Hace año y medio comentaba el magnífico libro del
mismo autor dedicado a Serrat y decía que había visto en directo más veces a Aute
que al mismo Serrat. Y, efectivamente, ha sido así, sin embargo, he seguido la
carrera de este prácticamente hasta el final mientras que la de Aute se podría
decir que, en lo que se refiere a nuevos discos, la abandoné a mitad de los
ochenta, coincidiendo con mi llegada a Mallorca.
No obstante, he canturreado muchas de sus primeras
canciones como, por ejemplo: Rosas en el mar, Siento que te estoy
perdiendo, Mira que eres canalla, De paso (esta una de las
que más) y, por supuesto no podía faltar, Al alba.
Ahora bien, este conocimiento es como se ve bastante
limitado y, por ello, el libro de García Gil me ha resultado difícil de seguir
porque describe y analiza la letra de decenas de canciones que no he escuchado
nunca. El autor es un gran conocedor de la obra del músico y, además, también
de la poesía, por lo que es capaz de realizar esos análisis de forma rigurosa,
con el un lenguaje preciso y pertinente, pero el mismo tiempo de una forma tan
prolija, entrando tan en el detalle que a veces me ha costado seguirle.
El libro lo ha dividido en 27 capítulos en los que
desgrana uno a uno los diferentes discos del músico y, dentro de ellos, en la
mayoría de los casos, canción a canción centrándose básicamente en la letra. Es
un trabajo muy prolijo en su doble acepción de dilatado en exceso y cuidadoso.
Además, también utiliza fragmentos de críticas,
entrevistas y textos con intervenciones del propio Aute.
Hay también algunas referencias a su obra pictórica,
pero en mucha menor medida a pesar de que para el propio Aute esta parte de su
trabajo era la más gratificante.
García Gil se centra como ya he dicho en las letras y
por eso me parece buena idea traer aquí la opinión de Luis Mendo, el músico más
importante que trabajó con Aute en la primera época y que fue el productor de
varios discos:
“Además, Eduardo es muy buen músico. Una gran canción
es letra, pero sobre todo melodía, y esto lo hace Eduardo como nadie. Es capaz
de ponerle música a la guía telefónica”. (p. 169)
Coincido plenamente con Mendo porque creo que sus
melodías son fácilmente reconocibles y difícilmente olvidables. Al menos a mí
me pasa con las canciones que aprendí hace ya cincuenta años.
Para terminar, creo que es significativa esta cita
sobre la dificultad de hacer una buena canción:
“Una canción no es para Aute un mal poema o un arte
menor, sino todo lo contrario. Incluso llegará a decir que es más difícil hacer
una buena canción que escribir un cuento, pintar o hacer una película”. (p.
196)
En definitiva, un libro interesante para quien
disfrute con la música del protagonista y realmente imprescindible para sus
incondicionales. A mí me han interesado los primeros capítulos por lo que decía
antes de mi conocimiento de su obra, pero el resto se me han hecho largos y
premiosos. Evidentemente, esto no es culpa del autor del texto que, por cierto,
tengo que decir que escribe muy bien, con un uso muy bueno y preciso del
lenguaje y con un conocimiento exhaustivo de la obra del biografiado y del
lenguaje poético en general.
La edición se completa con toda la discografía de Luis
Eduardo Aute y un buen repertorio bibliográfico.
Luis García gil. Aute infinito.
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