viernes, 16 de noviembre de 2018

¿Ajuste de cuentas?



“Cuanto más se ama a alguien menos debe adulársele; el verdadero amor es el que nada perdona.”
Molière

Con esta cita abre Debray este libro en el que desde luego “nada perdona” y en el que ese amor se le supone aunque no se vea demasiado a lo largo del texto.
Ha realizado la autora lo que yo considero una especie de ajuste de cuentas con sus padres o, para ser más preciso, sobre todo con su padre del que no dice demasiadas cosas positivas más allá de reconocer su talento siempre  y su valor en una época. Valgan como muestra los siguientes fragmentos:

“Con mis padres, nada era ligero o alegre. Su tono era serio, las metas eran cruciales. Yo no entendía gran cosa de todo aquello y ellos no se preocupaban por hacerme partícipe de sus temas de conversación.” (p 173)

"Mis padres siempre estaban insatisfechos e inquietos. Y nunca compartían el júbilo colectivo.” (p. 175)

“Incapaces de tomarse vacaciones si no era para leer y escribir, todo tenía una connotación política, incluso la lección de la criada, descendiente de refugiados españoles republicano, minusválida, a la que había que contratar aunque no pudiera pasar la aspiradora.” (p. 176)

“No conservo ningún recuerdo de mis padres haciendo algo para mí o conmigo. Cuando se veían, solo hablaban de política.” (p. 195)

”Muy pronto comprendí que mis padres se esforzaban por dar lo que podían: una ventana al mundo, un sentido crítico, una disciplina e incluso cariño.” (p. 194)

Como se ve solo aparece algo relacionado con el afecto en esta última frase.
El libro está dividido en seis capítulos. En el primero hace un resumen de los antecedentes familiares de sus padres. En el segundo se centra en la peripecia sudamericana del padre, tanto en Cuba como en Bolivia y cuenta su detención, juicio y posterior encarcelamiento. Hasta la mitad del libro la autora aún no había nacido. A partir del tercer capítulo sí que se trata ya de un libro de memorias, bien que muy selectivas, en el que habla de su infancia, de la relación con sus padres, de la vida con sus abuelos, de su estancia en Sevilla entre 1989 y 1993, de su posterior viaje a Venezuela (el país originario de su madre) y finalmente a Estados Unidos para trabajar en una banco. Esta segunda parte es la más interesante porque es la que verdaderamente responde al título del libro y es lo que yo encontraba interesante, esto es, cómo se puede compaginar la labor “revolucionaria” con la paternidad.
En este sentido, el libro no me ha defraudado y, además, me ha descubierto algo no por conocido menos relevante: cómo de unos padres con una ideología determinada y muy acendrada, pueden salir unos hijos con otra bien diferente y en muchos aspectos opuesta.
En este sentido me han llamado mucho la atención las páginas que dedica al rey Juan Carlos que son un verdadero panegírico desde su aspecto físico, pasando por su talante, hasta su acción política, llegando a decir en la comparación con el presidente francés que:

“El Rey era el más republicano de todos los soberanos; reinaba con los españoles. A la cabeza de una monarquía contrariada, Mitterand, por su parte, gobernaba desde arriba.” (p. 237)

Aquí la autora parece desconocer la distinta función que ambos tienen en sus respectivas constituciones, algo difícil de entender si se tiene en cuenta que en 2014 publicó una biografía del rey. Creo que se podría decir que ha padecido una especie de “síndrome de Estocolmo” con el monarca español.
También dedica un par de páginas a demostrar su antichavismo y anticastrismo en lo que parece ser una especie de revancha, una vez más, contra su padre, como lo parece también de forma muy explícita el siguiente fragmento:

“Han disfrutado del pleno empleo, nunca han conocido la angustia de la precariedad y dispondrán de las últimas pensiones honrosas. A fuerza de haber tenido ideales, dejan a sus hijos el calentamiento climático, una deuda pública elevada, pensiones que no están financiadas, el paro masivo, un sistema educativo poco eficaz.” (p.278-279) (Se está refiriendo a los exsesentayochistas que se aferran a sus puestos contraponiéndolos al rey Juan Carlos que abdica y deja paso a la juventud).

En resumen, un libro muy curioso en su planteamiento y muy poco habitual. Escrito de forma muy clara y con gran valentía para exponer sus resquemores y sus carencias. Uno de esos libros que se lee casi de un tirón y que da elementos para pensar sobre todo a los que estamos todavía en los inicios de la educación de los hijos. Obviamente no estoy de acuerdo con varias cosas que afirma Debray, pero eso no es lo importante en este caso.
Hay dos buenas reseñas: la de Marc Bassets en elpais.com y la de Daniel Arjona en elconfidencial.com.

Laurence Debray, Hija de revolucionarios. Traducción Cristina Zelich.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Citas últimas lecturas


Amor

Él vivía desesperado de amor y posesión (dos conceptos que en el trópico se confunden con demasiada frecuencia lo cual origina boleros y asesinatos pasionales).
Pedro Juan Gutiérrez, Trilogía sucia de La Habana


Libros


-        No imaginaba que tenías tantos libros _ le dijo la señora María.
-        Ya ve que sí.
-        ¿Y tienes tiempo para leerlos todos?
-        Imposible.
-        Entonces, ¿por qué compras tantos?
-        Porque me obsesiona comprarlos. Además, a más libros tengas, más vives, aunque no los leas todos.
La señora María asintió riendo:
-         Ya veo. Tienes –añadió- una bonita afición. El libro es el mejor amigo del hombre, pero no debes abusar leyendo los más difíciles para no perjudicar tu salud. La literatura complicada perjudica gravemente la salud…
Mohamed Chukri, La jaima



Racismo

Cuanto menos inteligente es el blanco, más tonto le parece el negro.
André Gide, Viaje al Congo


Educación

-        Mujer –le contesté-, es sorprendente eso que dices, y no creo que vuelva nunca más a ese colegio, sino que ahora mismo pongo fin a mi educación.
-        Eres muy listo –dijo mi madre- para ser tan pequeño.
Flann O’Brien, El consumo de patata en Irlanda


Consenso

“El consenso es la censura cuando todo se puede decir.”
 Pancarta en la Plaça de Catalunya en 2004 recogido en
Marina Garcés, Ciudad princesa


Dolor

Se puede expresar y escuchar, pero no se puede sentir el dolor del otro ni descargar parte de su pena, haciendo de ella pedacitos que repartir, como podríamos hacer con una deuda, por ejemplo. Lo que sí pueden ser colectivos, en cambio., son el deseo y la necesidad de responder a ese dolor.
Marina Garcés, Ciudad princesa

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Novela, novela



Algo debe de tener esta escritora nigeriana que vive entre su país y los Estados Unidos para que su obra se haya traducido tan rápidamente y de forma prácticamente completa. Además, el año pasado se reeditó la mayoría en el mismo formato y con portadas bastante parecidas, lo que da idea del éxito que debieron de tener en su primera edición.
De ella dice Elvira Lindo en el Prólogo:

“Es la escritora nigeriana extremadamente hábil expresando ideas complejas, y en esta novela encontraremos numerosas muestras de esa gracia con la que las expresa: no resultando jamás grave o pomposa, recurriendo siempre a la ironía y sin miedo a la vehemencia. Es Chimamanda una mujer alegre y valiente, directa, con una notable habilidad para diseccionar comportamientos colectivos.” (p. 9)

Estamos ante una novela construida y escrita de la manera más tradicional y que tiene como telón de fondo una historia de amor, pero que ofrece mucho más que eso; me atrevería a decir que esto es incluso bastante irrelevante para el interés que pueda despertar.
Ifemelu y Obinze son dos jóvenes enamorados que, en un momento determinado, tomarán caminos divergentes. Ella se marchará a los Estados Unidos para estudiar y él se quedará en Nigeria, aunque más adelante también pasará un tiempo en Inglaterra.
La estancia de ella en los Estados Unidos forma el núcleo fundamental de la novela tanto por el espacio que se le dedica, bastante más de la mitad, como porque ahí están las principales ideas que quiere transmitir la autora. Para ello se sirve de un blog que, a partir de un determinado momento, escribe Ifemelu, pero también de múltiples conversaciones entre las diferentes amistades que hace sean tanto estadounidenses de origen como emigrantes.
El tema que más trata es el del racismo, a partir de una idea muy interesante de la protagonista que afirma no haberse sentido negra hasta llegar a los Estados Unidos. Pondré un par de ejemplos del tratamiento del tema:

“Cuando eres negro en Estados Unidos y te enamoras de una persona blanca, la raza no importa mientras estáis los dos juntos y a solas, porque estáis únicamente vosotros y vuestro amor. Pero en cuanto a salís a la calle, la raza sí importa.” (p. 381) (Una de las parejas de la protagonista será un blanco.)

“- Aunque si gana, dejará de ser negro, igual que Oprah ya no es negra, es Oprah –afirmó Grace-, y por lo tanto puede ir a lugares donde se desprecia a los negros y a ella no le pasa nada. Él ya no será negro, será solo Obama.” (p. 464)

 También atraviesa toda la novela el tema de la integración de los emigrantes. En este caso dejo un fragmento de Obinze en Inglaterra:

“(…) comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entendería la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por qué las personas como él (Obinze), que se habían criado sin hambre ni sed pero vivían empantanados en la insatisfacción, condicionadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre.” (p. 364)

Sobre este aspecto de la integración están muy bien resueltas y resultan muy curiosas varias escenas que se desarrollan en una peluquería de Brooklyn con personal emigrante de origen africano.
Además de estos temas, también hay una crítica de la clase alta nigeriana y de los enormes problemas de su país en infraestructuras, vivienda, trabajos mal hechos, etc.
Todo esto y muchas más cosas aparecen en esta extensa novela -más de 600 páginas-, escrita con una gran agilidad, una importante facilidad para reflejar conversaciones y que es capaz de mantener el interés la mayor parte del tiempo. Quizá le sobran unas cuantas páginas en la parte que se desarrolla en los Estados Unidos porque se reiteran las conversaciones y los personajes no aportan apenas novedades. Claro que esto lo dice alguien a quien le gustan sobre todo las novelas de 200 a 300 páginas.
En definitiva, una autora a la que habrá que volver porque tiene cosas que decir y sabe cómo hacerlo para involucrar al lector.
Hay una buena reseña de Lisell Quiroz en lascriticas.com y una interesante entrevista de Amanda Mars a la autora en elpais.com.

Chimamanda Ngozi Adichie, Americanah. Traducción Carlos Milla Soler.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

“Gracias a todos”: Nuevas citas V



Hace más de seis años que autoedité Gracias a todos en el que recogía la mayoría de las citas que había ido recopilando hasta entonces. En este tiempo he seguido con mi vieja costumbre y he pensado que sería una buena idea publicarlas en el blog organizadas por temas, con algún comentario si se tercia, tal y como hice en el libro.



Dolor

“El dolor físico es el gran regulador de nuestras pasiones y ambiciones. Su presencia neutraliza de inmediato todo otro deseo que no sea la desaparición del dolor.  Esa vida que recusamos porque nos parece chata, injusta, mediocre o absurda cobra de inmediato un valor inapreciable: la aceptamos en bloque, con todos sus defectos, con tal de que se nos dé sin su forma de vileza más baja que es el dolor.”
Julio Ramón Ribeyro citado en
Alberto Barrera Tyszka, La enfermedad


Ecologismo
 
Es mucho más sencillo hoy hacerse anticapitalista desde posiciones ecologistas que desde posiciones marxistas: es más fácil entender que la necesidad de hacer caja a corto plazo revienta la vida, encarece el agua y el aire, y envenena la comida…(…) Quizá por eso el ecologismo pone nerviosa  a la vieja izquierda. (…)
Decrecer para crecer en otras cosas; no hacer negocio con las cosas de vivir; replantear la economía para producir de otro modo y también para frenar una carrera que hagamos lo que hagamos, y cómo lo hagamos, necesita la energía. Hace falta mucha conciencia para terminar con la felicidad del gran centro comercial.
Juan Carlos Monedero en
Ana Domínguez y Luis Giménez, Claro que Podemos. De La Tuerka a la esperanza del cambio en España


Educación

Como sugieren muchos educadores, es la primera vez que debemos educar para un futuro que ignoramos cómo será.
Daniel Cassany, En-línea. Leer y escribir en la red


Pero creo que lo mejor para un chico es que se críe más o menos igual que los otros niños de su país y de su época. En general, no creo que sea posible criar a un niño para que tenga una u otra filosofía de la vida. A menudo, el efecto suele ser el contrario. Más vale dejar que, a su debido tiempo, intente por sí solo encontrar su propio camino…
Hjalmar Söderberg, El juego serio


A diferencia de los padres  y los profesores de Occidente, que animan  a sus hijos a destacar por encima de los demás, a ser personas seguras de sí mismas y únicas y a procurar desarrollar esa individualidad, mis padres insistían en que fuese un ting hua, es decir,  una persona obediente y conformista, ya que, “el cazador siempre mata al líder de la manada”.
Wenguang Huang, El pequeño guardia rojo


En cuanto a los estudiantes, en grupo son sin duda más interesantes para alguien a quien le guste enseñar, pero más por su juventud y todos los rasgos que suelen acompañar a ésta, tales como el entusiasmo, la pasión, la esperanza, la ignorancia y la inmadurez, que porque quepa esperar mucho de ellos vistos en conjunto.
Eric Hobsbawm, Años interesantes. Una vida en el siglo XX


No hay nada como dar clase para darnos cuenta de cuándo estamos perdiendo la atención del público. No obstante, la tarea del profesor es más difícil (está comparándola con la de actor), pues éste espera que, cuando se vaya a su casa, el público se lleve consigo una carga de información y de ideas concretas que luego deberá recordar y digerir, y no sólo la satisfacción emocional del momento. Incluso un buen profesor comunica sólo lo que irradia cualquier otra persona que actúe y tenga una presencia escénica, a saber, la proyección de una personalidad, un temperamento, una imagen, una mente activa: y, con un poco de suerte, quizás haga saltar alguna vez una chispa en la imaginación de alguno de los que le escuchan.
Eric Hobsbawm, Años interesantes. Una vida en el siglo XX


Poco después (probablemente se haya producido un cambio de ministro en una reorganización del gobierno), el Ministerio de Educación anuncia que, a fin de mostrar su aprecio por las personas que trabajan en la educación y la dignidad de quienes están estudiando, los alumnos pasarán a denominarse oficialmente “educandos”. La degradante palabra “alumno” es propia de un pasado discriminatorio. Y lo que se decide en los exámenes finales después de años de ser “educando” se llama ahora “resultados académicos”. Las notas han dejado de existir.
Nadine Gordimer, Mejor hoy que mañana

 
Es decir, recibir una educación sensata no sirve para nada. No. Lo que todos necesitamos es algo contra lo que rebelarnos. Esa importancia ridícula que se le da al rugby, las reglas absurdas sobre qué lado del patio puedes pisar después de chuparte dos años en el  colegio, los sermones de día del armisticio que he podido pronunciar desde este mismo púlpito sobre las virtudes cristianas de hacerse volar mutuamente por los aires… ¡Gracias a Dios, todo eso me convirtió en un revolucionario!
John Mortimer, Un paraíso inalcanzable


“Una cosa que nos ha sorprendido mucho en este país (se refiere a los Estados Unidos) es el énfasis que se pone en el conocimiento de los hechos. (…) Suponemos que esto puede confundir a la gente y hacer creer que el objetivo de la educación es adquirir una enorme colección de hechos sin relación entre sí, en lugar de aprender un método para coordinar y relacionar entre sí las cosas que aparecen en nuestro camino”.
Ise Gropius citada en
George Prochmik, El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo


“Dejad que el joven examine y pase por el tamiz todo lo que lee y no acepte nada por la simple confianza, fe o autoridad. Deben presentársele las más diversas opiniones. Si es capaz, sabrá escoger; si no, permanecerá en la duda. Quien sigue a otro, no sigue nada, no encuentra nada, ni siquiera busca algo”.
 Montaigne citado en
Stefan Zweig, Montaigne


Poco  después se le ocurrió prevenirnos frente a un exceso de educación. La educación, dijo, era tan adictiva como el tabaco. Al que se hubiera entregado a ella durante suficiente tiempo le costaba desengancharse. El riesgo de sobredosis es elevado, aun cuando hiciera tiempo que la víctima se hubiera saciado de su droga.
H.M. Enzensberger, Reflexiones del señor K. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes


En aquella ocasión me pregunté qué me habían enseñado mis padres y llegué a la conclusión de que me habían  inculcado “un sentimiento de independencia”.
Richard Ford, El periodista deportivo


-        Usted trabaja en educación, me imagino.
-        Doy neerlandés en secundaria.
-        Eso me temía. En su pregunta detecto la otra gran confusión, a saber: que hay que conseguir que los jóvenes, o los mayores, o los minusválidos, o los vegetarianos, lean. Eso no es necesario en absoluto. No tenemos que querer conseguir que nadie lea, del mismo modo que no tenemos que conseguir que vayan al cine, escuchen música, practiquen sexo o beban alcohol. Un instituto no es lugar para la literatura; su sitio está más bien en la lista que acabo de enumerar; con el sexo y las drogas, con todas las cosas que disfrutamos sin que nos obligue nadie. ¡Lecturas obligatorias!¿Cómo se les ocurre algo así?
Herman Koch, Estimado señor M.



Por supuesto que cada uno es el resultado de algo, pero eso es responsabilidad suya. Nadie te obliga a ser como te han educado, o a no cambiar. La infancia tiene una fecha de caducidad que llega enseguida. Luego cada cual tiene que responder de sí mismo y educarse a sí mismo, le guste o no.
Herta Müller, Mi patria era una semilla de manzana


Si al cabo de los años alguien sabe a qué drama clásico y a qué acto corresponde una cita, la escuela habrá errado su objetivo. Pero si intuye dónde puede encontrarla, es una persona realmente culta y la escuela habrá cumplido plenamente su objetivo.
Karl Kraus, Dichos y contradichos



-        Mujer –le contesté-, es sorprendente eso que dices, y no creo que vuelva nunca más a ese colegio, sino que ahora mismo pongo fin a mi educación.
-        Eres muy listo –dijo mi madre- para ser tan pequeño.
Flann O’Brien, El consumo de patata en Irlanda


Aunque Monedero no es santo de mi devoción reconozco que me gusta mucho esta cita.
Después de veinticinco años de profesor parece lógico que el concepto educación sea uno de los que más citas recoja. Me gusta, además, que la mayoría están sacadas de libros de narrativa.
La frase de Söderberg es todo un manual sobre y contra el adoctrinamiento. (Hoy por hoy uno de mis temas favoritos). La de Montaigne va en el mismo sentido.
Magnífico Hobsbwam sobre el papel del profesor. Me recuerda un poco a otra de Mario Benedetti que recogí en el libro.
La idea de Mortimer me recordó nada más leerla algo que he dicho muchas veces: en el fondo agradezco los años pasados en el colegio con los maristas por el esfuerzo que tuve que hacer luego para quitarme de encima toda la mierda que me había echado; esa sí que fue, luego, una buena educación. (Y una revolución, eso sí, solo personal). Müller da la misma versión de una forma más sintética.
La de Kraus es llamativa porque fue escrita hace muchísimos años. Ahora, con los ordenadores, es más fácil decir algo así.

martes, 6 de noviembre de 2018

Original planteamiento




Desde luego estamos ante un texto poco habitual entre nosotros. Marina Garcés, filósofa y profesora de universidad, nos ofrece en forma de memorias su recorrido como activista desde mediados de los años noventa hasta la actualidad. Cuenta su participación en multitud de iniciativas tanto políticas como culturales que se han llevado a cabo en la ciudad de Barcelona. 
Según Jordi Gracia en su crítica hecha en elpais.com:

“Su importancia radica en la transparencia con que defiende un activismo civil de lucha e insumisión a través de colectivos de acción y pensamiento, y a la vez la voluntad de resistir hoy, en sus actuales condiciones de madurez y biografía, como activista política más selectiva. El aroma de la frustración no pesa ni domina el relato, pero está al fondo de la honestidad que transpira todo él.”

Quisiera destacar esta última frase porque es quizá lo que más me ha llamado la atención de un libro que, por otra parte, ofrece muchas cosas interesantes. Garcés parece un ejemplo magnífico del “optimismo de la voluntad”. Año tras año ha estado participando en iniciativas que casi siempre terminaban en un cierto fracaso; sin embargo en el libro apenas aparecen momentos de desánimo y solo el hecho de tener que compaginar una vida privada más compleja por su maternidad, le hizo frenar un tanto su activismo.
Hay muchas reflexiones en un libro que tiene 250 páginas muy densamente editadas como es habitual en las publicaciones de esta editorial. Reflexiones de carácter general y también otras más particulares. De las primeras me han interesado entre otras muchas: la diferencia entre barrio y barrialidad, la idea de Barcelona como marca con sus correspondientes efectos, la consideración del turismo como industria extractiva o sus alusiones al 15M. Por lo que hace a lo particular me gusta la idea de la no total disponibilidad siempre y para todo y la de “entrar y salir”.
Como decía, es un libro lleno de reflexiones que no siempre he entendido (es proverbial mi dificultad para entender a los filósofos), pero no me importa porque el conjunto merece mucho la pena aunque alguna de sus partes sean más difíciles.
Un ejemplo de reflexión no solo interesante por lo que dice sino porque interpela directamente al lector:

“En el mundo global todo está a la vista y no pasa nada, este es el problema de nuestro  tiempo. La injusticia, la mentira, la crueldad, la miseria, la pobreza… ¿qué hay que no sepamos? Frente a tanta obscenidad, el miedo es más efectivo que la rabia, y la impotencia más fuerte que el deseo.” (p. 96)

También he tenido la sensación de que el siguiente fragmento que reproduce de Daniel Blanchard, miembro del grupo Socialismo o Barbarie, se le podría aplicar también, al menos en parte,  a la propia Garcés:

“Creíamos ser revolucionarios y no revolucionábamos nada, explica en sus escritos testimoniales. ¿Qué quedaba entonces? Un simulacro, un discurso replegado sobre sí  mismo. Muerto, estéril, cada vez más ineficiente pero más sofisticado” (p. 139)

No estéril, pero sí un tanto ineficiente. No obstante, hay que agradecer a la autora su enorme sinceridad y su compromiso total durante tanto tiempo con unas ideas y unas prácticas sociales que no están precisamente de moda.
Hay una entrevista de Josep Massot en lavanguardia.com que puede ayudar a entender a la persona.

Marina Garcés, Ciudad Princesa

lunes, 5 de noviembre de 2018

ANDAMIO



Como siempre sucede en los últimos tiempos, la cosecha de series supera en número a la de películas. Esta vez pongo dos documentales que he visto en casa y que creo que merecen la pena.


Películas


Cold war. Película polaca en blanco y negro y formato cuadrado que ha tenido las mejores críticas que he leído en mucho tiempo, y con mucha razón. La historia de amor que nos cuenta, la magnífica y sintética presentación del contexto del año1949 hasta el 1964, la interpretación de la protagonista, la puesta en escena, la magnífica música, en fin, todo lo que contiene esta película es realmente extraordinario. Sí, se trata de una obra maestra.

Nobody speak: Trials of a Free Press. Interesante documental estadounidense sobre el papel de la prensa y las presiones de los poderosos para limitarlo. Empieza con el caso de un juicio contra un medio por una información sobre la vida privada que, siendo interesante, resulta demasiado extenso teniendo en cuenta lo que viene a continuación: Adelson y Trump.

 Cartel Land. Otro buen documental estadounidense. En este caso se trata de enseñar por un lado, los grupos paramilitares que funcionan en la frontera de Estados Unidos con México para evitar la entrada de inmigrantes y de drogas y, por otra parte, la más extensa e interesante, los grupos armados de autodefensa que se crearon en el estado de Michoacán para luchar contra los narcotraficantes. Muy buenas imágenes y montaje.

Virunga. Magnífico documental británico sobre el parque de Virunga en el Congo, hábitat de los gorilas de montaña. Al coincidir con la entrada de una empresa petrolífera, Soco, y con la guerra en el país, se convierte casi en un thriller. Escenas muy emocionantes entre los gorilas acogidos para su rehabilitación y sus cuidadores. Realizado en 2014.

 El ángel. Película seleccionada en Argentina para los premios Oscar. Buena historia, inspirada en hechos reales, sobre un joven y peculiar ladrón que, eso sí, mató a once personas y realizó más de cuarenta robos en poco tiempo Fue condenado a varias cadenas perpetuas. Bien contada aunque creo que le sobran veinte o treinta minutos en el tramo central. Muy buenas interpretaciones.


Series

 Killing Eve. Una serie muy original por sus personajes y su planteamiento. A medio camino entre el thriller y el cine de espías y, desde luego, recorrida toda ella con grandes dosis de humor negro. Buenos diálogos y giros del guion. Ha tenido críticas estupendas y me ha gustado aunque no está entre esas series que quisiera repetir.

The shadow line. Una serie de la BBC de 2011 que ya había visto, pero de la que no recordaba casi nada por culpa de mi mala memoria y también de la complejidad de la trama. Resulta entretenida aunque a veces anda uno un poco perdido. Eso sí, muy buenas interpretaciones y buen final.

Succession. Serie estadounidense de diez capítulos con una familia rica como protagonista y las luchas por el poder en la empresa como tema principal pero no único. Interesante aunque hay un par de personajes que están tratados con demasiado exageración y son casi ridículos al lado de la seriedad de otros.

Unforgotten. Tercera temporada de una de las mejores series policíacas británicas. En esta temporada lo más destacable son las magníficas interpretaciones de los secundarios. Todos tienen uno o dos momentos en los que demuestran el alto nivel de los actores británicos. Además, el guion, como en temporadas anteriores, está magníficamente construido y las informaciones dosificadas de una forma espléndida.

Sucesor designado. Típica y bastante tópica serie estadounidense que, sin embargo, resulta bastante entretenida siempre que se esté dispuesto a aceptar algunos momentos un tanto inverosímiles y tres o cuatro monólogos del presidente bastante plúmbeos y demasiado vistos y oídos. Un buen primer episodio, tiene nada menos que 22, para decaer un tanto en los dos siguientes hasta que remonta y se convierte también en un thriller. Interpretaciones bastante mejorables, pero una buena dirección y producción.
He abandonado la segunda temporada sin llegar a terminar el primer episodio. Una situación más inverosímil de lo habitual en la serie y el primer discursito lleno de tópicos me lo  han aconsejado.

Bodyguard. Miniserie en seis capítulos del mismo creador de Line of duty y magnífica como esta. Un thriller que empieza a lo Spielberg, con unos minutos de una tensión muy lograda. Y al igual que pasa con el gran director norteamericano, la serie continúa sin dar respiro. Muy buen guion y dos espléndidas interpretaciones (decir esto en una serie británica es casi una redundancia). Una sola crítica: la parte final del último capítulo. Creo que una serie así se merecía otro final.

The Split. Miniserie británica de seis episodios a medio camino entre la comedia y el drama. Relaciones familiares y de pareja en un ambiente de abogados dedicados a los divorcios. Magníficas interpretaciones sobre todo de Nicola Walker la protagonista de Unforgotten. Muy entretenida e interesante y con algunas escenas realmente buenas.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Khadra se atreve con todo




Este escritor argelino aunque afincado en Francia desde hace ya tiempo es uno de mis favoritos. He leído todo lo que ha publicado y solo he tenido una decepción. Escribe sobre temas complicados y conflictivos y es capaz de enseñar siempre cosas al lector, tanto cuando escribe novela negra, como cuando lo hace sobre el islamismo radical en cualquiera de sus vertientes, al mismo tiempo que lo entretiene.
En esta novela se atreve nada menos que con el terrorismo practicado en Europa, más concretamente en Francia y Bélgica, por un grupo formado en este último  país.
El protagonista, Khalil, intenta atentar en París como terrorista suicida, pero le falla en el último momento el cinturón explosivo; vuelve a Bélgica y estará oculto hasta que se ponga de nuevo en contacto con la organización hasta que… (No debo hacer spoiler). Hasta aquí los elementos más de thriller que tiene la novela. Sin embargo, siendo esto interesante, lo es más cómo Khadra intenta explicar por qué unos jóvenes con estudios están dispuestos al sacrificio.
Entre las razones que da estarían: por un lado, su situación familiar con una familia que no se preocupa por sus estudios y un  padre borracho que tiene  un humor de perros y que no muestra ningún afecto; por otro lado, en expresiones del protagonista diseminadas a lo largo del texto como “Nunca seré un auténtico belga”, ”Necesitaba tener un camino”, “Por primera vez en la vida me siento importante”,  allá arriba, un ángel entre ángeles”.
Es decir, diferentes aspectos y elementos de un mismo desarraigo que encuentra su refugio en la Solidaridad Fraterna.
Un fragmento como ejemplo de la sensación de rechazo:

“- La continua alusión al color de su piel le impedía sentirse como los demás belgas. A Drriss le pasaba lo mismo. Y a mí también, y a toda esa gente venida de fuera, a la que aparcan en barriadas de mala muerte y señalan con el dedo cada vez que se aventuran fuera de su zoológico. La gente no se da cuenta de las catástrofes que provocan con sus palabras despectivas.” (p. 117) (Driss es un amigo de la infancia  que se inmola en el atentado en el que falla Khalil)

Hay dos momentos en la novela en los que Khadra intenta explicar dos situaciones y dos comportamientos distintos de los hijos de inmigrantes. En uno lo hace a través de un diálogo en el que en un grupo de jóvenes fundamentalmente se critican las acciones terroristas y en el otro en unas páginas en las que explica cómo alguien se termina convirtiendo en “soldado”.
Como es habitual en la obra del este autor, la historia avanza sin pausa, se centra en lo fundamental y usa flashbacks para mostrarnos algunos aspectos de la vida de Khalil, es muy ágil en su desarrollo y resulta difícil dejar su lectura porque se quiere saber qué pasará a continuación, es decir, resulta  tremendamente adictiva.
Para terminar, dos opiniones de críticas hechas en Francia que la editorial recoge en la solapa del libro:

“Narrada en primera persona, en su nueva novela que deja sin aliento Yasmina Khadra se infiltra con realismo en la piel de un candidato a terrorista ficticio al que sitúa en unos hechos reales y trágicos de todos conocidos.” Le Vif L’Express

Khalil es una novela apasionante, heladora y necesaria (…) Una novela potente que plantea las bases de una reflexión indispensable.” Le Soir.

Muy recomendable como lo es en general toda la obra de este peculiar escritor que antes fue comandante del ejército argelino.

Yasmina Khadra, Khalil. Traducción Wenceslao-Carlos Lozano.

martes, 30 de octubre de 2018

Esperaba más



Con este original y llamativo título se publican tres novelas del autor escritas en diferentes épocas y sobre diferentes temas. Cada una viene precedida de su correspondiente introducción que facilita el acercamiento a algunos aspectos de la obra.
La primera, la que más me ha gustado, fue escrita en 1941 y tiene al gaélico como protagonista. Es una novela tremendamente original en la que hasta  los elementos fantásticos, como esos niños que acuden al colegio nadando desde las islas Áran, quedan perfectamente integrados en la historia. Es un retrato de una Irlanda en la que predominan el hambre, -solo mínimamente satisfecha con las patatas-, la miseria y la constante lluvia.
O’Brien hace gala de un gran sentido del humor como se puede ver en el siguiente ejemplo: “Nací con muy poca edad –ni siquiera había cumplido un día-.” (p. 33)
Sobre la importancia que tiene el tema del gaélico en esta novela dice su traductor en la introducción: “O’Brien amaba su lengua y su literatura (…);  lo que detestaba era la visión recalcitrantemente estereotipada de lo irlandés.” (p. 21)
No obstante, quizá por mi gran desconocimiento del país y de su historia, no he sido capaz de apreciar varias de las referencias que hace al tema de la lengua. Valga como ejemplo la siguiente afirmación que se puede entender de dos maneras bien distintas: “(…) siempre se ha dicho que la precisión que uno posee en el uso del gaélico (lo mismo que la santidad del alma) es proporcional a la carencia de bienes terrenales.” (p. 63)
La segunda se publicó a principios de los sesenta y está escrita en una clave más realista que la anterior.
De ella se dice en la introducción:

“La escribió de un tirón en dos meses. A primera vista contiene todos los temas usuales de O’Brien: conversaciones pedantes, preocupaciones grotescas; humor en medio de la sordidez; mitos (la visita del simplón al papa pertenece a un antiguo relato); la obsesión por las enfermedades y los temas científicos.” (p. 140)

Sin gustarme demasiado, sí que lo han hecho un par de escenas en las que los personajes debaten sobre religión así como la insistencia en los negocios del hermano del protagonista que hoy sería un buen ejemplo de emprendedor (uno de esos conceptos de uso reciente pero masivo que menos me gusta). Sin embargo, hay varias páginas sobre temas científicos bastante aburridas.
Eso sí, resulta muy actual en alguna apreciación como:

“-En estos tiempo modernos, uno no es nada a menos que sea capaz de producir datos estadísticos. Columnas y más columnas de números, medidas y porcentajes. Supongamos que se creara una comisión Real para estos asuntos. ¿Adónde iríamos a parar si no pudiéramos producir nuestras estadísticas certificadas? (p. 242)

La tercera y última consiste en unos pocos capítulos de una obra que quedó inconclusa por la muerte del autor y que seguramente hubiera sido una novela interesante por los temas que se inician  y que se resumen muy bien en la introducción:

“Esta es una sátira de los Estados Unidos al tiempo que de Irlanda e, incluso, a través de la protagonista e ideóloga de una peregrina revolución alimentaria, una caricatura de las formas puntillosamente moralistas del protestantismo…” (p. 307)

Como conclusión tengo que decir que esperaba más de un libro del que he escuchado comentarios muy favorables. Tiene momentos espléndidos, un peculiar sentido del humor que atraviesa las tres novelas y es muy original en la construcción de los personajes, pero tengo la impresión de que son novelas a las que les falta algo, sin que sea capaz de decir qué es, para llegar a ser realmente buenas.
Por lo que he visto y leído la misma editorial ha publicado otros libros de O’Brien que parecen ser los mejores del autor.

Flann O’Brien, El consumo de patata en Irlanda. Traducción Antonio Taravillo Rivera y Iury Lech.