jueves, 4 de junio de 2026

Otro retrato cruel de una época

 

“A pesar de todo, no es una novela pesimista. Es más bien un libro de esperanza. Un libro de rebeldía y de amor, porque uno no se rebela por odio, sino por amor. A mi juicio, es una obra patética y, a la vez, optimista, ya que sin optimismo nadie podría emprender un viaje como el de Ana y llegar al final.” (p. 14)

Estas palabras, recogidas por la traductora en el Prólogo, son parte de una entrevista radiofónica del autor hecha en 1977 y creo que reflejan muy bien la idea que tenía Gómez Arcos sobre lo que había escrito.

La novela narra el largo periplo de Ana, una mujer de un pueblo de pescadores del sur de España, para ir a ver a su hijo preso en una cárcel del norte desde el final de la guerra civil. Ana perdió en la guerra a su marido y sus otros dos hijos y ahora, en 1969, a sus setenta y cinco años, decide ir antes de morirse a ver al hijo pequeño preso.

Gran parte del viaje lo hará sola y en algunos tramos tendrá diferentes compañías tales como: una perra sarnosa que terminará en la perrera municipal ahogada a propósito; un cantante ciego que la enseña a leer y escribir y que terminará preso y acompañará a un pequeño circo, con el que llegará al norte, en el que empezará limpiando y terminará siendo la presentadora.

A lo largo del trayecto tiene también que buscar de vez en cuando ganarse la vida porque apenas tiene dinero. Así, mendigará algunas veces, irá a Madrid en una manifestación a favor de Franco por un bocadillo y 200 pesetas, también “disfrutará” de una buena comida dentro de la campaña “siente un pobre en su mesa” que un grupo de señoras católicas habían puesto en marcha, y también en una ocasión trabajará de limpiadora de cadáveres en una morgue.

Gómez Arcos utiliza un sistema interesante para ir retratando a esta mujer que consiste en ir añadiendo calificativos al nombre de Ana según las situaciones por las que atraviese. Así: Ana-negra, nostálgica, fantasiosa, viuda, secreta, minúscula, tozuda, lúcida, humilde, sola, cansada, pobre, sucia, etc.

No hace demasiadas alusiones a la situación del país y eso que por esas fechas estaba en marcha el estado de excepción. Sí habla sobre el Valle de los Caídos cuando pasa Ana por allí con el invidente quien le dice:

“- No temas, Ana, no -dice el invidente-. Te enseñé a leer y escribir para que algún día pudieras aprender el odio. Ese día de odio ha llegado. Este monumento, con su aberrante grandiosidad, fue construido por los vencedores para mostrar al país, y al mundo entero, la insignificancia de los vencidos.” (p. 136)

También hay alguna referencia a la Iglesia y la ya mencionada de la manifestación en Madrid.

Además del contenido de la obra, en los textos de este escritor es muy importante la forma como ya he tenido ocasión de decir en los dos libros que he comentado en el blog. Tiene una escritura muy reconocible, con frases generalmente cortas muy bien construidas, con un lenguaje muy adaptado a los personajes y mezclando muy bien lo poético con lo más duro. Personajes que, por cierto, aunque pocos son muy importantes y con una Ana que es un grandísima creación.

Es una lectura muy recomendable aunque a mí me ha producido bastante tristeza y no soy tan optimista como el autor en la cita que ponía al principio. La España que retrata, y en la que Ana pasa tantas penalidades, es un país gris y desapacible, pero es, además, en el que yo vivía cuando tenía veinte años y algunos de los recuerdos de aquellos tiempos no son muy gratos de rememorar.

Hay una buena reseña de Manuel Cardeñas en yukalipaginaliteraria.com

 

Agustín Gómez Arcos, Ana no. Traducción Adoración Elvira Rodríguez.

 

 

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