domingo, 31 de marzo de 2024

Retrato cruel de una época



He tardado mucho tiempo en leer a este magnífico escritor. De hecho, el primer libro que he leído y comentado fue en diciembre pasado. Me gustó muchísimo y me pareció una acertada, y muy negativa, visión de la España de los ochenta. En el que ahora comento, que fue escrito entre1977 y 1978, arremete contra la violencia del régimen con una dureza como no había leído nunca.

El protagonista es Germán Enríquez, el ”Jefe de Policía”, un personaje realmente repugnante no solo por su actitud como torturador sino también por su vida privada, aspecto este en el que Gómez Arcos se regodea con escenas que yo calificaría directamente de asquerosa. Junto a él aparecen su esposa Carlota y la madre se esta, dos buenas representantes de la gente de bien, o Ketty la amante y su madre, una madame de libro. Personajes bastante negativos. Junto a ellos Teresa López es el único positivo y Portal, un médico dietista que estaría entre ambas calificaciones según el momento de la historia. Una historia que es bastante simple: el Jefe de Policía ha sido asesinado de dos disparos y la novela, a lo largo de sus nada menos que 464 páginas, va contando las reacciones de algunos personajes y algunos aspectos de la vida del policía.

Como dice Jacinto Soriano Sánchez en el Prólogo:

“Escrita en estos años decisivos, la novela era la afirmación más rotunda de la exigencia fundamental de la memoria, de la necesidad -necesidad de conciencia y necesidad de esperanza- de no amnistiar el pasado y enterrarlo en el olvido. Agustín había abandonado el mundo oscuro y trágico que late bajo la “Paz” del franquismo (María República y Ana no) para entrar en la otra “intrahistoria”, también subterránea, de sótanos, penumbra y gritos; la de la represión y la clandestinidad de las víctimas” (pág. 21-22)

En este recorrido por una España sórdida el autor critica el régimen, pero también tiene sus buenas páginas sobre la Iglesia (las monjas especialmente), sobre todo por su papel en la educación.

Con todo, lo que más me ha gustado e interesado es la escritura y el estilo del autor. El libro está dividido en cinco capítulos y se puede decir que prácticamente en cada uno hay una forma diferente de narrar. Por ejemplo, en uno utiliza una breve frase para introducir el cambio del momento narrado o en otro la protagonista utiliza en el mismo fragmento la primera persona y la tercera para referirse a ella misma.

Un libro muy recomendable por el fondo y por la forma. Escrito con mucha pasión y, desde luego, con mucha mala leche. Al final queda la impresión de que Gómez Arcos se debió de quedar bien a gusto después de escribirlo. Hay que tener en cuenta que se instaló en 1968 en París exiliado por el acoso al que le sometía la dictadura.

 

Agustín Gómez Arcos, Escena de caza (furtiva). Traducción Adoración Elvira Rodríguez.

 

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