viernes, 9 de agosto de 2019

Fin de una gran serie




Hace unos días murió Andrea Camilleri y hace un año lo hizo Philip Kerr, dos de los autores de los que más libros he leído y que forman junto con Henning Mankell y Patricia Highsmith el grupo de mis favoritos en el género de la novela policiaca.
En el caso de Kerr, han aparecido en castellano después de su muerte dos novelas con lo que ha sido más llevadero el luto. La que ahora comento lo hizo ya con carácter póstumo.
Como indica el título, la novela se desarrolla en Grecia en el año 1957 y algo bastante novedoso es que no hay ningún momento en que la trama vuelva a los años treinta o cuarenta a pesar de que, como es ineludible en las novelas de la serie protagonizada por Bernie Gunther, muchos de sus protagonistas sean nazis, en este caso exnazis,  dedicados a la búsqueda de un tesoro requisado en su día a los judíos de Tesalónica. Evidentemente aparecen varios personajes reales aunque esta vez se trata de nazis menos conocidos si bien no menos dañinos.
En la novela están todos los elementos que caracterizan la serie: una trama bien construida, unos diálogos marca de la casa sobre todo cuando al protagonista le dan la réplica algunos personajes, un Bernie Gunther más irónico y cínico si cabe y unos buenos secundarios. Además, algo también muy habitual, Kerr aprovecha para hacer bastantes críticas sobre todo a los alemanes. Así, este fragmento en el que habla una mujer líder de un grupo que persigue a criminales nazis:

“Ustedes los alemanes se las han ingeniado para trazar una raya bien gruesa bajo la guerra y empezar de nuevo. El milagro del anciano, lo llaman. Más bien el encubrimiento del Anciano, diría yo. Me pone enferma. No hay justicia. No me extraña que nos veamos obligados a tomarnos la justicia por nuestra mano.” (p. 287) (El Anciano es Konrad Adenauer)

También hay referencias a momentos de la historia como la guerra civil griega que se produjo al final de la segunda guerra mundial, obviamente a la época nazi y la más interesante quizá es la que hace a los judíos sefardíes de Tesalónica.
Un libro en la mejor tradición de la serie que resulta un entretenimiento asegurado con la calidad que siempre tienen los libros de Kerr. Es una lástima que ya no podamos volver a ver en acción a Gunther, como ya pasó en su día con Wallander y, más recientemente, con Montalbano. Habrá que buscar en nuevos caladeros en un género que está de moda y del que se publican muchísimas novelas aunque no sé si siempre de la calidad necesaria.

Philip Kerr, Laberinto griego. Traducción Eduardo Iriarte.




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