“A pesar de todo, no es una novela pesimista. Es más
bien un libro de esperanza. Un libro de rebeldía y de amor, porque uno no se
rebela por odio, sino por amor. A mi juicio, es una obra patética y, a la vez,
optimista, ya que sin optimismo nadie podría emprender un viaje como el de Ana
y llegar al final.” (p. 14)
Estas palabras, recogidas por la traductora en el
Prólogo, son parte de una entrevista radiofónica del autor hecha en 1977 y creo
que reflejan muy bien la idea que tenía Gómez Arcos sobre lo que había escrito.
La novela narra el largo periplo de Ana, una mujer de
un pueblo de pescadores del sur de España, para ir a ver a su hijo preso en una
cárcel del norte desde el final de la guerra civil. Ana perdió en la guerra a
su marido y sus otros dos hijos y ahora, en 1969, a sus setenta y cinco años,
decide ir antes de morirse a ver al hijo pequeño preso.
Gran parte del viaje lo hará sola y en algunos tramos
tendrá diferentes compañías tales como: una perra sarnosa que terminará en la
perrera municipal ahogada a propósito; un cantante ciego que la enseña a leer y
escribir y que terminará preso y acompañará a un pequeño circo, con el que
llegará al norte, en el que empezará limpiando y terminará siendo la
presentadora.
A lo largo del trayecto tiene también que buscar de
vez en cuando ganarse la vida porque apenas tiene dinero. Así, mendigará
algunas veces, irá a Madrid en una manifestación a favor de Franco por un
bocadillo y 200 pesetas, también “disfrutará” de una buena comida dentro de la
campaña “siente un pobre en su mesa” que un grupo de señoras católicas habían
puesto en marcha, y también en una ocasión trabajará de limpiadora de cadáveres
en una morgue.
Gómez Arcos utiliza un sistema interesante para ir
retratando a esta mujer que consiste en ir añadiendo calificativos al nombre de
Ana según las situaciones por las que atraviese. Así: Ana-negra, nostálgica,
fantasiosa, viuda, secreta, minúscula, tozuda, lúcida, humilde, sola, cansada,
pobre, sucia, etc.
No hace demasiadas alusiones a la situación del país y eso que por esas fechas estaba en marcha el estado de excepción. Sí habla sobre el Valle de los Caídos cuando pasa Ana por allí con el invidente quien le dice:
“- No temas, Ana, no -dice el invidente-. Te enseñé a
leer y escribir para que algún día pudieras aprender el odio. Ese día de odio
ha llegado. Este monumento, con su aberrante grandiosidad, fue construido por
los vencedores para mostrar al país, y al mundo entero, la insignificancia de
los vencidos.” (p. 136)
También hay alguna referencia a la Iglesia y la ya mencionada de la manifestación en Madrid.
Además del contenido de la obra, en los textos de este
escritor es muy importante la forma como ya he tenido ocasión de decir en los
dos libros que he comentado en el blog. Tiene una escritura muy reconocible,
con frases generalmente cortas muy bien construidas, con un lenguaje muy
adaptado a los personajes y mezclando muy bien lo poético con lo más duro. Personajes que, por cierto, aunque pocos son muy importantes y con una Ana que es un grandísima creación.
Es una lectura muy recomendable aunque a mí me ha
producido bastante tristeza y no soy tan optimista como el autor en la cita que
ponía al principio. La España que retrata, y en la que Ana pasa tantas
penalidades, es un país gris y desapacible, pero es, además, en el que yo vivía
cuando tenía veinte años y algunos de los recuerdos de aquellos tiempos no son
muy gratos de rememorar.
Hay una buena reseña de Manuel Cardeñas en
yukalipaginaliteraria.com
Agustín Gómez Arcos, Ana no. Traducción
Adoración Elvira Rodríguez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario