“Me gustaría que hubiera luz en estas páginas, la luz suave de la tarde. Este no es un libro sobre la muerte, sino sobre la tristeza por la vida que se va.” (p. 12)
Esta es una declaración de principios que se puede
leer prácticamente al iniciar la lectura del libro y, efectivamente, así es
porque el libro yo creo que se podría calificar como del duelo por el padre
muerto.
El autor ha escrito un texto muy hermoso en el que ha
dividido las 220 páginas que lo forman en 91 capítulos de una a tres páginas
cada uno. En ellos va mostrando el acompañamiento a su padre en los últimos
días de su enfermedad, va también rememorando algunos momentos de su relación
y, cuando parece que está siendo más emotivo, narra anécdotas de las que
contaba su padre, unas mejores y más divertidas y otras menos, parece que con
la idea de evitar que sea un texto lacrimógeno tal y como se lee en la cita con
la que abro el comentario.
Hay también algunas reflexiones interesantes como, por ejemplo, la siguiente:
“Uno piensa que en esos últimos días de la vida se dicen las palabras más sabias, se dejan legados, se habla de la esencia misma de las cosas, … pero el dolor arrasa con todo. Entre pañales, parches de opioides, somníferos y hemorragias en las sábanas es imposible cavilar con sabiduría y amabilidad sobre el mundo. A veces pienso que el dolor, el más tangible dolor físico, fue enviado para facilitar nuestra despedida del mundo.” (p. 77)
O alguna afirmación que muestra su tensión y su enfado con la situación que está viviendo su padre
“Eso es algo que nunca le perdonaré a la enfermedad, me repito, nunca se lo perdonaré. Podrías llevártelo sin humillarlo” (p. 38)
Y, desde luego, alguna otra que deja un tanto helado si el que lo lee, como es mi caso, está ya en una edad lo suficientemente provecta:
“La vejez es horizontal. Vamos a descansar un poco, vamos a tumbarnos por la tarde, me echaré un rato en el sofá porque la espalda… La vejez es ir acostumbrándote a una horizontalidad prolongada, tal vez eterna.” (p. 145)
Me ha llamado mucho la atención la reflexión que hace
sobre el padre como figura ausente tanto en el cristianismo (José como ejemplo)
como en el socialismo.
Un libro muy emocionante en algunos momentos y siempre
muy bien escrito, con mucha delicadeza y cierto lirismo. Muy recomendable.
Aunque no sabría decir en este momento cuáles son, lo
cierto es que en poco tiempo he leído varios libros sobre la relación de
escritores con sus padres. También, pero hace más, sobre la de escritoras con
sus madres.
Gueorgui Gospodínov, El jardinero y la muerte.
Traducción María Vútova.
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