jueves, 22 de septiembre de 2022

Sobre la memoria histórica



Algunos comentarios personales antes de entrar en el comentario del libro. He sido durante veinticinco años profesor de historia en secundaria; cuando hace un par de años tuve que desprenderme de una parte importante de mi biblioteca los principales “perjudicados” fueron los libros dedicados a la historia de España (fueron cerca de mil); es raro encontrar en el blog el comentario de libros de historia porque hace tiempo que apenas los leo (creo que solo Tony Judt ha sido la excepción).

Por eso llama la atención, a mí el primero, que ahora tenga que comentar este libro del profesor Álvarez Junco. Dos son las razones que me llevaron a comprarlo: por un lado, el título y el teórico contenido y, por otro lado, el recuerdo de la lectura de su magnífico Alejandro Lerroux: El emperador del Paralelo.

El libro está dividido en 12 capítulos muy diferentes en su interés. Los siete primeros están dedicados a algunos aspectos y períodos de la historia de España del siglo pasado, con alguna referencia también a otros países,  y en los restantes aborda el tema central del libro que es la memoria histórica y las posibles medidas reparadoras de las consecuencias de algunos conflictos del pasado.

De esa primera parte me ha interesado sobre todo la visión que han ofrecido de esa historia una serie de personajes como puede ser el caso de Manuel García Morente y su idea de la Hispanidad. Es la parte que menos conozco y quizá por eso me haya interesado más. Sin embargo, los capítulos dedicados a la Guerra Civil, el Franquismo y, sobre todo, la Transición, me han defraudado bastante. En algunos se limita a hacer listas de libros que han tratado el tema, libros que, por cierto, en su inmensa mayoría están entre los que tuve que deshacerme en su día, lo que quiere decir que tampoco son muy actuales.

Merece dedicar unas líneas al tratamiento que da al tema de la Transición de la que llega a decir: “Incluso una cierta mitificación elogiosa podría ser constructiva”. (p. 251) Creo que si algo se está criticando en los últimos años no es lo que se hizo en ese momento, de hecho la inmensa mayoría de los que estábamos en activo en esos años creemos que se hizo lo que se pudo, sino las exageraciones que luego se han hecho con el éxito del proceso que han llevado, precisamente, a su mitificación que es lo que hoy más se critica.

En la parte dedicada a las reparaciones y al concepto de memoria histórica, memoria colectiva y justicia transicional, el autor hace una buena recopilación de todo lo que se ha hecho hasta el momento y deja constancia de algunas cosas que aún quedan por hacer. No sé si por el tema en sí o porque es algo que desconozco bastante, pero el caso es que me ha resultado un tanto farragoso aunque también interesante.

En fin, un texto que tiene luces y sombras, del que no tengo muy clara su necesidad y sus aportaciones, pero que seguramente el autor pensó que tenía que escribir después de su larga carrera dedicada al estudio de la historia.

 

José Álvarez Junco,  Qué hacer con un pasado sucio.

 

 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

ANDAMIO

Una entrada mucho mejor que la anterior. Muchas películas y en general bastante buenas destacando la española. En series están dos de las mejores de los últimos tiempos (las dos The staircase) y el resto entretenidas. La procedencia es enormemente variada como suele ser habitual.

 

Películas

 

Les olympiades. París distrito 13. Película francesa. Una historia de amor y de amistad. Rodada en un precioso blanco y negro que facilita la creación de una atmósfera que es una de las virtudes de la película. Ha tenido muy buenas críticas lo que ha hecho que yo esperase más de ella aunque me ha gustado.

 

Good luck to you, Leo Grande. Una original e interesante película británica que se desarrolla en una habitación de hotel, tiene dos curiosos personajes protagonistas, él un joven trabajador sexual y ella, qué grande es Emma Thompson, una maestra de religión  jubilada que quiere tener nuevas experiencias sexuales, y unos buenos diálogos. No hace falta mucho más para contar cosas.

 

El acusado perfecto. Interesante película sueca sobre unos hechos reales. En 2008 un periodista empieza a investigar a un condenado por 8 asesinatos y va descubriendo cómo se fueron inventando las pruebas y drogando al condenado para que fuera reconociendo que había sido él. Cuesta entrar en la película porque al principio es un poco farragosa, pero se termina entendiendo bien. En una puesta en cuestión total del sistema policial y judicial sueco del momento en la línea del mejor cine estadounidense de denuncia.

 

Boite noire. Película francesa. Es un thriller sobre un accidente aéreo cuya investigación se va complicando. La primera parte me parece bastante interesante porque habla de cosas que no conozco de los procesos que se siguen tras un accidente y también de los pasos que se dan para aprobar los diferentes modelos de avión antes de salir al mercado. La segunda parte se hace un tanto larga y un poco premiosa aunque al final retoma el interés. Entretenida.

 

La ira de Dios. Un thriller argentino basado en una novela lo que quizá sea su principal problema porque marca demasiado el ritmo narrativo. No ha tenido buenas críticas, pero a mí me ha gustado bastante y me ha resultado muy entretenida más allá de que hay que aceptar algunas cosas no demasiado verosímiles. Por otra parte, se nota que la producción ha sido generosa y con ello la dirección ha tenido recursos para algunas buenas escenas. 

 

Marea alta. Otro thriller argentino que, además, he visto el mismo día. Muy diferente al anterior porque este es más un thriller psicológico con alguna interesante referencia a las diferencias sociales. También tiene un ritmo pausado y, eso sí, una producción muy diferente pues se desarrolla en una único escenario, una casa en la playa, y con prácticamente una única protagonista. También me ha entretenido.

Ninguna de las dos son grandes películas, pero tiene la calidad suficiente para que merezca la pena verlas, incluidos sus defectos.

 

Cinco lobitos. Magnífica película española. Es la primera de la directora y se nota que está muy trabajada. Tiene un guion muy bueno, una gran puesta en escena en un espacio tan reducido como son las viviendas reales de la clase de los protagonistas y unas interpretaciones que no son las habituales en el cine español. Trata el tema de la maternidad desde un realismo que tiende al naturalismo tanto en la relación de la protagonista con su hija como con su madre.

 

Series

  

The staircase. Serie estadounidense de 8 capítulos de 55 minutos. Lleva a la ficción unos hechos reales sucedidos en 2001 de los que ya se había hecho una serie documental por una productora francesa, serie que por cierto estoy viendo a continuación de esta de ficción. La serie tiene un guion muy bueno y unas espléndidas interpretaciones. Plantea muy bien los hechos y las investigaciones sobre la muerte de la mujer del protagonista.

 

The staircase. Esta es la serie documental francesa a la que me refería antes. Consta de 13 episodios de 50 minutos. Los ocho primeros se desarrollan en 2003 y 2004 cuando se produjo el juicio. Los otros son de 2011 y 2016-7. Es una serie a la altura de The jinx o Making a murderer. Magníficas entrevistas, un montaje muy bien hecho y, claro, una historia y unos personajes que permiten hacer una serie así.

Solo pondré un ejemplo de cómo es. Cuando llega el momento de la sentencia, que ya conocía por la serie anterior, me produjo una gran ansiedad ver al protagonista y a su familia. Eso no es fácil de conseguir y el documentalista lo hace. Una serie para el recuerdo.

Ambas las hemos visto en unos pocos días. Son tremendamente adictivas.

 

La ciudad secreta. Segunda temporada de esta serie australiana. Son 6 episodios de 50 minutos. En la misma línea de thriller de espías de la primera y, lo mismo que ella, bien hecha y muy entretenida si se está dispuesto a aceptar algunas acciones un tanto inverosímiles.

 

Encerrado con el diablo. Miniserie estadounidense de 6 episodios de 50 minutos. Basada en hechos reales. A un condenado a 10 años por narcotráfico le ofrecen la libertad si logra información sobre dónde ha enterrado un cadáver un asesino en serie. Para ello tendrá que ir a la cárcel en la que está que es un lugar muy peligroso. Un guion muy bien construido, buenos diálogos y dos interpretaciones magníficas hacen que sea una buena serie, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de personajes y hechos reales.

 

Chloe. Miniserie británica de 6 episodios de 50 minutos. Es un thriller psicológico que empieza muy bien, con mucha intriga y sin que se sepa muy bien hacia dónde puede ir, pero poco a poco va perdiendo interés y, sobre todo, los dos últimos capítulos los podían haber resumido en uno. Tiene buenos momentos y también una buena interpretación de la protagonista, pero le sobran minutos a partir del momento en que se adivinan cosas importantes.

 

Felizmente casados. Serie canadiense de 10 episodios de 45 minutos. Se desarrolla en unos días del verano de 1974 y es una comedia de humor negro. Los protagonistas son dos matrimonios que envían a sus hijos a un campamento y de repente se ven envueltos en una serie de situaciones que terminan en violentos asesinatos. Comedia tan disparatada que es de esas series que al segundo capítulo abandonas, pero que si le das una oportunidad terminas viendo hasta el final.

 

miércoles, 14 de septiembre de 2022

El periodismo estadounidense


Hace ya once años que comentaba en el blog el libro de la autora Desde el país de nunca jamás en el que esta gran periodista mexicana, que escribe para medios importantes de Estados Unidos, recogía artículos suyos sobre diferentes realidades centro y sudamericanas.

En este caso, su labor ha sido muy diferente ya que es la que ha seleccionado los quince artículos de periodistas estadounidenses que componen el libro y que, como advierte en la Introducción, están entre los mejores que escriben crónicas en ese país aunque no están todos los que a ella le hubiese gustado por falta de espacio. 

Hace también en ella dos interesantes afirmaciones:

 “La crónica es veraz, pero también es literatura: al igual que la ficción usa recursos de contador de historias para alarmar, indignar, emocionar cuestionar, conmover. Queremos provocar estos sentimientos y reflexiones en ustedes, los lectores, sin que se den cuenta, leyendo como si respiraran, y en ello invertimos emanas y hasta meses del más arduo trabajo.

(…)

Desprevenido lector: si alguna vez te sedujo el texto de una cronista, no dudes que la autora escribió con sinceridad, y a la vez con mañas de carterista”. (p. 11)

Pues bien todos esos sentimientos, e incluso alguno más, me ha producido la lectura de las quince crónicas que componen el libro, crónicas enormemente variadas tanto por los temas que trata como por la forma de abordarlos.

Solo dejaré constancia de algunas porque si no se haría muy larga la entrada.

Una masacre perpetrada por los Zetas mexicanos y que se narra a partir de entrevistas a familiares, agentes de la DEA, fiscales y policías; entrevistas que se reproducen en parte.

Un repaso de la vida de Leonard Cohen tan bueno que me ha interesado a mí que no soy muy seguidor del cantautor y poeta.

La crítica que hace un periodista liberal a los seguidores de Donald Trump.

El increíble relato de las travesías del Atlántico en kayak que ha hecho un hombre de 71 años.

Una batalla en la guerra de Afganistán, en la que murió el hijo de un general, analizada desde diferentes versiones de lo ocurrido. Se cita el documental Restrepo que vi en su día y que me venía contantemente a la cabeza según leía el artículo

Finalmente, el último en la selección, la impresionante en muchos sentidos crónica sobre lo que nos pasa después de muertos. Los diferentes procesos en los que nos vemos envueltos: autopsia, embalsamamiento, cremación, entierro,…

En fin, como se puede apreciar, el surtido es muy variado, no se repiten los temas y tampoco el tratamiento que reciben. Tengo que reconocer que me han gustado mucho todos menos dos: el segundo, sobre internet y los gatos, del que reconozco que no he pillado el sentido; y el tercero sobre un caso de mellizos revueltos en Colombia que me ha parecido muy lioso.

En cualquier caso, una lectura muy recomendable que fomenta la  afición al género. Un género con el que disfruto muchísimo sobre todo con gente como Martín Caparrós o Leila Guerriero, dos grandes que ya han aparecido muchas veces en diferentes entradas del blog.

 

Alma Guillermoprieto editora, La vida toda. Nueva crónica estadounidense. Traducción Margarita Valencia y Majel Reyes.

 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Los efectos de una conversión religiosa


Han pasado apenas dos semanas desde que dejé en el blog el comentario de Basura, el otro libro de Aguilar publicado hasta ahora en nuestro país, y ya advertía en él que había que leer pronto la otra novela. Tan pronto que ya la estoy comentando.

Esta vez se trata de una novela de lo que se ha dado en llamar autoficción en la que la autora nos habla de la conversión de Patricia, su hermana mayor, al islam, donde toma el nombre de Aisha, y de las repercusiones que tuvo en su familia. Además, hace también algunas reflexiones interesantes sobre el hecho de escribir sobre ese tema.

La novela tiene solo 163 páginas y está dividida en cuatro partes. En la primera, vemos la llegada de Aisha a la casa de la familia en México acompañada de su marido. Lo más interesante es que lo vemos narrado por Syl (Sylvia), una niña que tiene 14 años menos que la hermana, pero que describe muy bien los cambios que ese matrimonio impone en la casa. La segunda parte se compone de la visión que tienen los padres, los hermanos, la mejor amiga, la excasera o el hermano del marido sobre el cambio producido en la hermana. En la tercera es donde Aguilar introduce sus reflexiones sobre la escritura y también insiste en las reacciones de los padres. En la cuarta deja constancia de los primeros contactos, al principio por carta y luego telefónicos, con la hermana.

Cuánto es real y cuánto ficción no se sabe  ni, quizá, importe. Lo verdaderamente relevante es ver cómo afecta primero a una persona, su hermana, y luego a su entorno, el hecho de convertirse a una religión que, además, es tan estricta en sus normas. Un ejemplo en el siguiente fragmento:

 

“Mi hermana es un recuerdo. Un recuerdo que se cubre el cabello y los brazos, un recuerdo que camina detrás de un hombre, que no habla con extraños, un recuerdo regido por la devoción a un profeta”. (p. 154)

 

Sobre hacer literatura con estos temas me parece interesante lo que dice en estos dos fragmentos:

 

“Comprendo tus temores, pero eso que citas de que nadie ha escrito buena literatura con historias familiares me deja pensando. No sé, tal vez no se trate de hacer buena literatura, se trata de escribir, creo que hay cosas que valen la pena contarse o escribirse porque ocurrieron”. (p. 103)

(Lo pone la autora en una carta de la excasera de la hermana)

 

“Dejo esta carta a medias, pero está bien. A veces es bueno dejar las cosas a medias. He comprendido que las cartas, los libros que se quedan a medias, también dicen algo. Y yo, aquí, ya he dicho algo”. (p. 159)

(Ambos textos en cursiva en el original)

 

Un libro que atrapa al lector desde la primera página y que muestra unas realidades que no por ser más o menos conocidas, hemos visto algunos ejemplos de mujeres que se fueron a Siria con el Daesh, son menos interesantes. Además está la escritura y Aguilar es una magnífica escritora. Si en Basura ya demostraba cómo era capaz de narrar desde diferentes lenguajes, aquí lo hace desde distintas psicologías y formas de entender el mundo.

Muy recomendable.

 

Sylvia Aguilar Zéleny, El libro de Aisha

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

En el mundo rural del sur de USA

Advertencia previa: Estoy totalmente entregado a este escritor. El mes pasado leí tres libros suyos y hoy comento el último que ha publicado hasta ahora -2018 en Estados Unidos-, aunque no es el último que se ha traducido; ese aún lo tengo pendiente.

Esta entrega a un autor no es la primera vez que me pasa, pero sí es cierto que hacía ya bastante tiempo que no me sucedía. Son varios los motivos, desde el tipo de historias que cuenta hasta su capacidad narrativa pasando, claro está, por la magnífica creación de personajes.

En este caso Offutt divide la historia en cuatro partes que se corresponden con cuatro momentos cronológicos: 1954, 1964, 1965 y 1971. A lo largo de estos diecisiete años nos muestra los avatares por los que pasa una familia que vive en una colina en la zona de los Apalaches.

En la primera parte, que tiene un tono lleno de romanticismo, vemos cómo se conocen Tucker y Rhonda, la pareja protagonista. Él que con diecisiete años acaba de llegar de combatir en Corea -ha mentido sobre su edad para poder hacerlo-, asiste al intento de violación de ella por su tío. Sale en su defensa y de ahí se convertirán en pareja.

En la segunda parte ya son una familia con cinco hijos de los cuales solo una, Jo, es plenamente normal. Tucker trabaja para un contrabandista de alcohol y tendrá un problema que le llevará a la cárcel por unos meses que se convertirán luego en cinco años. Esto sucede en la tercera parte. En la cuarta y última la novela adquiere más el tono de una novela negra por lo que es mejor no decir nada.

Esto es de forma muy sintética lo básico de la historia, pero la clave de esta novela está en el tratamiento que Offutt hace de ella y en los magníficos personajes que crea.

Tucker, el protagonista principal, creo que queda perfectamente definido en este diálogo con un mando del ejército:

 

-        ¿Por qué has entrado en mi ejército, soldado? –dijo el coronel.

-         Para huir de casa, señor.

-         ¿Y dónde queda eso?

-     A este lado de la frontera del condado de Rowan, aquí mismo, en Kentucky.

-        Pues no has huido muy lejos.

-        No, señor. Pero aquí hay más cielo.

-        ¿Por eso te has ofrecido voluntario para la aerotransportada?

-        No, señor.

-        Entonces dime por qué, hijo.

-        Me gustan los pájaros”. (p. 30-31)

 

Además, como sucede en todos los libros que he leído del autor, hay una presencia, y en algunos momentos un auténtico protagonismo, de la naturaleza. También una gran sensibilidad en el trato que da a los personajes como, por ejemplo, en los emocionantes momentos en los que Tucker “conversa” con Big Billy, un hijo que padece hidrocefalia. Tampoco falta algún apunte sobre la corrupción policial y política y, claro está, la presencia de las serpientes como peligro o incluso como alimento.

Offutt con su literatura nos acerca a un mundo bastante desconocido, al menos para mí, como es el mundo rural de los blancos cercanos a la pobreza, los llamados rednecks. En ese sentido se podría hablar de una literatura social. Aunque sea difícil elegir, creo que puedo afirmar que es el libro que más me ha gustado del autor hasta el momento.

Para conocer el tema compré hace tiempo el libro de Nancy Isenberg, publicado por Capitán Swing,  White Trash. Los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses. Aunque asusta por sus casi 700 páginas, creo que está llegando el momento de leerlo. Al menos las historias que cuenta Offutt animan a ello.

Una vez más tengo que dar las gracias a la editorial Sajalín por publicar autores como este. El hecho de llegar a la cuarta edición es una buena recompensa y, al mismo tiempo, un buen índice de su acierto. Insisto en que su colección al margen es realmente espléndida.

Hay una buena reseña de Juan G.B. en unlibroaldia.blogspot.com

 

Chris Offutt, Noche cerrada. Traducción Javier Lucini.

 

 

 

martes, 6 de septiembre de 2022

Sobre el cambio climático

Hace dos años leí el anterior libro de la autora, El enemigo conoce el sistema, con el que descubrí muchas cosas sobre la tecnología y las redes sociales, pero del que también me perdí algunas por mi escaso conocimiento de esos temas.

Con este he aprendido menos y me he perdido menos, pero me ha parecido tan interesante como el otro.

El libro está dividido en tres grandes apartados: Mitos, Máquinas e Inteligencia No Artificial.

En la primera plantea cuál es la situación actual tanto del clima como de la población. Hace una fuerte crítica de las “soluciones” a lo Musk o Bezos así como a las que llama ciudades artificiales.

En la segunda explica algunas de las técnicas que se están probando para limitar las emisiones a la atmósfera de partículas perjudiciales como, por ejemplo, los aspiradores de partículas o la reforestación, indicando en cada caso sus limitaciones.

En la tercera parte, en principio la más original y seguramente la que más interesa a Peirano, plantea otro tipo de alternativas y es aquí donde, como suele ser habitual en estos casos, surge el principal problema del libro.

La autora, verdadera especialista en periodismo sobre tecnología, es capaz de sintetizar y transmitir magníficamente los problemas a los que se enfrenta la humanidad, utiliza una bibliografía muy actualizada y acierta de pleno en las críticas que hace y en los palos que reparte con profusión. El problema surge a la hora de plantear alternativas que sean realmente factibles. Así, a partir de experiencias que se han hecho en centros de enseñanza en Suecia y Francia, Peirano afirma:

“En otras palabras, hacen falta protocolos apropiados para diseñar estos proyectos. El espacio natural para elaborar esos protocolos son los institutos donde se forman ahora las personas que, por imposición demográfica, gestionarán lo peor de la crisis climática. Pero también las bibliotecas y los ambulatorios, que pueden convertirse en los puntos de intercambio y análisis de datos de cada barrio, formando un nuevo “Stack” de carácter social.

(…).

La creación de protocolos de gestión de recursos y mitigación del clima que conecten a los vecinos entre ellos a través de las instituciones del barrio no solo cambiaría la relación de los ciudadanos con la gestión de los servicios públicos, sino que también transformaría a las propias instituciones, que recuperarían o amplificarían su función social, convirtiéndose en el nodo de esas colaboraciones.

La biblioteca es sin duda la candidata perfecta, porque ya reúne todas las características necesarias.” (p. 132-133)

Me parece que si va a depender de los institutos, las instituciones del barrio y las bibliotecas, desde luego en nuestro país la cosa tiene pocos visos de salir adelante.

Lo mismo me sucede, y por los mismos motivos, con lo que afirma en el siguiente fragmento:

“Podemos empezar por la gestión de los recursos más necesarios y limitados, como el agua y la energía, abriendo un cuarto para compartir la lavadora. Podemos buscar cooperativas vinculadas al contexto climático y ser parte de su red de sensores capaces de identificar, evaluar, aprender, corregir y proponer. Podemos ser el primer satélite para un observatorio colectivo del clima en nuestro edificio, coordinado a través de instituciones educativas, militares y sanitarias.” (p.167) 

En lo que sí creo que acierta la autora es en que: “Abandonar la rueda no la detiene, sino que significa abandonar la lucha contra la desinformación y el capitalismo caníbal” (p. 75) Pero creo que deben ser otros los mecanismos de acción porque el cortoplacismo no es algo solo de los políticos, sino que está perfectamente imbricado en todos los sectores de nuestra sociedad.

Más allá de estas apreciaciones críticas de alguien bastante escéptico sobre las actitudes y los comportamientos de la humanidad, el libro ofrece muchísimos temas de interés. Así, entre otros: la crítica a Sylicon Valley, Dubái y Singapur; los tres problemas, según el Premio Nobel de Economía Kahneman, que explican que no seamos capaces de pensar en el cambio climático; las formas de capturar CO2; lo que han hecho en Ciudad del Cabo con el problema del agua; las smart cities y el colonialismo digital o lo que podría ser una Dieta para la Salud Planetaria.

En definitiva, un libro muy interesante y documentado que deja buena constancia del estado de la cuestión; muy crítico con las soluciones espectaculares, pero poco o nada realizables; que provoca cierto desasosiego en el lector por el desolador panorama que pinta sobre lo poco que se está haciendo para frenar el cambio climático pero que, al mismo tiempo, está escrito por quien parece esperanzada en que aún se está a tiempo.

Hay una magnífica y muy completa reseña de Óscar Sánchez en dialektika.org.

 

Marta Peirano, Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático.

 

    

viernes, 2 de septiembre de 2022

Fin de un ciclo


Con este libro, publicado originalmente en 1983, el autor cierra el ciclo en el que con el título Ramas entrelazadas publicó cinco textos. En este blog he comentado ya tres más otros dos del mismo autor. Los libros del ciclo se pueden leer independientemente y, de hecho, yo los he leído desordenadamente salvo, claro está, este último. En común tienen, por un lado, un espacio que es la ciudad de Novi Sad en la que nació Tisma y, por otro lado, una época que se corresponde con la Segunda Guerra Mundial, la inmediata posguerra y los años sesenta.

En este último libro están presentes los tres períodos aunque con diferente intensidad.

El libro narra la historia y las andanzas de Sergije Rudic, un joven que vive en Belgrado donde trabaja como corrector de novelas de aventuras, pero que los fines de semana acude a Novi Sad para visitar a sus padres. En esta ciudad conoce a Inge, una alemana que ha heredado la vivienda en la que viven los padres y que quiere venderla para dársela los Stepanov, una familia necesitada con cuatro hijos. Si a estos personajes añadimos a Eugen Patak, un judío que es un “enano harapiento”, tenemos prácticamente a todos los protagonistas principales de la novela.

Tisma vuelve a utilizar la técnica de ir de vez en cuando hacia el pasado para mostrarnos otros momentos en la vida de sus protagonistas. Así, asistimos a los momentos en los que Sergije participa en la guerra, se casa, su mujer muere, mata a un militar, trabaja de contable en Belgrado, se vuelve a casar y tiene una hija que nace coja, etc. Lo mismo hace con el personaje de Inge.

Cuento estos detalles como ejemplo del tipo de novela de que se trata. Una construcción bastante clásica con un narrador que va contando diferentes historias en las que el contexto social y político esta vez apenas es enunciado. Así, la guerra, los abusos de los soldados rusos, el conflicto entre la URSS y Yugoslavia, alguna medida como la devolución de las viviendas a sus antiguos propietarios y poco más.

Pero estamos ante una narración en la que se nota la maestría de su autor; muy pausada, tranquila incluso en los momentos de mayor tensión, procurando siempre crear una atmósfera que vaya sugiriendo más que mostrando muy explícitamente. Todo eso con una historia en la que hay amor, celos, comportamientos mezquinos, pobreza, miedo, muertos,… Todo surgiendo de forma fluida y avanzando hasta un final un tanto sorprendente.

Una magnífica forma de concluir un ciclo narrativo.

Hay una buena reseña de Koldo CF en unlibroaldia.blogspot.com

 

Aleksandar Tisma, Lealtades y traiciones. Traducción Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek.

 

lunes, 29 de agosto de 2022

ANDAMIO

No creo en la diferencia por estaciones ni para el cine ni para la literatura, pero me ha quedado una entrada muy “veraniega” en el sentido de que solo hay una serie realmente interesante a pesar de la variedad de orígenes y temas. Hacía tiempo que no hacía una entrada tan floja.

 

Películas

 

Tres pisos. Hacía mucho que no veía una película de Nanni Moretti y la verdad es que me ha dejado una sensación extraña. Por un lado, hay personajes y situaciones que me parecen muy logradas, pero hay otras que no me las creo. Está basada en una novela y quizá puedan ser más creíbles en ese formato, puede ser. En general es una película interesante que trata situaciones y conflictos habituales desde una perspectiva bastante dramática. Hay también alguna interpretación mejorable.

 

Arthur Rambo. Interesante película francesa sobre el problema de poner según qué tipo de tuits. Un joven francés de familia con origen en Argelia tiene un gran éxito por un libro que publica sobre le experiencia inmigratoria de su madre. A partir de ahí le sacan los tuits que publicó con el pseudónimo de Arthur Rambo en los que atacaba a judíos, mujeres, enanos o musulmanes entre otros. Lo mejor de la película es ver las reacciones de las distintas personas cercanas al autor y las dudas de este sobre cómo afrontar la situación porque da la impresión de que ni él mismo sabe muy bien por qué puso muchos de los tuits.

 

Series

 

El caso Oussekine. Miniserie francesa de 4 episodios de una hora. Basada en hechos reales. En diciembre de 1986 un joven francés de una familia de origen argelino murió por los golpes que recibió de la policía en un portal en el que se refugiaba aunque no había participado en la manifestación previa. El tema es muy interesante e importante si bien creo que ni la dirección ni las interpretaciones son demasiado buenas.

 

Reyka. Serie sudafricana de 8 episodios de 50 minutos. Es un típico thriller con una peculiar policía como protagonista, pero que tiene el gran aliciente del país que lo produce y en el que se rueda. Es la primera serie que veo de esta procedencia y me ha gustado sobre todo porque muestra realidades que no se conocen y personajes que no se suelen ver en las series habituales. Además, tiene un guion que está bastante bien construido y resulta muy entretenida.

 

Intimidad. Serie española de 8 episodios de 50 minutos. Con un buen guion y unas magníficas interpretaciones nos cuenta dos casos de atentado a la intimidad a dos mujeres, una concejala en el ayuntamiento de Bilbao y otra trabajadora en una empresa del metal, a partir de la publicación en las redes de imágenes sexuales grabadas haciendo uso de su libertad en la vida privada. Muy bien planteado el problema y los efectos que tiene para ambas. No obstante, me quedo con los seis primeros capítulos porque en los dos últimos, en los que se resuelven los casos, hay demasiada grandilocuencia y moralina. La mera exposición basta para sacar las conclusiones pertinentes. Desde luego hay sectores que no salen muy bien parados como, por ejemplo, los empresarios vascos, los políticos y los mismos trabajadores incluyendo a sus representantes sindicales.

 

A la caza del asesino. Miniserie estadounidense de 4 episodios de 45 minutos. Serie documental en la que se revisan tres casos de asesinos en serie de los 80 contados por los profesionales que se encargaron en su día. Hay algunas sorpresas y “giros de guion”. Entretenida y bien hecha aunque, claro, lejos de las grandes series sobre crímenes. Un fallo importante, sobre todo en alguno de los casos, es que ni doblan ni subtitulan los interrogatorios y solo te enteras de la idea general por lo que narran los profesionales.

 

Guilt. Miniserie británica de 4 episodios de 50 minutos. Curiosa serie sobre un crimen casual que va dando lugar a un conjunto de conexiones entre personajes de tal forma que se tiene la sensación de que en Edimburgo, lugar en el que se desarrolla, todo el mundo se conoce. Un guion bien construido y buenas interpretaciones.

 

Barry. Segunda temporada con 8 episodios de 30 minutos. Pensaba que no daría para más tras ver la primera temporada, pero los guionistas son capaces de todo. En esta se mantiene el humor negro y hay cambios significativos hasta cierto punto. Sigue siendo entretenida. Final abierto para continuar.

 

Clickbait. Serie estadounidense de 8 capítulos de 45 minutos. Un thriller que tiene la originalidad de utilizar un perspectivismo en forma progresiva, esto es, cada capítulo está narrado desde un personaje pero retomando la historia donde la dejó el anterior. Tiene un primer capítulo impactante que promete más de lo que luego es la serie pues esta se convierte en un thriller más típico. En todo caso resulta bastante entretenida.

 

The Split. Tercera, y creo que última temporada, de esta serie británica de seis episodios de 50 minutos. Acabo de leer lo que puse de la segunda temporada y no tengo más que abundar en lo dicho: muy buenas interpretaciones para una serie que se repite demasiado, que va decayendo a medida que avanza y que termina siendo lacrimógena en exceso.

domingo, 28 de agosto de 2022

Otro buen descubrimiento de escritora mexicana


Aguilar se une a los casos de Fernanda Melchor y Brenda Navarro, otras dos magníficas y muy interesantes escritoras mexicanas que he descubierto en el último año. Las tres tienen en común un par de rasgos: por un lado, una preocupación por el lenguaje y un uso del mismo perfectamente adaptado a los personajes y, por otro lado, tratan siempre los temas desde una visión crítica de su país.

Esta novela de Aguilar desarrolla tres historias, a partir de tres narradoras distintas,  en capítulos alternos.

La primera tiene como protagonista a Alicia, una joven abandonada y recogida por una mujer que se dedica a la limpieza y que complementa su sustento acudiendo a un basural. Posteriormente también será abandonada por ella y se convertirá en dirigente de las gentes que viven de esa basura.

En la segunda, Griselda, una doctora que vive en El Paso, es la narradora y está realizando un estudio sobre la salud y la vida de los que viven de la basura. Vive con una tía que tiene Alzheimer.

Finalmente, en la tercera, narrada por La Reyna, una trans que dirige un grupo que se dedica a la prostitución, vemos cómo va recibiendo a diferentes personajes para iniciarlos en la profesión. Antes fue Raymundo que trabajó para la tía de Griselda.

Con estos moldes, la autora va contando las diferentes historias y dejando constancia de la pobreza, la discriminación, los abusos, el abandono, los problemas de la maternidad, y en el fondo de la violencia existente. Además, y esta es una seña de identidad, tal y como mencionaba al principio, cada personaje tiene su propia voz y su propia forma de expresión. Destacaría el lenguaje que utiliza tanto La Reyna como los personajes que aparecen en sus historias.

Son historias llenas de sensibilidad en su tratamiento y que llevan al lector a emocionarse en muchos momentos e incluso a sonreír en otros pues no falta un cierto sentido del humor a pesar de las circunstancias que rodean a los personajes.

Otro gran ejemplo de cómo con poco más de 200 páginas se pueden contar historias interesantes.

Por lo que he visto solo hay otra novela publicada por la autora que habrá que leer lo antes posible porque promete.

 

 

Sylvia Aguilar Zéleny, Basura.

 

 

sábado, 27 de agosto de 2022

El peligro de Facebook

 

Hace muchos años que tengo mi perfil en Facebook. Hoy tengo 150 “amigos” y nunca he pasado más allá de los 200. Lo he utilizado para saber cómo les estaba yendo a exalumnos, la mayoría de los amigos lo son, y también a otro grupo de amigos. Pocas veces lo he utilizado para mostrar ideas políticas y, desde luego, de eso hace ya tiempo. Ahora me limito a dejar constancia de las entradas que hago en el blog y a poner alguna foto de vez en cuando.

Con estos antecedentes se entiende que mi interés por este libro no viene de mi uso de esta red social, sino de lo mucho que se ha hablado de ella, y de sus posibles manipulaciones, en los últimos años. Como afirma Ramón González Férriz en su reseña del libro en elconfidencial.com:

 

“Pero el libro de Frenkel y Kang se centra más en las numerosas ocasiones en que Zuckerberg y Sheryl Sandberg, su número dos y la mujer que lleva el día a día de la compañía, han metido la pata de manera catastrófica, provocando problemas de seguridad nacional o brechas en la privacidad que probablemente fueron delictivas, potenciado las amenazas de genocidio en un país como Birmania o poniendo en riesgo la salud mental de sus miles de millones de usuarios”.

(Subrayado en el original.)

 

A lo largo de los 14 capítulos en los que haa dividido el texto y sus 332 páginas, las autoras, dos periodistas de The New York Times, basándose en más de mil horas de entrevistas y en correos electrónicos, informes y documentos técnicos de altos cargos, cuentan desde los orígenes de esta red, en un capítulo muy resumido pero muy interesante, hasta la actualidad centrándose en los aspectos más discutibles de su actividad. Así: la penetración de piratas rusos en la campaña electoral, el asunto de Cambridge Analytica, la terrible actuación en Birmania que tuvo como consecuencia la pérdida de gran número de vidas humanas, la pasividad ante la existencia de un vídeo falso de Nancy Pelosi o las controvertidas compras de Instagram y WathsApp. Esto es, han elegido los temas que han generado más polémica y que han llevado a que Zuckerberg haya tenido que intervenir en alguna comisión del congreso para explicar determinadas actuaciones.

No se puede decir que la red salga muy bien parada de este repaso. Sin menospreciar los aspectos positivos que pueda tener, las reporteras se centran en los más negativos porque resultan realmente peligrosos tal y como cuentan lo que ha estado sucediendo.

Un ejemplo lo tenemos en la siguiente respuesta de Sheryl Sandberg:

 

“Cuando algo sea desinformación, es decir, cuando algo sea falso, no lo eliminaremos –dijo con semblante monótono-, porque consideramos que la libre expresión exige que la única manera de combatir la mala información es una buena información”. (p. 274)

 

En esta frase está una de las claves de alguno de los problemas. Me refiero a la insistencia en la libertad de expresión, algo muy loable pero siempre que no se le otorgue el carácter casi absoluto que parece deducirse de esas palabras de la mano derecha del fundador de la red.

Por otra parte, cuando explican lo sucedido en Birmania con los ataque a la minoría musulmana queda al descubierto lo nefasto de esta idea si no se aplica correctamente. Además, en ese caso ni siquiera contaba Facebook con moderadores que conocieran el idioma porque, otra de las sorpresas de la lectura del libro, es ver cómo Facebook desconoce la realidad de la mayoría de los países en los que se implanta.

Por todo lo visto en el texto las autoras concluyen en el penúltimo fragmento del libro:

 

“A lo largo de los diecisiete años de historia de Facebook, las enormes ganancias de la red social se han gestado repetidamente a expensas de la privacidad y seguridad del consumidor y la integridad de los sistemas democráticos. Y, sin embargo, nunca se han interpuesto en el camino de su éxito. Zuckerberg y Sandberg crearon un negocio que se ha convertido en una máquina imparable de generar beneficios y que podría resultar demasiado poderosa para disolverla”. (p. 332)

 

Un libro muy interesante aunque es demasiado prolijo en sus informaciones sobre todo para un lector español que desconoce la mayoría de los personajes que en él aparecen mencionados. Hay que tener un poco de paciencia y centrarse en los momentos y en los temas que más puedan interesar. A mí, por ejemplo, los orígenes, lo sucedido en Birmania o los diferentes momentos en los que se habla de las polémicas con Trump, son los aspectos que más me han interesado, aunque el resto también merezca la pena.

 

Sheera Frebkel y Cecilia Kang, Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial. Traducción Juan Rabaseda Gascón, Teófilo de Lozoya y Efrén del Valle Peñamil.

 

viernes, 26 de agosto de 2022

El inicio de una buena carrera



Continúo con este cuarto libro la desordenada lectura de la obra de este excelente escritor estadounidense. En este caso se trata del primer libro que publicó, en concreto en 1992, cuando tenía treinta y pocos años. En un interesante Epílogo explica muy bien el contexto del momento de sus inicios en la escritura y más en concreto el de estos relatos. En él afirma:

“Mi objetivo era brindar un libro a la gente de casa, un libro sobre “nosotros”, no sobre “ellos”, un libro en el que los lectores de las montañas pudiesen por fin reconocer su cultura sobre el papel, con un lenguaje que pudiesen entender, sin condescendencia”. (p. 176)

No tengo ni idea de si se cumplió ese deseo, lo que sí puedo decir es que alguien tan alejado como yo de esa cultura y de ese espacio ha disfrutado, y de qué manera, leyéndolos.

Por lo que voy conociendo de la obra de Offutt, hay varios elementos que están siempre presentes: por un lado, el espacio en el que se desarrollan que se corresponde con el lugar en el que nació y vivió de joven el autor; una zona de los Apalaches que en su día fue zona minera y en la que hay extensos y profundos bosques, de ahí la permanente presencia e importancia de la naturaleza y, por otro lado, la magnífica creación de personajes que con unos pocos rasgos se hacen perfectamente reconocibles. Personajes típicos del lugar que seguramente se identifican muy bien con ese “nosotros”. En los nueve relatos que contiene este libro hay una buena muestra de ello, desde un niño narrador en el que quizá sea el mejor del libro, Blue Lick, hasta un abuelo, pasando por el resto de las edades; eso sí, mayoritariamente personajes masculinos.

Hay también bastante pobreza, pero llevada siempre de forma digna. En varios aparece mencionada VISTA, un programa antipobreza creado en 1964. Y también muchas alusiones a las serpientes, dando la impresión de que se trata de una de las pesadillas del autor.

Diálogos creíbles; una partida de póker magníficamente narrada; la recreación de la reproducción de una cinta grabada unos años antes que es tremendamente visual; la aparición de los Melungeon, ese extraño grupo humano que luego utilizará en otros relatos, o la historia de una especie de embrujo, todo ello y más forman este pequeño mundo del que, por cierto, Offutt nos ofrece un mapa en el que están los diferentes lugares en los que se desarrollan las historias.

Del autor ya he leído dos libros de relatos, una novela y uno de sus libros de memorias, todos espléndidos y lo mejor es que aún me quedan varios.

Hay una reseña muy buena y completa de Juan G.B. en unlibroaldia.com

 

Chris Offutt, Kentucky seco. Traducción Javier Lucini.

 

 

lunes, 15 de agosto de 2022

Algo más que memorias

Con este autor me está sucediendo lo mismo que me pasó hace unos años con  John Fante, otro gran autor norteamericano, y es que en muy poco tiempo estoy leyendo todo lo que se ha traducido de él. Como me pasa con otros autores, esta lectura la hago de forma totalmente desordenada y así el que hoy comento es el último libro de memorias que ha escrito hasta ahora y, sin embargo, es el primero que leo, si bien es verdad que es también el primero que se ha traducido. Eso sí, ya tengo encargado el primero que dedicó a este tema.

En este libro combina muy bien la autobiografía con la biografía de su padre tanto en lo personal como, sobre todo, en su faceta de escritor. Un padre muy peculiar con el que tenía una relación complicada; algunos ejemplos: “Papá nunca hizo que nos sintiéramos bienvenidos y le traía sin cuidado la presencia de nietos”. (p. 36) “Papá tenía poco tacto y ningún sentido de la diplomacia, pero era capaz de entablar conversación con cualquiera”. (p.40) “Ningún miembro de su familia asistió al oficio”. (p 40) (Se refiere al que se hizo en la funeraria tras su muerte). “Partir maderos era la única actividad que puedo atestiguar que mi padre realizara al aire libre…”. (p. 80) “Años más tarde papá recordó con cariño que Billy, el defensor fue la última película que vimos juntos. No tuve ánimos para decirle que fue la única”. (p. 85) “El problema surgía cuando alguien no compartía la fascinación de papá consigo mismo. La única percepción correcta de cualquier situación era la suya”. (p 112)

Y así podría seguir reproduciendo frases en la misma línea. Pero ese padre, a los treinta y seis años hizo algo poco habitual como fue dejar un buen y productivo trabajo para encerrarse a escribir libros de ciencia ficción por un lado y, sobre todo, de pornografía. Escribirlos y lograr publicarlos hasta llegar incluso, después de muchos años, a escribir de forma personalizada según el gusto y las necesidades del cliente.

Offutt nos cuenta esta faceta de su padre a partir sobre todo de la mitad del libro. El padre muere en 2013 y deja en herencia a Chris: un escritorio, un rifle y ochocientos kilos de porno. A partir de ese momento nuestro autor se pone la tarea de revisar y ordenar todo ese material, labor en la que va descubriendo aspectos inéditos de su padre que ahora no descubriré.

Esa muerte pone al descubierto, si es que se puede decir así, la existencia de la madre, alguien que estuvo toda su vida detrás y al lado de su marido, de hecho era quien pasaba a máquina los manuscritos. Dice Offutt “Jamás los oí discutir, ni siquiera discrepar”. (p.88) Eso sí, tras su muerte apareció una nueva persona.

A Chris la lectura del material heredado le mostró cómo era realmente su padre porque además de los libros, tanto escritos por él como los que acumuló de otros, había miles y miles de cartas que se cruzó con otros escritores y con clientes. A partir de este material nos pone en contacto con una realidad que incluso él desconocía.

El libro es una especia de tributo, pues como él mismo afirma: “No echo de menos a mi padre, pero sin el forcejeo con sus grilletes el mundo es aterrador e inmenso. He perdido una especie de propósito, una razón para demostrar quién soy”. (p. 182)

Offutt no solo escribe muy bien, sino que es capaz de transmitir sus sentimientos y sensaciones con decisión y claridad. Como dice Michael Chabon en el fragmento que la editorial reproduce en la contraportada: “Capaz de transmitir la realidad más dura sin inmutarse, la prosa de Chris Offutt es una de las mejores de la actualidad…”. Poco más puedo añadir. Solo recomendar la lectura de cualquiera de los libros del autor. Yo tengo la suerte de que aún me quedan tres por conocer.

 

Chris Offutt, Mi padre el pornógrafo. Traducción Ce Santiago.

 

 

viernes, 12 de agosto de 2022

Buen descubrimiento


Creo que es el primer escritor mozambiqueño que conozco, más allá del gran Henning Mankell que, obviamente, no lo era aunque pasó allí muchos años y escribió más de un libro que se desarrollaba por esa zona.

De Couto he visto bastantes veces en las librerías su Trilogía de Mozambique, pero me asustaba el tamaño. Ahora, tras esta lectura me voy a animar con él y seguramente con algún otro de los varios publicados por la misma editorial, Alfaguara.

El libro que ahora comento recibió el Premio Literario Manuel de Boaventura cuyo jurado dijo de él: “Una narrativa de elevada madurez literaria que, con una sensibilidad particular, consigue cruzar  distintas épocas de la realidad mozambiqueña, ofreciendo al lector una expresiva representación del país en los periodos colonial y poscolonial”. (Fragmento reproducido por la editorial en la contraportada del libro.)

Esas épocas son dos: 2019, momento en el que el protagonista, Diogo Santiago, acude a su ciudad natal para recibir un homenaje, y 1973, en plena guerra, en el que fue con su padre a un viaje en busca de un primo desaparecido.

El narrador, el propio Diogo para todo lo sucedido en1973 se vale de un conjunto de documentos que le facilita una mujer y en el que se incluyen desde archivos de la PIDE (la policía política portuguesa) a diarios del mismo Diogo y de su padre, así como una correspondencia muy variada. De esta manera vamos conociendo, en capítulos alternos y siguiendo siempre un orden cronológico en cada uno de ellos, una serie de historias de un variado conjunto de interesantes personajes.

Por momentos la novela se convierte en una especia de thriller por las implicaciones que va teniendo la búsqueda del familiar, pero siempre está detrás la intención crítica de Couto de toda la época colonial y con algún apunte también a los momentos posteriores a la independencia.

Un fragmento como ejemplo:

 

“Maltratáis a vuestras mujeres en casa y abusáis de las de fuera. Aquí, en Inhaminga, hace mucho que se mata a las mujeres. Y a los niños. Esto no es una guerra, Virginia. Ni nosotros somos soldados. Solo somos el gatillo vivo de los mandamases sin rostro”. (p. 131)

 

Couto es un gran narrador, hace que la historia fluya a buen ritmo y construye unos magníficos personajes. Más de una vez mientras leía el libro tenía la sensación de estar leyendo a un escritor sudamericano tanto por la atmósfera como por algunos de los personajes que, además, tienen nombres muy parecidos a los que se usan al otro lado del Atlántico, a lo que hay que añadir que hay un par de momentos en los que apunta el  “realismo mágico”.

Además, por si todo esto fuera poco, se dice en la Nota del autor que: “Esta narración de ficción está inspirada en personas y episodios reales”. (Concretamente en su padre.)

Una buena novela que anima a seguir conociendo la obra de Couto.

 

Mia Couto, El mapeador de ausencias. Traducción Rosa Martínez-Alfaro.

 

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

Buena combinación de lo personal y lo sociológico


Que a estas alturas alguien se “atreva” a poner en el título de un libro la expresión “clase obrera” ya tiene mérito. Desde el Chavs de Owen Jones no lo había vuelto a ver, salvo, claro, en los casos de libros de historia.

Maestre ya se atrevió en su anterior libro, Franquismo S.A., a meterse nada menos que con la oligarquía de esa época y, lo que es más importante, sobre cómo se reconvirtió para mantenerse en el nuevo régimen que se abrió con la muerte del dictador.

Ahora se enfrenta a otro tema relevante: la situación de la clase obrera, su vida cotidiana y las posibilidades que tiene para mejorar su posición en la sociedad e incluso para ascender socialmente. No creo hacer un spoiler demasiado grande si anticipo que para el autor estas son muy pocas y que, incluso, ni siquiera son muy positivas si para lo que sirven es para desclasar a quienes lo logren. Porque esta es una de las ideas fuerza del libro: uno tiene que estar orgullosos de pertenecer a esa clase.

Maestre utiliza en el libro una doble perspectiva en su análisis. Por un lado, de forma autobiográfica, describe aspectos de su historia personal y familiar, una familia que es un claro ejemplo de miembro de la clase obrera. Pero no se limita a eso porque, por otra parte, hace un trabajo muy sociológico basándose en estudios y trabajos de otros para ampliar el foco.

El libro está dividido en cinco grandes apartados: La educación, El espacio, El trabajo, La cultura y El futuro que, como se ve, abarcan los grandes temas de la vida de una persona.

Por concretar algunas de las cosas que más me han llamado la atención: el magnífico análisis que hace del papel social de la familia; los significativos ejemplos que pone sobre la oferta que hay en Madrid del Grado Medio de Peluquería: los tiempos empleados en el transporte público; los casos de segregación e independencia locales por parte de las élites; el  análisis del posfordismo (del que me hubiera gustado más información); la contraposición entre cultura del esfuerzo y herencia o el curioso análisis del bar. Esto por citar solo alguna de las muchas cosas que contiene este libro.

Ahora quisiera centrarme en dos puntos que trata Maestre que me parecen especialmente importantes.

El primero, en el capítulo de la educación, es el de la movilidad social. Maestre niega que esta exista y tiene toda la razón pues es algo que está ampliamente estudiado y documentado. Quizá el estudio pionero fue el de los sociólogos franceses Baudelot y Establet que ya en los setenta la negaron tras estudiar a un conjunto de personas y ver cómo había sido su evolución desde puntos de partida diferentes, pasando por un sistema educativo igualitario, para terminar en puntos de llegada también diferentes: elevados cuando partían de ahí y bajos cuando ese era el punto de partida. En España fue Julio Carabaña quien realizó bastantes años después el mismo análisis con resultados similares. Todo esto viene muy a cuento hoy en día con esas falsas polémicas sobre la meritocracia.

El otro tema es el del llamado dumping social al que tan aficionados son algunos de los detractores de la globalización desde la izquierda. En este sentido me ha gustado el siguiente fragmento: “Pero no podemos idealizar como solución querer hacer acopio de unos trabajos a costa de dejar a otros sin ellos. Porque todos somos de la misma clase social, sin importar dónde esté” (p. 202). Efectivamente, la clase obrera, la pertenencia a ella para ser más exactos, está por encima de las fronteras. Hace mucho tiempo que vengo manteniendo la idea de que la tarta de la economía mundial hay que repartirla mejor y que para ello, desgraciadamente, unos tienen que perder parte de su porción para que otros puedan aumentarla, más allá de que la tarta pueda crecer algo.

En fin, un libro muy interesante tanto en la parte personal como en la más analítica. Sería mejor que todos se pusieran a trabajar en el análisis de la realidad y la elaboración de alternativas concretas y realizables en lugar de entrar en polémicas improductivas que solo sirven para generar tensiones y malos rollos.

Sé que Maestre es hoy por hoy un personaje controvertido, pero sería bueno que sus oponentes leyeran este libro y lo discutieran en lugar de hacerlo con sus tuits, alguno ciertamente mejorable,  o con su forma de ganarse el cocido.

(Por cierto, quien ha escrito estas líneas nació en el barrio de Chamberí y estudió en el colegio de los maristas del mismo nombre).

Antonio Maestre, Los rotos. Las costuras abiertas de la clase obrera.