martes, 5 de diciembre de 2023

Un repaso de nuestro mundo



Bueno, vamos con otro libro de Caparrós y van…De hecho es uno de los escritores que aparece en la sección del blog sobre mis autores favoritos. Obviamente no he leído todo lo que ha publicado porque es muy prolífico, pero sí creo haberlo hecho con lo fundamental, tanto en ficción como en su labor periodística que, por otra parte,  es de las más relevantes que existen hoy en día en lengua castellana.

Para esta “historia del presente” Caparrós se inventa una historiadora que dentro de cien años elabora un manual sobre cómo era el mundo cien años antes. En definitiva, lo que hace, basándose en los artículos que publicó en El País entre octubre de 2022 y abril de 2023, es resumir en qué mundo habitamos.

Así, a lo largo de los 25 capítulos que componen el extenso texto, 427 páginas, se pueden leer informaciones sobre temas que van desde la población del mundo hasta la alimentación pasando por las diferentes formas de ocio para terminar con la variedad de religiones. Se habla de política, de sociedad, de cultura, de mentalidades, de usos y costumbres, de educación, de salud, de geopolítica, etc.

He dicho que se pueden leer informaciones porque en lo fundamental se trata de un libro en el que se premia la descripción al modo de esa historia positivista tan querida por algunos, pero, claro, tratándose de Caparrós no se podía quedar solo con eso y también hay bastantes reflexiones y opiniones. Algunas las hace, como suele ser habitual en sus trabajos, introduciéndolas con fragmentos entre paréntesis, pero otras están incluidas en el propio desarrollo del tema.

Cada uno de los capítulos se acompaña de un apartado breve, apenas un par de páginas, en el que plantea casos individuales para ilustrar el tema tratado. Así, encontramos desde un migrante africano hasta Ferran Adrià pasando por Putin, Messi o el mismo Ratzinger.

Como ya sucedía en ese gran libro que es El Hambre, hay una gran cantidad de datos que el autor maneja muy bien de tal manera que no hace que los árboles no nos dejen ver el bosque. Tiene Caparrós una rara habilidad para no abrumar con ellos y, sobre todo, para darlos de una forma muy inteligible huyendo de esos tantos por ciento que tanto daño hacen en tantos textos. Eso sí, y aquí va una breve crítica: no se da nunca referencias de las fuentes ni siquiera en un apéndice al final del libro. Lo mismo pasa con las citas, no muy numerosas, de las que apenas conocemos a un par de autores.

En un libro que abarca tantos aspectos de la realidad, cada lector puede tener más interés en unos que en otros. Hay, claro, algunos que dan una información muy básica que conocerá cualquier lector mínimamente informado, pero tampoco está mal que queden aquí recogidos. Al mismo tiempo, se pueden encontrar cosas  como, por ejemplo: el proceso por el que pasa un plátano hasta llegar al consumidor final, o las razones para que exista un cuerpo militar femenino en el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, o  la idea de que se tenga que demostrar un conocimiento de las propuestas de los partidos para poder votar, cosas que yo desde luego desconocía totalmente.

Antes mencionaba la existencia también de reflexiones y opiniones. Voy a dejar constancia de dos que me parecen especialmente interesantes además de compartirlas en su totalidad:

 

Refiriéndose a la guerra que se inicia por la invasión rusa de Ucrania, afirma:

 

“Pocos procesos ilustran mejor la visión que tenía aquella sociedad de sus problemas: le interesaban cuando eran nuevos, se asustaba, se indignaba, reaccionaba airada, y después se iba acostumbrando hasta que, al final, aquello que poco antes le había parecido intolerable desaparecía de su foco de atención”. (p. 373)

 

Muy distinta es la siguiente, pero refleja bien la sensación de fracaso que podemos tener alguna gente de nuestra generación:

 

“Así el problema principal del cambio social parecía ser que no había tanta gente que lo quisiera. Querían tener un poco más, vivir “mejor”, pero no creían que para eso hubiera que conseguir nuevas estructuras sino un buen trabajo. Eran, aparentemente, la mayoría, y eso, por supuesto, desesperaba a los que trataban de imaginar sociedades colectivamente mejores. Es difícil, cuando alguien se ha pasado la vida pensando en los destinos de la humanidad, aceptar que la mayor parte de la humanidad piensa en su propio destino. Era – y es- difícil y molesto y desalentador y todas esas cosas”. (p. 424)

 

En fin, estamos ante un libro muy interesante, del que se puede sacar mucha información y también con el que se puede, y se debe debatir. Yo, por ejemplo, matizaría algunas cosas que dicen sobre la corrección política o sobre el ecologismo. Pero esta es precisamente su principal virtud: hacer que el cerebro del lector se active.

 

Martín Caparrós, El mundo entonces. Una historia del presente.

 

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