viernes, 24 de julio de 2020

Intento frustrado




Esta es la primera novela de las dos trilogías que la autora británica dedicó a la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que está inspirada en las experiencias que tanto ella como su marido tuvieron en distintos lugares durante ese conflicto. En concreto, esta novela se desarrolla en Bucarest desde el inicio de la guerra hasta la toma de París por el ejército alemán.
Estamos ante un libro muy en la tradición de la típica novela inglesa que empieza en el siglo XIX y sigue en el XX. Novela con una detallada narración de hechos tanto significativos como intrascendentes, con multitud de personajes que interactúan entre ellos sin profundizar en la mayoría de los casos y con algunos momentos dedicados a alguno de los debates que se desarrollaban en ese tiempo.
Dice la también novelista Rachel Cusk en el Epílogo:

“La “gente” que puebla las novelas de Manning es mucho más que un personaje literario: el lector las ve como personas reales que por azar han sido incluidas en la narración, igual que ocurre con los transeúntes atrapados por una cámara fotográfica.
De hecho, la Trilogía Balcánica logra mostrar con tanta fidelidad la vida realmente  vivida que a menudo resulta muy difícil distinguir la mano humana que le está dando forma. Las aburridas conversaciones de los hombres y las cáusticas conversaciones de las mujeres, las largas horas que Guy dedica a las discusiones políticas con sus amigos de la Legación Británica, las veladas en los restaurantes, a veces terriblemente tediosas y a veces muy divertidas, el aspecto de una habitación, de una calle, de un escaparate, el lento discurrir del tiempo y de las estaciones y, en particular, la forma en que la gente va y viene –llegando a resultar bien conocida o conocida solo a medias-  a través de un proceso que parece completamente azaroso, (…)” (p. 443-444)

En este texto están muy bien recogidas las principales virtudes del libro, pero también lo que para mí es el principal defecto: la falta de interés de gran parte del texto, la reiteración de escenas con el mismo sentido, la falta de profundización en las relaciones entre tantos y, en algún caso, tan interesantes personajes. Por todo ello, a mí la novela me aburre en muchos de sus 28 capítulos y de sus 439 páginas, a pesar de que también resulta interesante cuando trata temas como: la fatuidad y superficialidad de la clase alta rumana y de muchos ingleses que allí vivían; las diferencias sociales en Rumanía; los debates sobre la política británica hacia ese país o la situación de los judíos. No obstante, no es suficiente para superar el aburrimiento ya mencionado.
Por otro lado, la autora es capaz de hacer retratos tan curiosos como estos:

“Pequeñas y robustas, miraban con rostro impávido mientras blandían unos pechos y unos traseros tan pesados como una buena porción de tocino.” (p. 42)
“Tampoco se inmutaba el cochero, una especie de hogaza de pan de pueblo embutida en una bata de terciopelo.” (p. 47)

Si bien son del principio de la novela; luego se vuelve más “tradicional”.
De vez en cuando le doy alguna oportunidad a la literatura anglosajona de la que fui en su día ávido lector, pero como sucede en este caso no siempre sale bien parada.

Olivia Manning, La gran fortuna. Traducción Eduardo Jordá.



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