sábado, 27 de junio de 2026

La autora sigue en forma

 

Este es el tercer libro de la autora que leo este año. El primero me encantó, el segundo me decepcionó y este me ha vuelto a parecer una muy buena novela.

O’Farrel tiene la capacidad no muy habitual de escribir nada menos que casi 400 páginas con una anécdota bastante pequeña, pero al mismo tiempo de mantener al lector en vilo y atento a todo lo que va sucediendo.

La anécdota: Lucrezia, hija del gran duque Cosimo de’ Medici de Florencia, es prometida a los trece años con Antonio de veintiocho, hijo del gran duque de Ferrara, con el que se casará, en 1560, a los quince a la vuelta de este de Francia. Al poco tiempo de la boda tiene la sensación de que el marido quiere matarla, lo que irá contando a lo largo de 1561.

La autora, como ya hizo en Hamnet, va alternando los tiempos entre ambos años y, además, de vez en cuando remite a los años de infancia y primera juventud de Lucrezia para explicar su carácter y forma de pensar. Esta alternancia de los tiempos se produce algunas veces incluso en dos párrafos consecutivos, pero tiene la habilidad de que el lector no se pierda en ningún momento.

Uno de los temas de la novela es la posición de la mujer en esa sociedad. El matrimonio lo arreglan las familias, pero además es interesante también el consejo que le da la criada con la que tiene la máxima confianza y cariño:

 “(…) el consejo de Sofia a propósito de la noche de bodas: déjale hacer lo que quiera, no te niegues ni te opongas, respira profundamente y enseguida terminará. Le habría gustado contestarle que no, que su forma de ser no consistía en someterse y consentir”. (p. 119)

También sirve este fragmento para ver el carácter contestatario de la protagonista. Esta es una obra que destaca por sus personajes y la atmósfera tan bien recreada de la época. Por lo que se refiere a los personajes, además de Lucrezia, destaca esa Sofia con pocas pero importantes apariciones, las hermanas de la protagonista y las de su marido, y, claro, este que es quizás el personaje peor retratado porque no se termina de entender su comportamiento más allá de un machismo que le lleva, por ejemplo, a maltratar a su mujer por no cerrar una ventana nada más ordenarlo él.

Hay en la novela muy buenos momentos como pueden ser los de la boda o el de la primera noche, pero lo más importante es la capacidad de O’Farrell para trasladar al lector a la época y también a los sentimientos de la protagonista.

Una novela, en fin, muy recomendable, al menos para un tipo de lector que gusta de buenas historias y, sobre todo, muy bien contadas con un lenguaje realmente magnífico.

Para una reseña muy buena y muy completa remito a la de Beatriz Garza en unlibroaldia.blogspot.com

 

 

Maggie O’Farrell, El retrato de casada. Traducción Concha Cardeñoso.

 

 

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