domingo, 6 de enero de 2019

Interesante recuperación



Hace poco más de un mes me reencontraba con el autor a partir de la reciente publicación de El castigo. Esto me dio pie para leer algún otro texto de Ben Jelloun y encontré este que ganó el Premio Goncourt de 1987 y fue publicado al año siguiente en castellano.
Después de estar varios días inmerso en un libro en el más puro realismo, casi se agradece leer algo tan distinto como este que comento. Tiene algunas partes escritas desde el más puro realismo, pero están entremezcladas con otras de sueños, recuerdos más o menos reales, apariciones y siempre con una gran imaginación. Sin embargo, hay un elemento común con el libro de Pontoppidan con el que abría el año en el blog, y es que en ambos el tema central es la búsqueda de la identidad.
Aquí es una joven de veinte años que ha sido tratada como varón porque es lo que quería tener su padre después de haber tenido varias hijas. Tras la muerte del padre emprende un camino para ir descubriendo su feminidad incluyendo en ello, y de forma bastante relevante, su sexualidad. En este descubrimiento jugará un papel preponderante un ciego con el que tendrá una muy intensa relación amorosa. Hay que destacar que la historia se desarrolla en el mundo árabe y musulmán.
Además del interés que pueda despertar la historia, en este texto es muy importante la forma y el tono con el que la cuenta Ben Jelloun. Hay mucho lirismo, bellas imágenes y escenas que serían duras -la violación de la protagonista por ejemplo-, pero narradas de forma que no lo sean tanto.
Imágenes como esta definición de la cárcel:
  
“La cárcel es un sitio en que se simula la vida. Es una ausencia. Tiene el color de la ausencia, el color de un largo día sin luz. Es una sábana, una estrecha mortaja, un rostro quemado, abandonado por la vida.” (p. 133)

O como los fragmentos en los que se describe el descubrimiento y el contenido de un almacén de palabras o, dentro de la misma idea, la existencia de una empresa que contrata jóvenes mujeres para que aprendan libros de memoria y vayan a recitarlos por las casas.
En fin, una novela diferente como corresponde a quien procede de una cultura también diferente y que posee una gran sensibilidad.
Lectura recomendable aunque creo que el libro está agotado y no ha sido reeditado recientemente.
Hay una buena reseña de Josefina Casado, hecha en el momento de su publicación, en elpais.com.

Tahar Ben Jelloun, La noche sagrada. Traducción Alberto Clavería.

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