sábado, 15 de agosto de 2026

Otro novelón de Arriaga

 
Tras Salvar el fuego y El Hombre -esta leída hace tres meses-, me enfrento a otro novelón, tiene 694 páginas, de Arriaga, un escritor que tanto por los temas que trata como por su forma de hacerlo se ha convertido en uno de mis preferidos en los últimos tiempos. Un escritor que escribe novelas muy extensas, pero en las que es difícil encontrar páginas que sobren, aunque, precisamente en la que ahora comento, sí me parece que hay algunas.

La novela cuenta dos historias en paralelo. Por un lado, la de Juan Guillermo quien narra en primera persona, y desde un tiempo ya algo lejano, determinados sucesos de su vida a los doce, catorce y, sobre todo, diecisiete años, sucesos que incluyen la muerte de su hermano Carlos, asesinado por “los buenos muchachos”, un grupo de jóvenes católicos que son importantes para la trama de la novela, la muerte también de sus padres tres años después en un accidente y luego de su abuela, de tal manera que a los catorce años se queda solo y se plantea la venganza. Al mismo tiempo establece relación con Chelo, una joven muy particular, que en el fondo será su salvación. Por otra parte, se cuenta en tercera persona la historia de Amaruq, un mestizo de inuit y escocés, que va a la búsqueda del gran lobo gris y en cuya historia se nota claramente la influencia de Jack London.

Es mejor no entrar en más detalles porque se podrían destripar algunos aspectos de la novela que es mejor ir descubriendo poco a poco.

Además, al terminar o antes de empezar algunos capítulos, Arriaga dedica una o dos páginas a hablar de temas que tienen cierta relación con los narrado. Así, por ejemplo, una serie de informaciones antropológicas como: los vikingos y la virginidad de la mujer o algunas creencias de los aborígenes australianos o sobre algunos personajes históricos como: John Hunter, un cirujano escocés del siglo XVII, Pushkin, Clausewitz o Newton o, también, las etimologías de algunas palabras o algunos latinismos. Informaciones que no siendo estrictamente necesarias son útiles para entender mejor algo de lo narrado.

Para terminar con los contenidos de la novela hay que decir que Arriaga aprovecha para criticar algunos elementos de la sociedad mexicana como su sistema judicial, la policía, el mismo régimen (a la altura más o menos de 1969) y, sobre todo, la religión, ese catolicismo de rituales y de actuación si hace falta a base de violencia.

Por lo demás, está la crudeza habitual en el autor con momentos especialmente duros como, por ejemplo, la narración de un aborto; la magnífica capacidad narrativa; su gran creatividad; sus personajes o su exaltación de la naturaleza y de la libertad, utilizando, eso sí, en esta novela un lenguaje más “normativo” que en las anteriores a pesar de que el protagonista y sus amigos habitan en un barrio marginal de la ciudad.

Como decía al principio del comentario, sí me parece que a esta novela le sobran algunas páginas en las dos historias, pero tampoco me parece algo especialmente relevante porque aunque resulten un tanto reiterativas se leen tan bien como el resto de la novela.

Recomendable sin duda.

Una corta pero interesante reseña de Gabri Rodenas en zendalibros.com

 

Guillermo Arriaga, El salvaje.

 

 

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