miércoles, 14 de abril de 2021

Un trozo de vida y de historia


Vásquez ha elegido para esta novela un tema bastante cercano ya que se trata de novelar parte de la vida de un gran amigo suyo: el director de cine colombiano Sergio Cabrera. “Volver la vista atrás es una obra de ficción, pero no hay en ella episodios imaginarios. (…) el acto de la ficción ha consistido en extraer la figura de esta novela del gigantesco pedazo de montaña que es la experiencia de Sergio Cabrera y su familia, tal como me fue revelada a lo largo de siete años de encuentros y más de treinta horas de conversaciones grabadas”. (Así inicia la Nota del autor al final del libro, p. 473).

Vásquez, en la mayoría de los libros suyos que he leído, suele trabajar de esta manera con materiales de la realidad, pero creo que esta es la vez que lo hace de una forma tan absoluta.

El libro está dividido en tres partes. La primera se centra sobre todo en el personaje fundamental de Fausto Cabrera, el padre de Sergio, y en su peripecia hasta llegar a establecerse en Colombia desde su salida de España. También vemos los inicios de Sergio y su hermana Marianella, que será otro de los personajes claves del libro. La segunda está centrada en la estancia de varios años en China de toda la familia durante los años de la revolución cultural en la que tanto Sergio como Marianella se convertirán en guardias rojos, con todo lo que significó eso en su día. En la tercera también toda la familia terminará en Colombia, primero los padres y un tiempo después los hijos, participando en la lucha de la guerrilla. Una vida, pues, llena de aventuras y momentos culminantes, pero también llena de dificultades, tensiones y dudas.

Como afirma Vásquez en su interesantísima entrevista con Andrés Seoane en elcultural.com:

Esta novela condensa las principales obsesiones de toda mi obra. Por un lado, el peso del pasado, que en realidad no es pasado, sino que nos acompaña y determina, incluso de forma inconsciente, muchos aspectos de nuestra vida. Por otro, la manera en que eso que llamamos historia o política o realidad social se inmiscuye y moldea las vidas de los individuos”.(Subrayado en el original.)

En ese moldear la vida de los individuos creo que está una de las claves de la novela y uno de los aspectos que la hacen tan atractiva. Tanto Sergio como Marianella están moldeados tanto por su padre como por una realidad política en la que estuvieron inmersos durante muchos años.

Reproduzco dos breves fragmentos para ilustrar hasta qué punto se produjo esto:

“Presidente Mao, ¡te amo más! Puedo prescindir de padre y madre, ¡pero no puedo prescindir de tu gran ideología!” (p. 266) (Del diario de Marianella en 1968, por cierto, un diario escrito en chino en muchas de sus páginas.)

“(…) Sergio pensó lo mismo que pensaría durante los siguientes años. Le había tocado una época en la que todo el mundo, en todas partes, por todos los medios, tenía un solo objetivo: hacer la revolución. Qué suerte era estar vivo.” (p. 254)

 Este era el nivel de compromiso y de “ideologización” que tenían ambos. Este exceso terminará por hacer que ambos abandonen la guerrilla decepcionados como muestra el siguiente fragmento referido a Sergio:

“La lucha armada se le había convertido en una rutina obscena: ganar la confianza de los campesinos para llevar a cabo operativos de guerra, y contemplar cómo las víctimas de los operativos, a la larga, eran los campesinos cuya confianza habían ganado. No, la revolución no podía ser esto.” (p. 363-364)

En el caso de Marianella el rechazo fue anterior y mucho más fuerte ya que no solo se arrepintió del tiempo dedicado a la guerrilla sino que manifestó que también sentía odio.

En fin, todo esto no es más que una mínima parte de todo lo que se cuenta en una novela que abarca 50 años (desde mediados de los años veinte hasta mediados de los setenta), que se desarrolla en países donde se estaban produciendo hechos relevantes (hoy diríamos históricos) y que tiene 471 páginas. Una novela que tiene un cuadro de personajes magnífico porque a los ya mencionados hay que añadir Luz Elena, la madre, David Crook, un británico que espiaba al POUM y que terminó en China, y un conjunto interesante de miembros de la guerrilla de variado pelaje que va desde el asesino y abusador hasta el idealista.

Hay una serie de cuestiones que aparecen y que llaman la atención de forma más concreta. Así: lo que se cuenta sobre el referéndum que se hizo para aprobar o no los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla; las recomendaciones que deja escritas Fausto a sus hijos, cuando el matrimonio se va a Colombia y los dejan solos en China, que son una clara muestra de la rigidez moral y de cómo la ideología se superpone a todo; la guasa con el cambio del sentido de la luz en los semáforos durante la revolución cultural o el rechazo de una novia de Sergio por ser yugoslava, es decir, de un país “revisionista”. En fin, de este tipo de cosas hay bastantes en el texto.

Además de todo lo visto sobre el contenido no menos importante es la calidad de narrador que tiene el autor capaz de contar las cosas de forma ágil, comprensible y con una gran escritura en la que no faltan los modismos colombianos.

La edición se acompaña con una serie de fotos muy interesantes que sirven para conocer mejor a los personajes.

Muy recomendable tanto por el interés de lo narrado como por la magnífica escritura de uno de los grandes escritores en castellano de la actualidad del que tengo la suerte de tener aún dos libros pendientes: Historia secreta de Costaguana y Los informantes.

 

Juan Gabriel Vásquez, Volver la vista atrás.

 

 

 

 

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