una que hoy desearía no haber sido. Y debes tener cuidado que no te pase lo mismo.” (p. 532) (Conversación de Angelika con su madre.)

“Los alemanes son incorregibles. No se han desprendido de su arrogancia, no han comprendido ni aprendido nada. Y si algo los conmociona no es lo que hicieron sino lo que ahora les están haciendo a ellos. No pueden soportar ser los derrotados y vencidos, despotrican y provocan y, por lo visto, no son, en absoluto, conscientes de que si se ven en esa situación ha sido por su propia culpa.” (p. 562) (Carta de Else a su hija Bettina en marzo de 1948.)

Como se ve claramente, se trata de un personaje muy peculiar y que, efectivamente, no debía de ser como otras madres. La situación que aparece en el segundo fragmente creo que solo podía producirse en ese Berlín de los años veinte con la libertad de todo tipo que, por lo que se puede leer tanto en muchas novelas como en los libros de historia, allí había. Resulta especialmente interesante esa especie de arrepentimiento que se recoge en la conversación de Angelika con su madre y que seguramente tiene que ver con lo que pasará con sus hijos así como con lo vivido en el exilio búlgaro.
Al mismo tiempo, Schrobsdorff deja bien reflejado cómo esa clase media no dio importancia al surgimiento de Hitler. En este sentido el último fragmento, que reproduce un texto real de la madre, es significativo del cambio operado en la protagonista.
Un libro muy completo en el  que hay biografía, autobiografía, recuerdos, reproducción de variada correspondencia y todo ello magníficamente contado y novelado. Hay también un espléndido retrato de personajes empezando por Else, la madre (con tres hijos de tres hombres diferentes); siguiendo por ese hermano, Peter,  que al final adquirirá un protagonismo dramático; la autora que aparece tanto en primera persona como en tercera y que tiene la valentía de reproducir cartas de su madre en las que no sale precisamente bien parada; los diferentes amores de la madre entre los que destaca el llamado por ella Bueno, ese Erich Schrobsdorff que tanto les ayudó en los momentos difíciles cuando ya estaba separado de Else y tenía su propia mujer; y, por supuesto, las amigas de la madre entre las que destaca, sobre todo en los años berlineses, Eugenie von Liebig, un personaje muy novelesco.
En cuanto a los temas que trata, además de los ya mencionados hay que destacar las diferentes reacciones tanto de la autora como de los tres hijos ante el tema de ser judío.
Algo que se echa en falta, pero que se entiende al tratarse de una novela, es la publicación de alguna de las fotografías de las que habla en el libro. El lector se queda con las ganas de conocer cómo eran varios de los protagonistas.
En fin, un libro totalmente recomendable del que existen dos buenas reseñas: la de Andrés Trapiello en elpais,com y la del blog devoradoradelibros.com

Angelika Schrobsdorff, Tú no eres como las otras madres. Traducción Richard Gross.

martes, 10 de octubre de 2017

Citas sobre nacionalismo

A lo largo de los años he recopilado muchas frases sobre este tema que siempre me ha preocupado. Soy profundamente antinacionalista tanto racional como visceral, pero seguramente por ello, aunque esto tendría que matizarlo mucho y no es el momento, estoy a favor de que un territorio pueda independizarse de otro si la mayoría de sus habitantes lo desean. Creo que un estado es un conjunto de ciudadanos que se someten a unas leyes comunes y, por lo tanto, pueden dejar de hacerlo si así lo desean.
Sea como sea, el nacionalismo me parece una de las ideologías que más daño ha producido a la humanidad en los últimos ciento cincuenta años.
Pero vamos con las citas.

La patria, dirá mucho después *, sólo puede ser un ideal para aquellos que no la tienen, como los fedayín palestinos.
- ¿Y el día que la tengan?- le pregunto.
Él guarda silencio durante unos momentos.
- Entonces habrán conquistado el derecho de arrojarla a la taza del retrete y tirar, como yo, de la cadena.
* Jean Genet
Juan Goitysolo, En los reinos de taifas

¿Hay algún lugar en el mundo alejado de la “búsqueda de la identidad nacional” y de los ”sentimientos nacionales”? Simplemente, amo a mis amigos y a mis dos ciudades: Sarajevo y París. Ésta es mi identidad nacional.
Jasna Samic, Escarcha de primaveras

En este marco de reducción del hombre a agente económico, los nacionalismos y las religiones buscan una nueva oportunidad. Siempre que se producen vacíos en la construcción del sentido aparecen los profesionales del nosotros dispuestos a ocuparlos. Lo orgánico se ofrece para contrarrestar el carácter disolutivo -desamparador- de lo inorgánico, el sentimiento se propone como alternativo o complemento al interés.
Josep Ramoneda, Después de la pasión política

Pero ¿a quién le hace falta que haya Francia? A Francia, indudablemente: no a la gente que rebulla por la orilla izquierda del Rin o por la cara Norte de los Pirineos; en todo caso, al Individuo ante su televisor o a la Masa en su estadio, que, al batir la marca el atleta revestido de la tricolor (importado acaso de Zanzíbar), gritan emocionados “¡Hemos batido la marca!¡Hemos triunfado!” Pero esos no son gente, sino Francia.
Agustín García Calvo, Análisis de la Sociedad del Bienestar

Pero todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación  a que pertenece por casualidad; en eso se ceba y, en su gratitud, está dispuesto a defender con manos y pie todos los defectos y todas las tonterías de esta nación.
Arthur Schopenhauer, Arte del buen vivir


Honradamente nunca se podrá decir gran bien de un carácter nacional, ya que “nacional” quiere decir que pertenece a la multitud. Es más bien la mezquindad de espíritu, la sinrazón y la perversidad de la especie humana, las únicas que resaltan en cada país, bajo una forma distinta, y a esta se llama carácter nacional.
Arthur Schopenhauer, Arte del buen vivir


¿Acaso no es la principal virtud del nacionalismo hallar para cada problema un culpable antes que una solución?
Amin Maalouf, Identidades asesinas

No tengo patria y, como es natural, no sufro por ello, sino que me alegro de mi condición de apátrida, pues me libera de sentimentalismos innecesarios.
Odon von Horváth, Juventud sin Dios

Cuando me preguntan qué soy “en lo más hondo de mí mismo”, están suponiendo que “en el fondo” de cada persona hay sólo una pertenencia que importe, su “verdad profunda” de alguna manera, su “esencia”, que está determinada para siempre desde el nacimiento y que no se va a modificar nunca; como si lo demás, todo lo demás -su trayectoria de hombre libre, las convicciones que ha ido adquiriendo, sus preferencias, su sensibilidad personal, sus afinidades, su vida en suma-, no contara para nada.
Amin Maalouf, Identidades asesinas

En sus canciones, que entonan en las noches, siempre se repite el mismo estribillo: “¿Mi patria? Mi patria está allí donde llueve.”
Ryszard Kapuscinski, Ébano

No hay nada más absurdo que una frontera, ni nadie más idiota que el tipo uniformado que se siente importante porque cree que divide el mundo al exigir un papel.
Maruja Torres, Amor América

El nacionalismo, es decir, la autocontemplación y egolatría nacionales, es en todas partes una enfermedad mental peligrosa, capaz de desfigurar y afear los rasgos de una nación, igual que la vanidad y el egoísmo desfiguran y afean los rasgos de una persona.
Sebastián Haffner, Historia de un alemán. Memorias 1914-1933

¿Qué clase de ignominia es no pertenecer a ninguna nación?¿En qué consiste la deshonra? Un nacido extramatrimonial ya no se avergüenza de reconocer que no sabe a qué familia pertenece. ¿Por qué se avergüenza alguien cuando le reprochan que no tiene patria?¿No es más honroso ser una persona (o un cristiano) que un alemán, francés o inglés? Me parece más agradable estar entre las razas que arraigar en una de ellas -aunque sólo fuera por el motivo de que es más fácil sentirse por encima de las razas-.
Joseph Roth, El juicio de la historia. Escritos 1920-1939

Más de una vez he expresado mi escepticismo hacia las selecciones nacionales, sea la española, sea la que sea y mi total condena al intento de crear una selección nacional catalana o vasca de fútbol. Prefiero los clubes de fútbol porque son, a pesar de los pesares, más laicos que las selecciones nacionales. En torno a ellas siempre se crea un no sé qué de verdad revelada y de pueblo escogido, como si reclamara a la Providencia que jugara a favor de una u otra selección.
Manuel Vázquez Montalbán, La aznaridad

“Considero que la tarea política del judío consiste en erradicar el nacionalismo en todos los países para así procurar la unión en el puro espíritu. Por eso rechazo también el nacionalismo judío, porque es arrogancia y aislamiento: después de haber regado el mundo con nuestra sangre y con nuestras ideas durante dos mil años ahora no podemos limitarnos a ser de nuevo una nacioncita en un rincón árabe. Nuestro espíritu es un espíritu universal: por eso nos hemos convertido en lo que somos y si tenemos que sufrir por ello, ese es nuestro destino.”
Palabras de Zweig en una carta a Marek Scherlag citado en
Oliver Matuschek, Las tres vidas de Stefan Zweig

¿Debo yo sentirme más unido a un basurero alemán que a aquel historiador francés con el que me carteo desde hace décadas..., he de dejar pasar sin replicar que el nacionalismo, que se presenta como protector nato de todas las joyas nacionales de la corona, las trate precisamente con tanto cinismo, tanta brutalidad, tanto salvajismo primitivo como a ninguna otra cosa?
Friedrich Reck, Diario de un desesperado

No obstante, nada garantiza que los nacionalistas, una vez en el poder, establecerán una sociedad justa. La opresión nacional puede quedar sustituida por opresión religiosa o política, de clase o de clan, peor que la anterior. Y en nombre de ese principio que afirman explícitamente -la preferencia por los propios en detrimento de los otros- puede instaurarse una nueva injusticia.
Tzvetan Todorov, El miedo a los bárbaros

¡Escucha lo que te digo Salomón! Ese asqueroso Darwin que dice que el hombre procede del mono va a resultar que tiene razón. A los hombre ya no les basta con estar divididos en pueblos, ¡no!, quieren pertenecer a distintas naciones. Nacional... ¿me oyes, Salomón? Ni a los monos se les ocurriría semejante idea. Con todo, la teoría de Darwin me sigue pareciendo incompleta. A lo mejor son los monos los que proceden de los nacionalistas, pues los monos suponen un progreso.
Joseph Roth, El busto del emperador

Los medios de comunicación de masas permiten recrear a veces la ilusión de una vida colectiva, durante una copa de fútbol europea o mundial, por ejemplo, siempre y cuando el equipo nacional no resulte eliminado demasiado pronto. Una suerte de ritual de expiación lleva incluso a las categorías superiores a una pasión inédita por el fútbol, un deporte originariamente popular.
Emmanuel Todd,  Después de la democracia

Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento.
Mario Vargas Llosa, Discurso de aceptación del Premio Nobel (El País  8/12/2010)

Espero a que todas las capitales
Se conviertan en ciudades de provincias
A que muera en el mundo el eco
Del último himno nacional
(De un poema de un relato hecho por uno de sus protagonistas)
Romain Gary, El bosque del odio


La bomba atómica, que volvía imposible otra guerra mundial, y la creación de las Naciones Unidas, tímido primer esbozo de un gobierno mundial, vaciaban de sentido la división del mundo en naciones soberanas y solo cabía ir hacia una mancomunidad universal de pueblos que convivieran en paz.
Duró poco, pero lo bastante como para conformar en mí la convicción de que, de todos los males de este siglo -el nazismo, el bolchevismo, el colonialismo, y todas las demás ideologías inhumanas concebidas por el hombre-, esa, el nacionalismo, era no solo la más nefasta sino la más estúpìda.
Mario Muchnik, Oficio editor







viernes, 6 de octubre de 2017

Una España bastante olvidada



“Un completo recorrido por la geografía, la historia y las narrativas de la España interior, de la mano de un excelente prosista que sabe ser al mismo tiempo divulgativo, crítico y emocional.” Jorge Carrión, The New York Times en español (en la contraportada).

Esta frase es un buen resumen del contenido y el sentido de este magnífico libro. El autor lo ha dividido en tres partes claramente diferenciadas. En la primera explica lo que él denomina El Gran Trauma, esto es, el vaciamiento que se produjo desde los años cincuenta del siglo pasado de la España interior. Para ello emplea multitud de datos estadísticos muy interesantes. En la segunda, la más extensa y la que forma el verdadero núcleo del libro, bajo el epígrafe de Los mitos de la España vacía hace un recorrido por lugares de esa España de la mano principalmente de la literatura y también algo del cine. En la tercera, El orgullo, habla de algunos cambios que se están produciendo actualmente por su generación, a la que denomina como viejóvenes
En este recorrido nos vamos a encontrar con cosas tan distintas como: las películas Surcos y Amanece que no es poco  o el documental Tierra sin pan que Buñuel hizo sobre Las Hurdes; con escritores como Llamazares, Muñoz Molina  o Bécquer; con programas de televisión como Un país en la mochila de Labordeta; con crímenes como los de Fago o Puerto Urraco; y también con La Institución Libre de Enseñanza y el carlismo. Ahora bien, si algo recorre gran parte del libro es El Quijote.
Como se ve, se trata de un viaje fundamentalmente literario aunque Del Molino también haya recorrido por trabajo o placer gran parte de esa España interior.
Tengo que decir que aparte del interés que tiene el libro en sí mismo, a mí me ha resultado especialmente entrañable en algunos momentos. Nací en una ciudad y soy fundamentalmente un urbanita, pero en la segunda mitad de los cincuenta y principios de los sesenta pasaba los tres meses de vacaciones en un pueblo de Toledo con la familia materna. Allí hacía la mayor parte de los trabajos agrícolas y, desde entonces, siempre he sentido un gran respeto y, sobre todo, un gran afecto por todo lo relacionado con el mundo rural. Por eso este libro me parece no solo interesante y emocionante sino también muy necesario ante el abandono que sufre ese mundo desde hace tiempo.
Algo de esto refleja muy bien el autor en el siguiente fragmento situado al final del libro:

“(…) caminamos por la España vacía como si estuviera en llamas o hubiera ardido hace poco. Esas cenizas y esos cascotes contienen siglos de desprecio y odio. Han sido tratados con asco, altivez o sorna, y quienes no lo han hecho así, como los institucionistas, han alentado la idea de redención. Todos, ya hablasen desde el desprecio, ya desde la admiración, la contemplaban como un lugar extraño en el sentido extranjero. Algo que no les pertenecía. El imaginario de la España vacía ha sido construido desde fuera, con metáforas condescendientes y crueles como las de las Hurdes o con anales vergonzosos de la crónica negra y criminal. Su paisaje se ha caracterizado siglo tras siglo por el mal de Maritornes. Ha sido lugar de destierro y ha sufrido dictadores que la han destruido con grandes violencias mientras vindicaban y celebraban su dignidad en los discursos. Nunca ha sido dueña de sus propias palabras. Siempre ha estado contada por otros.” (p.251)

Libro absolutamente recomendable. Hay dos buenas y muy personales reseñas: Antonio Muñoz Molina en elpais.com y AndrésBarba en elcultural.com. 

Sergio del Molino, La España vacía. Viaje por un país que nunca fue.

lunes, 2 de octubre de 2017

Magníficas memorias




Conocía ya algo de la obra de Serge por la lectura de dos de sus libros, El caso Tulayev y Ciudad conquistada, así como por el inicio de Medianoche en el siglo que luego abandoné y pronto tendré que retomar. También conocía algunas cosas de su vida y su acción política, pero todo se me ha quedado corto ante estas impresionantes memorias.
Que Serge era un buen escritor ya lo había comprobado y también que no siempre escribe de una forma fácil de seguir. Sin embargo en estas memorias hizo un gran esfuerzo y todo se entiende y se sigue perfectamente.
No se trata de un texto en el que nos enteremos demasiado de los avatares personales del autor, pero sí que seremos capaces de vislumbrar al menos cómo fue la durísima época que le tocó vivir y en la que su compromiso con sus ideas no desfalleció jamás, lo que supone, al menos para mí, la gran lección moral de este libro.
Dice Jean Rière, el editor y autor de las miles de notas que acompañan al texto, en el Prólogo¨:

“El verdadero destino de Victor Napoleón Lvovich Kibalchich alias Victor Serge es enriquecernos con esa polifonía dominada de cabo a rabo, hecha de compasión y comprensión profundas, de lucidez serena, de firmeza moral, de intransigencia combativa, de inteligencia clara.” (p. 13)

Acertadas palabras que dan una idea bastante precisa de cuál es el sentido del libro. 
Con Serge recorreremos el París que en 1909 se manifiesta por la muerte de Ferrer Guardia; la Barcelona en la que en 1917 se está produciendo la Asamblea de parlamentarios y todo el movimiento insurreccional; el Petrogrado de la guerra civil y del comunismo de guerra; su participación en el grupo  de Oposición en Leningrado; su destierro en Orenburgo (Kazajstán); su salida final para Méjico y muchos otros momentos todos ellos importantes y enraizados en las luchas que tenían lugar en aquella época.
Tiene también momentos muy literarios, como por ejemplo el relato de su llegada a Petrogrado; otros en los que con unos pocos trazos da buena cuenta de algunos hechos, como cuando habla de la cheka; y, desde luego, es una auténtico virtuoso en la descripción de los personajes reales que aparecen en el libro y que son muchísimos. Valga el siguiente como ejemplo:

“ (…) y Franz Dahlem, joven, de rasgos duros, de nariz grande, mirada inexpresiva, trabajador sin personalidad, militante sin inquietud, informado sin pensamiento, que nunca hacía una pregunta mínimamente viva, pero aplicaba cuidadosamente las consignas y las directivas. El tipo del suboficial comunista. Ni tonto ni inteligente: obediente.” (p. 206) (Luego fue líder del partido comunista alemán y entregado a la Gestapo por Vichy)

El compromiso de Serge se puede ver perfectamente por el relato de su trabajo en 1919, esto es, en plena guerra civil:

“Yo cumplía naturalmente, como todos los camaradas, una multitud de funciones. Dirigía el servicio de lenguas latinas de la Internacional y sus ediciones, recibía  a los delegados extranjeros que llegaban por caminos peligrosos a través de las redes de alambres de púas del bloqueo, llenaba las funciones de comisario para los archivos del ex ministerio de Interior, es decir la ex Ojrana; era a la vez soldado del batallón comunista del II ramos y attaché al estado mayor de la defensa; allí me ocupaba del contrabando con Finlandia; comprábamos a honrados comerciantes de Helsinki armas excelentes (…).” (p. 122)

Pero un compromiso matizado como también decía unos meses antes:

“Mi decisión estaba tomada, no estaría contra los bolcheviques ni sería neutro. Estaría con ellos, pero libremente, sin abdicación de pensamientos ni de sentido crítico.” (p. 106)

Tan crítico como para escribir: “Una sopa sustanciosa costaba un rublo en el restorán donde unas niñitas ayudaban al servicio para poder lamer el plato cuando uno había terminado y recoger las migas del pan.” (p. 364) (En Orenburgo desterrado en 1933 y, por lo tanto,  después de muchos años de revolución.)

Esta es la clave del personaje, comprometido con el proceso revolucionario pero sin abdicar de sus ideas. Y, claro, así le fue en un país dominado por Stalin. Es curioso observar la cantidad de nombres que salen en distintos momentos del libro y que llevan la coletilla de muerto, desaparecido, represaliado o fusilado en 1937.
Un libro realmente excepcional del que, eso sí, se pierden muchos detalles por desconocimiento de la historia del país y de una gran cantidad de los personajes que menciona.
Me han llamado la atención algunas cosas de la traducción. Así, el uso del término “destroyer” por destructor (antes sí que se utilizaba, pero hace ya tiempo que no); la escritura Guepeú por la más habitual de GPU; escribir Noy (por Noi) del Sucre; usar institutor por maestro o instructor; y, finalmente, la expresión nunca oída de fascizante. En todo caso, se trata de una buena traducción tanto del texto original como de las notas que lo acompañan.
Un comentario final. Descubrí este libro en una feria del libro de ocasión en Santander hace dos meses. Hay que mirar siempre donde haya libros porque siempre se pueden encontrar ejemplares interesantes.


Victor Serge, Memorias de un revolucionario. Traducción Tomás Segovia.

viernes, 29 de septiembre de 2017

De nuevo la Irlanda de la primera mitad del siglo XX




En menos de un año he leído los cinco libros de la autora que ha publicado la editorial Errata Naturae. Desde el descubrimiento que supuso el primero que leí, Las sillitas rojas, que era sin embargo  el último publicado, me metí de lleno en la trilogía dedicada a la Irlanda de los cincuenta y sesenta construida a partir de la relación entre dos amigas. De esta trilogía me gustó sobre todo el primero pues creo que en los otros baja un poco el interés. Ahora, O`Brien, con este libro publicado originalmente en 1970, volvía a la carga sobre Irlanda, en este caso en los años treinta y cuarenta. Y de nuevo, como se afirma en casi todos los comentarios sobre su obra, con una fuerte carga autobiográfica.
El libro se divide en tres partes que se corresponderían con la infancia, pubertad y adolescencia. En la primera, el protagonismo lo tiene totalmente la narradora; en la segunda será su hermana Emma; y en la tercera vuelve a ser la voz narradora quien lo asuma con un final bastante inesperado.
Como en el resto de sus libros, la Irlanda que refleja es un país bastante pobre y con una sociedad muy influenciada por la religión católica y en la que las mujeres tienen muchas dificultades para salir adelante.
Basten estos dos breves fragmentos como ejemplo de lo dicho:

“El cuarto era insultante, un fuelle de papel en la chimenea, hollín por detrás, una silla con el respaldo roto, baúles llenos de libros del colegio, el aparador que alojaba los melocotones en almíbar, y un armario empotrado con dos perchas para todas sus prendas.” (p. 114) (El cuarto de su hermana Emma cuando vuelve al pueblo.)

“A oscuras erais apenas unas siluetas y te pareció una suerte no tener que mirarla a los ojos. Querías darle un abrazo pero algo te lo impedía, algo en ella te provocaba un rechazo. Sus pecados.” (p. 140) (Se refiere a su hermana.)

Aparece en este fragmento una de las características más originales de la novela que es el empleo del “tú”. En la magnífica reseña del libro que se hace en el blog devoradoradelibros.com este uso se explica así:

 Los hechos resultan demasiado dolorosos para contarlos desde el «yo», desde el yo de una muchacha educada en una aldea irlandesa en los años treinta; necesita salir de su cuerpo para abstraerse de la aflicción y analizarse en frío: es la única forma de hallar su esencia, de dejar que los acontecimientos fluyan, uno detrás de otro, exponiéndolos con precisión, metódicamente. Y esta voz consigue una intensidad esplendorosa y poética.”

Tengo que reconocer que esta forma de narración tan poco habitual ha hecho que me costase unas páginas entrar en la novela porque, además, se ha unido algo que comenta Guelbenzu en su reseña en elpaís.com: :“(…) hay una suerte de velocidad expositiva que va acumulando anécdota tras anécdota, detalle tras detalle, pensamiento tras pensamiento, sensación tras sensación que lo nutren de emoción y empatía.” Esta acumulación me ha tenido despistado a veces en la primera parte, pero en la segunda he podido disfrutar ya plenamente de la novela.

Edna O`Brien, Un lugar pagano. Traducción Regina López Muñoz.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Citas últimas lecturas



Periodismo

“(…) habría que hacer periodismo contra la demanda más primaria del público: contra el público. Que periodismo no es solo contar las cosas que algunos no quieren que se sepan. Que periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber.”
Martín Caparrós en
Enric González editor, Cada mesa, un Vietnam. Sobre el oficio del periodismo


Información

“La información –tal como existe- consiste en decirle a muchísima gante qué  le pasa a muy poca: la que tiene el poder. Decirle, entonces, a muchísima gente que lo que debe importarle es lo que les pasa a esos. La información postula –impone- una idea del mundo: un modelo del mundo en el que importan esos pocos. Una política del mundo.”
Martín Caparrós en
Enric González editor, Cada mesa, un Vietnam. Sobre el oficio del periodismo


Dios

 “Aquel que inventó a Dios es un idiota. Aquel que propaga a Dios, un canalla. El que adora a dios, un bárbaro”.
E.V.Ramasamy citado en
Perry Anderson, La ideología india


Horror

Siempre me ha espantado más la desidia del hombre ante el horror que el horror mismo.
Eduardo Halfon, Duelo


Literatura, novela

La literatura, y en particular la novela, no debe proponer nada, no debe transmitir certezas ni dar respuestas, ni prescribir soluciones; al revés: lo que debe hacer es formular preguntas, transmitir dudas y presentar problemas y, cuanto más complejas sean las preguntas, más angustiosas las dudas y más arduos e irresolubles los problemas, mucho mejor. La auténtica literatura no tranquiliza: inquieta; no simplifica la realidad: la complica. Las verdades de la literatura, pero sobre todo las de la novela, no son nunca claras, taxativas e inequívocas, sino ambiguas, contradictorias, poliédricas, esencialmente irónicas.
Javier Cercas, El punto ciego


Literatura, novela

Es mentira, lo repito, que las novelas sirvan sólo para pasar el rato. Para matar el tiempo; al contrario: sirven, de entrada, para hacer vivir el tiempo, para volverlo más intenso y menos trivial, pero sobre todo sirven para cambiar la forma de percepción del mundo del lector; es decir: sirven para cambiar el mundo. La novela necesita ser nueva para decir cosas nuevas; necesita cambiar para cambiarnos: para hacernos como nunca hemos sido.
Javier Cercas, El punto ciego


Novela, literatura

(…) un acierto fundamental de Vargas Llosa consiste en recordarnos que la novela debe contar una historia apasionante, que nos emocione vivir imaginativamente, pero que sólo puede contarla dotándose de la máxima complejidad formal y la máxima tensión estilística.
Javier Cercas, El punto ciego

martes, 26 de septiembre de 2017

Buen acercamiento a la América de Trump


Se recogen en este librito de algo más de 150 páginas los artículos que el autor escribió y publicó en el digital ctxt.es. Con muy buen criterio ha decidido publicarlos en papel porque debido a su extensión hubo gente, como es mi caso, que no los leyó en la versión digital. Ya me pareció un planteamiento muy interesante cuando los vi en ctxt.es y lo ha confirmado su lectura.
El libro se compone de cuatro capítulos. En el primero, El derrumbe del sistema americano y la victoria de Trump,  explica detenidamente en qué consiste el American Dream y el American Way of Life y cómo se han ido deteriorando en los últimos tiempos. En el segundo analiza fundamentalmente la figura de Donald Trump y la contrasta al final con la de Hillary Clinton buscando las claves de la victoria del primero. En el tercero da lo que pueden ser alguna de las líneas de la actuación futura de la presidencia de Trump del que afirma que: “aspira a mandar delegando la acción de gobierno en su gabinete presidencial y en su equipo de la Casa Blanca…” (p. 95) De ahí la importancia que da a conocer quiénes son, de dónde salen  y qué pretenden muchos de estos personajes. Esta parte me ha resultado particularmente interesante e instructiva. Finalmente ha añadido un capítulo dedicado a radiografiar a Alt Right, el nuevo nombre de la extrema derecha norteamericana. En este caso, la verdad es que llega un momento en que cuando parece que se conoce algo de esa derecha, de repente cambia. Así, primero fueron los neocon, luego el Tea Party y ahora esta Alt Right. Seguramente se trata, valga la expresión, de los mismos perros pero con distintos collares, pero es curioso que siempre haya tantos matices dentro de esa tendencia.
Como se ve un conjunto de temas y enfoques tremendamente interesantes y útiles para entender qué está pasando en el centro del imperio y por qué. 
Además, Reguera demuestra un buen conocimiento del tema y, lo que es al menos tan importante, una gran capacidad para darlo a conocer con claridad no exenta de precisión y profundidad. Si en la versión digital no lo leí por su extensión, en esta versión en papel tengo que reconocer que me hubiese gustado que tuviese bastantes más páginas porque se lee con facilidad y se conocen cosas que no es fácil encontrar en las lecturas habituales. Particular interés tiene la visión que da el autor del acercamiento a Rusia; uno de los temas que hubieran merecido más espacio.
Un libro muy recomendable.

Marcos Reguera, El triunfo de Trump. Claves sobre la nueva extrema derecha norteamericana.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Gran decepción




Tengo un gran respeto por Saviano tanto personal como profesional. Creo que lo merece por haberse jugado la vida, y seguir haciéndolo, por informar sobre una realidad que aflige a determinadas zonas del sur de Italia y, en el caso que nos ocupa, a Nápoles en particular. Sin embargo,  hasta ahora no había leído ninguno de sus libros aunque sí vi en su día la adaptación cinematográfica de su libro Gomorra.
Este libro es, por tanto, lo primero que leo del autor y no me ha gustado. Se trata de una extensa novela, 377 páginas, en la que muestra el surgimiento y algunas actuaciones de una banda de delincuentes que son realmente unos niños pues se inician a los catorce años e incluso hay alguno de menor edad.
A pesar de la extensión de la novela se echan de menos muchas cosas como plantea Carlos Zanón en su crítica para elpais.com:

“Falta en este libro más sobre de dónde vienen, qué sienten, de qué escapan o qué quieren conseguir sin esfuerzo esos chavales. La violencia no es ni explicada por sí misma — tampoco hay mucha— ni por sus raíces de clase obrera o el sueño hortera de niño rapero, malote, vago, machista, asesino. Hasta Nápoles y su idiosincrasia aparecen apenas esbozadas.”

Otro defecto importante de la novela es lo poco que están dibujados los personajes. Casi lo único que se explica de ellos es de dónde les viene el mote y resulta bastante indistinto quién interviene en los diálogos -y la novela está repleta de ellos-, porque apenas está esbozada una personalidad bien diferenciada para los once miembros de la banda. 
Sí hay alusiones a su “filosofía” como por ejemplo en estas dos intervenciones de Nicolás, el jefe de la banda:

“- Sí, pero yo tengo respeto por quien se deja matar. Tengo respeto también porque todos les tienen miedo. Eso significa que lo han conseguido, que se muera mi madre, lo han conseguido si todos se cagan encima cuando los ven.” (p. 294)
“-Eso es, yo no quiero ser el brazo armado de nadie. Nosotros debemos ser más, tenemos que comernos las calles. Hasta aquí hemos pensado sólo en el dinero, pero tenemos que pensar en mandar.” (p. 295)

Es cierto que la novela tiene momentos muy logrados y capítulos magníficos como, por ejemplo, el titulado  Capodimonte en el que Nicolás, el protagonista, se entrevista con un capo para pedirle armas. Sin embargo, poco después hay otro capítulo que se desarrolla en el zoo en el que hay escenas totalmente disparatadas. Además, lo que es muy raro en una novela con tanta acción y que trata este tema, hay bastantes momentos en que se hace aburrida y tediosa por repetitiva.
Es una pena que las buenas intenciones y lo importante del tema hayan dado como resultado un texto que no satisface las expectativas ni tan siquiera a nivel informativo.
Hay una crítica muy positiva de RafaelNarbona en elcultural.com.

Roberto Saviano, La banda de los niños. Traducción Juan Carlos Gentile Vitale.