domingo, 26 de marzo de 2017

Artículos interesantes

Sigo con el tema de la información y la APM. En este caso un artículo bastante extenso de Guillermo Martínez. (ctxt.es)

Carlos Elordi es un analista bastante competente y generalmente acertado. En este caso da un palo bastante general. (eldiario.es)

Josep Ramoneda se centra esta vez en Europa y, como es habitual en él es capa de decir mucho en poco espacio. (elpais,com)

jueves, 23 de marzo de 2017

Interesante premio Goncourt




En la entrada anterior comenté la novela de un escritor esloveno nacido en 1980. Ahora la de una autora nacida en 1981 en Marruecos que vive en Francia y escribe en francés. Ambas son dos magníficas novelas aunque tratan temas muy diferentes y están escritas también con muy diferentes estilos.
Slimani obtuvo el año pasado el prestigioso premio Goncourt por esta obra. La novela cuenta la relación de una niñera con la familia que la contrata. Está construida como un thriller, pero ya desde la primera página sabemos qué va a pasar, por lo que el resto de la novela consiste en ver el proceso que llevará a tan terrible final. En ese proceso, la niñera, Louise, tiene un papel protagonista y en varios capítulos la autora nos mostrará algunos episodios de su vida. Además, también plantea algunos problemas actuales como, por ejemplo, las relaciones de pareja, la educación o los prejuicios de clase.
Ahora bien, el gran mérito de la novela creo que está en su estilo y en la capacidad de la autora para mantener al lector en tensión y prestando la máxima atención a pesar de conocer cuál es el final y quién lo protagoniza. Como se dice en dos extractos que la editorial ha puesto en la faja que acompaña el libro:

Canción dulce atrapa al lector con una fuerza asombrosa, tanto por el dominio narrativo de Leila Slimani como por su escritura directa, fría y precisa.” S. Dupays, Le Monde.

Thriller intimista de alta tensión. Magnífico y glacial.” N. Van Egmond, La Parisien Magazine.

A mí me ha recordado en distintos momentos y por diferentes razones (atmósfera, tensión, estilo) a otros dos escritores franceses que están entre mis favoritos: Emmanuel Bove y Laurent Mauvignier.
Como en el caso del esloveno que mencionaba antes, esta es la segunda novela de Slimani por lo que hay que esperar de ambos una larga y fructífera carrera con tan buenos inicios.
Una lectura altamente recomendable.
Aprovecho para agradecer a una editorial como Cabaret Voltaire su política editorial con la publicación de libros tan interesantes como, entre otros,  los de Mohamed Chukri, el mencionado Mauvignier y, lógicamente, el que acabo de comentar.



Leila Slimani, Canción dulce. Traducción Malika Embarek López.

lunes, 20 de marzo de 2017

Novela sobre el conflicto de los Balcanes




No es esta ni mucho menos la primera vez que leo una novela que tiene el conflicto  de la exYugoslavia como tema  o al menos como fondo. A lo largo de los años he leído novelas de autores croatas, bosnios y serbios, principalmente de los dos primeros, pero esta es la primera vez que leo algo de un autor esloveno. Siempre me ha interesado ese conflicto tanto desde el punto de vista histórico como del de la visión que han tenido sus intelectuales y escritores.
Vojnovic es un joven autor, nació en 1980 en Liubliana, que publicó en 2012 esta que es su segunda novela. En ella cuenta en primera persona la historia de un joven que tiene once años en 1991 en el momento en que su padre abandona el hogar para ir a la guerra. Su madre le dirá posteriormente que ha muerto en combate y él poco a poco lo irá olvidando hasta que, dieciséis años después, se entere de que podría estar vivo y salga en su búsqueda recorriendo muchos lugares de los diferentes países en que se dividió Yugoslavia y hablando con muchas personas que conocieron a su padre o que le han prestado ayuda recientemente.
La novela va transitando así por los diferentes lugares en 2007, pero también a partir de los recuerdos de Vladan, el protagonista, asistimos a muchos momentos de los primeros años noventa.
Desfilan serbios, bosnios, eslovenos; se trata en más de una ocasión el tema de las lenguas (de hecho, la madre del protagonista es eslovena pero nunca la habló a su hijo en esa lengua); aparece la guerra en distintos momentos con limpiezas étnicas incluidas y explicada a veces como forma de saldar cuentas pendientes; pero, a pesar de tocar temas tan pasionales, Vojnovic es capaz de hacerlo con una enorme sensibilidad y alejándose de tomas de posición radicales, aunque no omite las críticas como, por ejemplo, en el siguiente fragmento que refleja la opinión del protagonista ante la recepción de bienvenida dada a un convicto de la guerra tras ocho años de cárcel:

“En aquel instante dudé por primera vez de ser capaz de entender qué había pasado  en esas tierra y por qué. Esa gente de la pantalla se alegraba sin vergüenza alguna de que un criminal de guerra convicto hubiese regresado a su aldea, a su cocina, Me resultaba imposible comprender su lógica. Lo que acababa de ver despertó en mí las ganas de descubrir lo que esa gente no decía, lo que esa gente trataba de esconder.” (p. 105)

En los dos momentos del tiempo en que se desarrolla la historia y en todos los lugares que aparecen (Pula en la costa croata, Belgrado, Liubliana, Novi Sad, pueblos y ciudades de Bosnia, etc) hay elementos suficientes para despertar el interés del lector e incluso en algunas ocasiones la emoción. Uno de los aspectos que más colaboran a lograrlo son los diferentes personajes de que se sirve el autor para contarnos la historia. Son personas de carne y hueso de las que se pueden entender sus comportamientos los compartamos o no. Uno de ellos, Danilo, familiar de Vladan afirma:

“Y dime tú, ¿cómo se puede prohibir el deseo de venganza a la gente que lo ha perdido todo? (p. 147) (Aquí el todo no se refiere a bienes materiales sino a toda la familia)

En definitiva, una magnífica novela. Muy bien construida de forma que el lector sabe siempre dónde y cuándo se desarrolla a pesar de los muchos cambios espacio-temporales que hay.  Bien escrita y narrada. Un libro que se lee con muchas ganas y con creciente interés.
Hay que agradecer también a la traductora las interesantes notas que ha preparado para esta edición.
Hay una buena reseña de Alejandro Luque en criticoestado.es.

Goran Vojnovic, Yugoslavia, mi tierra. Traducción Simona Skrabec


domingo, 19 de marzo de 2017

Artículos interesantes

Vuelvo  a la carga, como la semana pasada, con el tema del periodismo. Gracias a la APM están saliendo una serie de informaciones muy interesantes.

Gervasio Sánchez, grande entre los grandes e insobornable, escribe sobre las tarifas que cobran los periodistas que trabajan de corresponsales en el exterior. (lamarea.com)

Guillem Martínez aclara muy bien lo que son presiones, e incluso coacciones, y lo que no. (ctxt.es)

jueves, 16 de marzo de 2017

Irregular ensayo




Llevaba tiempo queriendo conocer algo de Sebald y el otro día me topé con este libro cuando acababa de terminar otro sobre cómo los alemanes habían vivido la Segunda guerra mundial en el que, como comenté en la entrada correspondiente del blog, uno de los temas que más me habían llamado la atención era el de los bombardeos de las ciudades alemanas. Este es, precisamente, el tema de este libro de Sebald o mejor dicho, el silencio de la literatura de posguerra sobre estos bombardeos y los enormes daños de todo tipo que produjeron.
El libro tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera se recogen de forma adaptada unas conferencias que el autor dio sobre el tema en Zurich en 1997; la segunda está dedicada exclusivamente a comentar la obra de un escritor de posguerra de segunda fila.
Tengo que reconocer que si al principio me ha interesado el planteamiento del libro y lo que el autor cuenta sobre la destrucción y el papel que debió de jugar en la estrategia de los aliados, a partir del momento en que se centra en comentar la obra de los pocos autores que escribieron algo sobre el tema, el libro se me ha caído de las manos. Es difícil seguir un texto en el que se están diciendo cosas sobre libros y autores que se desconocen totalmente aunque alguna de las reflexiones sí que sean interesantes. Lo mismo me ha sucedido con la segunda parte pues desconozco al escritor en el que se centra Sebald.
No obstante, el libro merece la pena por lo que se puede entender y por cosas como las que escribe  Rafael Narbona en su reseña en elcultural.com. Así:

“La mirada de Sebald no es la de un historiador. Las deslumbrantes páginas que recrean la destrucción de Hamburgo evidencian la excelencia de un estilo, donde la sensibilidad estética nunca se aleja de la solidaridad hacia el dolor ajeno.(…)
El talento literario de Sebald se manifiesta en su evocación de ese cine que perdió una de sus paredes en medio de un bombardeo, sin que se interrumpiera la proyección o en el triste destino de los animales del Zoo de Berlín, que deambulan por las ruinas, incapaces de comprender lo que sucede. Es difícil olvidar la imagen de los hombres que husmean entre las entrañas de un elefante, cuya caja torácica recuerda la estructura de los edificios destruidos o la fascinación de los clientes anónimos de una librería de Hamburgo por las fotografías de los cadáveres que yacían en plena calle tras el bombardeo, mostrando esa curiosidad furtiva que suele suscitar la pornografía.”

Efectivamente, tiene momentos y descripciones de gran fuerza, pero como titulo la entrada, me parece irregular desde el punto de vista de un lector no demasiado informado, como es mi caso, sobre la literatura alemana de posguerra.
Seguramente habrá que insistir con algún otro libro del autor del que el mismo Narbona dijo a raíz de su muerte el 2001 en accidente de automóvil: “Se nos ha ido uno de los últimos clásicos vivos.”


W. G. Sebald, Sobre la historia natural de la destrucción. Traducción Miguel Sáenz

martes, 14 de marzo de 2017

Memorias de un revolucionario



Dos fragmentos para situar al personaje:

Dice Carlos García Velasco en el Prólogo: “Toller forma parte de esa generación centroeuropea, judía, laica y librepensadora, forjada en el cosmopolitismo y en un sentido de la universalidad superadora del provincianismo que caracteriza las conciencias nacionales.” (p. 9)

Y el propio Toller casi al final del libro hace esta declaración:

“La frase: “Estoy orgulloso de ser alemán”, o esta otra: “Estoy orgulloso de ser judío”, me suenan a la misma insensatez que si alguien dijera: “Estoy orgulloso de tener los ojos castaños””. (p. 279)

Estas memorias fueron publicadas en 1933, es decir, cuando el autor contaba apenas cuarenta aunque evidentemente de vida muy intensa. Dedica unos capítulos al principio a su infancia y juventud para pasar enseguida a su experiencia bélica como voluntario y dedicar luego el bloque fundamental del libro a su participación en la Revolución alemana de 1918-1919.
De la primera parte me ha llamado poderosamente la atención su  estancia en Francia como estudiante en la que dedicó el tiempo, según cuenta él mismo, al juego y a la búsqueda del dinero fácil. Y llama más aún la atención porque inmediatamente después se alista voluntario  en el ejército alemán. En esta parte escribe unos interesantes fragmentos sobre la guerra y sus culpables.
Así, poco a poco va tomando conciencia:

“Pronunciamos el voto solemne de que a esta Europa había que roturarla de nuevo desde sus cimientos. Declaramos que nuestros padres nos habían traicionado y que la juventud del frente, dura y falta de sentimentalismo, iniciará las labores de limpieza, pues ¿quién sino ella tenía derecho a hacerlo? Lo que se nos niega lo conseguiremos por la fuerza.
¡No tiene sentido –exclamo- el que hagáis acusaciones! ¡Actualmente solo hay un camino, hemos de convertirnos en rebeldes! (p. 120)

Fruto de ello será su participación en la Revolución que se produjo en Alemania tras la guerra. En el caso de Toller lo hará en Munich donde ocupará importantes cargos tanto civiles como militares a pesar de su edad. Este periodo forma el núcleo de las memorias y es, lógicamente, el más interesante aunque no siempre sea fácil de seguir por tratarse de acontecimientos que se suceden de forma muy acelerada y a veces  aparentemente contradictoria. El verdadero interés radica en dos aspectos: por un lado, el hecho de que lo cuenta un destacado protagonista que, por otro lado, demuestra capacidad para el análisis, ausencia de sectarismo y buen espíritu crítico como se comprueba en los dos fragmentos siguientes:

“Cada cual cree que la República Soviética ha sido creada para dar cumplimiento  a sus deseos particulares. A una mujer le gustaría casarse inmediatamente. Hasta el momento había encontrado dificultades para hacerlo, puesto que le faltaban los necesarios papeles, pero la República Soviética ha de rescatar su felicidad. Un hombre pretende que la patrona de su casa le perdone el pago del alquiler. Se ha formado un partido de ciudadanos revolucionarios que exige la detención de todos sus enemigos personales, antiguos compañeros en el juego de bolos y contertulios en el club.” (p. 171)

“La República Soviética no se sostiene. La insuficiencia de los dirigentes, la resistencia del Partido Comunista, la defección de los socialistas de derechas, la desorganización administrativa, la creciente escasez de víveres, la confusión de los soldados, todas esas circunstancias necesariamente han de provocar la caída y proporcionar fuerza e ímpetu a la contrarrevolución en vías de organizarse.” (p. 178)

Un libro recomendable por el tema y por la magnífica escritura. Toller escribió varias obras de teatro durante su estancia en la cárcel por su participación en el movimiento revolucionario; también escribió poesía y algún ensayo.
Hay una buena reseña de Carolina León en criticoestado.es.


Ernst Toller, Una juventud en Alemania. Traducción Pablo Solozábal.








lunes, 13 de marzo de 2017

Buen descubrimiento




Una vez más me encuentro ante una autor totalmente desconocido para mí a pesar de escribir sobre un género, la novela policíaca,  del que suelo leer libros de vez en cuando y que, además, por lo que he visto ahora es bastante prolífico. En la solapa del libro se menciona que es el autor de los libros que dieron lugar a dos películas que me gustaron mucho: Mystic River y Shutter Island, dirigidas nada menos que por Clint Eastwood y Martin Scorsese respectivamente. Así que debe de tratarse de un escritor que merece la pena.
Efectivamente, este libro resulta tremendamente entretenido y adictivo. De hecho lo he leído en dos sentadas porque cuenta muy bien una historia de gánsteres en la Florida de los cuarenta del siglo pasado. Tiene los suficientes elementos para hacerlo atractivo: un protagonista interesante con su historia detrás (al ser el volumen final de una trilogía apenas conocemos nada de él) y con un hijo de diez años con el que mantiene algún diálogo tan bueno como el siguiente:

    “- Papá – dijo.
-          - ¿Qué?
-          - ¿Tú eres de los malos?
-         - No, hijo. -Joe vio salpicaduras de vómito en la camisa de Tomas-. Lo que pasa es que tampoco soy especialmente bueno.” (p. 280-281);

También hay un conjunto de personajes secundarios muy bien definidos desde el rematadamente malo hasta el más ambivalente; está muy bien ambientada en la Tampa de la época; y con respecto a su escritura prefiero reproducir un texto puesto por la editorial en la solapa del libro: “Lehane escribe de un modo convincente, tenso y poderoso.” USA Today.
Con todos estos ingredientes Lehane ha logrado una magnífica novela de género con la que yo desde luego he disfrutado, aunque también tengo que decir que novelas así me gusta leer una cada cierto tiempo porque terminan cansándome.
Hay una buena reseña de JJuan Carlos Galindo en elpais.com y otra de Laura Fernández en elcultural.com.


Dennis Lehane, Un mundo desaparecido. Traducción Enrique de Hériz.

domingo, 12 de marzo de 2017

Artículos interesantes

Esta semana hago un monográfico sobre uno de los temas que más me interesa: la información. Creo que el comunicado de la APM, y sus repercusiones,  dice mucho sobre el estado actual de la información, y la política,  en España que algunos sesudos estudios. He elegido artículos críticos porque quienes los escriben se encuentran entre los periodistas de los que me fío. No pongo nada sobre respuestas como, por ejemplo, la del portavoz de la gestora del PSOE, Mario Jiménez, porque al escucharla tuve vergüenza ajena.

Carlos Elordi hace una reflexión más extensa de lo que en él es habitual para analizar lo que se afirma en el comunicado. (eldiario.es)

Pascual Serrano es alguien a quien sigo permanentemente y de los que más saben sobre este tipo de manipulaciones. Me gusta mucho la comparación que hace entre David y Goliath. (publico.es)

Olga Rodríguez es una de las periodistas más honestas y comprometidas que conozco. Aquí plantea cómo están de generalizadas las presiones a los periodista y no precisamente por Podemos. (eldiario.es)

Rubén Rufo informa en este artículo sobre lo dicho en el Congreso de Periodismo Digital sobre varios temas en el que se incluye, obviamente, el comunicado (infolibre.es)

ïñigo Sánez de Ugarte hace una interesante lista de casos de presiones sobre periodistas. (eldiario.es)

viernes, 10 de marzo de 2017

La II Guerra desde otro enfoque




Hace poco hacía una entrada en el blog sobre el libro de un historiador inglés que estudiaba la época del gobierno de los nazis hasta el único de la guerra y decía lo bien que escriben y cuentan los temas históricos los anglosajones. Ahora he tenido ocasión de volver a comprobarlo con este libro que, al menos cronológicamente, es la continuación del mencionado. En este caso el autor es un historiador australiano, de padre alemán, que trabaja como catedrático de historia en Oxford.
Stargardt no cuenta la historia de la guerra que para eso hay ya gran abundancia de textos, sino que hace algo mucho más interesante como es explorar, describir y en su caso analizar  cómo vivieron el conflicto los alemanes. Para ello utiliza principalmente dos magníficas fuentes. Por un lado, la correspondencia de un conjunto de personas que van de un profesor a un ama de casa y que abarca a nazis, cristianos y judíos. Por otro lado, ha tenido acceso a los informes del SD, el servicio de información de las SS, en los que se tomaba el pulso al estado de ánimo de la población. Además, claro, ha manejado una extensa bibliografía ya que  todo queda perfectamente contextualizado.
Del libro dice uno de los grandes especialistas en el período: “Una obra extraordinaria. Stargardt nos ofrece el análisis más agudo y matizado que se haya logrado hasta ahora de la motivación de los alemanes corrientes para luchar en la guerra más horrible de todos los tiempos” (Ian Kershaw en la faja puesta por la editorial).
Y es que, efectivamente, se trata de un libro diferente, magníficamente escrito y en el que en cada uno de sus capítulos se ofrecen informaciones, y en algún caso valoraciones, interesantes. A mí me han llamado la atención muchísimas cosas, pero si tuviera que destacar alguna serían, por ejemplo: la falta de apoyo familiar a los desertores; el extraordinario funcionamiento del correo alemán en el frente (que ha permitido conocer cartas como las que salen en el libro); las enormes destrucciones de los bombardeos de los aliados (y la rápida puesta en funcionamiento en muchos casos de los servicios esenciales tras ellos como sucedió, por ejemplo, en  Hamburgo); el impresionante número de prisioneros de guerra al terminar esta y la cantidad de muertos que se produjo entre ellos; las reacciones de las iglesias tras la guerra, y en particular la del teólogo protestante Paul Althus; etc,. En fin, la lista sería interminable porque se trata de un libro de 658 páginas de texto sin contar los apartados de notas y bibliografía.
Un libro en el que se aprenden muchas cosas y se aprecia una vez más lo absurdo de las guerras así como  lo fácil que puede resultar convencer a las poblaciones de su necesidad. Un libro enormemente recomendable.
Hay una buena reseña de Jesús Ceberio en elpais.com.



Nicholas Stargardt, La guerra alemana. Una nación en armas (1939-1945). Traducción de Ángeles Caso

miércoles, 8 de marzo de 2017

Una huida por la Francia ocupada




Extraña historia la de este libro publicado en 1945, desaparecido hasta hace poco cuando alguien lo encontró en una librería de viejo y escrito por una mujer que no volvió a escribir o al menos a publicar nada más. Más extraño aún porque se aprecia en su escritura una buena capacidad para describir personajes con pocas y precisas palabras, así como una gran agilidad narrativa que logra mantener el interés del lector.
Dicho esto, creo que tampoco es comparable a Una mujer en Berlín o a la Suite francesa como se ha dicho en alguna crítica y la editorial refleja en la solapa del libro. Le falta mucho para tener el dramatismo y la fuerza del primero, y mucho también para alcanzar la calidad literaria del segundo. No obstante, se trata de un texto interesante entre otras cosas porque relata una peripecia vital no demasiado contada como es la huida, a través de la Francia ocupada, de una mujer polaca que había estudiado en París y luego había abierto una librería de libros franceses en Berlín de donde huye en 1939 tras el inicio de la guerra.
En el libro cuenta de forma bastante detallada los diferentes momentos de esa huida prestando especial atención a los muchos casos de solidaridad de que disfrutó. Aquí está, creo, la principal virtud de este libro. Si lo habitual en este tipo de obras es dejar constancia de los malos comportamientos, aquí, aunque se deja constancia de varios, Frenkel elige principalmente hablar de las personas que la ayudaron hasta conseguir llegar a Suiza.
Como se ve, se trata de un texto bastante original cuyo único defecto es, quizá, que se hace un poco largo  y reiterativo en alguna de sus historias, pero eso no empaña que se lea con interés y nos haga ser un poco más optimistas, o menos pesimistas, sobre la humanidad a quienes, como es mi caso, hemos leído muchos libros sobre ese período histórico y las muchas desgracias que trajo. 
Hay una buena reseña de Alex Vicente en elpais.com que da alguna información suplementaria interesante.

Françoise Frenkel, Una librería en Berlín. Traducción de Adolfo García Ortega


lunes, 6 de marzo de 2017

Descubriendo a un escritor de Kenya




Mi desconocimiento de lo que no sé si muy correctamente llamaríamos literaturas subsaharianas es enciclopédico. Más allá de la obra  Chinua Achebe y algún libro suelto no conozco nada más. Obviamente, subsaharianos son Coetzee o Nadine Gordimar, pero no se incluyen  por razones evidentes. No pasa lo mismo con las literaturas del norte de África que han sido y siguen siendo traducidas de manera habitual y alguno de cuyos autores, Mafuz o Kadra por poner solo dos ejemplos, han tenido además importantes cifras de ventas.
Por el desconocimiento al que aludía antes me parece especialmente importante que haya editoriales, como en este caso Rayo Verde, que se atrevan a ponernos en contacto con autores de esas zonas que tienen mucho que aportarnos. Estas editoriales suele coincidir que son pequeñas en volumen pero grandes en ilusiones y conocimiento.
El libro de Thiong’o, autor keniata que aunque actualmente vive en Estados Unidos ha pasado gran parte de su vida en su país de nacimiento, me ha resultado por un lado enormemente interesante, pero además me ha hecho disfrutar por su escritura y el magnífico uso que hace contando la historia desde  el punto de vista de un niño. Realmente se trata de una memorias (parece ser que este es el primero de los tres volúmenes de que constan) que, en este libro, abarcan su infancia y primera juventud.
Hay informaciones tremendamente interesantes como puede ser el ver la poligamia en funcionamiento -su padre tenía cuatro mujeres-, o la explicación que da sobre los tipos de escuelas que había  (estamos hablando de los años cuarenta y cincuenta), pero sobre todo hay mucha vida en lo que cuenta y en los afanes del protagonista, el propio autor, por lograr estudiar cambiando cuando sea necesario de escuela y población así como sacando dinero de “profesiones” a veces tan variopintas como la de cazador topos.
El libro se lee con mucha facilidad y solamente cuesta un poco a veces por la dificultad de seguir unos nombres bastante difíciles. También hay otro aspecto que, aunque me ha gustado por la información que aporta y que yo desconocía, creo que rompe un poco la narración; me refiero a loa fragmentos en los que explica la situación política. En todo caso no afectan al valor del libro.
Un libro absolutamente recomendable que nos presenta a un escritor que ha sido propuesto varias veces para obtener el premio Nobel y del que espero más traducciones para seguir conociéndole y disfrutando de su obra.
Hay una interesante entrevista en africafundacion.org y una buena reseña de P. Unamuno en elmundo.es.



Ngugi wa Thiong’o, Sueños en tiempos de guerra. Memorias de infancia. Traducción de Rita da Costa.



domingo, 5 de marzo de 2017

Artículos interesantes

Merece la pena la entrevista de Guillem Martínez con Rubén Juste a raíz de la publicación del libro de este sobre el IBEX 35. (ctxt.es)

También tiene interés, sobre todo la parte referida a la prensa, la entrevista de Elise Gazengel a la asesora del candidato del Partido Socialista francés. (ctxt.es)

Las perlas informativas de Pascual Serrano del mes de febrero vienen tan cargaditas como siempre. (eldiario.es)

Totalmente de acuerdo con todo lo que dice Josep Ramoneda sobre odio y libertad de expresión. Creo que esta semana ha habido demasiadas intervenciones desafortunadas sobre el tema. (elpais.com)

lunes, 27 de febrero de 2017

Entrañables recuerdos



En la Nota con la que la autora inicia el libro se lee:

“He omitido muchas de las cosas que recordaba sobre todo las que me atañían directamente. No deseaba hablar de mí. Esta no es mi historia sino (incluso con vacíos y lagunas) la de mi familia. Debo añadir que ya en la infancia me propuse escribir un libro sobre las personas que entonces me rodeaban. En parte puedo decir que éste es el libro. Pero sólo en parte, porque la memoria es débil, y los libros que se basan en la realidad con frecuencia son sólo pequeños atisbos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos.” (p. 14)

Y es que, efectivamente, son fragmentos de la vida de su familia y amigos en los que la propia Natalia Ginzburg apenas aparece hasta el punto de que, de repente, se casa con Leone Ginzburg sin que hayamos tenido la más mínima  referencia a una relación entre ambos.
Puede que la memoria sea débil como dice Ginzburg , pero en este libro hay mucho detalles que indican que la suya funcionaba bastante  bien. El libro está lleno de personajes interesantes. El del padre a mí me ha resultado realmente fascinante. Un científico perteneciente a la burguesía de Turín, de izquierdas, que llega a presentarse como candidato del Frente Popular de comunistas y socialistas y del que se puede leer lo siguiente:

“Efectivamente en la radiografía no apareció nada (se refiere a la hecha a una criada por un dolor que tenía). Era un rasguño en la garganta. Pero la mujer seguía llorando desesperada, y mi padre dijo: “¡Estos proletarios qué miedo le tienen a morirse!””

Es el verdadero protagonista del libro y autor de muchas de las frases del “léxico familiar”, aunque no hay que olvidar a una madre a la que dedica menos espacio, pero que también tiene su importancia e intervenciones como esta:

“Ten por seguro que si viene Stalin a quitarme a la criada lo mato –decía mi madre-. ¿Qué haría sin criada yo, que no sirvo para nada?” (p. 214)

Y un conjunto de hermanos con dedicaciones, ideas y recorridos muy diferentes y de los que habla extensamente. Además, entre los amigos, Cesare Pavese y Felice Balbo con un relevante papel, pero también: Carlo Levi, Olivetti, Einaudi o Giancarlo Pajetta. Es decir, gente muy conocida e intelectualmente importante. Además, está también el trasfondo del fascismo en gran parte del libro.
Ahora bien, con todo, lo mejor, lo que hace que este libro sea diferente, tan interesante y divertido en unos momentos como emocionante en otros, es por su magnífica escritura, por el estilo de la autora que no me atrevo a definir, pero que consigue que sigas toda la historia como si formases parte de la familia, como si estuvieses implicado en su historia.
En mi caso, además, está el hecho curioso de que tengo recogidas casi veinte frases de mi madre que formarían parte de mi “léxico familiar” porque a veces tanto mi mujer como yo las repetimos ya que, de alguna manera, las hemos hecho nuestras.
Hay una magnífica, como siempre,  reseña en devoradoradelibros.com.


Natalia Ginzburg, Léxico familiar. Traducción de Mercedes Corral.


sábado, 25 de febrero de 2017

Artículos interesantes

Da gusto poder recomendar sobre todo textos dedicados a los libros. Obviamente no es lo habitual; la prensa prefiere dedicarse casi en exclusiva a una información política generalmente poco informativa, menos aún interesante y casi siempre muy manipulada

Suso de Toro hace una magnífica y sugerente reflexión a propósito de la última novela de Cercas. (eldiario.es)

María Jesús Espinosa de los Monteros escribe sobre la librería y editorial Traficantes de Sueños. (elpais.com)


Juan Cruz entrevista a José Luis Pardo sobre su último libro Estudios del malestar, ganador del premio Anagrama de ensayo. (elpais.com)


Carlos Elordi hace una buena síntesis de los motivos,prácticamente todos de esta semana, para estar indignados.(eldiario.es)

viernes, 24 de febrero de 2017

En la Irlanda de los cincuenta





Séptima entrega de la serie que Black (Banville) dedica a la novela negra con su gran protagonista Quirke, el peculiar médico forense.
Tiene los mismos ingredientes que el resto de los títulos de la serie, esto es: la presencia constante y casi agobiante del clima, en este caso el calor en un duro verano dublinés; la también constante presencia del tabaco y del alcohol, si bien este menos que en otros episodios por la rehabilitación del protagonista; la crítica de la Iglesia católica algunos de cuyos miembros realizan actos cercanos a la delincuencia (vuelve al salir el recurrente tema de los niños robados); y, por encima de todo, sus personajes de los que muy acertadamente dice Laura Fernández en El Cultural de El Mundo: “Black, como Banville, como los maestros, crea personajes que no son solo personajes, que están vivos, en un mundo paralelo al nuestro, el mundo de la Literatura, con mayúsculas.”
Efectivamente, sus personajes son una de las grandes creaciones de Black. Aquí tenemos a los mismos de siempre (su hija Phoebe, su hermano Mal, su cuñada,…), a los que hay que añadir un gran Sam Corless, padre del asesinado, militante trotskista y que juega un interesante papel.
Ante ello, la trama, como por otra parte sucede prácticamente en el resto de las novelas de la serie, tiene poca importancia. Es bastante sencilla y se irá  resolviendo poco a poco hasta el algo sorprendente final.
Black consigue que estemos pendientes con interés a lo largo de las  más de 300 páginas del libro sin que nos preocupen especialmente los hechos delictivos y eso, en una novela de este género, tiene un gran mérito y es una de las particularidades de este escritor.
Esta séptima entrega es, para mí, una de las mejores de la serie y demuestra que aún le queda recorrido. Entretenimiento de calidad.




Benjamin Black, Las sombras de Quirke. Traducción de Nuria Barrios.

martes, 21 de febrero de 2017

Seguramente una gran novela




Estuve a punto de abandonar la lectura del libro apenas leídas las primeras cuarenta páginas. No lo hice porque leí la completísima reseña en el blog devoradoradelibros.com, un blog con el que suelo coincidir bastante y donde además de afirmar que era el mejor libro que había leído en 2016 dice también:

“El lector también debería afrontar su lectura con esta idea de acumulación: de entrada, limitarse a disfrutar de su excelente prosa, empaparse del universo reimanniano, entrar en el mundo de Franziska; las piezas de la «historia», si se puede considerar que narra una historia, ya empezarán a juntarse y a dotar de sentido al conjunto sin que se dé cuenta.”

Esa idea me animó porque en lo que había leído aún no había encontrado ningún sentido.
Por otra parte, releí el Prólogo de Ibon Zubiaur, el traductor, y me encontré con lo siguiente:

“El 4 de noviembre de 1967 apuntaba ya en su diario: “El argumento, opina A., aún no se entiende, no hay una intención reconocible. Sé bien que el libro consiste en un excurso tras otro, pero no puedo explicar por qué quiero escribirlo justo así: acumular vida, sin más, lo cotidiano y lo casual, no-necesario.”  Y reconocía en ello “una protesta contra la trama, contra la construcción novelística, que me parece demasiado cristalina, demasiado pura, demasiado artificial, demasiado clara en una sociedad bien poco clara.” “(p. 10)

Y más adelante hace la siguiente valoración:
 “Nos queda la práctica totalidad del borrador, un monumento de la literatura alemana de posguerra en su intensidad y su libertad, la obra maestra de una escritora dotada como muy pocas que aquí se suelta todas las riendas, se abandona, experimenta, se pierde (sí, también se pierde), sólo para reencontrarse enseguida y remontar el vuelo con ese estilo inimitable, pleno de vida y hallazgos, de incisividad y perspicacia, de deseo y de piedad.” (p. 10-11)

¿Por qué esta extensa introducción con citas tan favorables a la novela? Simplemente para justificar el título que he puesto  a esta entrada porque, sinceramente, a mí no me ha gustado absolutamente nada. He tenido la paciencia, o la desfachatez, de leerme sus casi setecientas páginas y solo ha habido algunos momentos en los que he podido meterme e interesarme por la historia o historias. Es cierto que se trata de un libro muy bien escrito (y desde luego muy bien traducido y anotado), pero también de un libro en el que no es fácil seguir los pasos de la autora.
Es el tercer libro que leo de Reimann y los otros dos me habían gustado bastante, por eso lo cogí con ilusión porque, además, me interesaba lo que se comenta en la contraportada sobre el mundo de la extinta República Democrática Alemana, pero incluso en este aspecto la novela me ha defraudado ya que no son muchas las referencias al contexto aunque, eso sí, está como trasfondo de algunas de las cosas que suceden.
Dejo dos de los fragmentos más explícitos sobre este tema:

“He aguantado quince años aquí (habla el padre que se fue a la RFA): quince años de más…. No puedo ocultar cierta simpatía por la doctrina de este estado, con sus grandes ideas de fraternité y humanidad liberada, pero una cosa es proclamar ideas y otra ponerlas en práctica. Propaganda pertinaz, una moral tosca y disciplinaria, escasez y el criminal desprecio por el individuo y por toda expresión individual, ésa es la parte que os ha tocado… “(p. 159)

“La revolución no es un paseo por un jardín botánico: Ha visto fotos retocadas, leído sobre los procesos de Moscú, Vorkutá no es para él sólo un punto geográfico junto al círculo polar de algún mapa, ha podido saber de los campos, de los reasentamientos forzosos, de los destinos de emigrantes, del poeta desaparecido Mandelstam (…)” (p. 613)

En fin, “seguramente una gran novela”; incluso puede que sea la mejor escrita en la RDA, como afirma el traductor en el Prólogo. Quizá no la he leído en las mejores condiciones físicas y anímicas, pero hacía tiempo que un libro me interesaba tan poco y me mantenía tan alejado de lo que me contaban.
No obstante, tanto lo que dice el traductor como el blog que mencionaba al principio, me llevan a pensar que posiblemente es más un problema mío que del libro.



Brigitte Reimann, Franziska Linkerhand. Traducción de Ibon Zubiaur

jueves, 16 de febrero de 2017

Otra novela de Zweig




Cuando parece que ya está toda la obra de Zweig traducida, surgen textos como esta novela corta que, aunque debe de tratarse de una obra inacabada, tiene, como siempre sucede con este autor, su interés.
Digo que inacabada porque, aunque la editorial no dice nada en este sentido ni en la contraportada ni en la solapa, si en la primera parte vemos la clásica escritura y ritmo de Zweig, a partir de un determinado momento se tiene la sensación de que la novela se acelera, de que el tiempo y los acontecimientos transcurren a gran velocidad hasta la única frase que compone el último capítulo.
Una historia totalmente reconocible del autor tanto en su escritura como en la composición de los personajes, al menos en esa primera parte.
También aparecen temas recurrentes en su obra como, por ejemplo, en estos dos fragmentos:

“Los ambiciosos de este mundo están unidos, se estimulan unos a otros. Los líderes socialistas se visitan entre ellos, pronto celebrarán un congreso en Viena. Los empresarios tienen sus preocupaciones; los profesores, sus congresos. Así es como todos creemos que somos los más poderosos. Sólo la gente pequeña, los silenciosos, los carentes de ambición no están unidos, y ésa es la desgracia del mundo en que vivimos.” (p. 75)


“El nacionalismo lo corrompe todo. Es el mal que coloca una única patria por encima de todas las demás. Nos involucramos de lleno en las necedades que cometen nuestras naciones. En el patriotismo. ¿De qué nos sirve ser honrados y bienintencionados si encima de nosotros hay un puñado de personas que no quieren serlo? Ellos miran las banderas extranjeras con la hostilidad del toro que se abalanza contra la tela roja. Tenemos que romper con el patriotismo. ¡Al diablo con las naciones! (p. 81)

Sin alcanzar el nivel de la mayor parte de sus libros, esta novela corta, 199 páginas, se lee con gusto y tiene momentos realmente logrados que harán disfrutar sobre todo a los incondicionales de este grande de la literatura.




Stefan Zweig, Clarissa. Traducción de Marina Bornas Montaña

miércoles, 15 de febrero de 2017

Mis temas recurrentes VIII: Oriente Medio



Desde la creación del Estado de Israel en 1948 esa zona del mundo se ha convertido en el foco de gran parte de los conflictos mundiales. Además de las numerosas guerras que allí se han librado, esos conflictos se han extendido a varios de los países limítrofes que rara vez han logrado la estabilidad política y, menos aún, el desarrollo económico.
La bibliografía sobre la región es inmensa y mi única pretensión en esta entrada es dejar constancia de alguno de los libros que me han aportado cosas interesantes. Aunque el conflicto entre Israel y Palestina sea el que más títulos abarque, lo he dejado de lado precisamente por ser el más conocido. He preferido reflejar otro tipo de textos. La mayoría están escritos por periodistas porque creo que son quienes mejor explican temas tan complejos.
Además de dos libros más generales sobre la región, me ha parecido interesante aportar uno que da la visión que se tiene desde el mundo árabe.
El de Lee Anderson está porque, aunque trata de un tema colateral y muy concreto, me parece uno de los periodistas que mejor conoce la zona. En el caso de Olga Rodríguez, alguien a quien procuro seguir en todo lo que escribe, las entrevistas me parecen muy buenas y el texto bastante emocionante.
Además, he añadido los libros salidos últimamente sobre el ISIS o DAESH o Estado islámico dada la relevancia que se le da en la prensa occidental.  En la misma línea también dejo constancia de un libro sobre Boko Haram que, obviamente, es un grupo que funciona en una zona bastante alejada.

martes, 14 de febrero de 2017

Para conocer mejor a Donald Trump



“Como demuestran los muchos episodios referidos en estas páginas, Trump es extraordinariamente ágil para hacer lo que se le antoja y librarse del castigo.” (p. 227)

Esta frase que aparece casi al final del libro, me ha surgido varias veces a medida que lo iba leyendo y es que, efectivamente, parece inexplicable cómo logra salir a flote de casi todos los charcos en los que se mete; y no son pocos precisamente.
Johnston conoce a Trump desde hace casi treinta años. Lo ha investigado y ha mantenido más de una conversación con él.  Aquí, a lo largo de los 24 capítulos en los que divide el texto, escribe, partiendo de sus antecedentes familiares que le dejaron suficiente dinero, sobre los diferentes negocios que llevó a cabo en los años ochenta y noventa principalmente. Desde el intento de creación de una liga que compitiese con la NFL, a la construcción de un casino en Atlantic City. El recorrido sobre esos negocios resulta a veces excesivamente prolijo lo que hace que no siempre se pueda seguir con facilidad. Además, tampoco la prosa de este periodista es comparable, por ejemplo, a la de un Gay Talese. No obstante, resulta interesante y, sobre todo, cuando hace caracterizaciones del personaje como estas porque ayuda a descubrir otras facetas:

 “Discrepar de Trump significa estar equivocado. Presentar a Trump de un modo que no se ajuste a la imagen que él tiene de sí mismo es ser un perdedor. Es un enfoque de la existencia que tal vez funcione en el mundo de los negocios (donde Trump puede darse media vuelta y no tratar con las personas que no gusta), pero los dirigentes gubernamentales no pueden permitirse ese lujo, menos aún el presidente de los Estados Unidos.” (p. 74)

“Vale la pena señalar que la memoria de Trump parecía bastante aguda tres años más tarde, en 2001, cuando insistió en que había visto en la televisión  que miles de musulmanes de Nueva Jersey jaleaban las llamas de las Torres Gemelas. Nunca se ha encontrado ninguna cinta de vídeo, ninguna fotografía, ni ningún informe policial que sustente este recuerdo. Pero Trump sostiene que su recuerdo era fiel. Después de todo, como dijo en Iowa en el año 2105 ante el público de su campaña, él había sido agraciado con “la mejor memoria del mundo”.” (p. 141)

Además, en el capítulo 3, Valores personales, añade los siguientes tomados de expresiones del propio Trump: No  confiar en nadie y menos en los buenos empleados. Usar la venganza como política empresarial. Engañar quince veces más a la gente que te engaña.
Como se ve toda una panoplia de “buenas prácticas”.
También me ha parecido realmente increíble la entrevista que reproduce en el capítulo 18, Amantes imaginarias, en la que un periodista aún más impresentable que el propio entrevistado le pregunta sobre su relación con Carla Bruni.
En fin, un libro que se lee con rapidez y que colabora a fomentar el desprecio que está provocando este personaje que resultaría cómico si no pudiera llegar a ser tan dramático tal y como está planteando su presidencia.
Otra buena aportación de esta peculiar editorial, Capitán Swing.
Hay una reseña bastante completa de Raúl Jiménez en indienauta.com.



David Cay Johnston, Cómo se hizo Donald Trump. Traducción de Ricardo García Pérez

lunes, 13 de febrero de 2017

Analizando la economía actual




Siempre es bienvenido un libro que intente explicar lo que está pasando con la economía y que incluso se plantee ofrecer algunas sugerencias para cambiar el modelo. Estos dos catedráticos de Política Económica, uno en Vigo y el otro en Barcelona, son capaces, además,  de explicar los temas con bastante claridad,  incluso en los dos capítulos que dedican a los aspectos más teóricos.
Evidentemente, en un texto de casi 350 páginas en el que se tratan muchos elementos  de la crisis  y de la economía actual, hay algunos temas que me llaman más la atención o simplemente que me interesan más porque me parece que sus opiniones se salen algo del pensamiento único. Así sucede con las páginas, bastantes, que dedican a contrastar desigualdad y eficiencia; con la discusión sobre el papel de Alemania en la UE; con las fuertes críticas al trato, que consideran erróneo, dado a Grecia; y, finalmente, las duras críticas que hacen de la “austeridad expansiva” tanto a nivel teórico como por sus consecuencias prácticas.
Quisiera ahora recoger algunos fragmentos en los que plantean también interesantes reflexiones sobre otros temas.
Así, dentro de la crítica de la “financiarización” del actual capitalismo:

“Hemos visto, por tanto, cómo la dimensión elefantiásica de las finanzas, el carácter hiperfinanciero del nuevo capitalismo, y su evolución en gran parte fuera de toda posibilidad de control efectivo, han estado en el centro de los problemas económicos contemporáneos. Mientras no se devuelva a los mercados financieros su condición instrumental a una escala humana, y mientras no quede embridado por estrictos controles, continuará siendo un obstáculo para una recuperación de la economía internacional que sea genuina y sostenible.” (p. 106)

El siguiente me parece especialmente importante porque desde luego en España está muy presente:

“En las actuales circunstancias, dado que los perdedores de la crisis son muchos más que los ganadores, el hecho de que la democracia otorgue a cada persona un voto debería hacer que las políticas se orientaran en el sentido que acabamos de señalar (se refieren a disminuir las desigualdades). Pero no es así. El motivo es doble. Por un lado, la concentración de la riqueza introduce sesgos en la formación de los gobiernos y en los procesos de decisión política. Los caminos de esa influencia son variados, desde la financiación a los partidos políticos a una mayor presencia de sus representantes entre los miembros de parlamentos y gobiernos. Por otro lado, el hecho de que los sectores sociales de baja renta se inhiban de participar en el proceso político ordinario hace que sus intereses y preferencias sean poco tenidos en cuenta.” (p. 152)

Para terminar resumo los cinco “desafíos” que plantean al final del libro bajo el epígrafe de  Un nuevo progresismo, y  que viene a ser su aportación a las posibles soluciones: 

 - Impulsar instituciones que favorezcan la estabilidad macroeconómica así como la preservación de los servicios públicos básicos.
- Defender el funcionamiento de la competencia en los mercados.
- Viraje de las políticas empresariales de su énfasis en  la rentabilidad hacia las ganancias de productividad.
- Estado menos intervencionista y más innovador y emprendedor.
- Revertir la fuerte tendencia hacia la desigualdad. (p. 313-317)

Como se ve representan más o menos las ideas de una socialdemocracia algo renovada que es por donde creo yo que van ambos catedráticos. En esto radica también su principal debilidad.
Un libro en cualquier caso muy interesante y sugerente aunque, como siempre pasa en estos casos, no hay más que leer a José Carlos Díez, a la hora de las soluciones es cuando se notan más las carencias.


Xosé Carlos Arias y Antón Costas, La nueva piel del capitalismo

sábado, 11 de febrero de 2017

Citas últimas lecturas

Lectura, escritura

Me sorprenden persona que quieren ser periodistas y no leer: como una aprendiz de pianista que se jactara de no escuchar música. No se puede escribir si haber leído demasiado; no se puede pensar –entender, organizar, hablar- sin haber leído demasiado.
Martín Caparrós, Lacrónica


Información

La información –tal como existe- consiste en decirle a muchísima gente3 qué le pasa a muy poca: la que tiene poder. Decirle, entonces, a muchísima gente que lo que debe importarle es lo que les pasa a esos. La información postula –impone- una idea del mundo: un modelo del mundo en el que importan esos pocos. Una política del mundo.
Martín Caparrós, Lacrónica


Religión

Siempre pensé que el objetivo básico de toda religión es atemperar el terror a la muerte y por eso, supongo, más que por ninguna otra cosa, lamento estar tan lejos de cualquier creencia.
Martín Caparrós, Lacrónica


Leer, lectura

Pero en este momento leer se relaciona cada vez más con una cultura en vías de disolución. No desaparición sino disolución: la manera en que un sólido se disuelve en un líquido, en que sigue estando ahí pero sin una presencia distintiva.
La letra escrita, está claro, no es la forma hegemónica de narrar en estos tiempos. Pero sigue siendo una forma que unos cuantos buscan.
Martín Caparrós, Lacrónica


Clases

Ésa es la verdadera división de clases, la más terrible división en clases: los que nos preocupamos por qué vamos a hacer mañana, los que se preocupan por cómo van a comer mañana. Y eso es lo cruel del África: que te lo muestra demasiado.
(…)
Lo cruel, tremendamente cruel del África es que te dice fuerte lo que sabés bajito: que el mundo es una mierda. Y que aceptarlo nos cuesta tan tan poco.
Martín Caparrós, Una luna


Humanidad

¿Por qué suponemos que alguien –un sueco, digamos, un japonés, un moldavo, un argentino- tendría que sentir algún dolor o si acaso preocupación o ligera molestia por el hecho de que –un suponer- algunos miles de liberianos se hayan matado con tanta tozudez,  sigan así, vivan con suerte treinta o cuarenta años? ¿Por esa palabra humanidad, tan poco clara?¿ A quién se le ocurrió que a los hombres les importa lo que les pasa a los miles de millones que no conocen, o a los miles que viven en su barrio? Mejor, distinto: ¿a quién se le ocurrió que tenía que importarles?
Martín Caparrós, Una luna