viernes, 26 de agosto de 2022

El inicio de una buena carrera



Continúo con este cuarto libro la desordenada lectura de la obra de este excelente escritor estadounidense. En este caso se trata del primer libro que publicó, en concreto en 1992, cuando tenía treinta y pocos años. En un interesante Epílogo explica muy bien el contexto del momento de sus inicios en la escritura y más en concreto el de estos relatos. En él afirma:

“Mi objetivo era brindar un libro a la gente de casa, un libro sobre “nosotros”, no sobre “ellos”, un libro en el que los lectores de las montañas pudiesen por fin reconocer su cultura sobre el papel, con un lenguaje que pudiesen entender, sin condescendencia”. (p. 176)

No tengo ni idea de si se cumplió ese deseo, lo que sí puedo decir es que alguien tan alejado como yo de esa cultura y de ese espacio ha disfrutado, y de qué manera, leyéndolos.

Por lo que voy conociendo de la obra de Offutt, hay varios elementos que están siempre presentes: por un lado, el espacio en el que se desarrollan que se corresponde con el lugar en el que nació y vivió de joven el autor; una zona de los Apalaches que en su día fue zona minera y en la que hay extensos y profundos bosques, de ahí la permanente presencia e importancia de la naturaleza y, por otro lado, la magnífica creación de personajes que con unos pocos rasgos se hacen perfectamente reconocibles. Personajes típicos del lugar que seguramente se identifican muy bien con ese “nosotros”. En los nueve relatos que contiene este libro hay una buena muestra de ello, desde un niño narrador en el que quizá sea el mejor del libro, Blue Lick, hasta un abuelo, pasando por el resto de las edades; eso sí, mayoritariamente personajes masculinos.

Hay también bastante pobreza, pero llevada siempre de forma digna. En varios aparece mencionada VISTA, un programa antipobreza creado en 1964. Y también muchas alusiones a las serpientes, dando la impresión de que se trata de una de las pesadillas del autor.

Diálogos creíbles; una partida de póker magníficamente narrada; la recreación de la reproducción de una cinta grabada unos años antes que es tremendamente visual; la aparición de los Melungeon, ese extraño grupo humano que luego utilizará en otros relatos, o la historia de una especie de embrujo, todo ello y más forman este pequeño mundo del que, por cierto, Offutt nos ofrece un mapa en el que están los diferentes lugares en los que se desarrollan las historias.

Del autor ya he leído dos libros de relatos, una novela y uno de sus libros de memorias, todos espléndidos y lo mejor es que aún me quedan varios.

Hay una reseña muy buena y completa de Juan G.B. en unlibroaldia.com

 

Chris Offutt, Kentucky seco. Traducción Javier Lucini.

 

 

lunes, 15 de agosto de 2022

Algo más que memorias

Con este autor me está sucediendo lo mismo que me pasó hace unos años con  John Fante, otro gran autor norteamericano, y es que en muy poco tiempo estoy leyendo todo lo que se ha traducido de él. Como me pasa con otros autores, esta lectura la hago de forma totalmente desordenada y así el que hoy comento es el último libro de memorias que ha escrito hasta ahora y, sin embargo, es el primero que leo, si bien es verdad que es también el primero que se ha traducido. Eso sí, ya tengo encargado el primero que dedicó a este tema.

En este libro combina muy bien la autobiografía con la biografía de su padre tanto en lo personal como, sobre todo, en su faceta de escritor. Un padre muy peculiar con el que tenía una relación complicada; algunos ejemplos: “Papá nunca hizo que nos sintiéramos bienvenidos y le traía sin cuidado la presencia de nietos”. (p. 36) “Papá tenía poco tacto y ningún sentido de la diplomacia, pero era capaz de entablar conversación con cualquiera”. (p.40) “Ningún miembro de su familia asistió al oficio”. (p 40) (Se refiere al que se hizo en la funeraria tras su muerte). “Partir maderos era la única actividad que puedo atestiguar que mi padre realizara al aire libre…”. (p. 80) “Años más tarde papá recordó con cariño que Billy, el defensor fue la última película que vimos juntos. No tuve ánimos para decirle que fue la única”. (p. 85) “El problema surgía cuando alguien no compartía la fascinación de papá consigo mismo. La única percepción correcta de cualquier situación era la suya”. (p 112)

Y así podría seguir reproduciendo frases en la misma línea. Pero ese padre, a los treinta y seis años hizo algo poco habitual como fue dejar un buen y productivo trabajo para encerrarse a escribir libros de ciencia ficción por un lado y, sobre todo, de pornografía. Escribirlos y lograr publicarlos hasta llegar incluso, después de muchos años, a escribir de forma personalizada según el gusto y las necesidades del cliente.

Offutt nos cuenta esta faceta de su padre a partir sobre todo de la mitad del libro. El padre muere en 2013 y deja en herencia a Chris: un escritorio, un rifle y ochocientos kilos de porno. A partir de ese momento nuestro autor se pone la tarea de revisar y ordenar todo ese material, labor en la que va descubriendo aspectos inéditos de su padre que ahora no descubriré.

Esa muerte pone al descubierto, si es que se puede decir así, la existencia de la madre, alguien que estuvo toda su vida detrás y al lado de su marido, de hecho era quien pasaba a máquina los manuscritos. Dice Offutt “Jamás los oí discutir, ni siquiera discrepar”. (p.88) Eso sí, tras su muerte apareció una nueva persona.

A Chris la lectura del material heredado le mostró cómo era realmente su padre porque además de los libros, tanto escritos por él como los que acumuló de otros, había miles y miles de cartas que se cruzó con otros escritores y con clientes. A partir de este material nos pone en contacto con una realidad que incluso él desconocía.

El libro es una especia de tributo, pues como él mismo afirma: “No echo de menos a mi padre, pero sin el forcejeo con sus grilletes el mundo es aterrador e inmenso. He perdido una especie de propósito, una razón para demostrar quién soy”. (p. 182)

Offutt no solo escribe muy bien, sino que es capaz de transmitir sus sentimientos y sensaciones con decisión y claridad. Como dice Michael Chabon en el fragmento que la editorial reproduce en la contraportada: “Capaz de transmitir la realidad más dura sin inmutarse, la prosa de Chris Offutt es una de las mejores de la actualidad…”. Poco más puedo añadir. Solo recomendar la lectura de cualquiera de los libros del autor. Yo tengo la suerte de que aún me quedan tres por conocer.

 

Chris Offutt, Mi padre el pornógrafo. Traducción Ce Santiago.

 

 

viernes, 12 de agosto de 2022

Buen descubrimiento


Creo que es el primer escritor mozambiqueño que conozco, más allá del gran Henning Mankell que, obviamente, no lo era aunque pasó allí muchos años y escribió más de un libro que se desarrollaba por esa zona.

De Couto he visto bastantes veces en las librerías su Trilogía de Mozambique, pero me asustaba el tamaño. Ahora, tras esta lectura me voy a animar con él y seguramente con algún otro de los varios publicados por la misma editorial, Alfaguara.

El libro que ahora comento recibió el Premio Literario Manuel de Boaventura cuyo jurado dijo de él: “Una narrativa de elevada madurez literaria que, con una sensibilidad particular, consigue cruzar  distintas épocas de la realidad mozambiqueña, ofreciendo al lector una expresiva representación del país en los periodos colonial y poscolonial”. (Fragmento reproducido por la editorial en la contraportada del libro.)

Esas épocas son dos: 2019, momento en el que el protagonista, Diogo Santiago, acude a su ciudad natal para recibir un homenaje, y 1973, en plena guerra, en el que fue con su padre a un viaje en busca de un primo desaparecido.

El narrador, el propio Diogo para todo lo sucedido en1973 se vale de un conjunto de documentos que le facilita una mujer y en el que se incluyen desde archivos de la PIDE (la policía política portuguesa) a diarios del mismo Diogo y de su padre, así como una correspondencia muy variada. De esta manera vamos conociendo, en capítulos alternos y siguiendo siempre un orden cronológico en cada uno de ellos, una serie de historias de un variado conjunto de interesantes personajes.

Por momentos la novela se convierte en una especia de thriller por las implicaciones que va teniendo la búsqueda del familiar, pero siempre está detrás la intención crítica de Couto de toda la época colonial y con algún apunte también a los momentos posteriores a la independencia.

Un fragmento como ejemplo:

 

“Maltratáis a vuestras mujeres en casa y abusáis de las de fuera. Aquí, en Inhaminga, hace mucho que se mata a las mujeres. Y a los niños. Esto no es una guerra, Virginia. Ni nosotros somos soldados. Solo somos el gatillo vivo de los mandamases sin rostro”. (p. 131)

 

Couto es un gran narrador, hace que la historia fluya a buen ritmo y construye unos magníficos personajes. Más de una vez mientras leía el libro tenía la sensación de estar leyendo a un escritor sudamericano tanto por la atmósfera como por algunos de los personajes que, además, tienen nombres muy parecidos a los que se usan al otro lado del Atlántico, a lo que hay que añadir que hay un par de momentos en los que apunta el  “realismo mágico”.

Además, por si todo esto fuera poco, se dice en la Nota del autor que: “Esta narración de ficción está inspirada en personas y episodios reales”. (Concretamente en su padre.)

Una buena novela que anima a seguir conociendo la obra de Couto.

 

Mia Couto, El mapeador de ausencias. Traducción Rosa Martínez-Alfaro.

 

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

Buena combinación de lo personal y lo sociológico


Que a estas alturas alguien se “atreva” a poner en el título de un libro la expresión “clase obrera” ya tiene mérito. Desde el Chavs de Owen Jones no lo había vuelto a ver, salvo, claro, en los casos de libros de historia.

Maestre ya se atrevió en su anterior libro, Franquismo S.A., a meterse nada menos que con la oligarquía de esa época y, lo que es más importante, sobre cómo se reconvirtió para mantenerse en el nuevo régimen que se abrió con la muerte del dictador.

Ahora se enfrenta a otro tema relevante: la situación de la clase obrera, su vida cotidiana y las posibilidades que tiene para mejorar su posición en la sociedad e incluso para ascender socialmente. No creo hacer un spoiler demasiado grande si anticipo que para el autor estas son muy pocas y que, incluso, ni siquiera son muy positivas si para lo que sirven es para desclasar a quienes lo logren. Porque esta es una de las ideas fuerza del libro: uno tiene que estar orgullosos de pertenecer a esa clase.

Maestre utiliza en el libro una doble perspectiva en su análisis. Por un lado, de forma autobiográfica, describe aspectos de su historia personal y familiar, una familia que es un claro ejemplo de miembro de la clase obrera. Pero no se limita a eso porque, por otra parte, hace un trabajo muy sociológico basándose en estudios y trabajos de otros para ampliar el foco.

El libro está dividido en cinco grandes apartados: La educación, El espacio, El trabajo, La cultura y El futuro que, como se ve, abarcan los grandes temas de la vida de una persona.

Por concretar algunas de las cosas que más me han llamado la atención: el magnífico análisis que hace del papel social de la familia; los significativos ejemplos que pone sobre la oferta que hay en Madrid del Grado Medio de Peluquería: los tiempos empleados en el transporte público; los casos de segregación e independencia locales por parte de las élites; el  análisis del posfordismo (del que me hubiera gustado más información); la contraposición entre cultura del esfuerzo y herencia o el curioso análisis del bar. Esto por citar solo alguna de las muchas cosas que contiene este libro.

Ahora quisiera centrarme en dos puntos que trata Maestre que me parecen especialmente importantes.

El primero, en el capítulo de la educación, es el de la movilidad social. Maestre niega que esta exista y tiene toda la razón pues es algo que está ampliamente estudiado y documentado. Quizá el estudio pionero fue el de los sociólogos franceses Baudelot y Establet que ya en los setenta la negaron tras estudiar a un conjunto de personas y ver cómo había sido su evolución desde puntos de partida diferentes, pasando por un sistema educativo igualitario, para terminar en puntos de llegada también diferentes: elevados cuando partían de ahí y bajos cuando ese era el punto de partida. En España fue Julio Carabaña quien realizó bastantes años después el mismo análisis con resultados similares. Todo esto viene muy a cuento hoy en día con esas falsas polémicas sobre la meritocracia.

El otro tema es el del llamado dumping social al que tan aficionados son algunos de los detractores de la globalización desde la izquierda. En este sentido me ha gustado el siguiente fragmento: “Pero no podemos idealizar como solución querer hacer acopio de unos trabajos a costa de dejar a otros sin ellos. Porque todos somos de la misma clase social, sin importar dónde esté” (p. 202). Efectivamente, la clase obrera, la pertenencia a ella para ser más exactos, está por encima de las fronteras. Hace mucho tiempo que vengo manteniendo la idea de que la tarta de la economía mundial hay que repartirla mejor y que para ello, desgraciadamente, unos tienen que perder parte de su porción para que otros puedan aumentarla, más allá de que la tarta pueda crecer algo.

En fin, un libro muy interesante tanto en la parte personal como en la más analítica. Sería mejor que todos se pusieran a trabajar en el análisis de la realidad y la elaboración de alternativas concretas y realizables en lugar de entrar en polémicas improductivas que solo sirven para generar tensiones y malos rollos.

Sé que Maestre es hoy por hoy un personaje controvertido, pero sería bueno que sus oponentes leyeran este libro y lo discutieran en lugar de hacerlo con sus tuits, alguno ciertamente mejorable,  o con su forma de ganarse el cocido.

(Por cierto, quien ha escrito estas líneas nació en el barrio de Chamberí y estudió en el colegio de los maristas del mismo nombre).

Antonio Maestre, Los rotos. Las costuras abiertas de la clase obrera.

 

 

lunes, 8 de agosto de 2022

Primera obra traducida del autor


No son muchos los escritores que conozco de una literatura que, como la checa, seguro que tiene muchos y muy buenos representantes. Por eso me interesó enseguida este libro que ya en el título indica su procedencia.

Es una curiosa novela compuesta por más de treinta capítulos que no dejan de ser relatos con el mismo protagonista, Steiner, el narrador, que cuenta diferentes momentos de su vida. Al principio se ajusta algo más a un orden cronológico que va abandonando a medida que avanza el libro.

Por sus páginas desfilan miembros de su familia con su padre a la cabeza como auténtico coprotagonista que fue jugador de fútbol siempre con el número siete jugase en el club que fuese, pero también su abuelo, su abuela y, ya al final, su madre. Además, sus amigos y una novia.

Se desarrolla en una ciudad cercana a la frontera polaca y aproximadamente en los treinta años finales del siglo pasado. El carácter fronterizo es interesante por la forma en que Fahrner alude al momento de la invasión soviética de 1968 de una manera muy sugerente y sutil.

En algunos momentos la historia me ha recordado a otro autor checo, Bohumil Hrabal y su libro Trenes rigurosamente vigilados, porque hay una fuerte presencia de los trenes y se crea una atmósfera parecida.

Tratándose de esa época no podía faltar alguna referencia al régimen comunista. Evidentemente lo hace de forma crítica, pero tampoco insiste en ello. Son más bien pequeños detalles que incluyen también la favorable posición de algunos dirigentes tras la “revolución de terciopelo” que supuso el cambio de régimen.

Un libro muy entretenido, escrito con mucho sentido del humor y que tiene la pinta de ser bastante autobiográfico sobre todo por el amor entre el narrador y su padre que tiene momentos de gran ternura.


Martin Fahrner, Steiner o las cosas que hacíamos en Checoslovaquia. Traducción Enrique Ruiz Rubio. 

Otra forma de investigar un tema crucial



Otro libro más que leo para encogerme el ánimo y ponerme los pelos de punta viendo el auge de la extrema derecha, en este caso en los Estados Unidos.

Hace poco más de un año que leí el magnífico libro Antisocial de Andrew Marantz sobre el mismo tema. Este de Lavin tiene el mismo objeto de estudio, pero distinto método de investigación. Esta periodista, también de origen judío como Marantz, se introdujo creando perfiles falsos en diferentes medios que usan los miembros de la extrema derecha para comunicarse, desde chats y webs a canales de Telegram. De esta forma fue conociendo cómo se crea y se va fomentando el odio desde el supremacismo blanco hacia los judíos, las mujeres, los musulmanes, los negros, etc.

A lo largo de los diez capítulos en los que ha dividido el texto, Lavin va comentando y explicando cómo y dónde se introdujo y qué informaciones obtuvo a lo que añade también algunos de los atentados más conocidos de miembros de estos grupos. El conjunto resulta un verdadero relato del horror.

Dentro del mundo del supremacismo hay también tendencias de las que la más extrema es la del “aceleracionsimo” de la que dice la autora:

“Una facción mucho mayor ha adoptado una filosofía conocida como “aceleracionismo”, la noción de que las cosas deben empeorar mucho, mucho, lo más rápido posible y que esto al final acarreará la deseada guerra racial, que ocasionará una purga de los untermenschen, los “subhumanos” -judíos, gente de color-, y nos traerá una república blanca como la nieve, étnicamente limpia” (p. 70)

Creo que en conjunto se obtiene una visión más completa del libro de Marantz ya mencionado, pero hay en el de Lavin también algunos temas que son especialmente interesantes como:  la explicación sobre el  antisemitismo en USA; las relaciones entre la extrema derecha y Trump;  la existencia de un grupo como los “involuntariamente célibes” que practican, obviamente, una fuerte misoginia; la existencia de una página para citas exclusivamente de los supremacistas blancos o el auge del culto al panteón nórdico por ser, según ellos, el  único no contaminado por otras “razas”.

Por otra parte, la autora es bastante crítica con las empresas tecnológicas porque no se preocupan de los contenidos. Así 

“Un puñado de tecnológicas es responsable de haber convertido a la supremacía blanca en un movimiento internacionalista blanco y de la coordinación de los fascistas entre sí a nivel nacional y global. Estas empresas -Google, Facebook, Twitter, Telegram- no han sido votadas por nadie, son muy rentables y escapan a rendir cuentas a aquellas comunidades que sufren el azote de las ideologías que permiten difundir.” (p. 185)

También hay que destacar lo que dice sobre las fuerzas policiales:

“Cabe apuntar que en Estados Unidos las fuerzas policiales están casi uniformemente alineadas con la derecha política y que esta, a su vez, ha adoptado como parte de su ideario la “protección” y el “respeto” de las fuerzas policiales.” (p. 230)

Sobre este aspecto da varias informaciones de hechos concretos que ponen de manifiesto este alineamiento del que, por cierto, también tenemos buenos ejemplos en nuestro país.

En fin, estamos ante un libro que da muchas informaciones sobre un fenómeno muy preocupante porque, además, también se está extendiendo por Europa aunque no sea siempre exactamente con los mismos contenidos (por aquí no se utiliza normalmente la idea supremacista aunque está detrás de muchos comportamientos y actitudes).

Quizá los únicos reproches que le haría a la autora son que apenas mencione el rechazo de los negros o los musulmanes y vea sobre todo el de los judíos o que a lo mejor tome demasiado en serio a algún personaje o grupúsculo que más parecen unos frikis marginados y marginales que otra cosa, claro que esto no es más que una impresión ya que ella es la que realmente conoce el tema.

Otro interesantísimo libro de la editorial Capitán Swing cuyo catálogo está lleno de ellos.


Talia Lavin, La cultura del odio. Un periplo por la dark web de la supremacía blanca. Traducción Íñigo García Ureta.

 

 

 


Buen conjunto de relatos


En estos últimos tiempos he pasado de no leer apenas nada de literatura estadounidense a todo lo contrario. Las entradas recientes del blog así lo confirman.

En este caso se trata de un autor ya conocido del que leí una novela magnífica. Esta vez se trata de un conjunto de ocho relatos que trascurren en su inmensa mayoría en Kentuky, territorio en el que pasó el autor su infancia y juventud y en el que desarrolla casi toda su obra.

Estos relatos tienen en común un par de cosas. Por un lado, sus protagonistas son siempre personajes curiosos que podríamos enmarcar dentro del mundo de la marginalidad o, al menos, de los que no llevan una vida normal y corriente. Por otro lado, creo que menos en dos en el resto siempre hay un muerto en algún momento del relato. Así, en el primero alguien va a recoger a su cuñado que está muerto; en otro un hijo mata a su padre o, en uno realmente original, desentierran los cadáveres de un lugar por el que va a pasar una autopista para enterrarlos en otro.

Son todas historias cortas, el libro tiene solo 128 páginas, pero Offutt es capaz de que lo que sucede tenga sentido. Además, crea unos personajes siempre interesantes y los retrata con unos pocos pero suficientes rasgos. También destacaría el buen uso que hace de los diálogos muy adaptados al tipo de personajes.

Todos me han gustado, pero en el titulado Todo inundado Offutt hace una gran creación de la atmósfera tras una inundación.

Al igual que el anterior libro que leí del autor, este sirve también para penetrar en la forma de vida y en las formas de ser de la llamada “América profunda”, un territorio que no suele ser el habitual en las series y la literatura que más se traduce y publica en nuestro país.

Un libro recomendable porque, además de estar bien escrito, nos pone en contacto con ese mundo más desconocido.

Chris Offutt, Lejos del bosque. Traducción Javier Lucini.

 

 

domingo, 7 de agosto de 2022

Entretenimiento de calidad


Apenas han pasado tres semanas desde que hice una entrada sobre el primer libro que leía de este escritor y ya estoy con la segunda. Esto quiere decir ni más ni menos que me ha gustado y que las historias que cuenta me interesan y entretienen.

En este extenso libro, tiene más de 500 páginas, Hannah, la narradora y protagonista absoluta, nos cuenta los dos momentos más importantes de su  vida. El primero se desarrolla entre 1966 y 1973 y se corresponde con su juventud, nace en 1950, matrimonio y primer hijo. Cuenta la relación con sus padres: muy buena con él, profesor universitario y combativo militante contra la guerra de Vietnam, y bastante mala con ella. También las dificultades para organizar la vida de recién casada y con los primeros trabajos. El segundo momento está centrado en 2003. Han pasado treinta años, se ha estabilizado lsu situación profesional y económica. Se ha ampliado la familia con una niña que ahora ya es una joven con un buen y rentable trabajo pero… (no puedo hacer spoiler). El hijo se ha hecho ultraconservador y casado con una ferviente militante antiabortista.

Con los miembros de esta familia, Hannah y su marido, sus padres y sus hijos, más una amiga de ella, Kennedy narra una historia en la que aprovecha también para tocar temas importantes de la vida actual y para, desde su posición liberal (en el sentido que se da a este concepto en ese país), criticar de forma bastante feroz en muchos momentos a los movimientos ultra tanto en religión como en política. También se despacha a gusto con determinados medios de comunicación de carácter sensacionalista unos y muy politizados otros.

Entre los temas que aborda están la eutanasia, la enfermedad de Alzheimer o la presión social en las pequeñas comunidades rurales. Para un lector español seguro que llama la atención la facilidad que se refleja en la novela con la que la gente joven se muda de un lugar a otro según el trabajo, aunque creo que aquí también empieza a pasar algo parecido.

Además de los temas mencionados, la novela tiene también el interés de ver cómo se producen los conflictos en el seno de esas familias y cómo van evolucionando las relaciones y la situación de cada uno de sus miembros.

Kennedy es un magnífico contador de historias y también un buen creador de personajes. No estamos ante un libro que pasará a la historia de la literatura, pero sí ante un buen libro, enormemente entretenido y que, por qué no decirlo, nos pone ante situaciones que podemos haber vivido. Desde luego a mí me ha tenido enganchado un par de días aunque no es el tipo de novelas que suelo leer.

 

 

Douglas Kennedy, El discreto encanto de la vida conyugal. Traducción Esther Roig.

 

Inagotable


 

Camilleri ya ha aparecido más de una docena de veces en este blog, y yo me atrevería a decir que no están comentados todos los libros que he leído de él Siempre me ha gustado su forma de escribir y de contar las historias además de su capacidad dar vida a los personajes.

De todas formas, hacía ya un cierto tiempo que había dejado de leerlo porque me parecía que Montalbano, su gran creación, estaba ya agotado. Creo que es así, pero quien tuvo retuvo y cuando pasa un cierto tiempo gusta volver a esos personajes tan conocidos de las novelas de esta serie, cómo se comportan como ya sabemos y también la capacidad de Camilleri para inventarse una historia. En este caso un poco más rebuscada de lo habitual (él comenta a final del libro que le pidieron un guion para una película italoamericana que luego no se hizo y aprovechó la historia para esta novela) y con algunos aspectos que resuelve de una forma excesivamente rápida.

No faltan en el libro ni el sentido del humor, ni los platos típicos que alimentan a Montalbano (¡esos salmonetes!), ni los buenos y rápidos diálogos, ni por supuesto algún elemento de crítica social. En fin, está todo Camilleri y se lee de un tirón. Qué más se puede pedir.

 

Andrea Camilleri, El cocinero del Alcyon. Traducción Carlos Mayor

 

jueves, 21 de julio de 2022

Otro enfoque sobre Ucrania



Cuando un lector que no conozca a la autora se encuentra en la página 13 que: “en la agenda oculta se busca un cambio del orden mundial”, lo más probable es que piense que va a leer un ensayo sobre geopolítica. Evidentemente, nada más lejos de la realidad.

Rebón no solo es una gran traductora de la literatura rusa, sino alguien que conoce muy bien el mundo eslavo en diferentes aspectos y, por encima de todo, alguien que tiene una gran estima por la cultura pasada y presente de ese mundo.

En este breve libro, apenas 120 páginas en tamaño bolsillo, se recogen seis ensayos en los que ofrece, más que una visión del actual conflicto entre Rusia y Ucrania, una serie de reflexiones sobre la situación cultural de la segunda sobre todo desde la desaparición del mundo soviético.

Para ello, y tal y como hizo en su magnífico libro  En la ciudad líquida, utiliza multitud de citas de un conjunto de escritores de los que deja constancia en un anexo al final del libro bajo el epígrafe de Biblioteca personal. Con esto no trata de hacer una demostración de erudición, sino poner en boca de grandes autores, eslavos en su inmensa mayoría,  ideas que comparte.

En este conflicto queda claro que Rebón toma partido por Ucrania y en contra de Putin. Dedica mucho espacio a defender la existencia de una lengua que ha sido maltratada y menospreciada y de un país importante tal y como se puede leer en el siguiente fragmento:

 

“ (…) a muchos lectores les cuesta imaginar que un pedazo de Ucrania se lee en el polaco de Zbigniew Herbert, Adam Zagajekski, Stanislaw Lem o Bruno Schulz, el hebreo del Nobel Shamuel Yosef Agnón, el portugués brasileño de Clarice Lispector, el francés de Irene Némirovsky, el inglés de Joseph Conrad o el alemán de Joseph Roth y Gregor Von Rezzori”. (p. 38)

Y más adelante menciona a Anna Ajmátova, Mijail Bulgákov, Isaak Bábel y Vasili Grossman.

Decía hace un momento que contra Putin ya que: “Bala, veneno o juicio: a esto se enfrenta cualquier reportero independiente en la Rusia contemporánea”. (p. 94) En esas condiciones no parece posible que exista una información mínimamente válida sobre el conflicto y además, como ya se vio en las protestas que se produjeron al principio, el régimen usó toda su fuerza en la represión de cualquier muestra de disidencia

He hablado de la erudición, pero a mí lo que más me ha llegado es la emoción que expresa y que transmite. Así:

 

“Nombres como Bucha, Mariúpol, Járkiv o Borodianka me han alejado estos meses de los estantes de literatura rusa. El esfuerzo por encajar una gran cultura con la masacre de vidas humanas lo cubre todo de amargura.

(…)

El idioma que emplean las cadenas públicas rusas para deshumanizar a los ucranianos o amenazar a Finlandia es el mismo con el que están escritos  libros a los que he acudido para consolarme, como los de Vasili Grossman, Lidia Chukóvskaia, Gueorgui Vladímov, Isaak bábel, Liudmila Ulítskaia…” (p. 73-74)

 

Un libro muy hermoso, término que utilizo en muy raras ocasiones, aunque trate de un conflicto armado; lleno de sugerencias de lectura y de reflexiones que se salen de lo que se suele leer sobre el tema; muy bien escrito y con un ensayo final, Carta a Grossman, que resume tanto las ideas como las emociones de Rebón y cuya lectura resulta realmente emocionante máxime si se conoce la obra del autor.

Para terminar un comentario lleno también de citas, lo haré con una de una escritora que conocí gracias precisamente a Rebón y cuyos libros son algo más que recomendables. Me refiero a Liudmila Ulítskaia  y a lo que publicó en Der Spiegel a raíz de la anexión rusa de Crimea en 2014:

 

“Ahora mi país está en guerra con la cultura, los valores del humanismo, la libertad del individuo y la idea de los derechos humanos… Mi país está enfermo de ignorancia agresiva, de nacionalismo y de megalomanía imperial… La cultura en Rusia ha sufrido una dura derrota, y los artistas y escritores no podemos alterar el rumbo político suicida de nuestra nación. Adiós, Europa: me temo que nunca formaremos parte de la familia europea de naciones…” (p. 84)

 

En definitiva, una lectura muy recomendable

 

Marta Rebón, El complejo de Caín. El “ser o no ser” de Ucrania bajo la sombra de Rusia.

 

martes, 19 de julio de 2022

Recuperando escritos de un grande


“Se me acabó John Fante, ¡qué pena!” Con este expresivo título abría la última entrada que hacía, hace más de siete años, de un libro del autor del que había leído, en menos de un año, todos los publicados por Anagrama además de uno sobre su obra. Inmediatamente después leí los dos publicados por su hijo Dan.

Se entiende así la ilusión al ver después de tanto tiempo otro libro de Fante. En este se recogen un conjunto de 18 relatos escritos entre 1932 y 1959 en su gran mayoría no publicados. Predominan los escritos en los años 30, es decir cuando el autor no había llegado aún a la treintena,  y solo dos son de los cincuenta.

Tratándose de Fante los temas no pueden ser muy variados. Ya están presentes la familia (en varios es la suya aunque con nombres cambiados) y sus innumerables conflictos, la pobreza, los problemas de un escritor, la situación de los inmigrantes (aquí hay más de uno sobre los filipinos) y sus costumbres, las relaciones amorosas, y, claro, Bandini.

El estilo no puede ser otro que el suyo, esto es, frases cortas, yendo al grano, buenos diálogos, gran capacidad narrativa, sentido del humor, etc.

A mí tengo que decir que me han gustado más los primeros, aunque no sé si la crítica los considerará mejores, y de entre ellos me parece que el titulado El delincuente es un magnífico ejemplo de su escritura. También, por los personajes y el momento histórico en el que se desarrolla, me ha llamado la atención la historia que cuenta en Mary Osaka, te quiero, un buen ejemplo de un cierto compromiso con la realidad que vivían los habitantes japoneses y filipinos en Estados Unidos.

En fin, un buen conjunto de historias contadas por un gran narrador. Recomendable como lo es cualquiera de los libros del autor.

John Fante, Hambre. Traducción Antonio-Prometeo Moya.

 

 

ANDAMIO

 

Una entrada muy variada como suele ser habitual tanto de procedencias como de temas. Una despedida y varias miniseries interesantes.

 

Películas

 

Delicieux. Una película francesa muy francesa. Una anécdota suficiente para mantener el interés y una magnífica puesta en escena con momentos muy brillantes. Una fotografía espectacular, dos buenas interpretaciones y hasta algunos elementos de crítica social. En definitiva, entretenida y para pasar un buen rato. ¡Ah!, se me olvidaba. Va de gastronomía en 1789.

 

El caso Villa Caprice. Interesante película francesa sobre el poder, la corrupción o el engaño entre otros temas. Aunque se trata de un guion original, parece ser que basado en unos hechos reales, a mí me ha recordado mucho a Patricia Highsmith por el tratamiento dado a la historia; esa forma de ir insinuando cosas y esos personajes inquietantes son muy típicos de ella. Gran interpretación del protagonista.

 

Competencia oficial. Una producción española para una película de guion y dirección argentina con intérpretes de ambos países. Una comedia sobre el mundo del cine que tiene momentos realmente divertidos y otros que, gracias a las magníficas interpretaciones, resultan interesantes por los temas que plantean.

 

Series

 

Barry. Serie estadounidense de 8 episodios de 30 minutos. El protagonista es un asesino a sueldo que, por casualidad, se dedica también a aprender el trabajo de actor. Una comedia de humor negro que se desarrolla en Los Ángeles y que resulta entretenida. Hay más temporadas, pero no creo que el tema dé para mucho más.

 

Teherán. Segunda temporada de esta serie israelí con 8 episodios de unos 40 minutos. Tan entretenida y con momentos tan inverosímiles como la primera, pero también con la misma claridad en su desarrollo.

 

Te quiero, muérete. Miniserie documental estadounidense de solo dos capítulos de una hora. Un joven de dieciocho años se suicida en 2014 y su novia es acusada de impulsarlo a ello. Tenían una relación basada casi exclusivamente en mensajes que estaban todos a disposición de los investigadores. Magníficamente organizada la narración del proceso judicial como ya es habitual en los documentales hechos en ese país. Tiene al interés añadido de ver cómo son algunas relaciones entre la gente joven y qué problemas se plantean. El espectador puede ver perfectamente cuáles son las posturas de la fiscalía y la defensa y adoptar su propia posición.  Muy interesante.

 

Minx. Serie estadounidense de 10 episodios de 30 minutos. Una divertida historia que transcurre en 1971 sobre la creación de la primera revista para mujeres con desnudos masculinos. Feminismo con algún momento en que se plantean debates que, de alguna manera, siguen vivos. Buena selección de personajes y unos guiones con unos magníficos diálogos.

 

Peaky Blinders. Sexta y última temporada con 6 episodios de una hora. Una continuación muy clara de la anterior tanto en los temas y las situaciones como, sobre todo, en la estética, la ambientación y la música. Ya me ha resultado un tanto cansina, es como si los guionistas también tuvieran ganas de terminar pero no tenían muy claro cómo llegar al final. Ha sido una buena serie que, para mi gusto, ha ido de más a menos.

 

Heartstopper. Serie británica de 8 episodios de 25 minutos. Una serie que refleja, de forma muy tierna, el despertar a la homosexualidad de unos adolescentes en el colegio. Lógicamente, hay momentos en los que aparece el bullying, pero no se ceba en él sino en los aspectos más positivos de las relaciones entre los y las jóvenes. Sería bueno que se viera en muchos centros escolares.

 

Todo lo que amas. Serie noruega de 7 episodios de algo más de 20 minutos. Una historia de amor entre jóvenes de 20 años con el añadido de que él es un adicto al pensamiento y las ideas de la extrema derecha. La serie es muy crítica con ese forma de pensar y actuar aunque, desde el punto de vista de la historia de amor no termina de tomar postura y deja un final abierto. Interesante.

lunes, 18 de julio de 2022

Otro buen escritor francés


Hay que agregar a este autor a la larga lista de escritores franceses, y también algún alemán, que en los últimos años están escribiendo este tipo de libros a medio camino entre la realidad y la ficción, o mejor, que están contándonos aspectos de la realidad, sobre todo la histórica, utilizando el método que se usa en la narrativa de ficción.

De este libro se dice en la revista Télérama, según reproduce la editorial en la solapa del libro:

“Narrador extremadamente lúcido, Thomas Snégaroff ofrece una historia cautivadora, ultradocumentada, que transporta al lector al corazón del poder nazi. No solo permite acercarte lo máximo posible a Hitler, sino comprender también la fascinación que ejerció sobre el pueblo alemán”.

La historia de este peculiar alemán está contada con una gran agilidad y precisión gracias esto último a la ingente documentación que ha podido utilizar Snégaroff como detalla en el apartado correspondiente de fuentes al final del libro.

Claro que también es necesario contar con un personaje que resulte cuanto menos original y, desde luego, este Putzi (hombrecillo), Ernst Hanfstaengl es su verdadero nombre, tiene diferentes elementos en su vida para serlo.

De buena familia, se trasladó a Nueva York para ser marchante de arte. Allí conoció y tuvo relación con Djuna Barnes. Ya de regreso en Alemania en1923 prestó dinero para financiar el periódico del partido nazi, partido al que se afilió en1931cuando inicia una época de gran cercanía al mismo Adolf Hitler que se divertía mucho con él y al que le gustaba mucho cómo tocaba el piano (ambos eran grandes admiradores de Wagner). Por las luchas internas dentro del régimen, cayó en desgracia en 1934 y se inicia otra parte de su vida que le llevó a situaciones muy diferentes desde la reclusión en campos de concentración en Zurich, Inglaterra y Canadá hasta dirigir el S-Project, para la administración de Estados Unidos, que se dedicaba a la guerra psicológica contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya se puede apreciar en este breve resumen que se trata de una vida intensa y con suficientes variaciones como para que resulte interesante. Eso sí, Putzi, aunque siempre peculiar, fue un nazi durante la mayor parte de su vida.

El libro es muy entretenido y, como se dice en el fragmento que he reproducido antes, muestra bastante bien algunos aspectos del interior del poder nazi por lo que también resulta instructivo.

Me ha parecido especialmente interesante el espacio que dedica a la existencia de grupos fascistas y nazis en Inglaterra y Estados Unidos. Acabo de terminar la de ver la serie Peaky Blinders en la que tiene mucha presencia en los últimos capítulos Diana Mitford, y su relación con el dirigente fascista británico Mosley. En el libro la veo de nuevo en escenas similares a las de la serie.

Un libro recomendable.


Thomas Snégaroff, Putzi. El confidente de Hitler, Traducción Isabel González-Gallarza

 

jueves, 7 de julio de 2022

Sobre los cambios en la prensa


Conozco a la autora desde hace relativamente poco tiempo a partir de sus columnas en elDiario.es, digital del que es actualmente subdirectora. Varias veces compartí en twitter su artículo y tengo que decir que siempre tuve una respuesta suya bien con un like o con un "gracias". Las columnas eran sobre diferentes aspectos de la política internacional que, creo, es su especialidad.

En el libro Ramírez, partiendo de su biografía profesional, va contando cómo ha ido evolucionando el periodismo en el actual siglo, sobre todo cómo los medios han ido abandonando el papel para centrarse en las versiones digitales. En este sentido resulta muy interesante todo lo que cuenta de la pugna entre El Mundo y El País por ponerse a la cabeza en esa nueva forma de presentación y, en el fondo, de hacer periodismo. Hay que tener en cuenta que la autora es hija de Pedro J. Ramírez que en esa época era el director del primero. (Si dejo constancia de esa relación familiar es porque la propia autora da varias citas de él presentándolo como su padre.)

La verdad es que Ramírez tiene un recorrido profesional muy extenso. Así, la vemos trabajando: de becaria en Milán (en el Corriere), en Bruselas en la U.E, como corresponsal de El Mundo en Nueva York cuando las elecciones de Trump, de reportera de El Español en Gran Bretaña en los momentos del Brexit, en el canal Univision, trabajando en la Fundación Nieman y, finalmente, desde 2018 en elDiario.es.

Como buena periodista tiene una gran capacidad narrativa y, lo que también es muy importante, de síntesis, de forma que es capaz de contar un simposio muy interesante y que el lector se entere bien de lo que aportaban los distintos ponentes.

Hay muchas cosas interesantes en el libro pues le ha tocado vivir momentos muy relevantes como se puede apreciar por el breve resumen que acabo de hacer de su currículum. Ahora bien, a mí particularmente me han llamado la atención algunas de las cosas que cuenta o reproduce en el capítulo 9, titulado El elefante, un capítulo centrado en Donald Trump y, sobre todo, en “el negocio de la furia o la indignación” o, dicho de otra forma, cómo ha cambiado en muchos la forma de hacer periodismo, si es que a lo que hacen se le puede aplicar tan noble concepto. Todo lo que cuenta o lo que transmite a través de diversas citas de estudiosos del tema se puede aplicar a la situación de la profesión en nuestro país. Reproduzco un par de fragmentos:

 

“Uno de los cambios respecto a los extremos del pasado que notaban ya entonces era la densidad de los espacios cada vez más opinativos y alejados del reporterismo tradicional. “Mientras la lectura de periódicos y la audiencia de los telediarios de las televisiones convencionales han caído, el número de lugares de indignación ha crecido”, escriben los dos profesores, que apenas citan a Facebook ni otras redes sociales y se centran en los programas de radio de tertulias, a menudo algaradas de sus presentadores, telepredicadores religiosos y políticos, y en las televisiones por cable de noticias y opinión veinticuatro horas, y los blogs.

(…)

Los autores de The Outrage Industry encontraron ejemplos de indignación a izquierda y derecha (…), pero el nivel de agresividad de la derecha era ya muy superior al de la izquierda por volumen, tipo y ritmo de insultos y otras formas de furia.”. (p. 224-225)

(Los profesores autores del libro son: Jeffrey Berry y Sarah Sobieraj)

 

Creo que no hace falta mencionar ningún caso específico de por aquí, además la lista sería tan extensa que ocuparía mucho espacio. También da algunos ejemplos de barbaridades que se dicen como por ejemplo:

 

El presentador de radio Michael Savage gritaba contra los musulmanes “coged vuestra religión y metéosla por donde os quepa”. Glenn Beck decía en su programa matinal que la Agencia Nacional de Protección Civil para emergencias podría estar construyendo “campos de concentración para quien no estuviera de acuerdo con las decisiones del gobierno Obama”. (p. 224)

 

Tampoco creo que haga falta mencionar explícitamente a nadie de aquí, seguro que al lector le viene a la memoria más de un caso.

A lo largo de este blog he tenido ocasión de escribir lo que pienso de la prensa y del papel fundamental que ocupa en las sociedades modernas. De ahí viene mi interés por todo escrito que trate sobre este tema. Este de Ramírez tiene interés por la visión que da de los cambios que se están produciendo y, además, porque ella misma está siendo protagonista. Da una visión muy profesional de la profesión, valga la redundancia, y considera casos aislados ejemplos como los que acabo de reproducir. Por lo que sigo de los medios en España creo que, bien al contrario, la excepción es el periodismo hecho con rigor profesional; cada día crece más el que podríamos llamar “periodismo de trinchera”, ese que en lugar de limitarse a controlar el poder se dedica a intentar cambiarlo. (Donde digo poder debería decir realmente gobierno, el poder es otra cosa).

Un tema apasionante porque en el fondo es en los medios, y con los medios,  donde se está dirimiendo la verdadera batalla política.

Un libro que merece la pena leer.

 

María Ramírez, El periódico.

 

miércoles, 6 de julio de 2022

"Sociología" con humor


Sinceramente, a lo mejor he visto al autor como actor alguna vez en las pocas ocasiones en que he visto el programa de TV3 Polònia, pero en todo caso no lo he reconocido cuando he comprado el libro. De este me llamó la atención el expresivo título y el sugerente subtítulo.

Dice el autor en la que es prácticamente la última página:

 

“Pero ya he avisado de que mi análisis surge de mi experiencia vital, por tanto es un poco sensacionalista y superficial. Al fin y al cabo, los actores mejor que seamos un poco banales, porque cuando vamos de profundos por la vida, apártate. La pedantería y el ridículo están a la vuelta de la esquina”. (p. 177)

 

Toda una declaración de intenciones y una buena explicación de lo que ha pretendido con el texto que el lector acaba de leer. Solo añadiría que no me parece especialmente sensacionalista y, sobre todo, que sí que hay actores que pueden profundizar en algunos temas sin resultar ni pedantes ni ridículos.

El libro lo ha dividido en 10 capítulos con títulos tan indicativos del contenido como, por ejemplo: Mucho hablar, poco trabajar; Barça-Madrid o Mi bandera es más grande que la tuya.

Con un buen sentido del humor, Oro va describiendo algunas de las características, típicas y tópicas, de los ciudadanos de lugares como Madrid, Barcelona, Galicia, Japón, Buenos Aires o Inglaterra entre otros. Desde luego las dos primeras se llevan la palma porque el autor ha vivido en ambas y, lógicamente, porque son un buen reflejo de dos formas bien diferentes de entender muchas cosas.

El libro se lee de un tirón y saca la sonrisa en muchos momentos e incluso la risa franca en algunos. Está escrito con mucha agilidad y, aunque no aporta novedades sustanciales sobre lo que trata, es un buen resumen de esos aspectos.

Solo se pone serio en un capítulo que dedica a Samuel, el chico asesinado precisamente hace un año por estos días, y también  algo en el Epílogo del que destaco dos frases que me gustaría comentar brevemente:

 

“Una amigo que sabe de eso me ha contado que España va a vivir endeudada los próximos cincuenta años”. (p. 172)

 

“Cuando yo estudiaba, nos decían que España era el primer mundo. No sé si todavía se atreven a decirlo”. (p. 174)

 

España, y la mayor parte de los países, lleva viviendo endeudada muchos años. Bélgica o Italia, por citar dos ejemplos cercanos, siempre han tenido un endeudamiento muy superior al español y ahí están. La deuda se va pagando con más deuda y así se soluciona. Por otro lado, me llama la atención que se ponga en cuestión la pertenencia de España al primer mundo. Cualquier habitante del llamado “tercer mundo” que lo lea sonreirá o se pillará un buen cabreo según sea su ánimo. Al final va a tener razón en la parte final de la cita que reproducía más arriba.

En resumen, un buen pasatiempo para una calurosa tarde de verano.

 

Bruno Oro. No somos gilipollas. Una radiografía de nuestro querido e imperfecto país.

 

lunes, 4 de julio de 2022

Un buen descubrimiento


Tenía curiosidad por este autor ya que la editorial Arpa ha editado cuatro libros suyos en un breve espacio de tiempo. Los veía en la librería pero no me atrevía a comprarlos hasta el otro día en que necesitaba una lectura más ligera de lo habitual y pensé que uno de este escritor podría ser adecuado. Acerté de lleno.

El libro está narrado en primera persona por su protagonista, Brendan, un hombre de 56 años que vive en Los Ángeles y trabaja como conductor para Uber. Conoce en un servicio a Alice, una mujer de 60 años que trabaja ayudando a las jóvenes que acuden a las clínicas para abortar. Con estos dos protagonistas Kennedy monta una historia que hacia la mitad de la novela se convierte en un thriller, pero que a lo largo de toda ella es una descripción sobre lo que hacen los movimientos antiabortistas. Un tema de rabiosa actualidad en estos días. (El libro está escrito en 2021). La mujer de Brendan, Agnieska, es de origen polaco, católica practicante y militante antiaborto. Su hija, Klara, es todo lo contrario.

Además de este tema central, el autor aprovecha para dar algunos toques de crítica a diferentes aspectos de la vida en esa ciudad como son: la “persecución” contra los fumadores, las condiciones laborales que impone la empresa Uber a los que trabajan para ella, el peligro de la profesión por los clientes borrachos y amenazantes, el activo papel que juega la Iglesia católica en el tema del aborto o los graves problemas de tráfico que hacen difícil vivir en esa ciudad. De esto último reproduzco el siguiente fragmento:

“Salí de la 101. Había un atasco en la autopista, a pesar de que ya eran casi las once y media de la noche. Los Ángeles: una maraña sin fin. El dinero, las promesas, los deseos, los fracasos, la desesperación y la sensación de no ser uno de los escasos elegidos. Qué atascados que estábamos todos en esta ciudad, en la que nos arrastrábamos por la vida a centímetros por hora”. (p. 300)

En definitiva, un libro que no pasará a la historia de la literatura, pero que está lo suficientemente bien escrito, los diálogos sobre todo, y contado para hacer pasar un buen rato tratando además temas interesantes.

 

 Douglas Kennedy, Los hombres tienen miedo a la luz. Traducción María Blázquez