martes, 9 de junio de 2015

Desiguales memorias



 
La autora escribió unas memorias de una intensidad muy diferente. En los dos primeros capítulos narra su matrimonio, luna de miel y los problemas y peripecias de su huida de Transilvania. En el tercero, el más comprometido, cuenta sus experiencias con la ocupación soviética y las prácticas a las que tuvo que someterse con los soldados rusos. En los dos últimos cuenta algunas cosas de la inmediata posguerra.
Parece ser que el libro sale de unas grabaciones que hizo para animar a una amiga ante una crisis matrimonial y, desde luego, la escritura da la sensación de gran espontaneidad y de un cierto carácter coloquial (de hecho está escrito dirigiéndose a una tercera persona).
Si la intensidad como decía es diferente, también lo es el interés que despiertan las diferentes aventuras que narra. A mí no me han llamado especialmente la atención ni el principio ni el final y, la parte más dura, me ha gustado mucho sobre todo por el tratamiento que le da la autora con un cierto distanciamiento en la narración de los momentos más problemáticos. No sé si tendrá que ver algo el hecho de que el libro se publicó -y no se debió de escribir mucho antes-, en una fecha tan tardía como 1991, es decir, más de 45 años después de sucedido.
De hecho el fragmento quizá más duro, que es el que pongo a continuación, no tiene que ver con ella.
 
“Tal vez la última gota fue que una mujer joven embarazada de ocho meses se refugió durante un ataque en un pajar pero una patrulla le abrió la barriga. Primero le salieron los intestinos, después el niño; el feto se convulsionaba por el suelo delante de sus ojos y la madre chillaba; lo miró antes de morir ella también.” (p.180)
 
Hay dos cosas en el libro que no he terminado de entender. Por un lado, la personalidad y, sobre todo, el comportamiento de su marido János, tan frío y lejano siempre teniendo en cuenta que no parece que se casaran forzados por ninguna circunstancia. Por otra parte, casi todo se desarrolla en 1944 y Polcz había nacido en 1922 y, sin embargo, a lo largo de todo el escrito dice que tiene diecinueve años.
Así pues, se trata de un libro bastante desigual y que no llega ni de lejos a tener la fuerza de otro publicado en parte con el mismo tema de fondo y casi igual título, Una mujer en Berlín, que es un testimonio demoledor sobre la actuación de las tropas soviéticas en la conquista de Alemania.
 
Alaine Polcz, Una mujer en el frente

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