viernes, 12 de agosto de 2022

Buen descubrimiento


Creo que es el primer escritor mozambiqueño que conozco, más allá del gran Henning Mankell que, obviamente, no lo era aunque pasó allí muchos años y escribió más de un libro que se desarrollaba por esa zona.

De Couto he visto bastantes veces en las librerías su Trilogía de Mozambique, pero me asustaba el tamaño. Ahora, tras esta lectura me voy a animar con él y seguramente con algún otro de los varios publicados por la misma editorial, Alfaguara.

El libro que ahora comento recibió el Premio Literario Manuel de Boaventura cuyo jurado dijo de él: “Una narrativa de elevada madurez literaria que, con una sensibilidad particular, consigue cruzar  distintas épocas de la realidad mozambiqueña, ofreciendo al lector una expresiva representación del país en los periodos colonial y poscolonial”. (Fragmento reproducido por la editorial en la contraportada del libro.)

Esas épocas son dos: 2019, momento en el que el protagonista, Diogo Santiago, acude a su ciudad natal para recibir un homenaje, y 1973, en plena guerra, en el que fue con su padre a un viaje en busca de un primo desaparecido.

El narrador, el propio Diogo para todo lo sucedido en1973 se vale de un conjunto de documentos que le facilita una mujer y en el que se incluyen desde archivos de la PIDE (la policía política portuguesa) a diarios del mismo Diogo y de su padre, así como una correspondencia muy variada. De esta manera vamos conociendo, en capítulos alternos y siguiendo siempre un orden cronológico en cada uno de ellos, una serie de historias de un variado conjunto de interesantes personajes.

Por momentos la novela se convierte en una especia de thriller por las implicaciones que va teniendo la búsqueda del familiar, pero siempre está detrás la intención crítica de Couto de toda la época colonial y con algún apunte también a los momentos posteriores a la independencia.

Un fragmento como ejemplo:

 

“Maltratáis a vuestras mujeres en casa y abusáis de las de fuera. Aquí, en Inhaminga, hace mucho que se mata a las mujeres. Y a los niños. Esto no es una guerra, Virginia. Ni nosotros somos soldados. Solo somos el gatillo vivo de los mandamases sin rostro”. (p. 131)

 

Couto es un gran narrador, hace que la historia fluya a buen ritmo y construye unos magníficos personajes. Más de una vez mientras leía el libro tenía la sensación de estar leyendo a un escritor sudamericano tanto por la atmósfera como por algunos de los personajes que, además, tienen nombres muy parecidos a los que se usan al otro lado del Atlántico, a lo que hay que añadir que hay un par de momentos en los que apunta el  “realismo mágico”.

Además, por si todo esto fuera poco, se dice en la Nota del autor que: “Esta narración de ficción está inspirada en personas y episodios reales”. (Concretamente en su padre.)

Una buena novela que anima a seguir conociendo la obra de Couto.

 

Mia Couto, El mapeador de ausencias. Traducción Rosa Martínez-Alfaro.

 

 

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