lunes, 26 de diciembre de 2022

La guerra del Vietnam en vivo

 

La guerra del Vietnam ha tenido un fuerte impacto cinematográfico y le han dedicado magníficas películas directores como Coppola, Stone o Kubrick. También se han hecho muchas y muy buenas series documentales aprovechando la inmensa cantidad de material filmado y, seguramente, también se han debido de escribir bastantes obras de ficción sobre unos hechos que marcaron tanto a la sociedad estadounidense. Sin embargo, al menos en lo que yo conozco, son pocas las obras que se han traducido al castellano. En el blog, en una entrada de hace 11 años, aparece el comentario del libro de Tim O’Brien que es el único que recuerdo haber leído sobre este tema. Por eso me llamó la atención la publicación de este de Anderson  y, además, en la colección Al margen de la editorial Sajalín. El libro fue publicado en inglés en 1987, así que ha tardado tiempo en llegar hasta nosotros.

Su autor, Anderson, es un veterano de esa guerra y luego trabajó como policía. Con ese bagaje se ha dedicado a escribir varias novelas con el mismo protagonista de esta primera, Hanson, combatiente en esa guerra.

La novela está dividida en tres partes. La primera y la tercera centradas en las peripecias de Hanson y otro conjunto de personajes en la guerra, mientras que la segunda se dedica a enseñar el periodo de formación previo al envío a Vietnam. Esta parte está compuesta por un conjunto de situaciones que estamos muy acostumbrados a ver en las películas. Esos sargentos duros hasta casi la violencia, pero también comprensivos, unos entrenamientos que dejan exhaustos a los soldados, etc. Las otras dos también muestran muchas cosas ya conocidas gracias al cine, pero Anderson sabe narrarlas muy bien y hacerlas muy vivas.

El libro describe muy bien tanto los combates como las relaciones entre los soldados, no ahorra la crudeza aunque tampoco se ceba en ella y ofrece algunas novedades, al menos para mí, como es la presencia de los montagnards (habitantes de las montañas de Vietnam de los que habla muy bien) y los nungs (mercenarios de ascendencia china). Me ha chocado que la droga tenga una presencia casi testimonial teniendo en cuenta la importancia que siempre se le ha dado.

Anderson se muestra bastante crítico. Así, de forma puntual critica la visita que el presidente realiza a las tropas o ridiculiza los paquetes que envía la iglesia de Iowa a los soldados, pero a lo largo del libro va deslizando críticas más profundas. Por un lado, las que dedica a actitudes del ejército de su país. Algunos ejemplos:

 

“La atmósfera olía al máximo a terror y lujuria (…), al almizcle de las violaciones en grupo omnipresentes en Vietnam (…)” (p.204)

 

“El año anterior, la Tercera Mecanizada había acogido a más chavales sin acabar la secundaria que nunca. Cualquiera que tuviese dos dedos de frente estaba escondido en la universidad o en la Guardia Nacional. Acogían reclutas que eran criminales analfabetos y drogadictos incapaces de seguir órdenes.

Los aspirantes a oficial con graduación de la compañía no eran mucho mejores. Algunos de los nuevos subtenientes no tenían autoridad ni para llevar un 7-Eleven, no digamos ya una unidad de combate”. (p. 426)

 

Pero, por otro lado, son constantes las que se hacen a los miembros del ejército sudvietnamita, como se puede comprobar en los siguientes fragmentos:

 

“ -¿Sabes lo que me gusta de ellos? ¿Eh? Nada. Ni una puta cosa. No me gustan sus caras chupadas y huesudas, ni sus uniformes culiprietos, ni esos andares de bujarra, ni el aliento asqueroso a pescado que se gastan cuando se te plantan delante de la cara como si te fueran a dar un morreo para hablarte en ese idioma quejicoso de mierda suyo y te soplan esa peste a arroz y pescado entre los dientes podridos, solo que no saben hablar con una voz ni medio humana, joder, lo único que saben hacer es pegar chillidos. ¡Cómo odio cuando un amarillito de los cojones se me pone delante chillando y meneando esos brazos esmirriados”. (p.254) (Lo dice uno de los amigos de Hanson.)

 

Di Wee Tau era uno de tantos oficiales vietnamitas que habían comprado su rango en Da Nang. Llevaba siempre las botas bien abrillantadas con saliva por su criado y el uniforme bien ajustado por el sastre”. (p. 367)

 

Como decía más arriba, el libro está bien escrito, con una buena agilidad en la narración que apenas desfallece a pesar de alguna reiteración. Tiene una buena galería de personajes y la ventaja de ser de los pocos que se han traducido sobre el conflicto más importante de la segunda mitad del siglo XX.

Hay una reseña muy completa de Gema Monlleo en profesorjonk.com

 

Kent Anderson, Compasión por el diablo. Traducción Rubén Martín Giráldez.

 

 

 

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