La novela cuenta dos historias en paralelo. Por un
lado, la de Juan Guillermo quien narra en primera persona, y desde un tiempo ya
algo lejano, determinados sucesos de su vida a los doce, catorce y, sobre todo,
diecisiete años, sucesos que incluyen la muerte de su hermano Carlos, asesinado
por “los buenos muchachos”, un grupo de jóvenes católicos que son importantes
para la trama de la novela, la muerte también de sus padres tres años después
en un accidente y luego de su abuela, de tal manera que a los catorce años se
queda solo y se plantea la venganza. Al mismo tiempo establece relación con
Chelo, una joven muy particular, que en el fondo será su salvación. Por otra
parte, se cuenta en tercera persona la historia de Amaruq, un mestizo de inuit
y escocés, que va a la búsqueda del gran lobo gris y en cuya historia se nota
claramente la influencia de Jack London.
Es mejor no entrar en más detalles porque se podrían
destripar algunos aspectos de la novela que es mejor ir descubriendo poco a
poco.
Además, al terminar o antes de empezar algunos
capítulos, Arriaga dedica una o dos páginas a hablar de temas que tienen cierta
relación con los narrado. Así, por ejemplo, una serie de informaciones
antropológicas como: los vikingos y la virginidad de la mujer o algunas
creencias de los aborígenes australianos o sobre algunos personajes históricos
como: John Hunter, un cirujano escocés del siglo XVII, Pushkin, Clausewitz o
Newton o, también, las etimologías de algunas palabras o algunos latinismos.
Informaciones que no siendo estrictamente necesarias son útiles para entender
mejor algo de lo narrado.
Para terminar con los contenidos de la novela hay que
decir que Arriaga aprovecha para criticar algunos elementos de la sociedad
mexicana como su sistema judicial, la policía, el mismo régimen (a la altura
más o menos de 1969) y, sobre todo, la religión, ese catolicismo de rituales y
de actuación si hace falta a base de violencia.
Por lo demás, está la crudeza habitual en el autor con
momentos especialmente duros como, por ejemplo, la narración de un aborto; la
magnífica capacidad narrativa; su gran creatividad; sus personajes o su
exaltación de la naturaleza y de la libertad, utilizando, eso sí, en esta
novela un lenguaje más “normativo” que en las anteriores a pesar de que el
protagonista y sus amigos habitan en un barrio marginal de la ciudad.
Como decía al principio del comentario, sí me parece
que a esta novela le sobran algunas páginas en las dos historias, pero tampoco
me parece algo especialmente relevante porque aunque resulten un tanto
reiterativas se leen tan bien como el resto de la novela.
Recomendable sin duda.
Una corta pero interesante reseña de Gabri Rodenas en
zendalibros.com
Guillermo Arriaga, El salvaje.
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