lunes, 3 de mayo de 2021

Una personal visión de Jerusalén



Hay libros que se compran por el autor porque ya se le conoce de obras anteriores y nos ofrece garantías. En mi caso solo con ver en un libro el nombre de varios periodistas que se dedican al reportaje voy directo a la caja, sin mirar ni siquiera el título. Ayestaran es uno de ellos. En este caso el tema del libro no me interesaba especialmente, pero quería ver lo que contaba el autor del que sí sabía que vivía allí con su familia desde hace años.

Ayestaran ha hecho un texto bastante peculiar y difícil de clasificar. Tiene parte de guía turística, de reportaje sobre sus habitantes, de explicación de la situación sociopolítica, de historia y mucho de su sentimiento por la ciudad a la que, como dice en el apartado de Agradecimientos, ama por lo mucho que le ha dado a él y a su familia.

El libro está dividido en siete capítulos: uno a la zona Extramuros, cuatro a los diferentes barrios, otro a los tres Lugares Santos y el último a la situación de Oriente Medio en general.

Lógicamente, el núcleo y la parte más importante es la dedicada a los cuatro barrios que forman la Ciudad Vieja. Ayestaran los recorre y nos los muestra charlando con personajes que los pueblan. Así:

En el Musulmán habla con el dueño de un restaurante dedicado al humus, con el de una tienda de café, con el de otra de alquiler de cruces, con el de una gran librería o, incluso, con colonos judíos que viven entre musulmanes.

En el Cristiano, con el dueño del Hotel Imperial, con un tatuador de tatuajes religiosos, con el que lleva una galería de arte, con un anticuario, con un estadounidense que vive imitando la vida de Jesús o con las monjas que llevan el Colegio español.

En el Armenio, con un sacerdote, con ceramistas o con un cura sirio-ortodoxo que es todo un personaje.

En el Judío, con gente de distintas comunidades como los jeradíes, caraítas o samaritanos, con un rabino que va a la plaza para enseñar judaísmo a los judíos, con Virginia, una española de Toledo que ha pasado ya por dos conversiones, con un policía y con una ONG que denuncia la politización de la arqueología.

El capítulo dedicado a los Santos lugares también está organizado con la participación de un franciscano, un almuédano, un doctor de historia palestino y un rabino.

Me he extendido un tanto para que se aprecie el tipo de libro que ha compuesto Ayestaran quien, por lo general, se limita a narrar el recorrido hasta cada lugar y luego da la palabra a su entrevistado y solo de vez en cuando da su visión o su opinión.

Un ejemplo de lo primero bien podría ser el siguiente diálogo:

“- Mahmud, todos los policías son negros – le digo al ver a los agentes allí desplegados.

-Son los peores, hermanos llegados de Etiopía, judíos, y nos tratan mucho peor que el resto, por eso les ponen aquí – responde acelerando el paso ante los uniformados-, ellos sufren el racismo dentro de la sociedad israelí por ser negros y nosotros lo pagamos con su racismo religiosos por ser musulmanes”. (p. 56)

Mientras que el siguiente fragmento lo es de la visión del autor:

“Si los israelíes quieren toda la tierra y ser a la vez un Estado democrático, este estado no será judío. Si, por el contrario, buscan crear un Estado judío en todo el territorio, este no podrá ser democrático”. (p. 216)

Evidentemente, en un libro así hay momentos y temas que son más interesantes y otros, pocos, algo menos. Sí tengo que reconocer que yo como ateo y anticlerical visceral y racional, he encontrado muchos motivos para mantenerme en ello. Por un lado, la inflación de “religiosidad” que se da en esa ciudad resulta un tanto absurda, como lo es que cada una de las tres “religiones del libro” reclame partes de los diferentes lugares. Por otro, ver los enfrentamientos religiosos entre la reducida comunidad armenia o las peleas a puñetazos entre miembros de una misma religión, no animan precisamente a creer que se trate de algo muy positivo. Pero, claro, reconozco que mi mirada es algo o bastante tendenciosa.

El libro, como no podía ser de otra manera, está muy bien escrito, tiene agilidad, pero se debe leer poco a poco, sin darse atracones.

Una lectura interesante y recomendable.

 

Mikel Ayestaran, Jerusalén, santa y cautiva. Desde el corazón de la Ciudad Vieja a la eternidad.

 

 

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