Han pasado apenas dos meses desde que leí el primer
libro de la autora, un texto muy autobiográfico y con algunos elementos
originales en su estructura y su forma de contar. Este que ahora comento creo
que también tiene muchos componentes autobiográficos, al menos por lo que la
editorial cuenta sobre Daas, pero, a diferencia del anterior, es plenamente
realista y tradicional tanto en su estructura como en su forma de narrar.
Kayden, su protagonista, es una joven que estudia
bachillerato en el instituto. Escribe muy bien y destaca como estudiante. Tiene
un par de amigas y un amigo con las que comparte sus ilusiones y sus
decepciones. Al mismo tiempo, la profesora de francés la anima a presentarse
para estudiar Políticas. A partir de ahí, Kayden va descubriendo que la
profesora le gusta no solo por sus clases.
Estos mimbres le dan pie a la autora para mostrar
algunos aspectos interesantes de la situación de la enseñanza en Francia en
determinados ambientes. Ambientes en los que, por ejemplo, algunos viven en
viviendas protegidas de 35 m2. (Es curioso que estoy leyendo el libro mientras
en la televisión transmiten imágenes de los enfrentamientos muy duros de los
estudiantes de secundaria con la policía).
Una enseñanza que es algo que no les atañe
especialmente, pero que visto desde aquí me ha parecido encontrar más de un
aspecto positivo como, por ejemplo, que la evaluación se hace de forma pública
incluso al tratar de cada alumno individualmente, o la relevancia de los
debates, en este caso lo hacen sobre la laicidad, o el interesante
enfrentamiento entre el director y un profesor de origen magrebí sobre cómo se
debe tratar a los alumnos.
También, de repente dedica un capítulo a escribir
sobre la discriminación positiva, sus ventajas y sus inconvenientes.
En fin que el libro tiene suficientes elementos para
resultar interesante. Como se dice en la contraportada: “una novela enérgica sobre
la ambición, la búsqueda de la identidad y la necesidad de reinventarse en un
sistema marcado por la clase y el género”.
Además, Daas escribe muy bien, con frases cortas y
describiendo situaciones muy reales con buenos diálogos que hacen que el lector
se meta de lleno en lo narrado. Quizá en mi caso influya el haber sido profesor
de gente de la edad de los protagonistas de esta novela.
Fatima Daas, Jugar el juego. Traducción Lydia
Vázquez Jiménez.
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