jueves, 11 de marzo de 2021

El último Black


Mi caso con Black es cuanto menos original. He leído creo que todas sus novelas y, sin embargo, apenas alguna de John Banville, a pesar de que la mayoría están en mi casa. Es algo que tendré que subsanar en algún momento porque lo que más me atrae de Black es su estilo.

De vez en cuando me gusta intercalar entre mis lecturas alguna novela negra o novela policíaca, siempre son entretenidas y tienen otra forma de ver las cosas. En los últimos tiempos han sido el recientemente desaparecido Philip Kerr y Benjamin Black los encargados de cubrir esa faceta. Es curioso: un escocés y un irlandés aunque con novelas radicalmente diferentes en sus temas, no tanto en su estilo muy cuidado en ambos.

Esta vez Black desarrolla una parte de su historia en la ciudad de San Sebastián a la que ha acudido Quirke, el patólogo forense protagonista de toda la serie, para pasar unos días de vacaciones en compañía de su mujer. Un día, al acudir a un hospital para curarse una herida, cree ver a una amiga de su hija a la que daban por muerta. Este será el origen de una trama que nos llevará a Dublín, con la presencia y el protagonismo de esa hija, y a Londres donde veremos moverse a un asesino peculiar.

Como siempre sucede con las novelas de este autor, la trama no es lo más importante. Suele estar bien construida y no ser demasiado compleja, pero lo que interesa verdaderamente es la actuaciónde los personajes y, sobre todo, la atmósfera que consigue gracias a un gran estilo narrativo.

Evidentemente, en una novela de Quirke no podían faltar las alusiones a la religión practicada en Irlanda. Aquí vuelven a aparecer los abusos sexuales pero de una forma muy anecdótica en comparación con el casi protagonismo que tiene en otras novelas de la serie. También hay alguna referencia más concreta como puede ser la siguiente: 

“Había dos curas al fondo del bar, cada uno con un vaso de whisky en la mano.  O sea que eso no había cambiado. Rubicundos, bien alimentados y medio borrachos”. (p. 161)

Al desarrollarse una parte sustancial en San Sebastián no podían faltar tampoco algunas referencias a cosas del país. Así, los toros, el flamenco o los ajos, y también una visión de los españoles como bajitos y casi siempre enfadados. La novela, aunque no me suena que en algún momento se diga la época, por las otras supongo que se desarrolla en los años cincuenta del siglo pasado.

Una novela que es recomendable porque se trata de un entretenimiento escrito con una buena calidad literaria.

Benjamin Black, Quirke en San Sebastián. Traducción Miguel Temprano García.

 

 

 

 


 

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