Este es el segundo volumen de la serie que el autor
dedica a Mario Conde como protagonista de las historias. He leído alguno de los
últimos, cuando ya Conde se dedica a la compra venta de libros, pero en este
aún es policía, una faceta que no conocía del personaje.
La mera trama policiaca de la novela no me parece
especialmente interesante, como tampoco lo suelen ser cuando ya dedicado a los
libros le hacen encargos para alguna investigación.
Del Padura con Conde de protagonista lo que
verdaderamente me gusta es su forma de narrar, el uso que hace del lenguaje
popular, las conversaciones entre el grupo de amigos: El Conejo, El Flaco
Carlos y Andrés, con los que se dan buenas comilonas hechas por Josefina, la
madre del segundo, comilonas que recuerdan bastante a las de Vázquez Montalbán
y su Carvalho.
En esta novela Conde tiene que resolver el asesinato
de una joven profesora del Pre y eso le da pie al autor a mostrar una cierta
nostalgia de la época de estudiante y también de cómo era entonces su barrio.
Al contrario de lo que sucede en las últimas novelas,
Padura ofrece pocas críticas a la situación del país. Apenas alguna referencia
al deterioro de las viviendas y poco más. Incluso para las comilonas hay todo
tipo de viandas. Hay que tener en cuenta que se publicó en 2001, pero la
historia sucede en 1989.
Me ha resultado curiosa la reflexión que reproduzco a
continuación hecha por el director del Pre porque es algo que, como la crisis
del teatro, he oído siempre y sigo haciéndolo:
“Yo no sé qué está pasando, pero cada vez a los
muchachos les interesa menos aprender de verdad. ¿Saben qué tiempo llevo yo en
esto? Veintiséis años, compañeros, veintiséis: empecé de maestro, y ya llevo
quince de director y cada vez creo que es peor”. (p. 40)
Un libro muy entretenido y recomendable para quienes
disfruten con el lenguaje.
Leonardo Padura, Vientos de cuaresma.
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