lunes, 28 de septiembre de 2026

Con la Iglesia hemos topado

 


Este es el séptimo libro que comento en el blog de este escritor peruano y el tercero que no es de ficción. Roncagliolo es un buen novelista, pero también es bueno cuando se dedica a otros temas ya sea escribir sobre Sendero Luminoso, sobre el escritor uruguayo Enrique Amorín o, como en este caso, sobre Robert Prevost, su camino hasta llegar al papado y varias cosas más.

El libro tiene el interés y el atractivo principal de conocer aspectos de ese camino de Prevost hasta convertirse en León XIV, pero, para explicarlo, Rancagliolo dedica muchas páginas al tema de los abusos sexuales en la Iglesia peruana y muchas también a las luchas por el poder en ella. Así vemos transitar por la historia a varios obispos y algún arzobispo pugnando unos por ocultar los abusos y otros por sacarlos a la luz a veces con segundas intenciones.

Además, y esta parte me ha interesado especialmente, el autor va introduciendo sus propias vivencias desde que en el colegio sufrió algún abuso hasta que decidió hacerse sacerdote en lo que, para su suerte me atrevo a decir, fue rechazado por los jesuitas. También es relevante lo que narra de la relación con un padre militante de izquierdas y seguidor de la teología de la liberación que tras diferentes fracasos termina como alcohólico y maltratador.

Sobre su postura ante los diferentes enfrentamientos que cuenta Roncagliolo se sincera de esta manera:

“Mientras reconstruyo el combate con testimonios, me doy cuenta de que no soy neutral en esta guerra.

Respeto a mis fuentes, transcribo con fidelidad sus palabras, sin opinar sobre ellas, tratando de armar una narración coherente. Pero, la verdad, quiero con todas mis fuerzas que gane el dios de Prevost. Es el que me enseñaron a mí en las misas de mi infancia, incluso el de mi frustrada vocación sacerdotal. También es el Dios de los sacerdotes que he visto trabajar con los pobres, salvar a los refugiados, arrancar a las mujeres de la trata, enfrentarse a sicarios y terroristas.” (p. 270)

La historia está narrada casi en forma de thriller y, eso sí, a veces me ha parecido un tanto confusa seguramente por algunos cambios temporales que hace y que creo que no quedan especialmente bien aclarados. Esto no quita para que el autor demuestre como siempre su gran capacidad narrativa y que el libro se lea de un par de tirones y cueste trabajo dejar de leerlo.

Es difícil destacar algo, pero si acaso yo lo haría con las jugosas informaciones que ofrece sobre el cónclave en el que salió elegido Prevost.

Un libro cuya lectura me parece recomendable incluso para gente atea y/ anticlerical, como es mi caso, porque hay un buen acercamiento al tema de los abusos en la Iglesia. En este sentido reproduzco el siguiente fragmento:

“Durante el siglo XX, los casos de abusos sexuales en la Iglesia se trataban en cuchicheos y se resolvían sin aspavientos: unas disculpas a los abusados y discretos traslados de los abusadores. Un cura se marchaba, otro llegaba.” (p. 123)

Como alumno de un colegio religioso en los años 50 y 60 del siglo pasado, en concreto el de los maristas en Chamberí, tuve ocasión de conocer a un hermano (es así como se decían los miembros de la orden) de nombre Marino que practicaba alguna forma de tocamientos a los alumnos. Recientemente he tenido ocasión de leer en la prensa que Marino González, el hermano Marino, había sido desplazado a diversos centros a lo largo de su larga etapa en la educación.

Hay una buena reseña de Antonio Isidro Graña en revistacervantes.com

 

Santiago Roncagliolo, El pastor y los lobos

 

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