miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Enquist más complejo




Al plantearme el comentario de este libro siento la misma perplejidad e indecisión que sintió izas hace años al reseñarlo en unlibroaldia.blogspot.com, porque no se trata de una lectura a la que uno esté habituado. Dicen los traductores en la Nota biográfica que publican al final del libro: “Enquist es uno de los escritores contemporáneos suecos más conscientes de la forma y de técnica narrativa más depurada; su prosa es analítica, intelectual y experimental.” (P.114) Precisamente en este libro se aprecian bastante bien esas características.
Puedo decir que conozco algo al autor porque en los últimos tres años he leído cinco libros con muy diferente resultado como se puede comprobar por los comentarios que puse en el blog. No es un autor fácil; sin embargo, da la casualidad de que el libro que leí hace apenas dos meses, La visita del médico de cámara, debe de ser el que ha escrito a la manera más “tradicional” por lo que había perdido la costumbre de enfrentarme a un texto con dificultades.
Al comenzar a leer este que ahora comento me sentí perdido, no sabía muy bien qué estaba pasando ni por dónde podría continuar, pero a medida que avanzaba iba poco a poco viendo el sentido y entendiendo al menos una parte de la historia o historias que no son, desde luego, muy habituales. Como dice Nils Schwatz en un extracto de su crítica reproducido en la contraportada: “es un retrato grotesco, raro, pero que demuestra el triunfo del amor entre seres humanos imperfectos”.
Raro, efectivamente, muy raro, pero en el que al mismo tiempo, gracias a la magnífica escritura de Enquist, terminas entrando y disfrutando.
Desde luego estamos ante un libro que hay que leer más de una vez. Creo que la segunda lectura, al conocer ya por dónde va la historia, debe de ser mucho más interesante.
No sé si lo recomendaría a quien no haya leído nada de este autor.
Quizá convenga advertir que el libro se tradujo y publicó en 1985 por lo que tampoco será fácil de conseguir. Me escribe la editorial en Facebook que sigue en catálogo y que puede adquirir.

Per Olov Enquist, El ángel caído. Traducción Martin Lexell y Cristina Cerezo Silva

martes, 18 de septiembre de 2018

Buen descubrimiento




Se trata de una autora de la que he visto muchos libros en las librerías a lo largo de los años, pero a la que nunca he hecho demasiado caso. Craso error. Algo parecido me pasó con la argentina Marcela Piñeiro y no solo me he arrepentido, sino que le estoy poniendo remedio leyendo lo principal de su producción.
De Restrepo se han dicho cosas muy relevantes que la editorial reproduce en la solapa de este libro, cosas como: “Una prosa que por momentos nos quita el aire.” (Elena Poniatowska) o “Cuando la escritura llega hasta donde la llevó Laura Restrepo, hay que quitarse el sombrero.” (José Saramago). Y tienen toda la razón porque quizá lo que más llama la atención de esta novela es su escritura y su lenguaje.
Restrepo toma unos hechos reales, la violación y asesinato de una niña de siete años producidos en 2016, que tuvieron una repercusión extraordinaria en la sociedad colombiana a pesar de que, como se dice en el libro: “En este país nuestro ha sido tanta la guerra, tanta, soportada por demasiado tiempo, que los vivos ya estamos acostumbrados y los muertos olvidados y no hay quien registre el catálogo. La violencia pesa y pasa, así sin más, pasa y arrasa, y la muerte se ha ido volviendo vida cotidiana.” (p. 246) Toma esos hechos, decía, y construye una posible historia sobre su autor o autores.
El libro se divide en seis capítulos en los que uno de los protagonistas, Hobbit, va presentando en primera persona a los otros cuatro: Muñeco, El Duque, Tarabeo y El Píldora, todos pertenecientes a la clase alta de Bogotá excepto el narrador que es de una clase inferior. Solo en el capítulo cuatro se narra de forma bastante indirecta y nada morbosa los hechos reales.
Antes hablaba de la importancia de la escritura en la novela y para comentarla nada mejor que reproducir un fragmento de la reseña hecha en el blog laslecturasdeguillermo.wordpress.com

“Laura Restrepo consigue describir la monstruosidad sin enunciarla; solo la muestra, deja que hable por sí misma. Y lo hace a través de un profundo y espléndido trabajo con el lenguaje. La oralidad del discurso y el fraseo de los personajes retratan prodigiosamente un grupo social y una actitud. De eso se vale Restrepo para desplegar ante el lector la foto de grupo donde esta terrible historia se fraguó. Los jóvenes formados en el Liceo Quevedo, semillero de los hombres más poderosos de Colombia, acaban siendo eso: cómplices. Gente atrapada en su universo narcisista e infantil.”

Algunas de las caracterizaciones son: tenebroso, matón pero amoroso; sibilino y lleno de aristas; evita el contacto físico y miedoso; busca el orden y la perfección; servicial, amable. Personajes inmaduros a pesar de que han sobrepasado los treinta; miembros de una generación que se niega a crecer.
Una novela que engancha desde las primeras líneas y que mantiene la tensión y la atención del lector haciendo uso de un lenguaje muy llamativo que, imagino, se corresponde bastante con el de esos grupos sociales y en el que se pueden encontrar términos como: teiboleras (las bailarinas de table dance); edificio clasemedioso o apto (por apartamento), entre otros muchos.
En resumen, una magnífica novela absolutamente recomendable. Pronto me pondré con algún otro título de la autora.

Laura Restrepo, Los divinos

domingo, 16 de septiembre de 2018

El primer Mankell



Qué grata sorpresa encontrar el otro día un libro desconocido de Mankell y ver que se trataba nada menos que del primero que publicó en 1973 con apenas veinticinco años. Este escritor está entre mis autores favoritos y así aparece en la serie que les dedico en el blog. He leído la inmensa mayoría de los libros que se han publicado en España y solamente uno, Profundidades, me ha defraudado. El resto me habrán parecido más o menos acertados pero, tanto con los que forman la serie africana, como con los dedicados a temas variados y, sobre todo, con la serie que tiene como protagonista al comisario Wallander he disfrutado y he pasado magníficos momentos de lectura.
Desde su fallecimiento no esperaba ya leer nada de él salvo uno que aún tengo pendiente, Las Daisy Sisters, de ahí la agradable sorpresa de este ejemplar que, además es un libro muy original en su concepción y en su desarrollo y que, curiosamente, tiene muy poco que ver con lo que será la forma de escribir del autor sueco.
El libro cuenta la historia de un trabajador que se dedica a poner la dinamita preparando el terreno para las obras públicas. En 1911 sufre un grave accidente al explotarle cerca una carga y quedará con graves secuelas físicas, aunque no le impedirán seguir trabajando en la misma profesión en el futuro.
Se trata de una historia de superación y de lucha por mejorar las condiciones de vida; unas condiciones que se describen en varios momentos y que eran realmente duras: trabajos penosos de limpiador de fosas sépticas como el del padre, casas sin prácticamente espacio ni comodidad alguna, múltiples accidentes laborales, en fin, lo que era la vida de la clase obrera en la primera mitad del siglo XX. En ese contexto Oskar Johansson, el protagonista,  se afiliará al partido socialdemócrata sueco aunque terminará abandonándolo porque:

“La decadencia más vergonzosa de los socialdemócratas es que han convertido el socialismo en una especie de organización para funcionarios inútiles que se llenan los bolsillos a costa de los trabajadores.” (p. 197)

 Creo que aquí está una de las claves de esta novela: la defensa de la lucha sindical y política y un cierto desengaño con los socialistas.
Se ve muy bien lo primero con unas palabras de Oskar al referirse a su hijo:

“- No me gusta que el chico empezara a llamarse director en cuanto se compró una lavadora y empezó a lavarle la ropa a la gente. (…) Hubo un tiempo, cuando tenía veinte años, en que era un chico estupendo, protestaba y armaba jaleo.” (p.199)

Todo esto por lo que se refiere al contenido de la novela. Decía al principio que es algo diferente a lo que será su forma habitual de narrar. En este caso emplea diferentes perspectivas para explicar los hechos Usa la primera persona cuando un joven narra sus encuentros con el protagonista en una isla en los veranos de los años sesenta y la tercera para describir acontecimientos. También recurre a los recuerdos del propio Oskar. Además, no narra siguiendo la cronología sino que va alternando momentos distintos con mucha eficacia.
Una de las cosas más destacables de la novela es la gran sensibilidad que muestra y el enorme cariño con el que trata a casi todos los personajes con momentos tan entrañables como cuando Oskar es acogido en su casa por un compañero tras ser expulsado por su padre al enterarse de que era socialista. Magnífico también el diálogo con su mujer sobre la lentitud de los cambios que se producían cuando los socialdemócratas llegaron al poder.
Una suerte y una auténtica gozada la lectura de esta primera obra de un gran escritor que ya apuntaba lo que vendría después.
Hay una buena reseña de Justo Navarro en elpais.com en la que no solo se habla de este libro.


Henning Mankell, El hombre de la dinamita. Traducción Carmen Montes

jueves, 13 de septiembre de 2018

Crítica del maoísmo



Este es el tercer libro publicado de Lianke y el tercero que leo. Se publicó hace dos años, pero no sé muy bien por qué he tardado tanto en leerlo porque ya tengo el cuarto, recientemente publicado, entre los pendientes de lectura.
Lianke es un autor especial. Trata temas de un gran interés y lo hace de una forma tremendamente original y personal. Prefiero utilizar las palabras de Belén Cuadra Mora, en elcuadernodigital.com, porque es una gran conocedora de la obra del autor ya que ha traducido los tres libros que ha publicado la editorial Automática:

“Bajo la línea argumental que recorre los años del Gran Salto Adelante y la Gran Hambruna, subyacen los temas transversales que atraviesan gran parte de narrativa de Yan Lianke: la voracidad de modelos parasitarios que persiguen el desarrollo a costa de la sangre de muchos, los abusos del poder, las brechas entre campo y ciudad, la deshumanización inexorable de unos personajes empujados a sobrepasar límites inimaginables en condiciones extremas, la incansable lucha por la supervivencia o la denuncia del olvido.”

La mayoría de esos temas aparecen en esta extensa novela de 368 densas páginas en la que se hace una fuerte crítica del régimen maoísta y de las políticas que llevó a cabo a finales de los cincuenta con unas consecuencias desastrosas para gran parte de la población.
Para contar la historia utiliza cuatro libros desde una perspectiva un tanto diferente que la traductora, Taciana Fisac, explica muy bien en un interesante Prólogo. De esos cuatro libros a mí me ha gustado sobre todo el enfoque que se hace desde el titulado El antiguo cauce en el que “el escritor”, escribiendo en primera persona, describe muy bien las cosas que estaban sucediendo. Entrecomillo el escritor porque una característica del libro es que no hay nombres propios y los personajes se llaman: el niño (personaje de gran protagonismo y que da título a otro de los libros, El niño del Cielo), la música, el erudito o el de religión, entre otros.
En general, el libro me parece muy conseguido, sin embargo creo que se extiende demasiado en algunos aspectos que resultan un tanto pesados por lo reiterativo. Me refiero sobre todo a la insistencia tanto en las cifras cuando se trata de producir hierro y acero, como a la presencia constante de los premios de rosas rojas de papel o de estrellas de cinco puntas que pueden utilizarse para volver a casa porque, lo que no he dicho hasta ahora, es que la historia se desarrolla en un campo dedicado a la reeducación de aquellos que se habían significado por sus críticas al sistema.
Hecha esta salvedad, tengo también que decir que los dos capítulos y casi 100 páginas que dedica a La Hambruna son realmente magníficas y, eso sí, muy duras de seguir en algunos momentos.
Para terminar el comentario dejo las palabras finales del Prólogo:

“Algunas de las obras anteriores de Yan Lianke pueden calificarse de alegóricas y burlescas; en Los cuatro libros no olvida su característica parodia para abordar hechos dramáticos y reales, y hace uso de todos los recursos lingüísticos y poéticos a su alcance con una creatividad desbordante.” (p. 13)

Aunque es el que menos me ha gustado de los tres del autor, es recomendable porque se trata de una literatura muy diferente de la que habitualmente se publica. Es lo mismo que sucede con la de la escritora coreana Han Kang, que cuentan historias diferentes pero, sobre todo, que tienen unas formas muy personales de hacerlo.

Yan Lianke, Los cuatro libros. Traducción Taciana Fisac.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Examinando el estado de la justicia en España



Conozco bastante las opiniones sobre la justicia de los dos autores. A Escolar lo sigo como suscriptor de eldiario.es y a Bosch por alguna de sus intervenciones en distintos programas de televisión. Aun así, el interés de este libro no solo no disminuye sino que se hace más evidente, pues los autores han conseguido hacer un repaso casi exhaustivo del mundo judicial y de su actual estado.
El libro está dividido en una introducción, nueve capítulos y otro más  de conclusiones finales. En los diferentes capítulos se abordan temas como: las dificultades en la lucha contra la corrupción, las injerencias del poder político en la justicia, los problemas con las garantías y la presunción de inocencia, las entidades bancarias y los derechos de los consumidores, la actuación del sistema judicial en el conflicto catalán y, dicho en forma más resumida: la memoria histórica, la violencia de género, los refugiados y la ley mordaza.
Como se puede apreciar, están todos los temas que salen a diario en los medios de comunicación. Con ser importante este carácter exhaustivo, más importante aún es el tratamiento que los autores les dan. No hay reparo en decir lo que piensan y, además, demostrarlo con montones de ejemplos muy bien traídos en cada caso.
El libro está escrito en forma de diálogo con intervenciones alternativas si bien la impresión que tengo es que una parte pudo hacerse en forma oral pero hay mucha corrección y puesta a punto posterior. Digo esto por la precisión con la que se abordan los temas que, por otra parte, al tratarse de la justicia, necesitan de esa precisión para no convertirse en una charla de café.
No hacen grandes descubrimientos, ni creo que esa fuera su intención, pero sí que queda un estado de la cuestión muy completo en su amplitud y en la profundización hecha en cada aspecto tratado. Además, quitando la introducción que me ha resultado un tanto farragosa, el resto del texto está escrito de forma muy clara y aunque resulte algo denso por la tipografía usada la lectura no lo es.
Todo el contenido del libro es interesante y hasta diría que apasionante por momentos. A pesar de ello, a mí particularmente me han llamado la atención algunas cosas como: las explicaciones sobre el Tribunal de Cuentas; lo que cuenta Escolar sobre el caso Naseiro; los casos y casos de injerencia del poder político y el papel que está jugando la Audiencia nacional; la importante reflexión de Bosch sobre la influencia social en el delincuente y sobre la reinserción; las injusticias cometidas con las hipotecas y que haya tenido que ser un tribunal de la UE el que lo solucione ante el abandono por parte del TC español; la aclaración que hacen sobre la asimetría en el trato a hombres y mujeres en los casos de maltrato y, finalmente, los casos recientes de recorte de las libertades con los múltiples ejemplos que ponen.
Creo que estamos ante un libro fundamental para entender nuestro país porque en los últimos tiempos la justicia se ha convertido, la han convertido, en un elemento más de la política. También tengo que decir que es un libro un tanto desmoralizador a pesar de la insistencia que hacen los autores en que los casos que cuentan son una minoría del trabajo ejemplar que hacen miles y miles de jueces. Sin embargo, desmoraliza la capacidad de manipulación que tienen determinados personajes y, por qué no decirlo, partidos, que lleva a que sea muy cuestionable el principio de que todos somos iguales ante la ley. Si a lo que se cuenta en el libro unimos el inmenso trabajo periodístico que está realizando en eldiario.es Elisa Beni destapando arbitrariedades y malas prácticas, la desmoralización crece.
En todo caso hay que agradecerles a todos este trabajo constante por intentar sacar a la luz los aspectos más oscuros del funcionamiento de la justicia y defender con ello los derechos que tenemos todos como ciudadanos. Hoy, con leyes como la llamada Ley mordaza, el peligro de seguir retrocediendo en libertades públicas es muy grande y hace falta que los que tengan conocimiento y un altavoz lo denuncien permanentemente.
Libro no solo recomendable, sino imprescindible.

Joaquim Bosch e Ignacio Escolar, El secuestro de la justicia. Virtudes y problemas del sistema judicial.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Citas últimas lecturas


Suicidio

El suicidio afirma el libre albedrío de los humanos y, por tanto, usurpa la potestad de un ser supremo sobre la vida, cuestionando el poder de Dios: se trata de un desafío a la eternidad
Nazanín Armanian/ Martha Zein, No es la religión, estúpido


Libros, lectura

La atención mediática, cuyo principal objetivo es dar voz y cuerpo a la estrella del momento, ha acostumbrado a los lectores a la idea de que es más importante el productor de obras que las obras mismas. Como si dijéramos: te leo porque me gustas tú, confío en ti, eres mi pequeño dios.
Elena Ferrante, La frantumaglia

Además, los libros auténticos solo se escriben para ser leídos. El activismo promocional de los autores tiende, en cambio, y cada vez más, a borrar las obras y la necesidad de leerlas.
Elena Ferrante, La frantumaglia


Religión

Pocas instituciones han hecho tanto daño a tantos seres humanos, sobre todo en su sexualidad y sus deseos, como las religiones, el cristianismo y el Islam de maneras evidentes. Ambas comparten el horror al sexo libre, es decir, el horror a la libertad individual.
Jorge Volpi,  Examen de mi padre

                        
Identidad

¿Qué significa ser mexicano, francés, malayo o chipriota? Si somos sinceros, no demasiado: haber nacido y crecido en un territorio particular, tener un pasaporte, haber sido adoctrinado para asumir ciertas ideas por encima de otras y haber copiado, de modo más o menos involuntario, las conductas, costumbres y prejuicios de nuestros padres y vecinos. Todo en nuestro tiempo refuerza esta adscripción tribal y primitiva, empezando por la Olimpíadas y los mundiales de fútbol con su exaltación de colores, banderas e himnos.
Jorge Volpi,  Examen de mi padre


Dinero

 -Si algo aprendí en la policía de Berlín –observé-, es que el dinero es como una pensión del Estado. Nunca hay suficiente para jubilarse.
Philip Kerr, El otro lado del silencio



Escritor

A mi entender, mientras los miembros de la familia humana estén enfrentados, el escritor no puede dedicarse a entretener a quienes participen de este crimen colectivo… Toda obra literaria es reprobable, a mi juicio, porque desvía la atención de los hombres del crimen que cometen y los mantiene en la mentira de estar inmersos en una vida cultural en medio de la barbarie generalizada.
Károly Pap, Azarel

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Algo más que periodismo




Hace muchísimos años que no leía un libro de Sender del que en los setenta y ochenta leí todo lo que cayó en mis manos. Me gustaba cómo escribía, los temas que trataba y el compromiso que asumía en cada libro. Compromiso que llega al máximo en este que ahora comento y que no sabía que existiese a pesar de la importancia histórica de los hechos que narra.
Sender se  fue a Casas Viejas unos días después de que sucediese la matanza. Lo hizo en avión, enviado por el periódico La Libertad, para ser de los primeros en llegar y desde allí envió un conjunto de crónicas que luego, en 1934, con algunos añadidos publicó en un libro que es el que ahora se reedita.
El libro está escrito como si el autor hubiese estado presente en el momento en que sucedieron los hechos e, incluso, en algún momento, como si se encontrase dentro de la choza de Seisdedos. Esto dota a la narración de una fuerza y una intensidad muy grandes y hace que sea una lectura apasionante, y desde según qué postura político-ideológica, apasionada.
En los primeros capítulos describe Sender la situación del campesinado de la zona de tal manera que queda clara la justificación de alzarse para construir el comunismo libertario. Valgan dos ejemplos:

“Pero observemos también que el hambriento de Andalucía no es como el de Castilla o el del norte. No es un ser reflexivo que busca salidas ingeniosas para ir malviviendo. Que “se las apaña“ como puede. Aquí no puede de ninguna manera. Hay un hambre que no es ya humana, ni ciudadana. Un hambre cetrina y rencorosa, de perro vagabundo.
(…) su choza…no puede llamarse “casa”, sino guarida.” (p. 29)

“Las tierra seguían alambradas y cercadas “para nadie”.  El hambre y la desesperación, el no hacer nada y la esperanza –como único horizonte- de que el cura los convocara una día u otro –quizá mañana, siempre ese “quizá”-, para darles un bono de una peseta canjeable por sesenta céntimos de víveres; ese porvenir inmediato les aguardaba.” (p. 107)
A partir de ahí narra el levantamiento y, sobre todo, la terrible represión por parte de los guardias de asalto dejando un tanto al margen a los guardias civiles que intentan en algún caso salvar a vecinos.
No ahorra la crítica, al contrario, escribe un verdadero alegato contra las fuerzas del orden y su brutal actuación (dejaron 17 muertos). El siguiente fragmento puede ser un buen ejemplo:

“Hoy está hospitalizado en Cádiz y se puede identificar fácilmente, porque es el único obrero de Casa Viejas que se halla en ese establecimiento, y también el único herido que no fue rematado.
(…)
El vecino tampoco llevaba armas y se daba el caso de que, estando enfermo, había salido por curiosidad a la calle a ver lo que ocurría. Recibió varias heridas y murió casi en el acto. Se llamaba Andrés Montiano.” (p. 83)

En el libro hay críticas para casi todos: el señorito andaluz, los terratenientes, los burgueses, los republicanos, los socialistas y hasta hay alguna para los dirigentes que convocaron el levantamiento (“la octavillas estaban escritas por unos hombres que no tenían conciencia plena de su responsabilidad ante los hechos” se puede leer en la p. 139).
Muy dura por lo significativo es la que hace de los socialistas:
“Hablando con un socialista que indicó a las fuerzas las chozas de los rebeldes, nos decía hipócritamente cada vez que hablaba de los obreros:
-¡Los pobresitos…! (p. 147)

En el interesante Prólogo que acompaña esta edición, Antonio G. Maldonado matiza algunas de las cosas que Sender escribió principalmente en lo que hace a la responsabilidad sobre la represión que el autor sitúa directamente en el mismo Azaña y que parece  demostrado que no fue así.
El libro está muy bien escrito y cuenta con la particularidad de intentar reproducir el lenguaje de la gente en las conversaciones.
Sender, que ya había publicado el magnífico Imán, nos ofrece un buen ejemplo de periodismo narrativo en la línea de lo que por aquellas fechas hacía también Chaves Nogales, aunque difieran en sus preferencias políticas. Es un libro que no deja indiferente al lector tanto si se posiciona a favor como en contra de lo que lee.

Un comentario final de otra índole. Evidentemente no parece plausible que hoy se pudieran producir hechos de semejante calibre en lo que a represión se refiere, pero desde luego lo que también es cierto es que tampoco hoy sería posible publicar artículos de este tipo con la actual ley mordaza y la involución que se está produciendo en el país.
Hay dos buenas reseñas bastante diferentes en su contenido: la de Antonio Muñoz Molina en elpais.com y la de Luis Matías López en librosdelasteroide.com.



Ramón J. Sender, Viaje a la aldea del crimen.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Descubriendo a una autora dominicana




Aunque ya se han publicado en España varios de sus libros, todos por Periférica, este es el primero que conozco y leo de esta autora dominicana. Siempre es interesante conocer escritores y si es de este tipo de países, mejor. En los últimos tiempos ha sido el guatemalteco Eduardo Halfon el descubierto. Suelen ofrecer historias diferentes y, sobre todo, un lenguaje muy personal.
Indiana narra las peripecias de Argenis Luna, hijo de un revolucionario dominicano en su tiempo que ahora está en el poder, primero en La Habana, donde acude para hacer una cura de desintoxicación, y luego en Santo Domingo al regresar más o menos rehabilitado.
La historia le permite a la autora mostrar aspectos de la vida y situación de dos generaciones y, con ello, algo de la historia de la República Dominicana y algo también de Cuba. En este sentido se muestra muy crítica con la generación de los padres que lucharon contra Trujillo y que ahora, una vez llegados al poder, se han acomodado. Valgan como ejemplo los siguientes fragmentos:

“Qué pensaría su padre, el José Alfredo Luna actual, de todo esto. El tiempo había extraído aquellas consignas de su boca como muelas picadas para sustituirlas por el buen diente con el que él y sus compañeros del partido consumían mariscos y Black Label todos los días.” (p. 46)

“Qué fácil era colgar la foto enmarcada del comandante en la sala del apartamento en Naco, con la nevera repleta de quesos importados, vegetales frescos y diez libras de churrasco. Carne que su padre consumía rare con una botella de Marqués de Murrieta varias veces por semana desde que tras el primer triunfo del PLD en el 96 tomara unas clasecitas de etiqueta y protocolo.” (p. 93)

Por otro lado, Argenis, el hijo, cuando se plantea lo que sabe hacer para encontrar un trabajo se da cuenta de que:

“Sabía reconocer la cocaína cortada con acetona. Fabricar excusas. Recostarse en los otros. Preparar una jeringuilla de manteca. Hincársela. Sabía hacer arroz, un arroz empegotao y desabrido.“ (p. 89)

No es muy optimista la autora con lo que pueda hacer la generación actual para transformar la realidad del país:

“Décadas de saqueo sistemático, de escuelas públicas que eran granjas de contención, de mierda en pote, habían esculpido esta marea de ojos sin horizonte. ¿Quién podrá defenderlos? Pensó Argenis, ahora que los elegidos se han convertido en rumiantes. ¿Le tocaba a él? ¿ A sus frívolos amigos? “Esto no tiene remedio”, dijo en voz alta  (…)” (p.190)

Me he centrado en el tema político en sentido amplio porque, creo, que es el más y mejor tratado en un libro del que, por otra parte, yo destacaría la escritura y el lenguaje (este, por cierto, no siempre entendible por algunos giros y expresiones coloquiales de la zona.)
Un libro original, bien escrito y que refleja aspectos de la realidad de un país muy desconocido por aquí.
Hay una interesante entrevista de Andrea Uribe con la autora en eltiempo.com.

Rita Indiana, Hecho en Saturno.

viernes, 31 de agosto de 2018

Tras el paso del Estado Islámico



Me gustó mucho el anterior libro de Ayestaran, un periodista que desconocía totalmente hasta que apareció en Salvados con Jordi Évole. Me gustó el libro porque dice las cosas con claridad, se compromete en sus opiniones y, sobre todo, porque parece un buen tipo (no quiero insistir en la idea del gran Kapuscinski).
En este libro lo demuestra otra vez. Valgan estos ejemplos:

El circo se pone en marcha, y los periodistas somos los payasos en busca de nuestro minuto de gloria,  nuestro gran reportaje que nos lleve a ganar premios o a escribir libros por contar el sufrimiento de cientos de miles de personas. Imposible ponerse en su lugar. Lo intento, pero es realmente imposible. Empieza el desfile de cascos y de chalecos antibala con la palabra Press para hacerse la foto o grabar la entradilla ente la cámara.” (p. 50)

 “Enciendo la cámara y pronto se me saltan las lágrimas. Aunque la máquina puede parecer un escudo en algunas circunstancias, el corazón termina venciendo a la cabeza y hay instantes en que la emoción te puede.” (p. 100)

“Periodistas, periodistas… no valemos para nada. Esta gente lo que necesita son médicos y enfermeras, no cámaras que vengan a mostrar su deplorable situación. Apago la mía, dejo a un lado el puto cuaderno de notas donde he anotado todas sus miserias y me siento con Muhatma. Le doy la mano: siento sus dedos rugosos y sucios.
(A continuación relata cómo les hace juegos de magia.)
Al final son estos pequeños instantes de vida los que recuerdo y me hacen llorar de emoción, no los que recojo a través de la lente o en mi colección interminable de Moleskine, que se convertirán en productos de consumo para los medios.”(p. 166-167)

““A Occidente le preocupan más las piedras que las personas” La frase de Abu Samir me tortura.” (p. 82)
Solamente alguien con sensibilidad puede escribir cosas así; y solamente alguien con sensibilidad puede escribir un libro así, un libro que transmita emociones y no solo conocimientos, un libro que conmueva al lector, que no le deje impasible ante un cúmulo de informaciones por muy relevantes e interesantes que sean. Al menos yo leo sobre estos temas con esa intención. Y puestos a citar, valga también esta otra declaración del autor:

“No hay nada mejor que escribir en caliente: escritura automática que te sale de lo más hondo. Es mejor no releer, vomitar todo lo que tienes dentro y liberarte. Durante todo el año ya tengo días y días de escritura reposada, de “reportajes” con mil fuentes y sesudos analistas, pero uno no entra todos los días en Mosul.” (p. 102)

Dicho todo lo anterior, haré un breve comentario del contenido concreto del libro.  Ayestaran hace un recorrido presencial por algunos lugares ya liberados que han estado bajo el gobierno, o bajo el poder, del Estado Islámico. No se trata de conocer los porqués de ese grupo, ni de darnos a conocer su ideología, sino de enseñar el rastro que deja a su paso; y este resulta desolador. Destrucción y crímenes de todo tipo. La información la extrae de testigos presenciales con los que conversa, de sus fixers y conductores que tienen gran presencia en el libro e incluso de alguna entrevista en Gaza y Bagdad con gente cercana al EI porque como él mismo afirma:

“Personalmente,  creo que hay que conocer cómo piensa el enemigo, y privar a los lectores de estos testimonios no es justo, pues les impide conocer mejor el alcance del monstruo al que nos enfrentamos.” (p. 118)

De los muchos ejemplos que podría poner sobre la represión del EI, dejo el siguiente no por la dureza sino por lo significativo de las “faltas” que cometió:

 “A este vendedor de faláfel le sancionaron porque le vieron  hablando con una mujer a menos de cuatro metros de distancia. En otra ocasión fue por fumar, y también sancionado por exponer los tomates junto  a los pepinos.” (p. 214-215)

Aparte del primer capítulo que me ha parecido un tanto complicado de seguir y que me ha recordado alguno de los libros que he leído sobre el EI, como el de Javier Martín, por lo complejo de su desarrollo, en el libro además de todo lo dicho hasta ahora he encontrado informaciones que o bien desconocía o no las tenía muy presentes. Así, el interés que pueda tener Israel en la existencia del EI para facilitar apoyos en su lucha contra Irán; la existencia de campos de acogida -él escribe sobre el de Tikrit-, de familiares de miembros del EI para evitar las represalias contra ellos; la matanza de Speicher o, en otro orden de cosas muy diferente, el hecho de que el fútbol pueda facilitar la obtención de un visado.
En fin, solo una pequeña muestra de las muchas cosas que ofrece este magnífico libro que, además, resulta muy visual. No sé si se deberá a la influencia del programa de Salvados en el que vi a Ayestarán mostrando zonas devastadas, pero lo cierto es que hay muchos momentos en el libro que he tenido la sensación de estar sobre el terreno acompañando al autor.
Un libro algo más que recomendable.
Hay dos entrevistas interesantes en las que se amplían algunos temas: con Andrés Seoane en elcultural.com y con Javier Biosca en eldiario.es.


Mikel Ayestaran, Las cenizas del califato. De las garras del Estado Islámico a la supervivencia.

jueves, 30 de agosto de 2018

ANDAMIO


Un verano plagado de buenas series y poquísimo cine. Además,  tres de las cuatro películas las he visto por acompañar a mi hijo de ocho años. Hay alguna película más que tiene interés pero habrá que verla este invierno.


Películas

El mejor verano de mi vida. Es raro que vea una película española, pero es que me lo pidió mi hijo. Comedia entretenida con algunos buenos gags. Es una versión de una reciente película italiana.

Mamma mia. Ofrece más o menos lo que se espera aunque solo tiene dos o tres buenos números. En todo caso resulta entretenida salvo los primeros veinte minutos en los que hay uno de los mayores errores de casting que he visto en la elección del novio de la protagonista.

Buenos vecinos. Si hace poco comentaba en otra entrada la primera serie islandesa que veía, hoy lo hago con la que, creo, es la primera película que veo de ese país. Se trata de una buena comedia negra que resulta por ello especialmente dramática. A pesar de lo que pueden parecer exageraciones, en el fondo resulta todo bastante verosímil. Interesante.

Los futbolisimos. A mi hijo y su amigo les gustó y ya está, suficiente. Está más o menos lograda y al menos no chirría.


Series

The Americans. Sexta y última temporada de esta serie estadounidense que he visto desde el principio. La anterior temporada bajó bastante en interés, pero los guionistas han sido capaces de remontar y ofrecer unos capítulos muy conseguidos y un final acorde con cómo ha sido el desarrollo de la serie. El conjunto de la serie me ha gustado y entretenido. Ha sido una de las mejores de los últimos años. Magnífica ambientación y buenas interpretaciones.

El cuento de la criada. Al terminar la primera temporada y leer inmediatamente después la novela no pensé que hubiera continuación. Error, la ha habido y, además, los guionistas han conseguido que sea tan desasosegante o más que la anterior, aún más feminista y que la religión salga al menos tan malparada. Magnífica, pues, con algunos episodios realmente terribles y con una ambientación muy lograda para la historia que se cuenta. Habrá seguramente una tercera porque el final, lo peor de la serie, así lo deja previsto.

Wild, wild, Country. Magnífica miniserie documental estadounidense de seis capítulos. Cuenta el proceso de construcción y posterior desaparición de una comuna en un pueblo de Oregón por parte de un gurú indio y sus seguidores en la primera mitad de los años ochenta del siglo pasado. Utiliza muy buenas imágenes de archivo y un conjunto de entrevistas a habitantes del pueblo, miembros de la comuna y fiscales y policías que intervinieron en el proceso contra el gurú y algunos seguidores, con la técnica de ir mostrando los temas y los problemas poco a poco creando expectación. Muy entretenida e instructiva.

Innocent. Otra buena miniserie policiaca británica. Un guion muy bien trabajado y unas interpretaciones en la línea habitual en los actores de las islas. Recuerda bastante a otra gran serie como Broadchurch incluso en la elección del lugar en el que se desarrolla.

Kiri. Y después de una miniserie policiaca británica, otra igual de buena, pero al mismo tiempo muy diferente lo que demuestra los buenos creadores y guionistas que tienen. En esta además de la historia policial hay bastante de crítica de los servicios sociales y, en el fondo, de la situación social. También hay muchos aspectos de relaciones familiares.

Doctor Foster. Miniserie británica en dos temporadas de cinco episodios cada una. Drama por todo lo alto a partir del engaño del marido de la Dra. Foster. La primera temporada está bastante bien y con el final que tiene podría haber sido la única, pero los guionistas se han sacado de la manga una continuación que aunque en algunos momentos está bien, en otros peca de exagerada y pierde interés.

Fauda. Serie israelí sobre un grupo antiterrorista adscrito al Ministerio de Defensa y su búsqueda de un dirigente palestino. Obviamente, al tratarse de una serie de esa nacionalidad, carga las tintas sobre el terrorismo palestino, pero no exime de críticas a la actuación de los israelíes y, desde luego, destaca por lo bien hecha que está.

Safe. Otra miniserie británica aunque el creador y productor es estadounidense lo mismo que Michael Hall, el actor protagonista. No demasiado interesante e incluso aburrida a ratos por culpa del guion y de una historia que tampoco tiene demasiados atractivos a pesar de un buen inicio. Además, el protagonista resulta bastante cansino y repetitivo en sus gestos. Nada que ver con las otras series que aparecen en esta entrada.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Crítica de la clase media argentina




Mi acercamiento a la obra de Piñeiro está siendo rápido y constante. Esta es la quinta novela que leo en menos de un año y sigo leyéndolas en forma muy desordenada pues se trata de una de las primeras que escribió, 2005, y seguramente una de las más famosas al obtener el Premio Clarín de novela, por un lado, y además ser llevada al cine en 2009 por Marcelo Piñeyro.
A pesar de lo dicho no es de las que más me ha gustado aunque el tema me parezca interesante y la técnica narrativa también. La obra es una acerada crítica de esa clase media argentina que se aislaba en los countries en los noventa cuando la situación económica promovida por el gobierno menemista les hizo creer que, como se dice por aquí, “todo el monte es orégano” y que luego, cuando llegó la crisis, vieron como su situación se convertía en precaria. Piñeiro nos muestra la vida en el country Altos de la Cascada y la mentalidad de los miembros de esa clase: solidarios de mercadillo de ropa usada para que la compren sus criadas, mucamas o empleadas domésticas; con un fuerte clasismo e incluso alguna dosis de antisemitismo; viviendo una vida muy regalada mientras el país se va hundiendo hasta que les toca a ellos. Nada nuevo por otra parte en esos grupos sociales sean argentinos o de cualquier otro país. (Hay que aclarar que el término clase media no se aplica igual en Argentina que en España; aquí sería clase alta o clase media alta).
Para contar la historia Piñeiro emplea cuatro parejas principales y un par más  secundarias. Utiliza, como he visto que será habitual en muchas de sus novelas, la primera persona que es casi siempre la mujer del único protagonista masculino que no tiene trabajo desde el principio de la historia, aunque otras veces no se sabe bien quién es la persona que relata. También, de vez en cuando, acude a la tercera persona, pero es poco frecuente. Esta forma de narrar da mucha fuerza al relato y hace que el lector participe y se implique mejor en la historia.
Y, sin embargo, a pesar de todo lo dicho, creo que hay algo que falla en la historia o en algunos personajes, lo cierto es que hay momentos en que me ha costado creerme lo narrado. Hasta muy avanzada la novela no se habla de los problemas económicos de alguna de las familias, cuando el lector se ha preguntado ya varias veces cómo es que pueden llevar ese tren de vida. Sí tiene, como suele ser habitual en la obra de la autora, elementos de intriga aunque tampoco resulte demasiado creíble, al menos para mí, lo que sucede ya que  no parece algo lógico dado el comportamiento que han tenido los personajes hasta ese momento. (No se puede decir más por aquello del spoiler.)
En todo caso, tan recomendable como el resto de las novelas de la autora de la que aún me quedan algunas pendientes de lectura.
Inmediatamente después de acabar la novela he visto la película que me ha dejado sensaciones ambivalentes. Creo que explica algo mejor el comportamiento de algunos personajes, pero al mismo tiempo trata menos el tema central de la vida en el country.
Hay una reseña corta pero útil de Ernesto Calabuig en elcultural.com.


Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves.