Con este volumen
cierra Slimani la trilogía que ha dedicado a un “ciclo narrativo de corte
autobiográfico” -según expresión de la editorial-, que se inicia en los años
cincuenta con El país de los otros, en el que son protagonistas los
abuelos; se continúa en los sesenta y setenta con Miradnos bailar, con
el protagonismo de la madre y la familia materna; y se cierra en el que ahora
comento donde el protagonismo corresponde, principal aunque no exclusivamente,
a las hijas Mia e Inés.
La obra abarca un
amplio periodo de tiempo si bien son los años ochenta y noventa en los que se
centra el núcleo fundamental de la narración. Vemos la evolución de las
hermanas, sobre todo de Mia, desde sus estudios en el liceo Descartes, momento
interesante porque muestra cómo se educaba a la clase media alta, hasta su
trabajo en un banco de Londres, y de Inés, aunque en este caso se da más importancia
a, por ejemplo, su relación amorosa con uno de sus profesores. También tienen
relevancia los padres: Aicha, la madre, ginecóloga y una mujer moderna e
independiente, y Mehdi, el padre, revolucionario de joven y de mayor un
banquero que reflota un importante banco, pero que al final termina en la
cárcel.
Slimani vuelve a
demostrar su enorme capacidad para la narración. En ningún momento pierde el
pulso y la novela se lee prácticamente de un tirón a pesar de sus 518 páginas.
Es una escritura muy tradicional, pero que puede gustar a los que disfruten con
las historias bien contadas.
Además, no faltan, como en los volúmenes anteriores, las referencias a la situación política y social de su país y, sobre todo, a la situación de las mujeres. Algunos ejemplos:
“Podría haber mencionado los matrimonios de menores, el analfabetismo que afecta a dos tercios de las mujeres marroquíes o la violencia de la repudiación”. (p. 407)
“Los juzgaba y -de tanto escuchar en la tele y en la radio los sermones de los predicadores, que cubrían de oprobio a los judíos, a los occidentales y a los homosexuales-, de pronto, los odiaba”. (p.408)
También, desde otro punto de vista:
“Brillantes productos de la posindependencia (se refiere a algunos políticos) que vivían en regímenes autoritarios y llegaban a Washington para mendigar créditos o para que les reprogramasen la deuda. En esa capital helada, se decidía el destino de un continente sometido a los dictados del Fondo Monetario Internacional”. (p. 232)
En fin, una novela
que refleja muy bien la situación y la evolución de la clase media alta
marroquí, que se lee muy bien y demuestra la madurez que ha alcanzado esta
estupenda escritora.
Leila Slimani, Me
llevaré el fuego. Traducción Malika Embarek López
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