domingo, 14 de marzo de 2021

Unos grandes desconocidos

Una primera consideración que surge de la lectura de este libro es la sana envidia que produce que existan medios que, como el New York Times, puedan tener varios años a un periodista dedicado a investigar y escribir sobre los problemas de los océanos. Este es el caso de Ian Urbina, hijo de hispano e irlandesa, que ha recorrido los principales lugares del mundo persiguiendo las noticias sobre los diferentes problemas que sacuden las aguas que forman las dos terceras partes del planeta.

En este recorrido se ha subido a multitud de barcos ya sea para acompañar a los ecologistas persiguiendo a furtivos que pescan merluza negra o a los policías que persiguen a los barcos tailandeses que faenan frente a las costas de Somalia; al barco donde una doctora holandesa practica abortos en las aguas internacionales frente a México, Polonia o Marruecos o a pesqueros vietnamitas para describir las condiciones de vida de los trabajadores. Y así, a lo largo de los 15 capítulos en los que está dividido este extenso libro de 531 páginas de texto más casi otras cien de notas y bibliografía.

Es mucho lo que se aprende con su lectura. Tengo que reconocer que yo desconocía la mayoría de los problemas de los que escribe Urbina, algo relativamente normal teniendo en cuenta que es muy raro que aparezcan en los medios de comunicación salvo que se produzca un caso especialmente llamativo por lo dramático. Ahora bien, casi todo lo que se aprende, por no decir todo, es negativo, esto es, la situación en los mares es bastante descorazonadora desde casi cualquier punto de vista: maltrato a las personas y a los animales; búsqueda del beneficio inmediato sin tener en cuenta las consecuencias de la sobrepesca; cruceros de lujo vertiendo ilegalmente los detritus y desperdicios; plataformas petrolíferas que se hunden cuando dejan de ser útiles; barcos que son verdaderos depósitos de armas y hoteles de mercenarios; compraventa de personas, en este caso por deudas ,sí, lo más parecido a la esclavitud… Basten estos ejemplos de la riqueza de informaciones que  ofrece Urbina.

Además, estamos ante un periodista que trabaja en los lugares de los que va a escribir, que investiga in situ aunque, obviamente, también obtenga información de otros trabajos tanto de prensa como de libros. También ante alguien que es capaz de transmitir la información de una forma muy clara y con una gran agilidad narrativa. En algunos momentos parece que estamos leyendo más una novela de acción que un reportaje por la dinámica de los hechos y la manera de contarlos. No diré que es un libro que se lee de un tirón, pero sí que es de los que apetece leer un rato cada día.

Del Epílogo del autor reproduzco un par de fragmentos que son muy significativos de su trabajo y sus conclusiones:

Los cerca de cuatro años que pasé informando de los océanos sin ley me tuvieron en constante movimiento, una experiencia a la vez desconcertante y sublime. Considerando una unidad, este viaje me ha llevado a lugares tan ajenos que la experiencia parece la de un viaje por el espacio. Y un viaje en el tiempo: he visto cosas –piratería, pesca de ballenas, esclavitud, corsarios…- que había asumido que pertenecían por completo al pasado…

(…)

La impunidad es la norma en el mar (…) Son burócratas y no investigadores los que llevan a cabo las escasas inspecciones (…) Justicieros y mercenarios privados, en la misma medida que la policía o las fuerzas navales, patrullan en alta mar…”. (p 513-514)

También quiero dejar constancia de la magnífica entrevista de David Ruiz con el autor en lavanguardia.com en la que hay una repuesta que nos concierne y que demuestra que muchas de las malas prácticas que se producen en los océanos son para nuestro “beneficio”:

 

“El océano es un lugar oscuro. ¿El nuevo Salvaje Oeste, un lugar sin ley lleno de oportunidades?

Todos los tipos de abusos, ya sean contra los derechos humanos o delitos ambientales, se derivan de un problema fundamental, que es la falta de gobernanza en el mar, especialmente en alta mar. Hay tres formas en las que las malas conductas ocurren de manera rutinaria y con impunidad: muy pocas reglas, falta de cumplimiento e insuficiente conciencia de lo que está sucediendo allí. Estos problemas también están conectados en el sentido de que ocurren con una cierta complicidad tácita de todos los que vivimos en tierra. Todos somos los beneficiarios del desorden en alta mar. El 90% de los productos que consumimos viajan por vía marítima, y los gobiernos se despreocupan de los canales comerciales y, por lo tanto, de las reglas. Podemos acceder a productos increíblemente baratos que llegan a nuestros estantes con una velocidad increíble”.

Un libro algo más que interesante como, por otra parte, suelen serlo los que está publicando la editorial Capitán Swing traduciendo obras de periodistas estadounidenses.

Eso sí, al cierto sabor amargo que deja su lectura por cómo están los mares, se une el hecho de la escasísima información que nos llega lo que demuestra, una vez más, que los medios sirven para otras cosas bastante menos importantes para el futuro de la humanidad.

Hay una buena reseña de Mario Amadas en culturamas.es

Ian Urbina. Océanos sin ley. Viajes a través de la última frontera salvaje. Traducción Enrique Maldonado.



 

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