Soy un gran aficionado al jazz. De hecho es
prácticamente la única música que escucho en los últimos años y, dentro del
jazz, son los tríos con lo que más disfruto. Mehldau es, precisamente, un
pianista que ha publicado bastantes discos con esa formación y, también, es uno
de los pocos intérpretes conocidos a nivel internacional a los que he tenido el
placer de escuchar en directo.
Por todo eso, me hizo especial ilusión encontrar esta
autobiografía teniendo en cuenta, además, que son pocos los libros tanto
biográficos como autobiográficos de músicos de jazz que se traducen y publican
en nuestro país.
Desgraciadamente el libro me ha defraudado. A pesar de
su extensión, 425 páginas en gran formato, se centra en sus años de juventud y
en sus inicios en el jazz, esto es en los ochenta y primera mitad de los
noventa (Mehldau nació en 1970). Es decir, no habla de sus mejores años como
intérprete, aunque es cierto que sí refleja muy bien lo que era esa música en el
Nueva York de esos años.
El libro es tremendamente irregular para un lector de
mis características, esto es, alguien que disfruta con esa música pero que, al
mismo tiempo, desconoce totalmente la teoría musical. Me gusta cuando habla de
los músicos y me pierdo cuando lo hace de la música que hacen.
Por otra parte, el libro está lleno de momentos en los
que se explaya en reflexiones filosóficas e incluso a veces religiosas que,
sinceramente, ni me interesan especialmente ni en muchos casos entiendo.
También encuentro excesivo el espacio que dedica a sus
problemas en el colegio con su grupo de amigos. Es obvio que fue una época muy
importante para el autor, pero creo que se pueden entender sus problemas sin
necesidad de dedicarles tanto espacio. En este sentido, tengo la impresión de
que Mehldau ha debido de tener muchas horas de terapia porque hay mucho
psicologismo en las apreciaciones que hace en este tema de la amistad en
general y de las preferencias sexuales en particular.
Desde luego, no sé si es un pianista de jazz al uso
porque hay autores como Thomas Mann, Joyce, Adorno o Bloom que están muy
presentes en el libro, un texto en el que aparece muchas veces, aunque tampoco
sé si es lo que él pretende, como un intelectual.
En general, hay muchas páginas por las que he pasado
muy por encima, si bien le reconozco un doble mérito: por un lado, la capacidad
de reflexionar en profundidad sobre tantos temas y, por otro, la gran
sinceridad con la que se manifiesta en aspectos como, por ejemplo, su consumo
de drogas que durante una época le tuvieron al borde del colapso.
En fin, creo que es un libro que gustará a los
seguidores del pianista sobre todo y a algunos seguidores del jazz, pero que no
es demasiado interesante para el resto.
En cualquier caso hay que agradecer a esta editorial la publicación de este tipo de libros y esperar que lo hagan con alguna otra biografía o autobiografía de músicos de jazz.
Brad Mehldau, Un canon personal. Traducción
Juan Manuel Ruiz Pardo.
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