jueves, 21 de julio de 2022

Otro enfoque sobre Ucrania



Cuando un lector que no conozca a la autora se encuentra en la página 13 que: “en la agenda oculta se busca un cambio del orden mundial”, lo más probable es que piense que va a leer un ensayo sobre geopolítica. Evidentemente, nada más lejos de la realidad.

Rebón no solo es una gran traductora de la literatura rusa, sino alguien que conoce muy bien el mundo eslavo en diferentes aspectos y, por encima de todo, alguien que tiene una gran estima por la cultura pasada y presente de ese mundo.

En este breve libro, apenas 120 páginas en tamaño bolsillo, se recogen seis ensayos en los que ofrece, más que una visión del actual conflicto entre Rusia y Ucrania, una serie de reflexiones sobre la situación cultural de la segunda sobre todo desde la desaparición del mundo soviético.

Para ello, y tal y como hizo en su magnífico libro  En la ciudad líquida, utiliza multitud de citas de un conjunto de escritores de los que deja constancia en un anexo al final del libro bajo el epígrafe de Biblioteca personal. Con esto no trata de hacer una demostración de erudición, sino poner en boca de grandes autores, eslavos en su inmensa mayoría,  ideas que comparte.

En este conflicto queda claro que Rebón toma partido por Ucrania y en contra de Putin. Dedica mucho espacio a defender la existencia de una lengua que ha sido maltratada y menospreciada y de un país importante tal y como se puede leer en el siguiente fragmento:

 

“ (…) a muchos lectores les cuesta imaginar que un pedazo de Ucrania se lee en el polaco de Zbigniew Herbert, Adam Zagajekski, Stanislaw Lem o Bruno Schulz, el hebreo del Nobel Shamuel Yosef Agnón, el portugués brasileño de Clarice Lispector, el francés de Irene Némirovsky, el inglés de Joseph Conrad o el alemán de Joseph Roth y Gregor Von Rezzori”. (p. 38)

Y más adelante menciona a Anna Ajmátova, Mijail Bulgákov, Isaak Bábel y Vasili Grossman.

Decía hace un momento que contra Putin ya que: “Bala, veneno o juicio: a esto se enfrenta cualquier reportero independiente en la Rusia contemporánea”. (p. 94) En esas condiciones no parece posible que exista una información mínimamente válida sobre el conflicto y además, como ya se vio en las protestas que se produjeron al principio, el régimen usó toda su fuerza en la represión de cualquier muestra de disidencia

He hablado de la erudición, pero a mí lo que más me ha llegado es la emoción que expresa y que transmite. Así:

 

“Nombres como Bucha, Mariúpol, Járkiv o Borodianka me han alejado estos meses de los estantes de literatura rusa. El esfuerzo por encajar una gran cultura con la masacre de vidas humanas lo cubre todo de amargura.

(…)

El idioma que emplean las cadenas públicas rusas para deshumanizar a los ucranianos o amenazar a Finlandia es el mismo con el que están escritos  libros a los que he acudido para consolarme, como los de Vasili Grossman, Lidia Chukóvskaia, Gueorgui Vladímov, Isaak bábel, Liudmila Ulítskaia…” (p. 73-74)

 

Un libro muy hermoso, término que utilizo en muy raras ocasiones, aunque trate de un conflicto armado; lleno de sugerencias de lectura y de reflexiones que se salen de lo que se suele leer sobre el tema; muy bien escrito y con un ensayo final, Carta a Grossman, que resume tanto las ideas como las emociones de Rebón y cuya lectura resulta realmente emocionante máxime si se conoce la obra del autor.

Para terminar un comentario lleno también de citas, lo haré con una de una escritora que conocí gracias precisamente a Rebón y cuyos libros son algo más que recomendables. Me refiero a Liudmila Ulítskaia  y a lo que publicó en Der Spiegel a raíz de la anexión rusa de Crimea en 2014:

 

“Ahora mi país está en guerra con la cultura, los valores del humanismo, la libertad del individuo y la idea de los derechos humanos… Mi país está enfermo de ignorancia agresiva, de nacionalismo y de megalomanía imperial… La cultura en Rusia ha sufrido una dura derrota, y los artistas y escritores no podemos alterar el rumbo político suicida de nuestra nación. Adiós, Europa: me temo que nunca formaremos parte de la familia europea de naciones…” (p. 84)

 

En definitiva, una lectura muy recomendable

 

Marta Rebón, El complejo de Caín. El “ser o no ser” de Ucrania bajo la sombra de Rusia.

 

martes, 19 de julio de 2022

Recuperando escritos de un grande


“Se me acabó John Fante, ¡qué pena!” Con este expresivo título abría la última entrada que hacía, hace más de siete años, de un libro del autor del que había leído, en menos de un año, todos los publicados por Anagrama además de uno sobre su obra. Inmediatamente después leí los dos publicados por su hijo Dan.

Se entiende así la ilusión al ver después de tanto tiempo otro libro de Fante. En este se recogen un conjunto de 18 relatos escritos entre 1932 y 1959 en su gran mayoría no publicados. Predominan los escritos en los años 30, es decir cuando el autor no había llegado aún a la treintena,  y solo dos son de los cincuenta.

Tratándose de Fante los temas no pueden ser muy variados. Ya están presentes la familia (en varios es la suya aunque con nombres cambiados) y sus innumerables conflictos, la pobreza, los problemas de un escritor, la situación de los inmigrantes (aquí hay más de uno sobre los filipinos) y sus costumbres, las relaciones amorosas, y, claro, Bandini.

El estilo no puede ser otro que el suyo, esto es, frases cortas, yendo al grano, buenos diálogos, gran capacidad narrativa, sentido del humor, etc.

A mí tengo que decir que me han gustado más los primeros, aunque no sé si la crítica los considerará mejores, y de entre ellos me parece que el titulado El delincuente es un magnífico ejemplo de su escritura. También, por los personajes y el momento histórico en el que se desarrolla, me ha llamado la atención la historia que cuenta en Mary Osaka, te quiero, un buen ejemplo de un cierto compromiso con la realidad que vivían los habitantes japoneses y filipinos en Estados Unidos.

En fin, un buen conjunto de historias contadas por un gran narrador. Recomendable como lo es cualquiera de los libros del autor.

John Fante, Hambre. Traducción Antonio-Prometeo Moya.

 

 

ANDAMIO

 

Una entrada muy variada como suele ser habitual tanto de procedencias como de temas. Una despedida y varias miniseries interesantes.

 

Películas

 

Delicieux. Una película francesa muy francesa. Una anécdota suficiente para mantener el interés y una magnífica puesta en escena con momentos muy brillantes. Una fotografía espectacular, dos buenas interpretaciones y hasta algunos elementos de crítica social. En definitiva, entretenida y para pasar un buen rato. ¡Ah!, se me olvidaba. Va de gastronomía en 1789.

 

El caso Villa Caprice. Interesante película francesa sobre el poder, la corrupción o el engaño entre otros temas. Aunque se trata de un guion original, parece ser que basado en unos hechos reales, a mí me ha recordado mucho a Patricia Highsmith por el tratamiento dado a la historia; esa forma de ir insinuando cosas y esos personajes inquietantes son muy típicos de ella. Gran interpretación del protagonista.

 

Competencia oficial. Una producción española para una película de guion y dirección argentina con intérpretes de ambos países. Una comedia sobre el mundo del cine que tiene momentos realmente divertidos y otros que, gracias a las magníficas interpretaciones, resultan interesantes por los temas que plantean.

 

Series

 

Barry. Serie estadounidense de 8 episodios de 30 minutos. El protagonista es un asesino a sueldo que, por casualidad, se dedica también a aprender el trabajo de actor. Una comedia de humor negro que se desarrolla en Los Ángeles y que resulta entretenida. Hay más temporadas, pero no creo que el tema dé para mucho más.

 

Teherán. Segunda temporada de esta serie israelí con 8 episodios de unos 40 minutos. Tan entretenida y con momentos tan inverosímiles como la primera, pero también con la misma claridad en su desarrollo.

 

Te quiero, muérete. Miniserie documental estadounidense de solo dos capítulos de una hora. Un joven de dieciocho años se suicida en 2014 y su novia es acusada de impulsarlo a ello. Tenían una relación basada casi exclusivamente en mensajes que estaban todos a disposición de los investigadores. Magníficamente organizada la narración del proceso judicial como ya es habitual en los documentales hechos en ese país. Tiene al interés añadido de ver cómo son algunas relaciones entre la gente joven y qué problemas se plantean. El espectador puede ver perfectamente cuáles son las posturas de la fiscalía y la defensa y adoptar su propia posición.  Muy interesante.

 

Minx. Serie estadounidense de 10 episodios de 30 minutos. Una divertida historia que transcurre en 1971 sobre la creación de la primera revista para mujeres con desnudos masculinos. Feminismo con algún momento en que se plantean debates que, de alguna manera, siguen vivos. Buena selección de personajes y unos guiones con unos magníficos diálogos.

 

Peaky Blinders. Sexta y última temporada con 6 episodios de una hora. Una continuación muy clara de la anterior tanto en los temas y las situaciones como, sobre todo, en la estética, la ambientación y la música. Ya me ha resultado un tanto cansina, es como si los guionistas también tuvieran ganas de terminar pero no tenían muy claro cómo llegar al final. Ha sido una buena serie que, para mi gusto, ha ido de más a menos.

 

Heartstopper. Serie británica de 8 episodios de 25 minutos. Una serie que refleja, de forma muy tierna, el despertar a la homosexualidad de unos adolescentes en el colegio. Lógicamente, hay momentos en los que aparece el bullying, pero no se ceba en él sino en los aspectos más positivos de las relaciones entre los y las jóvenes. Sería bueno que se viera en muchos centros escolares.

 

Todo lo que amas. Serie noruega de 7 episodios de algo más de 20 minutos. Una historia de amor entre jóvenes de 20 años con el añadido de que él es un adicto al pensamiento y las ideas de la extrema derecha. La serie es muy crítica con ese forma de pensar y actuar aunque, desde el punto de vista de la historia de amor no termina de tomar postura y deja un final abierto. Interesante.

lunes, 18 de julio de 2022

Otro buen escritor francés


Hay que agregar a este autor a la larga lista de escritores franceses, y también algún alemán, que en los últimos años están escribiendo este tipo de libros a medio camino entre la realidad y la ficción, o mejor, que están contándonos aspectos de la realidad, sobre todo la histórica, utilizando el método que se usa en la narrativa de ficción.

De este libro se dice en la revista Télérama, según reproduce la editorial en la solapa del libro:

“Narrador extremadamente lúcido, Thomas Snégaroff ofrece una historia cautivadora, ultradocumentada, que transporta al lector al corazón del poder nazi. No solo permite acercarte lo máximo posible a Hitler, sino comprender también la fascinación que ejerció sobre el pueblo alemán”.

La historia de este peculiar alemán está contada con una gran agilidad y precisión gracias esto último a la ingente documentación que ha podido utilizar Snégaroff como detalla en el apartado correspondiente de fuentes al final del libro.

Claro que también es necesario contar con un personaje que resulte cuanto menos original y, desde luego, este Putzi (hombrecillo), Ernst Hanfstaengl es su verdadero nombre, tiene diferentes elementos en su vida para serlo.

De buena familia, se trasladó a Nueva York para ser marchante de arte. Allí conoció y tuvo relación con Djuna Barnes. Ya de regreso en Alemania en1923 prestó dinero para financiar el periódico del partido nazi, partido al que se afilió en1931cuando inicia una época de gran cercanía al mismo Adolf Hitler que se divertía mucho con él y al que le gustaba mucho cómo tocaba el piano (ambos eran grandes admiradores de Wagner). Por las luchas internas dentro del régimen, cayó en desgracia en 1934 y se inicia otra parte de su vida que le llevó a situaciones muy diferentes desde la reclusión en campos de concentración en Zurich, Inglaterra y Canadá hasta dirigir el S-Project, para la administración de Estados Unidos, que se dedicaba a la guerra psicológica contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya se puede apreciar en este breve resumen que se trata de una vida intensa y con suficientes variaciones como para que resulte interesante. Eso sí, Putzi, aunque siempre peculiar, fue un nazi durante la mayor parte de su vida.

El libro es muy entretenido y, como se dice en el fragmento que he reproducido antes, muestra bastante bien algunos aspectos del interior del poder nazi por lo que también resulta instructivo.

Me ha parecido especialmente interesante el espacio que dedica a la existencia de grupos fascistas y nazis en Inglaterra y Estados Unidos. Acabo de terminar la de ver la serie Peaky Blinders en la que tiene mucha presencia en los últimos capítulos Diana Mitford, y su relación con el dirigente fascista británico Mosley. En el libro la veo de nuevo en escenas similares a las de la serie.

Un libro recomendable.


Thomas Snégaroff, Putzi. El confidente de Hitler, Traducción Isabel González-Gallarza

 

jueves, 7 de julio de 2022

Sobre los cambios en la prensa


Conozco a la autora desde hace relativamente poco tiempo a partir de sus columnas en elDiario.es, digital del que es actualmente subdirectora. Varias veces compartí en twitter su artículo y tengo que decir que siempre tuve una respuesta suya bien con un like o con un "gracias". Las columnas eran sobre diferentes aspectos de la política internacional que, creo, es su especialidad.

En el libro Ramírez, partiendo de su biografía profesional, va contando cómo ha ido evolucionando el periodismo en el actual siglo, sobre todo cómo los medios han ido abandonando el papel para centrarse en las versiones digitales. En este sentido resulta muy interesante todo lo que cuenta de la pugna entre El Mundo y El País por ponerse a la cabeza en esa nueva forma de presentación y, en el fondo, de hacer periodismo. Hay que tener en cuenta que la autora es hija de Pedro J. Ramírez que en esa época era el director del primero. (Si dejo constancia de esa relación familiar es porque la propia autora da varias citas de él presentándolo como su padre.)

La verdad es que Ramírez tiene un recorrido profesional muy extenso. Así, la vemos trabajando: de becaria en Milán (en el Corriere), en Bruselas en la U.E, como corresponsal de El Mundo en Nueva York cuando las elecciones de Trump, de reportera de El Español en Gran Bretaña en los momentos del Brexit, en el canal Univision, trabajando en la Fundación Nieman y, finalmente, desde 2018 en elDiario.es.

Como buena periodista tiene una gran capacidad narrativa y, lo que también es muy importante, de síntesis, de forma que es capaz de contar un simposio muy interesante y que el lector se entere bien de lo que aportaban los distintos ponentes.

Hay muchas cosas interesantes en el libro pues le ha tocado vivir momentos muy relevantes como se puede apreciar por el breve resumen que acabo de hacer de su currículum. Ahora bien, a mí particularmente me han llamado la atención algunas de las cosas que cuenta o reproduce en el capítulo 9, titulado El elefante, un capítulo centrado en Donald Trump y, sobre todo, en “el negocio de la furia o la indignación” o, dicho de otra forma, cómo ha cambiado en muchos la forma de hacer periodismo, si es que a lo que hacen se le puede aplicar tan noble concepto. Todo lo que cuenta o lo que transmite a través de diversas citas de estudiosos del tema se puede aplicar a la situación de la profesión en nuestro país. Reproduzco un par de fragmentos:

 

“Uno de los cambios respecto a los extremos del pasado que notaban ya entonces era la densidad de los espacios cada vez más opinativos y alejados del reporterismo tradicional. “Mientras la lectura de periódicos y la audiencia de los telediarios de las televisiones convencionales han caído, el número de lugares de indignación ha crecido”, escriben los dos profesores, que apenas citan a Facebook ni otras redes sociales y se centran en los programas de radio de tertulias, a menudo algaradas de sus presentadores, telepredicadores religiosos y políticos, y en las televisiones por cable de noticias y opinión veinticuatro horas, y los blogs.

(…)

Los autores de The Outrage Industry encontraron ejemplos de indignación a izquierda y derecha (…), pero el nivel de agresividad de la derecha era ya muy superior al de la izquierda por volumen, tipo y ritmo de insultos y otras formas de furia.”. (p. 224-225)

(Los profesores autores del libro son: Jeffrey Berry y Sarah Sobieraj)

 

Creo que no hace falta mencionar ningún caso específico de por aquí, además la lista sería tan extensa que ocuparía mucho espacio. También da algunos ejemplos de barbaridades que se dicen como por ejemplo:

 

El presentador de radio Michael Savage gritaba contra los musulmanes “coged vuestra religión y metéosla por donde os quepa”. Glenn Beck decía en su programa matinal que la Agencia Nacional de Protección Civil para emergencias podría estar construyendo “campos de concentración para quien no estuviera de acuerdo con las decisiones del gobierno Obama”. (p. 224)

 

Tampoco creo que haga falta mencionar explícitamente a nadie de aquí, seguro que al lector le viene a la memoria más de un caso.

A lo largo de este blog he tenido ocasión de escribir lo que pienso de la prensa y del papel fundamental que ocupa en las sociedades modernas. De ahí viene mi interés por todo escrito que trate sobre este tema. Este de Ramírez tiene interés por la visión que da de los cambios que se están produciendo y, además, porque ella misma está siendo protagonista. Da una visión muy profesional de la profesión, valga la redundancia, y considera casos aislados ejemplos como los que acabo de reproducir. Por lo que sigo de los medios en España creo que, bien al contrario, la excepción es el periodismo hecho con rigor profesional; cada día crece más el que podríamos llamar “periodismo de trinchera”, ese que en lugar de limitarse a controlar el poder se dedica a intentar cambiarlo. (Donde digo poder debería decir realmente gobierno, el poder es otra cosa).

Un tema apasionante porque en el fondo es en los medios, y con los medios,  donde se está dirimiendo la verdadera batalla política.

Un libro que merece la pena leer.

 

María Ramírez, El periódico.

 

miércoles, 6 de julio de 2022

"Sociología" con humor


Sinceramente, a lo mejor he visto al autor como actor alguna vez en las pocas ocasiones en que he visto el programa de TV3 Polònia, pero en todo caso no lo he reconocido cuando he comprado el libro. De este me llamó la atención el expresivo título y el sugerente subtítulo.

Dice el autor en la que es prácticamente la última página:

 

“Pero ya he avisado de que mi análisis surge de mi experiencia vital, por tanto es un poco sensacionalista y superficial. Al fin y al cabo, los actores mejor que seamos un poco banales, porque cuando vamos de profundos por la vida, apártate. La pedantería y el ridículo están a la vuelta de la esquina”. (p. 177)

 

Toda una declaración de intenciones y una buena explicación de lo que ha pretendido con el texto que el lector acaba de leer. Solo añadiría que no me parece especialmente sensacionalista y, sobre todo, que sí que hay actores que pueden profundizar en algunos temas sin resultar ni pedantes ni ridículos.

El libro lo ha dividido en 10 capítulos con títulos tan indicativos del contenido como, por ejemplo: Mucho hablar, poco trabajar; Barça-Madrid o Mi bandera es más grande que la tuya.

Con un buen sentido del humor, Oro va describiendo algunas de las características, típicas y tópicas, de los ciudadanos de lugares como Madrid, Barcelona, Galicia, Japón, Buenos Aires o Inglaterra entre otros. Desde luego las dos primeras se llevan la palma porque el autor ha vivido en ambas y, lógicamente, porque son un buen reflejo de dos formas bien diferentes de entender muchas cosas.

El libro se lee de un tirón y saca la sonrisa en muchos momentos e incluso la risa franca en algunos. Está escrito con mucha agilidad y, aunque no aporta novedades sustanciales sobre lo que trata, es un buen resumen de esos aspectos.

Solo se pone serio en un capítulo que dedica a Samuel, el chico asesinado precisamente hace un año por estos días, y también  algo en el Epílogo del que destaco dos frases que me gustaría comentar brevemente:

 

“Una amigo que sabe de eso me ha contado que España va a vivir endeudada los próximos cincuenta años”. (p. 172)

 

“Cuando yo estudiaba, nos decían que España era el primer mundo. No sé si todavía se atreven a decirlo”. (p. 174)

 

España, y la mayor parte de los países, lleva viviendo endeudada muchos años. Bélgica o Italia, por citar dos ejemplos cercanos, siempre han tenido un endeudamiento muy superior al español y ahí están. La deuda se va pagando con más deuda y así se soluciona. Por otro lado, me llama la atención que se ponga en cuestión la pertenencia de España al primer mundo. Cualquier habitante del llamado “tercer mundo” que lo lea sonreirá o se pillará un buen cabreo según sea su ánimo. Al final va a tener razón en la parte final de la cita que reproducía más arriba.

En resumen, un buen pasatiempo para una calurosa tarde de verano.

 

Bruno Oro. No somos gilipollas. Una radiografía de nuestro querido e imperfecto país.

 

lunes, 4 de julio de 2022

Un buen descubrimiento


Tenía curiosidad por este autor ya que la editorial Arpa ha editado cuatro libros suyos en un breve espacio de tiempo. Los veía en la librería pero no me atrevía a comprarlos hasta el otro día en que necesitaba una lectura más ligera de lo habitual y pensé que uno de este escritor podría ser adecuado. Acerté de lleno.

El libro está narrado en primera persona por su protagonista, Brendan, un hombre de 56 años que vive en Los Ángeles y trabaja como conductor para Uber. Conoce en un servicio a Alice, una mujer de 60 años que trabaja ayudando a las jóvenes que acuden a las clínicas para abortar. Con estos dos protagonistas Kennedy monta una historia que hacia la mitad de la novela se convierte en un thriller, pero que a lo largo de toda ella es una descripción sobre lo que hacen los movimientos antiabortistas. Un tema de rabiosa actualidad en estos días. (El libro está escrito en 2021). La mujer de Brendan, Agnieska, es de origen polaco, católica practicante y militante antiaborto. Su hija, Klara, es todo lo contrario.

Además de este tema central, el autor aprovecha para dar algunos toques de crítica a diferentes aspectos de la vida en esa ciudad como son: la “persecución” contra los fumadores, las condiciones laborales que impone la empresa Uber a los que trabajan para ella, el peligro de la profesión por los clientes borrachos y amenazantes, el activo papel que juega la Iglesia católica en el tema del aborto o los graves problemas de tráfico que hacen difícil vivir en esa ciudad. De esto último reproduzco el siguiente fragmento:

“Salí de la 101. Había un atasco en la autopista, a pesar de que ya eran casi las once y media de la noche. Los Ángeles: una maraña sin fin. El dinero, las promesas, los deseos, los fracasos, la desesperación y la sensación de no ser uno de los escasos elegidos. Qué atascados que estábamos todos en esta ciudad, en la que nos arrastrábamos por la vida a centímetros por hora”. (p. 300)

En definitiva, un libro que no pasará a la historia de la literatura, pero que está lo suficientemente bien escrito, los diálogos sobre todo, y contado para hacer pasar un buen rato tratando además temas interesantes.

 

 Douglas Kennedy, Los hombres tienen miedo a la luz. Traducción María Blázquez

 

 

 

    

jueves, 30 de junio de 2022

ANDAMIO

 

Poco cine en esta entrega. Se me han ido acumulando las películas para ver. En las series hay gran variedad de temas y procedencias. Buena media.

 

Películas

 

El arma del engaño. Película británica que cuenta el hecho real del engaño que llevaron a cabo los servicios de inteligencia de ese país para que Hitler creyera que el desembarco se iba a producir en Grecia en lugar de en Sicilia, donde se produjo realmente. Bien hecha como casi siempre en esa cinematografía, pero un tanto fría a pesar de introducir el tema amoroso un tanto con calzador. Resulta entretenida sin más.

 

En un muelle de Normandía. Película francesa con guion y dirección de Emmanuel Carrère basado en un libro de 2009 de una escritora y periodista francesa. Se podría decir que es una película a lo Ken Loach tanto por el tema como por la dirección e, incluso, la interpretación. Refleja la vida y los problemas de un grupo de trabajadores y trabajadoras de la limpieza en Normandía que se dedican fundamentalmente a la limpieza de los ferries. La protagonista es una escritora que se hace pasar por limpiadora para luego escribir sobre esa realidad. Es verdad que el tramo final es mejorable, pero en general es una buena e interesante película.

 

Series

 

Apagón. Miniserie alemana de 6 episodios de 45 minutos. Como su título indica, se produce un apagón en Alemania que luego se traslada al resto de Europa. Desde Berlín se intenta averiguar por qué se ha producido y tomar medidas para evitar sus efectos. Un guion con demasiados agujeros y una realización en la que se nota la falta de medios (por ejemplo, hay manifestaciones por la carencia de todo en las que hay cincuenta personas). Era un tema para sacarle más partido, pero prefieren cargar contra los antiglobalización y, de paso, contra los nazis que también se aprovechan el momento. Prescindible.

 

Mr. Inbetween. Tercera temporada con 9 episodios de 25 minutos. En la misma línea de la anteriores. El “matón” protagonista en esta temporada aparece con más sentimientos hacia la familia sobre todo. Una serie realmente curiosa porque el espectador termina aceptando cosas que en otras no lo haría. Muy entretenida y original.

 

Slow horses. Serie británica de 6 episodios de más de 50 minutos. Una serie de espías pero que se sale bastante de lo típico. De hecho hay momentos en que parece más una serie de humor negro. Un grupo de extrema derecha secuestra a un pakistaní y un grupo marginal del MI5 se encarga de la búsqueda. Entretenida y con buenas interpretaciones.

 

Tokyo vice. Serie estadounidense de 8 episodios de una hora. Basada en las memorias de un periodista de ese país que trabajó en un gran diario japonés y que obtenía información colaborando con un comisario de policía. Los entresijos de la Yakuza, los enfrentamientos entre sus clanes, “suicidios” fomentados desde una entidad financiera, un club de entretenimiento con mujeres que cobran por hacer beber a sus clientes en el que trabajan varias occidentales, algo de relaciones amorosas y una violencia dosificada, con todo esto construyen una serie bastante entretenida aunque con algunos momentos en los que decae algo y, sobre todo, con un final que deja casi todo abierto para una segunda temporada.

 

La ciudad es nuestra. Miniserie estadounidense de 6 episodios de 50 minutos. Basta decir que el creador es David Simon y que es como un final para algunos aspectos de The wire para saber que es una magnífica serie. La corrupción policial y la ineficacia política como temas. Qué envidia da ese país capaz de aguantar unas críticas tan feroces como las que hacen gentes como Simon. No me imagino nada ni mínimamente parecido hecho aquí. Unas interpretaciones a la altura del guion y con unos diálogos tan inteligentes como no siempre fáciles de seguir (marca de  la casa). Muy buena.

 

La maravillosa Sra. Maisel. Cuarta temporada con 8 capítulos de casi una hora. En la misma línea de las anteriores. A mí me hace reír en varios momentos de cada episodio lo que no tiene precio. Muy dinámica, con personajes peculiares y con unos monólogos cortos pero sustanciosos. Espero que haya más temporadas.

 

Borgen. Cuarta temporada de esta serie danesa que consta de 9 episodios de casi una hora. Han pasado unos años desde que hicieron la tercera, algo un poco raro porque lo habitual es hacerlas seguidas. En esta la protagonista es ministra de Exteriores y forma parte, como siempre, de un gobierno de coalición. Los dos elementos fundamentales de la trama de esta temporada son: por un lado, el descubrimiento de petróleo en Groenlandia y la pugna entre el gobierno autónomo de esta zona y el danés por los beneficios del petróleo a lo que se suman los intereses de chinos, rusos y estadounidenses y, por otro lado, los problemas internos tanto del gobierno de coalición como del partido de la ministra. Hay también otra sub-trama con los conflictos en la televisión pública. Muy entretenida e interesante sobre todo vista desde nuestra realidad política.

 

Home before dark. Segunda temporada de esta serie estadounidense que consta de 10 episodios de unos 45 minutos. Tiene la particularidad de que es de las pocas que podemos ver en familia, de hecho nuestro hijo de 12 años es su principal fan. Esta temporada se ha hecho un poco cuesta arriba porque hay varios capítulos intermedios un tanto pesados y, sobre todo, porque la niña protagonista nos ha resultado demasiado “intensita” a veces.

Dejan un final abierto para una tercera temporada.

 

The responder. Miniserie británica de 5 episodios de casi una hora. A medio camino entre lo policial y el drama humano. Bastante original el planteamiento y también bastante bien resueltos los diferentes frentes que el guion va abriendo.

miércoles, 29 de junio de 2022

Investigando las causas de la violencia

Aunque he leído ya varios libros de este autor, creo que me he dejado algunos muy interesantes. Me estoy dando cuenta últimamente de que México está ofreciendo un conjunto magnífico de escritores y escritoras. En poco tiempo han ido apareciendo por el blog y siempre con comentarios muy positivos.

El que ahora comento es un libro un tanto irregular. Debo advertir que a mí me ha tenido totalmente enganchado a pesar de que creo que tiene algunos defectos importantes.

La historia cuenta, narrada en primera persona por Lucía, una investigadora en neurociencia, a u interlocutor Luis, su profesor y director del Centro de Estudio de Neurociencias Aplicadas, los pormenores de la investigación que llevaron a cabo en la frontera entre México y Guatemala sobre el asesinato de una joven por parte de sus amigos, asesinato en el que quieren investigar sobre “los orígenes neurológicos de la violencia”. Es un tema obviamente muy interesante, pero que poco a poco va quedando marginado porque también se va a ir centrando en los problemas de relación entre los componentes del grupo de investigadores. Ambos temas se van intercalando de manera muy inteligente: destaca el buen uso que hace de los diferentes registros lingüísticos de los investigadores por un lado y de los jóvenes y sus familias por otro.

Quizá sobra alguna de las disquisiciones científicas que hace porque no son fáciles de seguir y como tales no aportan nada al conocimiento de lo que sucede, pero, por algo que he leído, parece que Volpi está bastante interesado, alguno dice que obsesionado, por esa violencia y sus causas. De hecho da algunas cifras de mujeres muertas que son realmente escalofriantes. En este sentido algunos aspectos del libro me han recordado a los de Óscar Martínez comentados en el blog.

Hablaba antes de defectos; dejo constancia de alguno: centrarse mucho más en los problemas de relaciones de los investigadores que en la situación de los jóvenes y estos problemas muy centrados, a su vez, en las diferentes parejas pasadas y presentes de algunos; hay un exceso de ex que no aportan nada al conocimiento de los personajes.

Todo lo anterior no quita para que el libro, sin estar entre los mejores del autor, se lea con interés tanto en la parte de los niños implicados en el asesinato como en la de los investigadores, aunque esta seguramente no gustará demasiado a algunos lectores.

Hay una buena reseña de Rodrigo Flores Sánchez en gatopardo.com.

 

Jorge Volpi, Partes de guerra.

  

jueves, 23 de junio de 2022

Buen entretenimiento

A pesar de que esta editorial ha publicado ya varios libros del autor, hasta ahora no me había animado con ninguno. Más de una vez he comentado ya en el blog que tengo bastante abandonada la literatura que se hace en Estados Unidos; en una época leí quizá demasiados libros de esa procedencia y me cansé.

Sin embargo, la lectura de la contraportada de este libro me animó, sobre todo donde al reproducir el comentario de una crítica se dice que: “El planteamiento es puro Hitchcock”.

La historia es muy sencilla: Tres amigos de una pequeña población en las montañas de Wyoming, que tienen una empresa de construcción dedicada a pequeñas obras y reformas, reciben el encargo de terminar la obra de una mansión realmente espectacular en un sitio de gran belleza natural pero bastante apartado. La mujer que los contrata les pone como condición que tiene que estar terminada antes de Navidad, en cuyo caso recibirán una fuerte compensación económica. 

A partir de ahí, Butler va contando cómo se realizan los primeros trabajos; vamos conociendo cómo son los tres amigos, su carácter, su situación personal y familiar, sus principales problemas;  y también cuál es la historia de la mujer que los contrata. A esto se dedica el primer tercio de la novela, algo que despista un tanto al lector porque realmente no pasa absolutamente nada. Sin embargo, pronto se van a producir novedades importantes que, obviamente, no contaré.

Hablaba antes de Hitchcock como referente según una crítica. No me atreveré a negarlo aunque yo veo la influencia muy clara de Patricia Highsmith, tanto en la construcción de los personajes como en algunos elementos de la trama. Evidentemente, Butler no llega a su sutileza ni a la creación de esas atmósferas de la gran escritora de suspense, pero sí es cierto que la recuerda en algunos aspectos.

El mérito de Butler es ser capaz de mantener la atención y entretener al lector a lo largo de 387 páginas con estos personajes y algún otro secundario. No es una gran novela pero se pasa un buen rato leyéndola.

 

 

Nickolas Butler, Buena suerte. Traducción Álvaro Marcos.

 

 

lunes, 20 de junio de 2022

Periodismo del bueno


Este es el cuarto libro que leo del autor y con él termino con los publicados en España por este valiente, comprometido y magnífico periodista y escritor salvadoreño. En menos de medio año me he empapado de un conjunto de lacerantes realidades de esa zona del mundo de la que apenas llegan informaciones más allá de alguna elección presidencial o alguna matanza más “espectacular” de lo habitual.

En este libro se recogen catorce crónicas escritas y publicadas entre 2011 y 2015 que el autor ha dividido en tres partes: Soledad, La locura y La huida, aunque yo creo que casi en cada historia que cuenta hay algo tanto de soledad como de locura y, desde luego, de huida.

Jueces, policías y políticos corruptos se pasean por sus páginas, junto a matones, corruptores, traficantes de cualquier cosa o persona, pandilleros, coyotes, etc.

Tres son los temas que más aparecen en las crónicas: las pandillas, el tráfico de migrantes y la trata de blancas. Los lugares en los que se desarrollan son: México como paso hacia el vecino del norte, Honduras, Guatemala y El Salvador como lugares de procedencia de los protagonistas.

Unos protagonistas que no suelen tener buenos finales desde el Niño de Hollywood (al que dedicó todo un libro) a la mayoría de los migrantes que terminan secuestrados hasta que sus familiares pagan el resto de la deuda (hablamos de cifras de miles de dólares), siempre que su coyote haya pagado antes a los Zeta mexicanos. O también esos testigos protegidos a los que apenas si se les da la comida y poco más o casos como el de “Grecia” que denuncia ante la fiscalía las violaciones padecidas para que al final el juez deje libre a los violadores.

Situaciones que se resumen muy bien en el siguiente fragmento:

“Los sicarios asesinan. Los traficantes corrompen, matan o amenazan A, B o C. Las bandas de robacarros son un rayo, actúan en un santiamén. Los tratantes son como el agua que horada la piedra: inclementes, persistentes. Ellos necesitan a su víctima viva y asustada. Viva y aterrorizada. Viva y sumisa. Las golpizas de la finca de Barberena no eran un correctivo para las atizadas. Ellas eran, para los tratantes, muestras vivientes. Las golpizas eran un correctivo para las demás mujeres: Vean lo que les puede ocurrir”. (p. 216)

Ninguna de las historias de estas crónicas deja indiferente.  Unas golpean el hígado, otras el riñón, otras la mandíbula y todas dejan con el corazón en un puño. Es difícil entender desde las tranquilas aguas de este occidente, por otro lado bastante adormecido y despreocupado de otra cosa que no sea mirarse el ombligo, tanta violencia y, en el fondo, tanta maldad, porque maldad hay; no todas las violencias son iguales, todas son horribles, pero algunas además hacen gala de sadismo.

Claro que tampoco en la zona afecta a todo el mundo por igual, pues como dice Martínez en referencia a un tema muy concreto: “Para la clase obrera de este país las pandillas nunca son algo lejano. En todo caso, pueden ser un problema menos cercano”. (p. 227)

Un aspecto interesante de las crónicas de este escritor es que siempre se basan en conversaciones con personas implicadas tanto víctimas como verdugos y en una presencia constante en la zona en la que suceden los hechos. Por esto hablaba antes de la valentía y el compromiso del autor.

El libro se abre con una Nota preliminar, dirigida a un hipotético lector estadounidense, que es un ejemplo de todo lo que se puede transmitir en apenas tres páginas. Es Óscar Martínez en estado puro.

No solo recomiendo este libro, creo que cualquiera de los cuatro publicados hasta ahora merece mucho la pena. Son duros, reflejan realidades incómodas de leer, pero también están magníficamente escritos y son un buen reflejo de lo que sucede en esa parte del mundo.

Esperando ya una próxima publicación.

 

Óscar Martínez, Una historia de violencia. Vivir y morir en Centroamérica.

 

 

viernes, 17 de junio de 2022

Sobre la crisis política


Suelo comprar todo lo que publica Sánchez-Cuenca y también leer los artículos que voy encontrando en diferentes medios. Me parece que es de los politólogos (en el fondo qué poco me gusta este término) que mejor explican los temas que aborda. Además, suele elegir temas tan controvertidos como, por ejemplo, la “superioridad moral de la izquierda”, la desfachatez de algunos intelectuales o la “cuestión” catalana. Es decir, no tiene miedo a meterse en los charcos si con ello es capaz de esclarecer algunos aspectos de temas tan relevantes como los enunciados.

En este caso, el tema elegido es intentar dar algunos elementos que expliquen lo que está pasando con el auge de movimientos, fundamentalmente de extrema derecha, que cuestionan el sistema tal y como ha estado constituido y tal como ha venido funcionando en los últimos decenios.

El título de los cuatro capítulos en los que ha dividido el libro puede dar una idea clara de su contenido: El desgaste democrático, El populismo y sus malentendidos, Los intermediadores de la democracia representativa y Las transformaciones de la intermediación.

La idea fuerza o, si se prefiere, la tesis del autor es: la crisis que está afectando a los partidos y a los medios es “la desarticulación de las instancias intermediadoras".

Para explicarla dedica el primer capítulo a diferenciar la crisis actual con la del periodo de entreguerras del siglo pasado. Ofrece también un conjunto de informaciones estadísticas que le llevan a concluir que: “Los cinco elementos señalados (bajada de la participación, incremento de la polarización, aumento de la volatilidad, aprehensión sobre el futuro y descrédito de los partidos) configuran el contexto general en el que se produce la desorganización de los sistemas de partidos y el ascenso de las nuevas fuerzas políticas antiestablishment”. (p 41)

En el segundo capítulo discute el uso del término populismo. Esto es algo que resulta ya bastante cansino porque aparece en todos los libros que pretenden analizar la situación actual. Da varias definiciones para, finalmente, desecharlas todas y quedarse con el término antiestablishment.

El tercero es el capítulo fundamental del libro. En él da las claves de esos problemas de intermediación en el caso de los partidos que, de forma muy resumida, serían: el abuso de poder y la corrupción; el incumplimiento de las promesas realizadas; y la colusión entre los partidos principales que dejan fuera demandas que cuentan con importante apoyo popular.

Finalmente, en el cuarto, en el que yo esperaba un análisis similar para el caso de los medios, se centra más en cambios operados con la digitalización, el avance del individualismo, las diferentes interpretaciones del concepto de soberanía, etc.

Cierra el libro con un conjunto de diez conclusiones que son un buen resumen del contenido.

Un texto interesante, sobre todo los dos últimos capítulos, que pueden ser útiles a la hora de analizar nuestra realidad. Hay que decir que Sánchez-Cuenca pone multitud de ejemplos que, en su inmensa mayoría, no están referidos a España lo que anima al lector a intentar ver las similitudes y diferencias con lo que pasa por aquí.

Hay una interesante y muy completa entrevista de MarcosPinheiro con el autor en eldiario.es en la que aparecen todos los temas tratados en el libro.

 

Ignacio Sánchez-Cuenca. El desorden político. Democracias sin intermediación.

 

 

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Los inicios de una gran escritora francesa


Me reconozco un fan además bastante incondicional de esta escritora francesa. He sido capaz de leer un libro en el que comentaba las fotografías de cómo quedaba la ropa después de las relaciones amorosas con su amante, e incluso sus descripciones y reflexiones sobre la compra en el supermercado.

Hoy comento la que fue su primera publicación en 1973 y tengo que decir que me extraña que haya tardado tanto tiempo en traducirse. De hecho la inmensa mayoría de los libros que se han publicado en España se corresponden con lo que escribió en los noventa y, sobre todo, ya en este siglo; hay que tener en cuenta que Ernaux nació en 1940. Decía que me extrañaba este retraso porque me ha parecido uno de los mejores libros que he leído de ella.

A lo largo de sus algo más de 200 páginas, hace un repaso a la relación con su familia en su infancia y juventud en la que destaca la necesidad que va viendo, a medida que pasa el tiempo, de desclasarse, de salir de ese ambiente cerrado de la tienda de ultramarinos que regía su desordenada madre y de la bodega aledaña que llevaba su padre y en la que ella pasaba horas viendo cómo se emborrachaban los parroquianos y cómo, a veces, se dirigían no muy amablemente a ella.

En ese repaso se habla de cuando tenía 5 o 6 años, luego más o menos 13 y, finalmente, cuando empieza en la universidad. Además, como parte de ese desclasamiento, Denise, la protagonista (en este caso Ernaux no utiliza su nombre real), estudia en un colegio privado en el que sufre varias humillaciones por su origen social, humillaciones de las que se venga a través de la obtención de unas notas brillantes.

Sobre esa relación con sus padres pueden ser un buen ejemplo los siguientes fragmentos:

 

“Todo está sucio, mugriento, feo, vomitivo… Me voy a pillar todos los microbios. Es culpa suya si… me da igual lo que digan los profesores sobre los padres. Yo era un monstruo, una niña horrible, una perdida, en el fondo… Los odiaba a los dos, me habría gustado que fueran de otra manera, dignos, presentables en el mundo real.”. (p. 132)

 

“Era una cabrona, me avergonzaba… Cada vez más. No es verdad, no los odiaba, cuando iba a ese colegio monjil, pensaba en ellos, que se quedaban ahí, deslomándose, con sus cajas, sus cuentas, imágenes grises… Me enternecía… papá, mamá, los únicos que se preocupan realmente por mí, solo los tengo a ellos”. (p 138)

 

Aquí, como se ve por el final del segundo, hay un cierto arrepentimiento por la brutalidad del resto.

Ernaux no me gusta solo por lo que cuenta; también es muy importante el cómo lo hace. En los fragmentos reproducidos ya se puede apreciar parte de su estilo que la editorial resume muy bien en la contraportada cuando afirma que tiene: “Una escritura cruda, arrrojada al papel brutalmente, desprovista de cualquier autocensura. Frases aceradas, tensas, como escritas con urgencia para no olvidar, para no retroceder ante tanta verdad”.

Esta forma de escribir hace que llegue hasta lo más hondo de un lector que se deje llevar por lo que le están contando incluso, como pasa a veces en este libro, cuando hay una cierta reiteración de los sentimientos y emociones de la protagonista, alguien que expresa así una de sus ambivalencias:

 

“Expresión oral torpe a pesar de los buenos resultados, escribían las maestras en el boletín de notas… Llevo dentro de mí dos lenguajes, los puntitos negros de los libros, saltamontes locos y gráciles, junto a palabras grasas, gordas, contundentes, que penetran en el vientre, en la cabeza, que hacen llorar en la parte de arriba de la escalera sobre la caja de galletas o reír debajo del mostrador… “El padre, irritado, amonesta a su hijo”, dice la gramática, eso no tiene importancia, pero “¡la muy asquerosa ha vuelto a meter mano a los quesos de los clientes!”, y la tienda se ensombrece, y mi madre berrea….Las únicas cosas de verdad son esas, las que se sienten, también en la entrepierna”. (p. 91-92)

 (Todos los puntos suspensivos que hay en los fragmentos reproducidos están así en el original).

Además de la relación con su familia y también con alguna compañera del colegio, hay algo de sus primeros “amores”; de hecho el libro empieza y termina con un aborto.

Un libro magnífico que me ha dejado con ganas de volverlo a leer próximamente. Creo que no sería mala idea que Cabaret Voltaire,  la editorial que está publicando su obra, insistiese en traducir más textos de esa primera época. Puede que estén algo menos pulidos, pero demuestran la fuerza de esta escritora que no tiene problemas para contar los aspectos menos gratos de su vida.

Hay información sobre este libro y sobre la autora en un artículo de Pepa Blanes en cadenaser.com

 

Annie Ernaux, Los armarios vacíos. Traducción Lydia Vázquez Jiménez.

 

 

jueves, 9 de junio de 2022

Una gran escritora rusa



Hace cuatro años descubrí a esta escritora rusa gracias a la mención que de ella hacía Marta Rebón en su libro La ciudad líquida. Gracias a eso leí las dos obras que había publicado la editorial Anagrama que me parecieron magníficas. Hace unos días y por casualidad encontré este publicado en 2013 y enseguida me he puesto a leerlo.

Es un libro realmente muy peculiar en su tema y su estructura. Por un lado, y como su título indica, se trata de relatar los principales momentos de la vida de un personaje real, Daniel Rufeisen, y de algunas de las personas con las que se relacionó aunque la autora aprovecha también para crear otro conjunto de personajes de ficción. Por lo que se refiere a la estructura, Ulitskaia, como ahora veremos, habla de collage pero yo diría que se trata más de un auténtico puzzle en el que, además, no siempre es fácil encajar las piezas.

En palabras de la autora:

“No soy una verdadera escritora y este libro no es una novela, sino un collage. Recorto con tijera pedazos de mi vida y de la vida de otras personas y pego “sin pegamento/una novela viva sobre los jirones de los días””. (p. 463)

Basándose en la correspondencia entre algunos personajes, en diarios de otros, en conversaciones, charlas dadas por el protagonista, recortes de prensa (pocos), documentos, fragmentos autobiográficos, etc., la autora nos va llevando de los años 80 a los 90 y a los 70 y a 2006 (en este caso con un texto suyo con el que termina cada una de las cinco partes en que ha dividido el libro) con algún momento en los 40 y 50. Además, vamos de Polonia a Alemania, de Haifa a Hebrón, de Boston a Jerusalén, etc. Y todo ello con más de dos decenas de personajes que, de una manera u otra, tuvieron algo que ver en algún momento de su vida con Stein.

Esta gran cantidad de personajes, fechas y lugares ha hecho que, para una persona con los problemas de memoria que yo tengo, no haya sido fácil seguir en cada momento la historia, pero gracias a haber ido tomando notas y escribiendo los nombres de los que iban apareciendo he podido seguir más o menos el libro sin perderme nada importante.

Stein, Rufeisen, fue un judío polaco nacido en 1922 que colaboró durante la guerra con la policía alemana, luego con la Gestapo, con los partisanos rusos, con la NKVD y que, recogido por unas monjas católicas, terminó convirtiéndose a esa religión y entrando como fraile en la orden de los carmelitas viviendo desde 1959 en Israel.

Sobre su participación en las diferentes policías dice en un momento del libro:

“Cuando comencé a trabajar para la policía, juré fidelidad al Führer. Más tarde, como partisano ruso, juré fidelidad a Stalin. Pero no se trataba de auténticos juramentos, estaba obligado a hacerlos. Pagando ese precio no salvaba únicamente mi vida, sino también la de otras personas”. (p. 203)

Aquí está seguramente una de las principales razones para que la autora se fijase en él ya que salvó de la muerte a gran cantidad de judíos de la ciudad de Emsk.

En el libro se habla mucho de religión tanto del judaísmo como del catolicismo e incluso de las relaciones en los orígenes del segundo con el mundo judío. Reconozco que en algún momento me ha resultado excesivo y demasiado erudito, pero interesante a pesar de todo. Hay que tener en cuenta que, como alumno aventajado que estuvo doce años en un colegio de los hermanos maristas, soy un ateo convencido y un anticlerical militante, pero Ulitskaia hace que con su escritura y su forma de tratar los temas estos me lleguen a resultar atractivos y solo me generen rechazo en momentos muy puntuales.

También colabora que, después de escribir un libro como este, y casi al final deje el siguiente fragmento: 

 “Por otra parte, para comportarse bien no es necesario ser cristiano. Se puede también no ser nada. El último agnóstico o un ateo de pocos vuelos. Pero la elección de Daniel fue Jesús, creía que Él abría los corazones y liberaba a los hombres del odio y la maldad”. (p. 490)

Al menos deja abierta la puerta a que se trata de una elección y que no es la única forma de llegar a ser una buena persona. Algo que no todo el mundo es capaz de afirmar.

El libro tiene algo más de 500 páginas y, desde luego, es recomendable ir leyéndolo poco a poco tanto por los temas que aborda como por la complejidad de personajes, fechas y lugares de la que ya he hablado. Pero es un libro al que merece la pena dedicar unas horas porque, además de estar muy bien escrito, toca temas importantes a través de personajes que vamos descubriendo a medida que avanzamos en la lectura.

Dice la autora ya en el tramo final del libro 

“Mientras escribo las lágrimas me corren por las mejillas. No soy una verdadera escritora. Los verdaderos escritores no lloran. Las personas reales que vi cerca del Daniel real eran diferentes, las mías son inventadas. El mismo Daniel en parte es inventado. Y mucho menos existió Hilda: en su lugar, había una mujer dura y autoritaria cuya vida me resultó totalmente inaccesible”. (p. 463)

Un texto hermoso que produce sensaciones a veces contrapuestas, que anima a la reflexión, que emociona por momentos, que provoca rechazo en otros, que favorece el conocimiento de algunos aspectos de las diferentes religiones, que, por qué no decirlo, aburre también cuando no se está muy centrado en su lectura, pero que, en definitiva, supone una magnífica experiencia literaria.

He echado de menos en esta edición algunas notas que aclarasen algunos conceptos sobre todo del judaísmo y de las costumbres judías. Algo realmente raro ya que Marta Rebón suele hacerlo en la mayoría de sus traducciones.

 

Liudmila Ulitskaia, Daniel Stein, intérprete. Traducción Marta Rebón.