Este es un libro que seguramente habría leído en
cualquier caso, pero se convirtió en seguro al escuchar el comentario que hizo
Miqui Otero sobre él en el programa de Julia Otero. Me di cuenta en ese momento de
la cantidad de cosas que me unen, de una forma u otra, a la familia de Pradera.
Veamos: de niño y adolescente canté muchas veces el Cara
al sol del que es coautor su abuelo Rafael (en el colegio Chamberí de los
maristas, en los años cincuenta y sesenta, se formaba por clases en el patio
para izar la bandera y se cantaban himnos patrióticos como el mencionado o el Cubre
tu pecho de azul español, Montañas nevadas o Isabel y Fernando, etc);
luego en la segunda mitad ya de los sesenta fueron canciones de su tío Chicho
como Los gallos o La paloma las que aprendí en mi lugar de
veraneo, Valsaín, cuando por primera vez conocí a gente de los que habían
perdido la guerra; algo después leí gran parte de la obra tanto de ficción como
de ensayo de su tía Carmen así como El Jarama y Alfanhuí de su tío Rafael;
Gabriele, su madre, puso en marcha la librería La Tarántula que era, precisamente,
en la que yo compraba dado que estaba a menos de 200 metros de mi casa; a
Javier, su padre, le debo gran parte de mi formación intelectual y, al menos en
parte, política ya que dirigió las editoriales Alianza y Siglo XXI de las que compré
multitud de libros y, finalmente, al mismo Max porque lo he seguido desde Canal
Plus hasta los programas de Julia Otero o Javier del Pino.
En fin, casi he hecho yo también mi autobiografía,
pero estoy seguro de que a muchos de los que lean el libro les pasará algo
parecido. Además, creo que con lo dicho ya se pueden hacer una idea de lo que
va el libro.
Pradera escribe muy bien, tiene un agudo sentido del
humor que practica tanto “a lo bruto” como a través de la fina ironía y hace
que la lectura del texto sea una auténtica gozada.
Además de los personajes citados, el libro comienza
con su bisabuelo que era nada menos que Víctor Pradera, uno de los grandes
pensadores del tradicionalismo español. Con él ya empieza Pradera a marcar
distancias ideológicas al igual que hará luego con su abuelo Rafael Sánchez
Mazas. Como se ve, tanto por parte paterna como materna, tiene antecedentes no
solo dignos de mención, sino de una ideología bastante diferente de la suya.
A todos los familiares de los que habla en el libro
los trata con sumo respeto y a la mayoría con verdadero cariño. Así, de su tía
Carmen (Martín Gaite) dice que era como una segunda madre y de su tío Chicho
(Sánchez Ferlosio) no tiene sino buenas palabras y menciones a lo buen
compositor y cantante que era, por poner solo dos ejemplos. Por otra parte, se
nota que escribe con mucha sinceridad pues tampoco deja de mencionar algunos de
los defectos de varios de ellos, ni algunos problemas familiares.
Desde otro punto de vista me ha llamado la atención algo que debe de ser un recuso estilístico. Me refiero al uso de las enumeraciones de tres elementos o aspectos ya sean estos adjetivos, sustantivos o verbos. Dejo dos ejemplos:
“(…) la única parte del alma de Rafael que sigue siendo vulnerable, tierna, capaz de amor incondicional”. (p. 254)
“(…) el espectáculo del escritor firmando ejemplares, sonriendo para las fotografías, manteniendo conversaciones banales con lectores desconocidos”. (p. 260)
Enumeraciones de este tipo hay muchísimas a todo lo
largo del texto, lo que me lleva a pensar que debe de ser algo buscado.
Ya para terminar, me ha gustado el concepto de “bella
página” que acuñó su tío Rafael (Sánchez Ferlosio) y que consiste en “esas
descripciones ornamentales que buscan impresionar al lector con un virtuosismo
innecesario, beneficiando únicamente al ego del autor”. (p. 238)
Un libro muy recomendable sobre todo para los que
tengan ya unos años porque seguro que les traerá gratos, o no tan gratos,
recuerdos.
Hay una interesante entrevista con Laura GarcíaHigueras en eldiario.es
Máximo Pradera, Memorias de un nieto confuso. De
fachas, rojos y otras bestias queridas.
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