sábado, 3 de enero de 2026

Fin de la trilogía

 

Con este volumen cierra Slimani la trilogía que ha dedicado a un “ciclo narrativo de corte autobiográfico” -según expresión de la editorial-, que se inicia en los años cincuenta con El país de los otros, en el que son protagonistas los abuelos; se continúa en los sesenta y setenta con Miradnos bailar, con el protagonismo de la madre y la familia materna; y se cierra en el que ahora comento donde el protagonismo corresponde, principal aunque no exclusivamente, a las hijas Mia e Inés.

La obra abarca un amplio periodo de tiempo si bien son los años ochenta y noventa en los que se centra el núcleo fundamental de la narración. Vemos la evolución de las hermanas, sobre todo de Mia, desde sus estudios en el liceo Descartes, momento interesante porque muestra cómo se educaba a la clase media alta, hasta su trabajo en un banco de Londres, y de Inés, aunque en este caso se da más importancia a, por ejemplo, su relación amorosa con uno de sus profesores. También tienen relevancia los padres: Aicha, la madre, ginecóloga y una mujer moderna e independiente, y Mehdi, el padre, revolucionario de joven y de mayor un banquero que reflota un importante banco, pero que al final termina en la cárcel.

Slimani vuelve a demostrar su enorme capacidad para la narración. En ningún momento pierde el pulso y la novela se lee prácticamente de un tirón a pesar de sus 518 páginas. Es una escritura muy tradicional, pero que puede gustar a los que disfruten con las historias bien contadas.

Además, no faltan, como en los volúmenes anteriores, las referencias a la situación política y social de su país y, sobre todo, a la situación de las mujeres. Algunos ejemplos:

“Podría haber mencionado los matrimonios de menores, el analfabetismo que afecta a dos tercios de las mujeres marroquíes o la violencia de la repudiación”. (p. 407)

“Los juzgaba y -de tanto escuchar en la tele y en la radio los sermones de los predicadores, que cubrían de oprobio a los judíos, a los occidentales y a los homosexuales-, de pronto, los odiaba”. (p.408)

También, desde otro punto de vista: 

“Brillantes productos de la posindependencia (se refiere a algunos políticos) que vivían en regímenes autoritarios y llegaban a Washington para mendigar créditos o para que les reprogramasen la deuda. En esa capital helada, se decidía el destino de un continente sometido a los dictados del Fondo Monetario Internacional”. (p. 232)

En fin, una novela que refleja muy bien la situación y la evolución de la clase media alta marroquí, que se lee muy bien y demuestra la madurez que ha alcanzado esta estupenda escritora.

 

Leila Slimani, Me llevaré el fuego. Traducción Malika Embarek López

 

 

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