martes, 18 de mayo de 2021

Un magnífico acercamiento a la realidad del Tíbet

  

Esta periodista estadounidense ya nos sorprendió hace diez años con Querido líder, un magnífico texto sobre Corea del Norte en el que ya utilizaba el mismo sistema que en  este que ahora comento: la forma de narración que hace que a veces parezca que estamos ante una novela.

Dice Demick sobre el contenido del libro:

“Este es ante todo un libro de historia oral construido a partir de los recuerdos de tibetanos originarios de Ngawa”. (p. 371)

“Todas las personas, sucesos y diálogos son verídicos. En ningún caso he combinado rasgos y experiencias de varios personajes para crear uno imaginario, aunque sí he cambiado ciertos nombres para evitar represalias contra quienes tuvieron el valor de hablar con franqueza”. (p. 18)

La obra está dividida en cuatro partes organizadas cronológicamente. La primera, 1958-1976. La segunda, 1976-1989. La tercera, 1990-2013. La cuarta, 2014 hasta hoy. En cada una de ellas, basándose en una serie de personajes, nos va relatando cuál es la situación de la zona a la que ha dedicado su atención que es la parte más oriental del Tíbet, en concreto Ngawa, que está comprendida en varias provincias de la República Popular China.

La autora estuvo siete años, desde 2007, de corresponsal en Pekín de Los Angeles Times. En ese período realizó tres viajes de distinta duración a la zona citada, una zona bastante conflictiva en la que se produjeron las revueltas de 2008 y en la que se han producido también la mayoría de las más de 150 autoinmolaciones.

Los personajes elegidos para contar la historia a través de su peripecia vital son: Gorpon, la princesa hija del último rey de esa zona; Norbu, hijo de un “capitalista” y que se convierte él mismo en intermediario y comerciante; Tsegyam, profesor de escuela secundaria y luego secretario particular del Dalái Lama; Dongtuk, niño en 1990 que se hace monje y vive en el monasterio de Kirti de donde saldrán muchos de los que se autoinmolan; Pema, vendedora en el mercado de gran variedad de cosas y Tsepey, que canta y baila en distintos espectáculos. Los tres últimos participan en la revuelta de 2008 y también los tres acaban exiliados en la India, en una región en la que hay más de 100.000 tibetanos, incluido el Dalái Lama.

A todos ellos y a bastantes más ha entrevistado Demick tanto en Ngawa como en su exilio en el norte de la India. De esas entrevistas sale el núcleo fundamental de lo que se cuenta, pero, además, la autora contextualiza muy bien cada uno de los momentos y así tanto el Gran Salto como la Revolución cultural, aparecen no solo explicadas sino mostrando su funcionamiento en esa zona del Tíbet. Lo mismo pasa con el resto de los momentos de la historia china.

Todo lo que se cuenta es interesante y ayuda a entender lo que sucede en esa parte del mundo tan desconocida. Evidentemente, también es cierto que, en un libro de más de 400 páginas, ese interés depende un tanto también del personaje y de su peripecia vital, aunque creo que, en general, están muy bien seleccionados buscando variedad de profesiones y situaciones de partida.

Otro  de los grandes méritos de esta periodista es la capacidad narrativa que tiene de forma tal que, como ya decía antes, en muchos momentos parece que estamos más ante una novela que ante un libro de reportajes. Una novela, eso sí, en la que todo lo que se cuenta ha sucedido en la realidad. Algo que hace cierta esa afirmación que dice que “a veces la realidad supera a la ficción”.

La autora es bastante crítica con el régimen chino y su actuación en el Tíbet en general y en esa zona en particular como demuestra, por ejemplo, con la narración de la represión de las revueltas de 2008. Un régimen que hace cosas tan absurdas como:

“En 2007, el organismo estatal para asuntos religiosos promulgó un decreto que venía a decir que para reencarnarse era necesaria la previa autorización del Gobierno chino”. (p. 226-227)

La edición se completa con un buen glosario y un útil índice alfabético. Además, cada capítulo se abre con una fotografía de forma que podemos ver a la mayoría de los personajes protagonistas.

Hay que agradecer una vez más a la editorial Península la enorme labor que está haciendo para darnos a conocer estos magníficos textos a través de la colección Odiseas, colección que poco a poco voy leyendo y que ofrece libros tan magníficos como este.

 

Barbara Demick, Comerse a Buda. Vida y muerte del pueblo tibetano a manos del imperio chino. Traducción Pablo Sauras.

 

 

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