Este es el tercer libro de la autora que leo este año.
El primero me encantó, el segundo me decepcionó y este me ha vuelto a parecer
una muy buena novela.
O’Farrel tiene la capacidad no muy habitual de
escribir nada menos que casi 400 páginas con una anécdota bastante pequeña,
pero al mismo tiempo de mantener al lector en vilo y atento a todo lo que va
sucediendo.
La anécdota: Lucrezia, hija del gran duque Cosimo de’
Medici de Florencia, es prometida a los trece años con Antonio de veintiocho,
hijo del gran duque de Ferrara, con el que se casará, en 1560, a los quince a
la vuelta de este de Francia. Al poco tiempo de la boda tiene la sensación de
que el marido quiere matarla, lo que irá contando a lo largo de 1561.
La autora, como ya hizo en Hamnet, va
alternando los tiempos entre ambos años y, además, de vez en cuando remite a
los años de infancia y primera juventud de Lucrezia para explicar su carácter y
forma de pensar. Esta alternancia de los tiempos se produce algunas veces
incluso en dos párrafos consecutivos, pero tiene la habilidad de que el lector
no se pierda en ningún momento.
Uno de los temas de la novela es la posición de la mujer en esa sociedad. El matrimonio lo arreglan las familias, pero además es interesante también el consejo que le da la criada con la que tiene la máxima confianza y cariño:
“(…) el
consejo de Sofia a propósito de la noche de bodas: déjale hacer lo que quiera,
no te niegues ni te opongas, respira profundamente y enseguida terminará. Le
habría gustado contestarle que no, que su forma de ser no consistía en
someterse y consentir”. (p. 119)
También sirve este fragmento para ver el carácter
contestatario de la protagonista. Esta es una obra que destaca por sus
personajes y la atmósfera tan bien recreada de la época. Por lo que se refiere
a los personajes, además de Lucrezia, destaca esa Sofia con pocas pero
importantes apariciones, las hermanas de la protagonista y las de su marido, y,
claro, este que es quizás el personaje peor retratado porque no se termina de
entender su comportamiento más allá de un machismo que le lleva, por ejemplo, a
maltratar a su mujer por no cerrar una ventana nada más ordenarlo él.
Hay en la novela muy buenos momentos como pueden ser
los de la boda o el de la primera noche, pero lo más importante es la capacidad
de O’Farrell para trasladar al lector a la época y también a los sentimientos
de la protagonista.
Una novela, en fin, muy recomendable, al menos para un
tipo de lector que gusta de buenas historias y, sobre todo, muy bien contadas
con un lenguaje realmente magnífico.
Para una reseña muy buena y muy completa remito a la
de Beatriz Garza en unlibroaldia.blogspot.com
Maggie O’Farrell, El retrato de casada.
Traducción Concha Cardeñoso.
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