Desconocía totalmente al autor porque ha trabajado en
medios como COPE y El Mundo que no he seguido nunca, o en otro, El
País, que hace muchos años que no sigo, pero alguien que gana un premio
como este Anagrama de Crónica/Fundación Giangiacomo Feltrinelli, otorgado por
un jurado en el que están Caparrós, Guerriero y Villoro, tiene necesariamente
que ser alguien al que merece la pena leer.
Además, hace unos días tuve ocasión de escucharle en
una entrevista en la SER en el programa A vivir y me pareció muy
interesante lo que decía.
El libro no solo ha confirmado las impresiones
previas, sino que las ha superado con creces. García se muestra como un
magnífico periodista y, lo que es incluso más importante, como un gran
comunicador de lo que sucede en una zona del mundo donde el conflicto y la
violencia son una presencia permanente.
El libro está dividido en seis partes. Lo inicia con
un capítulo centrado en México, donde ha vivido gran parte de los veinte años
que ha estado en la región, que es realmente brutal, en el que hay momentos que
es difícil seguir leyendo, pero que reflejan muy bien lo que allí sucede. De
hecho, menciona un documental, Tierra de cárteles, que he vuelto a ver
recientemente y que es muy clarificador para entender algunos aspectos de esa
realidad. Luego amplía el foco a otros países como: Venezuela, Colombia, Haití,
El Salvador, Honduras y Guatemala. En el tercero se centra en los efectos de
diferentes catástrofes naturales con Haití como gran protagonista. En el
cuarto, dedicado al papel de las mujeres, ha habido muchos momentos en los que
me he emocionado sobre todo con Las Patronas del tren de Veracruz, un grupo de
mujeres con una capacidad de solidaridad fuera de lo normal. El quinto lo dedica
al papel de la religión. Finaliza con Chavela Vargas y María Sabina.
Como se puede ver hay de todo y todo resulta muy
interesante. En cualquier caso me gustaría destacar algunos momentos que, por
diferentes razones, me han llamado más la atención. Así: el personaje de Bukele
teniendo en cuenta que de los periodistas salvadoreños que menciona, los
hermanos Oscar y Carlos Martínez y Carlos Dada, he leído todo lo que se ha
publicado en nuestro país, que me parece que están entre los grandes de la zona
y que siento mucho su situación al haber tenido que exiliarse; también lo que
está sucediendo por el cambio climático en el municipio hondureño de Cedeño que
está prácticamente desapareciendo; la terrible situación de los inválidos por
la “enfermedad del buzo”, enfermedad causada por pescar langostas sin cumplir
los tiempos de descompresión por la presión de las empresas buscando la mayor
productividad o, finalmente, en otro orden de cosas, la preciosa descripción de
su calle que hace en la introducción al apartado “Hatajo de mitoteras”.
Hay también a lo largo del texto varias interesantes reflexiones sobre la profesión de periodista. Dejo constancia con el siguiente fragmento:
“El actual modelo mediático te permite rellenar
periódicos y minutos de televisión para entretener y mantener las apariencias
hasta que traspasas una línea, y ahí se terminó la fiesta. El sistema nos deja
jugar a ser periodistas mientras no se vean amenazados los grandes intereses
económicos y políticos que los impulsan. Si eso sucede, la maquinaria opera de
forma implacable.” (p. 56)
Todo lo dicho no es sino una pequeñísima muestra de lo
mucho que ofrece este gran libro imprescindible para los interesados en la
región, en la profesión y también para los que disfruten con la buena
escritura.
Jacobo García. Años luz. Dos décadas de crónica
latinoamericana.

