lunes, 4 de octubre de 2021

Tema importante; desarrollo irregular


“El presente libro es el resultado de las investigaciones y debates inscritos en un proyecto de I+D (…) Entre los investigadores se cuentan uno con formación de jurista, varios politólogos e historiadores y una arquitecta, pero el trabajo resultante es un ensayo de Historia actual sobre la evolución de un fenómeno político multiforme que normalmente se agrupa bajo la denominación común de “ultraderecha” (…)” (p. 12)

Con estas palabras se inicia la introducción y ya nos da una pista de algunas de las características que tiene y también de alguno de sus problemas.

De las seis personas que intervienen solo conocía a dos: al profesor Veiga, del que leí hace años todo lo que publicaba sobre el conflicto yugoslavo, y a Steven Forti del que he leído recientemente varios artículos y también  he visto alguna intervención en la televisión.

El libro está dividido en tres partes. La primera está dedicada al Colapso de la civilización soviética, 1985-2014 y en ella  se muestra cómo van a ir surgiendo diferentes tendencias y grupos ultranacionalistas. Principalmente se habla de Rusia y de Yugoslavia. En la segunda, Marasmo en el mundo feliz neoliberal, 2008-2018, se centran sobre todo, aunque no exclusivamente, en algunos países de la Unión Europea como Hungría, Polonia o Grecia. También dedican bastante atención a los problemas de Ucrania. La tercera, Síntesis, culturas y definiciones, es una especie de popurrí ya que hay muchas páginas dedicadas a Italia, otras a la arquitectura del “Nuevo estado autoritario”, a los oligarcas o al turbocapitalismo, etc. Cierran con un Epílogo demasiado breve en el que se plantean algunas conclusiones.

Hasta aquí la mera enunciación del contenido. Antes hacía mención a los problemas que tiene el libro que son varios. Por un lado, la gran cantidad de información enormemente detallada que se da de casos como, por ejemplo, el ruso que hacen que el lector no especialista ande un tanto perdido. Por otra parte, el libro está escrito a muchas manos o, para ser más exactos, en cada parte se nota que hay más de una y, lo que es peor, no siempre con una escritura demasiado correcta y clara lo que dificulta la lectura y también lleva a que se incurra en algunas repeticiones. Finalmente, aun entendiendo que los autores no quieran dejar definiciones ni clasificaciones de los fenómenos estudiados, de tal manera que se tenga la tentación de intentar catalogar cada uno el grupo que quiera, no me parece suficiente al trabajo que aportan en el capítulo de conclusiones. Creo que para lo que dicen no habría hecho falta tanta información previa.

¿Considero pues inútil la lectura de un texto así? Evidentemente no. Teniendo en cuenta que lo más complejo está al principio yo habría tenido la tentación de abandonar su lectura y no ha sido así. Entre las muchas informaciones hay bastantes que me han aportado cosas que no solo no conocía, sino que además me parecen muy interesantes como puedan ser: el auge del nacionalismo en el este de Europa incluso antes de la caída del comunismo; los datos que se dan sobre el dinero que el Parlamento europeo da a los grupos ultra; las informaciones sobre el reformismo de Orbán en Hungría y su política económica “populista”;  la creación de la OYA con apoyo norteamericano para echar a Milosevic en una operación de lo que luego se ha llamado “guerra híbrida”; la relación entre el 68 y la Alt Right, lo mismo que la lectura de Gramsci que hace el francés Alain Benoist y que lleva a la “guerra cultural”.

Hay muchas más cosas, aunque para eso haya que leer también muchas páginas cuyas informaciones no interesan a un lector corriente incluso interesado por el tema. Creo que el principal problema es que los autores no se hayan planteado hacer una edición menos académica y, en todo caso, que no hayan revisado un poco más el texto dado a la editorial haciéndolo más legible. Para colmo, hay bastantes erratas impropias de una editorial como Alianza aunque ninguna importante.

¿Recomendable? Depende del interés que se tenga por el tema y de la capacidad de pasar páginas sin tener por ello mala conciencia.

 

VV.AA., Patriotas indignados. Sobre la ultraderecha en la Posguerra Fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols.

 

 

sábado, 2 de octubre de 2021

Demasiado irregular

Aunque no he leído demasiado de Ramírez, sí lo suficiente para saber que es un buen escritor; otro de los buenos escritores en castellano del otro lado del Atlántico. También lo recuerdo como político. De hecho el único libro que aparece en el blog es Adiós muchachos dedicado a hacer un análisis crítico de la revolución sandinista en la que tuvo un papel muy destacado ya que llegó a ser vicepresidente de Nicaragua.

El que ahora comento está en las librerías en la sección dedicada a la novela negra, pero creo que es un texto que va mucho más allá de ese género. Ramírez vuelve a la crítica de lo que está pasando en su país. En este caso se centra en las manifestaciones que tuvieron lugar hace poco de estudiantes que luego se generalizaron a otros sectores de la población.

La novela comienza con el regreso a Nicaragua de Dolores Morales, un inspector de policía que ha protagonizado otras obras del autor. En su país la situación es muy tensa y hay una gran represión dirigida por un tal Leónidas, alguien que en su día estuvo combatiendo a los sandinistas en la contra, y que tiene en Tongolele a uno de sus principales apoyos gracias también a que su madre, Zoraida, es una adivina que colabora con el poder. Hay, además, un conjunto de secundarios que tiene su importancia en la trama.

Para mi gusto esta novela tiene un problema que es su extensión, no tanto por sus 336 páginas densamente editadas, sino porque sobran muchas subtramas que no están bien articuladas y que despistan del eje principal de la novela que no es otro que la represión que se ejerce en ese país sobre cualquier movimiento opositor y que lo aleja de lo que pueda ser una verdadera democracia.

Ramírez da una imagen muy positiva de los miembros de la iglesia católica que salen, que son varios y todos colaboran tanto con Morales como con los opositores. En esta línea uno de los mejores momentos del libro es la diatriba que hace el obispo contra el régimen en el capítulo 5.

Lo mejor de la novela es sin duda el lenguaje que utiliza Ramírez y la buena construcción de los diálogos. De hecho, en un momento determinado me di cuenta mientras la leía de que estaba siendo absorbido por la forma en la que me contaba algo que sin embargo no me estaba interesando demasiado.

Por lo dicho hasta aquí, no me atrevo a recomendarla sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de obras que se han editado recientemente de igual calidad, pero de mayor interés.

Hay una interesante entrevista con Clara Morales en infolibre.es.

Sergio Ramírez, Tongolele no sabía hablar.

 

ANDAMIO

 

En esta entrega no hay demasiadas cosas interesantes aunque sí hay variedad de géneros y procedencias. Mucha producción estadounidense y, cosa rara, bastante sudamericana. También varias producciones que, no estando mal, no terminan de cuajar y llegar a lo que prometían.

 

Películas

  

El olvido que seremos. Película de Fernando Trueba con guion de David Trueba basado en el libro del mismo título de Héctor Abad Faciolince. El libro me gustó muchísimo, la película menos. Tiene al gran aval de la interpretación de Javier Cámara creando un personaje que refleja muy bien al padre de la novela/biografía, pero hay otras interpretaciones, no sé si por el guion, que dejan bastante que desear y, sobre todo, algunos momentos ya al final que se los podían haber ahorrado porque quedan muy exagerados. Creo que tienen razón algunos críticos que hablan de afectación y acartonamiento que lastran un tanto la obra.

 

Fahrenheit 11/9. Se me pasó en su momento, 2018, este documental de Michael  Moore del que procuro verlo todo porque siempre aporta cosas interesantes. En este caso el objetivo principal es Donald Trump, pero también aprovecha para tratar temas que surgen en los días de realización como pueden ser la situación de la ciudad de Flint o las huelgas de profesores. Moore se muestra más combativo incluso de lo habitual y con imágenes e informaciones bastante insólitas. Es para verlo más de una vez.

 

El efecto Marcus (Los casos del departamento Q). Una película danesa dentro de la serie dedicada a las novelas que tienen como protagonista ese departamento de la policía. Es quizá la más floja de las que recuerdo haber visto aunque siempre tienen su interés y su entretenimiento. En este caso hay una cierta denuncia del robo hecho por empresas y gentes de alto nivel de dinero dedicado a la ayuda al desarrollo.

 

Series

 

The White lotus. Miniserie estadounidense de 6 episodios de casi una hora cada uno. Curiosa serie por el conjunto de personajes que retrata y por el tipo de fotografía que utiliza. Comedia, pero con algunos momentos más dramáticos. Buenas interpretaciones. Bastante entretenida por lo peculiar de los personajes y, eso sí, con un final que no me ha gustado demasiado.

 

El Reino. Serie argentina de 8 episodios con una duración muy variable de 37 a 50 minutos. Tiene forma de thriller con una fuerte carga crítica hacia determinados aspectos de la religión y de la política, junto con el tema de los abusos sexuales a menores, algo que Claudia Piñeiro, una de sus creadoras y guionistas, ya trató en Catedrales, su última novela. La serie está bastante bien y tiene momentos brillantes además de alguna interpretación muy buena, algo habitual en el cine de ese país. Dejan abierta la posibilidad de otra temporada.

 

Detrás de sus ojos. Miniserie británica de 6 episodios de unos 50 minutos. Tiene un buen comienzo como thriller, pero poco a poco va decayendo por repetición e inverosimilitud de cosas que van pasando. Como no quiero hacer spoiler aquí lo dejo. De todas formas es una serie totalmente prescindible.

 

Ted Lasso. Miniserie británica de 10 episodios de menos de 30 minutos. Un entrenador de fútbol americano es contratado por un pequeño club de fútbol inglés porque su presidenta quiere que descienda. Una comedia con algunos buenos momentos y con la peculiaridad de que hay una especie de defensa del fracaso o, al menos, de que el éxito no es lo único importante. Entretenida.

 

La directora (The chair). Miniserie estadounidense de 6 episodios de algo menos de 30 minutos. Una magnífica realización para unos guiones que andan un tanto despistados. El gran problema de la serie es que no sabe qué camino tomar, si la comedia un tanto disparatada a veces o el drama. Toca temas interesantes sobre la universidad, la educación, la familia, la amistad, el envejecimiento, etc., pero ahí los deja. Ha tenido buenas críticas seguramente por la buena interpretación de la protagonista.

 

La Serpiente (The Serpent). Serie británica de 8 episodios de casi una hora. Está basada en hechos reales, en concreto en un ladrón y asesino que mataba para robarles a jóvenes en la India, Nepal y Thailandia en la primera mitad de los años setenta del siglo pasado. Muy bien contada y, sobre todo, magníficamente ambientada tanto por la fotografía como por el vestuario. Muy entretenida.

 

Dom. Serie brasileña de 8 episodios de una hora cada uno. No es muy habitual encontrar series de esa procedencia y menos con estos temas. Cuenta la relación entre un padre que es policía antinarcóticos y un hijo que se dedica a robar y esnifar. La historia tiene un buen guion y se mueve en varios momentos del tiempo: en 1970 vemos al padre como un joven que se inicia en el trabajo policial; a mediados de los noventa vemos cómo la relación entre ambos empieza a ser conflictiva ya que el hijo empieza con la droga y, en lo que es el núcleo de la serie, en 1999 y 2000, los momentos de mayor tensión porque el hijo ya está centrado en la delincuencia. En varios capítulos se van alternando los diferentes momentos. Bien ambientada y muy bien realizada, resulta entretenida y también interesante.

 

La conjura contra América. Miniserie estadounidense de 6 capítulos de casi una hora cada uno. Está basada en el libro homónimo de Philip Roth, un libro que por cierto no me gustó cuando lo leí  hace ya años. La serie es muy irregular pues tiene un buen comienzo y un buen final, pero hay un par de capítulos intermedios que no terminan de arrancar y en los que se repite demasiadas veces la misma situación. Eso sí, está magníficamente realizada, con todo el sabor y la ambientación de esos primeros cuarenta; también tiene buenas interpretaciones y, sin embargo…

viernes, 1 de octubre de 2021

Un libro necesario


No se me ocurre mejor forma de iniciar mi comentario que tomando prestado este fragmento de la reseña hecha por El Libro Durmiente en reeditor.com: 

Las trincheras de la esperanza es más que un libro. Es un azote a las conciencias, un chute de horror, lleno de relatos de personas rotas por fuera y por dentro. Cuando crees haber leído algo terrorífico, el siguiente capítulo hace boom y te revienta con otro drama. Y cuando el estómago amaga con revolverse, Pampliega busca la magia y la encuentra con víctimas que se levantan con sus prótesis. Como pueden. Pegan codazos en la pared del mundo por una salida. Y en casi todas, está Alberto Cairo”. 

Aquí están, magníficamente resumidos, todos los puntos clave de un libro que a lo largo de sus 26 capítulos nos ofrece un panorama muy completo del horror que ha padecido ese país. Prácticamente en todos hay un protagonista con problemas físicos o psicológicos. Así, alguien sin las dos piernas y un brazo; a otro le faltan la mano derecha y el pie izquierdo; hay una niña de 7 años sin una pierna; otros con parálisis cerebral; hay adictos al opio; no faltan los pacientes en un hospital de quemados; y, por si esto fuera poco, hay un capítulo de una gran dureza dedicado a un centro para enfermos mentales con condiciones infrahumanas y del que el gobierno no quiere saber nada.

¿Qué tienen todos en común? La presencia del fisioterapeuta italiano Alberto Cairo que lleva 28 años en Afganistán trabajando para la Cruz Roja y haciendo una labor de la que Pampliega da unos datos realmente apabullantes. Un Cairo que no solo lleva todo el tema de las prótesis del hospital de Kabul, sino que ha ido logrando que se crearan otros centros especializados en otros lugares del país.

El periodista estuvo un mes en Afganistán y recorrió diferentes lugares como Helmand en el sur, donde se entrevistó con drogadictos, Herat donde visitó el centro en el que están los enfermos mentales y, desde luego, Kabul en cuyo hospital de la Cruz Roja trabaja Cairo y desde allí proyecta la atención a los diferentes colectivos con problemas.

Pampliega escribe para llamar la atención sobre un país y unas situaciones realmente dramáticas en la mayoría de los casos. Unas situaciones que están sucediendo ahora mismo porque lo que cuenta es de hace apenas tres años y, además, muchas cosas habrán empeorado tras la reciente victoria de los talibanes. Esa llamada de atención tiene un componente emocional muy grande y el libro conmueve en todas sus historias y en todas sus páginas. Hay algunas historias que acaban mejor que otras, pero en todas ellas hay mucho sufrimiento de partida. Quienes lo superan, y hay muchos casos en el libro, llegan a lograr una vida relativamente buena aunque, no sé si será solo casualidad, la mayoría de ellos trabajan actualmente para la Cruz Roja, es decir, no sé qué pasará con los cientos y cientos que circulan con sus prótesis en un país como Afganistán.

Pampliega no escribe apenas sobre la situación política que se encuentra, pero cuando lo hace deja fragmentos tan claros y contundentes como el siguiente: 

“Desde la caída de los talibanes se ha protegido a los corruptos, se han dado puestos de responsabilidad a despiadados genocidas y se utiliza lo peorcito de cada casa para que vele por los intereses de aquellos que se lucran con el tráfico de drogas”. (p. 203) 

Por otra parte, las mujeres son muy protagonistas del libro, tanto porque hay bastantes entre los personajes entrevistados, como porque se dan informaciones interesantes y significativas como, por poner solo dos ejemplos, el dato de que es el único país del mundo en que se suicidan más mujeres que hombres o el de que la edad de las mujeres en el 50% de los matrimonios es de menos de 16 años.

También es de una mujer, más concretamente Nilofar, la capitana de la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas, la siguiente afirmación:

 “Sé que podemos cambiar nuestro país. Costará. Será con esfuerzo y tesón de generaciones y generaciones. Paro cambiaremos la situación. Las mujeres somos el futuro de este país. Los hombres lo han llevado a la ruina y nosotras lo levantaremos”. (p.313)

Ojalá se cumpla aunque el presente no apunta precisamente en esa dirección.

En fin, un libro necesario, intenso, duro en muchos momentos, exigente para el lector, conmovedor,… Un libro que hay que agradecer a su autor.

 

Antonio Pampliega, Las trincheras de la esperanza. Alberto Cairo: el hombre que reconstruye vidas en Afganistán.

 

 

 

 

 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Más humor australiano


A lo largo del año he podido leer los tres libros en los que se recopilan los relatos que escribió Cook. Este me ha costado algo más conseguirlo porque he tenido que esperar a su reedición, pero la espera ha merecido la pena porque es Cook en estado puro.

Esta entrega la componen 14 relatos, o cuentos, la mayoría de los cuales tienen como protagonista a algunos animales que esta vez son: ratas, lagartos, perros, gatos, caballos, topos o un avestruz, o, en los pocos en los que ese protagonismo no lo tienen los animales, lo tiene un personaje siempre muy singular. Evidentemente, en todos está la presencia del autor como narrador y, sobre todo, como participante activo o pasivo de todo lo que sucede, aunque me ha parecido ver que esta vez hay menos referencias personales que en libros anteriores.

Además de un gran sentido del humor que es marca del autor en todos sus relatos, hay también magníficos diálogos, tipos duros y tipos listos del outback, gran consumo de bebidas alcohólicas y una divertida caracterización de algunos animales con rasgos muy humanizados como se puede apreciar en este ejemplo: “El avestruz es un pájaro malvado. Esta naturaleza maligna se deja entrever en sus ojos pequeños, mezquinos y despiadados. Su única expresión es de asco y desprecio hacia los seres vivos en general, y hacia mí en particular”. (p. 159)

Dice ManuelHidalgo, en un artículo dedicado al humor del autor, que este suele empezar los relatos con un párrafo magnífico, y es cierto. No me había fijado en ese aspecto aunque sí notaba algo cada vez que empezaba la lectura de un nuevo relato. Dejaré como muestra el comienzo de los dos primeros

“Nadie ha robado jamás un coche en Tennant Creek, por la sencilla razón de que no hay adónde llevárselo”. (p. 9)

”Sospecho que Alex Robinson se hizo piloto solo porque le aterrorizaba toda criatura viviente que caminara por tierra, nada por agua o surcara los aires. A pesar de ello, era un piloto excelente, e igualmente a pesar de ello no volveré a volar con él jamás”. (p. 23)

Creo que son lo suficientemente ilustrativos del estilo de Cook.

Como he dicho cuando comentaba los anteriores libros de sus relatos, con algunos me he reído a carcajadas, algo que no me suele suceder con la lectura. En este caso también me ha pasado con varios y destacaría en este aspecto dos: Astucia ratuna y Buenas obras y disciplina.

No me queda sino recomendar encarecidamente la lectura de cualquiera de los tres libros de relatos del autor. Creo que están garantizados el entretenimiento y la diversión, y con un poco de suerte hasta la risa franca y abierta.

Como en los libros anteriores, el traductor ha hecho unas buenas y también divertidas ilustraciones.

 

Kenneth Cook, El canguro alcohólico. Relatos humorísticos de la Australia profunda. Traducción e ilustraciones Guido Sender Montes.

 

 

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

Mostrando el racismo

Otro escritor que desconocía aunque acabo de descubrir que tengo una serie de televisión basada en una novela suya anterior, El ferrocarril subterráneo. Poco a poco, y casi sin darme cuenta,  voy volviendo a la lectura de escritores estadounidenses. Seguramente tiene que ver con el hecho de que últimamente busco sobre todo libros que me cuenten historias interesantes y, leyendo la contraportada, este me pareció que podía ser uno de ellos.

El libro se basa en parte en algunos hechos reales al inspirarse en la historia de la Escuela para Chicos de Marianna, Florida. Una escuela que, tal y como aparece en el libro, se parece más a un reformatorio o un correccional.

El libro se divide en tres partes claramente diferenciadas por su contenido e intención.

En la primera, el autor nos muestra al personaje protagonista, Elwood Curtis, “El” en el libro, en su primera juventud. Abandonado muy pronto por sus padres, vive con su abuela Harriet. Trabaja fregando platos o en un estanco, pero lo que más le define es que es un seguidor de Martin Luther King, del que tiene discursos grabados en discos  por los que se inicia en el activismo.  Son los primeros años sesenta del siglo pasado. Esta parte es quizá lo mejor del libro al menos desde el punto de vista literario y de conocimiento de personajes.

En la segunda parte vemos a El ya en la Academia Nickel, a la que llega a partir de un error. Las páginas de esta parte se dedican principalmente a describir las penosas condiciones que tienen los chicos en ese lugar y el racismo imperante en el mismo. Es una parte muy documental aunque en ella adquiere protagonismo un alumno, Turner, que tendrá bastante importancia en el resto de la novela.

En la tercera, ya ha salido de la Academia, porque Turner y El se han escapado, y ha montado una empresa de mudanzas en Nueva York. En esta parte Whitehead va alternando los tiempos tanto hacia atrás como hacia adelante, algo que no había hecho en las partes anteriores en las que sigue la cronología de forma ordenada.

Hasta aquí las grandes líneas de lo narrado en el libro. Sin embargo, lo importante es la crítica por momentos feroz que hace de algunos aspectos de la sociedad de esa época. Desde luego el racismo en primer lugar, pero también la corrupción de los funcionarios de la institución que se dedican a vender las provisiones que corresponden a los alumnos, los malos tratos que llegan a causar la muerte de varios alumnos a los que se entierra en una fosa común y los abusos sexuales. Prácticas todas ellas centradas sobre todo en los alumnos negros.

Creo que en esto reside el gran valor de esta novela, en su denuncia de algo que pasó y que de alguna manera se trató de ocultar. El problema quizá es que las tres partes en las que la ha dividido el autor están un tanto desconectadas entre sí y tienen un valor literario algo diferente por lo que la novela se resiente y resulta un tanto irregular. No obstante, a mí me ha parecido muy interesante y, en general, me ha gustado y creo que es una lectura bastante recomendable.

Hay una buena y muy completa reseña de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com.

 

Colson Whitehead, Los chicos de la Nickel. Traducción Luis Murillo Fort.

 

martes, 21 de septiembre de 2021

Una auténtica influencer


Cada vez procuro leer más libros escritos por periodistas ya sean de viajes, reportajes sobre distintos lugares del mundo, investigaciones o, como en este caso, fragmentos de la biografía de la política europea con mayor influencia en los últimos quince años.

Subtitula la autora el libro Crónica de una era, y es que, efectivamente, además del perfil biográfico de Merkel, el libro nos ofrece bastantes elementos para hacernos una idea de esos años no solo en Alemania sino en la Unión Europea, al menos en los momentos más cruciales del período.

El libro está dividido en nueve capítulos. En los tres primeros conocemos los orígenes de Merkel, su entrada en la política y su llegada al poder. En los dos siguientes realiza un perfil tanto humano como, sobre todo,  político. El resto los dedica a tratar casi de forma monográfica la actuación de la política alemana en temas como: la extrema derecha, el papel de la mujer y el feminismo, la austeridad y, finalmente, la pandemia.

Para todo se basa, además de en la bibliografía citada al final, en multitud de entrevistas tanto con gente cercana a la canciller como con otra muy lejos de su forma de entender la política; también con varios intelectuales y, claro está, en su experiencia como corresponsal en Berlín durante varios años.

Con todo ese material ha elaborado un texto realmente magnífico tanto por su contenido como por el tratamiento de la información, mostrando en cada momento las diferentes visiones de lo que cuenta y haciéndolo con una agilidad y una claridad envidiables.

La Angela Merkel que refleja el libro resulta alguien bastante diferente de la idea que yo tenía. Es cierto que en los últimos tiempos muchos estábamos cambiando la percepción sobre ella, pero tras este libro ese cambio se afianza y se justifica.

De las muchas características que aparecen en el texto sobre su forma de ser yo destacaría, entre otras, las siguientes: Paciencia de hierro, autocontrol, ausencia de vanidad, voluntad integradora, aguante físico, modestia y austeridad, no subestimar a quien tiene enfrente, curiosidad casi infantil y,  en privado, se ríe mucho y es muy irónica.

Desde un punto de vista más centrado en ella como política, creo que el siguiente fragmento resume a la perfección las dos visiones que se tienen:

” (…) aprendió que nunca debía ir por delante de lo que los alemanes quieren, que la clave residía en comprender, en sentir qué quieren, qué esperan, no en anticiparse. Merkel es la líder que ha sabido leer a los alemanes como pocos. Esa manera de gobernar, pragmática y ausente de dogmas, con los cinco sentidos puestos en las encuestas de opinión y el sentir ciudadano, es precisamente lo que muchos le reprochan. La acusan de ir a remolque de la opinión pública, en lugar de abanderar los principios y las ideas estratégicas que deberían guiar al país”. (p. 64)

Hay un aspecto concreto, el que se refiere a la situación de la extrema derecha en Alemania, que me ha gustado especialmente por razones obvias y sobre el que reproduzco el siguiente fragmento:

““En Alemania tenemos que admitir que hemos tenido un nivel constante de antisemitismo y de radicalización de derechas”. (Carolin Emcke, pensadora y autora de un libro sobre la fabricación del odio). Siempre ha existido, pero cree que lo que ha cambiado es, por un lado, que AfD ejerce de puente y aglutinador de la miríada de movimientos y sobre todo “la falta de inhibición y el orgullo del rechazo al otro”. En la calle se escuchan ahora afirmaciones racistas impensables hace diez años. En nombre de la lucha contra la corrección política, despliegan un racismo desacomplejado”. (p. 109-110)

Creo que no hace falta comentarlo.

Dentro de un libro en el que cada página tiene interés, buenas informaciones y agudas reflexiones, a mí me han llamado la atención especialmente algunos temas como: los cambios de posición de Merkel en aspectos tan relevantes como la energía nuclear, el matrimonio gay o las cuotas de las mujeres en los consejos de administración; algunas opiniones en contra de su estilo como negativo para la democracia; las diferencias que se apuntan entre el este y el oeste en el auge nazi y en el trato a los emigrantes; el papel del ahorro en la sociedad alemana y, finalmente, la entrevista con una persona que se dedica a desnazificar gente.

En fin, un libro algo más que recomendable, muy instructivo, con muy buenas informaciones y de primera mano, y con un tratamiento muy periodístico en el mejor sentido del término.

Hay una buena entrevista de Iciar Gutiérrez con Carbajosa en eldiario.es.

 

Ana Carbajosa, Angela Merkel. Crónica de una era.

 

 

 

lunes, 20 de septiembre de 2021

Buen descubrimiento


Es la primera escritora eslovaca que conozco y que leo. Es curioso porque en poco tiempo he tenido ocasión de ver dos películas producidas en ese país y las dos muy buenas e interesantes, lo mismo que pasa con este conjunto de relatos.

El libro lo forman cinco relatos que tienen como protagonistas a cinco mujeres distintas, aunque alguna puede tener cierta relación con otra, y que titula con sus respectivos nombres salvo el primero titulado Mi padre. Todos ellos están contados en primera persona por la protagonista y todos tienen en común el estar escritos con frases generalmente cortas y con gran expresividad.

Como refleja el título del libro, las madres juegan un gran papel en la mayoría de ellos. Los camioneros solo en el último. Hace tiempo que vengo observando en los libros escritos por mujeres, que suele ser importante en la mayoría la relación con la madre y, además, que no siempre aparece reflejada de una forma muy positiva. En este caso sucede algo parecido. Así: una no está conforme con nada de lo que hace su hija; otra es enormemente controladora;  otra racista, xenófoba y “repugnante”; otra apenas si aparece. Sin embargo, al mismo tiempo, suele haber un deseo de relación con ella incluso en los casos más duros.

Además, también se trata el tema de las relaciones afectivas en general,  los traumas que arrastran o los fracasos matrimoniales. Se puede decir que cada relato, aunque es un caso distinto, recoge experiencias que son comunes a muchas mujeres. A mí particularmente me ha parecido realmente magnífico, dentro de una media muy alta, el relato titulado Olivia que tiene como protagonista a una profesora y que profundiza en el tema de esa profesión, de los alumnos y también de la maternidad.

Un libro recomendable y una escritora de la que habrá que estar atento por si se traduce algún otro texto.

 

Ivana Dobrakoková, Madres y camioneros. Traducción Patricia Gonzalo de Jesús.

 


jueves, 16 de septiembre de 2021

Gran periodismo

Anderson es uno de los grandes periodistas desde hace ya bastante tiempo. Este es el tercer libro que leo de él. Me impresionó en su día La caída de Bagdad por lo bien que contaba todo y porque se comprometía en sus opiniones. Luego leí otro interesante sobre la herencia colonial en África y más recientemente una colaboración en un libro sobre Cuba editado por Leila Guerriero.

Este, dedicado a un fenómeno tan importante y significativo de una época del siglo pasado, es una pena no haberlo leído hace tiempo. Se publicó en inglés en 1992 y en esta edición en 2018. Digo que es una pena, porque hoy se lee ya como un texto de historia aunque haya un par de casos que sigan casi igual que cuando se hizo el libro.

El autor dedicó más de tres años entre 1988 y 1992 a visitar y convivir con cinco movimientos guerrileros: el FMLN en El Salvador, El Frente Polisario en el Sáhara, el grupo étnico de los Karen en Birmania, los muyahidines en Afganistán que luchaban contra el gobierno apoyado por la URSS y, en un caso un poco diferente, en Gaza con participantes en los enfrentamientos con Israel en la primera intifada.

A lo largo de los siete capítulos en los que ha dividido el texto, Anderson va explicando los diferentes aspectos de esos movimientos: los motivos de su creación, sus formas de vida en las duras condiciones en las que se encuentran, la financiación, la forma de hacer la guerra, los sistemas de justicia que han ido creando, las relaciones afectivas y el papel que juega la religión.

Es muy interesante observar las enormes diferencias que existen a veces en algunos de estos aspectos entre los diferentes grupos.

Como se puede apreciar se trata de una información muy completa para lo que se basa en lo que va viendo con su presencia entre los guerrilleros, pero también en lo que va conociendo a partir de entrevistas con diferentes miembros de la guerrilla, tanto dirigentes como simples “soldados”, en las que hablan de sus experiencias, sus intereses, sus vacilaciones, sus ilusiones, etc.

De todo ello sale una visión bastante completa de un tipo de movimiento que, aunque relativamente minoritario en cada territorio, tuvo gran importancia y resonancia desde los años sesenta del siglo xx.

Unos grupos formados por hombres y mujeres de los que dice Anderson en el fragmento que cierra el libro:

“Al final, todos los guerrilleros son cruzados, personas imbuidas de la creencia de que hay cosas por las que vale la pena morir. Y, sea lo que sea en lo que creen –el islam, el cristianismo, la “democracia”, el marxismo-leninismo o, simplemente, un mundo donde se diferencia lo bueno y lo malo-, luchan por realizar unos ideales más grandes que ellos mismos. Mientras tanto, en su lucha, los propios guerrilleros han adquirido unas dimensiones más grandes que la vida: son los santos, los dioses y los mártires en un mundo de su propia creación”. (p. 319)

Es interesante, por lo que supone de buena síntesis, la opinión que recoge de un guerrillero salvadoreño:

“- Somos como sacerdotes, célibes, aunque no porque queramos serlo; pobres, aunque no debido a los votos; y hemos aceptado la obediencia… porque a causa de la guerra, tenemos que hacerlo”. (p. 79)

En esta edición española hay un interesante Epílogo en el que Anderson actualiza la situación de los diferentes grupos. Así, podemos ver cómo hay grupos que incluso han llegado al poder a través de las elecciones como sucede en El Salvador, otros que prácticamente han desaparecido como los Karen birmanos y otros que continúan su lucha porque el conflicto no se ha resuelto como pasa en el Sáhara o Gaza.

Quizá hubiese sido interesante acompañar la edición con algún mapa sobre todo en los casos de El Salvador y Birmania porque no resulta fácil hacerse una idea del territorio que describe el autor.

Una libro recomendable aunque haya perdido parte de su gran interés al perder actualidad.

 

Jon Lee Anderson, Guerrillas. Traducción María Tabuyo y Agustín López Tobajas.

 

 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Decepción



Hay bastantes libros de Sanz en casa y, sin embargo, hasta ahora no me había apetecido leer ninguno a pesar de que es una escritora cuyas declaraciones me suelen gustar. Claro que lo mismo me pasa con Edurne Portela y tampoco he leído nada suyo.

Ya de entrada tengo que decir que esta novela no me ha gustado, se me ha caído pronto de las manos y me ha dejado de interesar, pero he decidido leerla hasta el final. Aparentemente se trata de un thriller aunque yo creo que eso es simplemente un artificio que usa Sanz para hablar de otras cosas.

La novela está dividida en tres partes, cada una narrada por un personaje diferente y ofreciendo un cierto perspectivismo. La primera la narra Arturo Zarco, un detective privado que, por lo que sé, protagoniza varias novelas de la autora. La tercera, Paula, la exmujer del detective. Y la segunda una vecina de la casa donde se ha producido el crimen que pone en marcha la acción, y lo hace a través de un diario ya que se trata de alguien que se considera una escritora. Hasta aquí todo bien e interesante.

¿Cuál es entonces el problema? En parte viene de lo que dice Ricardo Senabre en su reseña en elcultural.com:

“La concepción global de la novela era, pues, compleja. Su desarrollo, en cambio, deja cierto regusto de insatisfacción, porque ninguno de los aspectos enumerados acaba de perfilarse adecuadamente. Los personajes son inconsistentes, por más que la autora haya tratado de caracterizarlos con rasgos muy marcados -la homosexualidad de Zarco, la cojera de Paula, la afición del daltónico Olmo a las mariposas, el habla de Yalal, etc.-, e incluso algunos vecinos parecen salidos de la más tópica literatura costumbrista”.

A mí hay momentos en que me ha recordado a la película La Comunidad de Eloy de la Iglesia por ese costumbrismo, pero sin la misma calidad. Creo que el hecho de ver a los diferentes personajes retratados por varias manos sin que, por otra parte, se llegue a perfilar bien a ninguno es lo que hace que la novela deje de interesar. Hay demasiados vecinos, demasiadas historias, demasiados problemas y demasiada falta de concreción. Y hablando de excesos, no sé si es algo habitual en esta escritora, pero desde luego esa constante en este libro de hacer listas de montones de cosas ya sean objetos, características psicológicas o hechos, entre otras,  a mí me ha puesto nervioso en varios momentos.

En fin, una decepción mi primer contacto con Marta Sanz.

Tras la lectura he leído varias reseñas en blogs muy favorables al libro y lo mismo pasa con los fragmentos que ha seleccionado la editorial para la contraportada.

 

Marta Sanz, Black, black, black.

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Relectura (casi) obligatoria


Dentro de la “campaña” de relectura que emprendí hace unos meses no podía faltar un texto de uno de mis escritores favoritos. No he tenido ninguna duda a la hora de seleccionar cuál debía ser ya que, a pesar de los casi veinte años transcurridos de su primera lectura, recuerdo el impacto que me causó siendo alguien que tiene una memoria bastante penosa.

Zweig es un escritor realmente magnífico y uno de los intelectuales importantes de su época. Ambas cosas se ponen de manifiesto en este libro que, por cierto, ha tenido y sigue teniendo mucho éxito en nuestro país.

Dice el autor en el segundo párrafo del prefacio:

“Nada más lejos de mi intención que colocarme en primer término, a no ser que se me considere como un conferenciante que relata algo sirviéndose de diapositivas; es la época la que pone las imágenes, yo tan solo me limito a ponerle las palabras; aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación…”. (p. 9) 

Y es uno de los aspectos más relevantes del libro. Aunque aparezca como memorias y pudiera parecer algo casi exclusivamente personal, es cierto que lo que se conoce más que su propia trayectoria, que también, es la de toda una generación.

El libro está dividido en 16 capítulos que siguen un orden cronológico. Yo lo dividiría en tres partes diferentes en la extensión y el tratamiento. En los primeros capítulos escribe sobre su infancia y juventud, última década del siglo XIX y primera del XX, y en ellos hace muchas e interesantes comparaciones en cómo eran algunas cosas en esa época y cómo han evolucionado para ser tan diferentes en el momento en que escribe (año 1941). Así, por ejemplo, lo hace con la enseñanza, la sexualidad o la prostitución entre otros temas. (He de decir que esto me ha llevado a hacer algo parecido en mi experiencia y he encontrado bastantes similitudes aunque haya muchos años de diferencia, pero es que nuestro país ha sufrido un atraso brutal en gran parte del siglo pasado). A continuación, en lo que constituye el núcleo del libro, Zweig relata sus experiencias en diferentes lugares. Así, en Berlin, Zurich, París o Londres en los que vivió cierto tiempo, o en Rusia (la URSS), Estados Unidos o Sudamérica a los que viajó de forma puntual. Aquí nos presenta a muchos escritores, intelectuales y políticos con los que tuvo relaciones como Theodor Herzl, Walter Rathenau, Romain Rolland, Rilke o Gorki, entre otros. En la tercera y última se centra sobre todo en lo que estaba pasando desde la llegada de Hitler al poder y es la parte del texto más reflexiva y menos narrativa. En ella siguen apareciendo personajes de la relevancia de Freud o Richard Strauss.

Por lo dicho, se puede deducir que es muy poco lo que cuenta sobre su obra y menos, apenas alguna frase, sobre su vida privada. Lo primero es una lástima porque las pocas referencias que salen son muy interesantes para quienes hemos leído casi todos sus libros traducidos. Sobre lo segundo hay varias biografías que inciden mucho en ello.

Es importante conocer las circunstancias en las que Zweig escribe el libro, pues como afirma también en el Prefacio:

 “Lo escribo en plena guerra, en el extranjero y sin nada que ayude a mi memoria. En mi habitación de hotel, no dispongo de un solo ejemplar de mis libros, ni de apuntes, ni de una carta de amigo”. (p. 15) 

Hay que tener muy buena memoria para relatar muchas de las cosas que cuenta, pero, por otro lado,  el carecer de documentación creo que tiene la ventaja de llevarle a centrarse en aspectos más fundamentales y a hacer reflexiones más personales.

El libro está todo él atravesado por su liberalismo (burgués) y su pacifismo consecuente este con su cosmopolitismo. Es una versión de la época que, lógicamente, admite matices, pero que está hecha con enorme sinceridad y, como no podía ser de otra forma, extraordinariamente escrita, con ese estilo tan característico del autor.

Evidentemente, en un libro tan extenso, 546 páginas, hay momentos para todo aunque todo resulta muy interesante. A mí me han llamado la atención algunas cosas concretas por razones muy diferentes. Así: lo magníficamente que están reflejados los momentos de inicio de la I Guerra Mundial en Austria y también la inmediata posguerra; me ha parecido muy interesante lo que escribe sobre las razones de su éxito (de alguno de sus libros se vendieron 20.000 ejemplares el primer día); también los ejemplos que da de su amplísima colección de manuscritos; desde otro punto de vista, resulta curioso y de alguna manera intrigante el gafe que pareció perseguirle al principio con sus obras de teatro, ya que tres grandes actores murieron antes de llegar a estrenarlas; y, finalmente, lo que comenta sobre la guerra civil española, a raíz de su breve estancia en Vigo camino de América, me parece que refleja muy bien su forma de pensar.

En fin, creo que es uno de esos libros importantes de los que, además de disfrutar de la simple lectura, se puede sacar más de una enseñanza.

Hay una buena reseña en leeresvivirdosveces.com

 

Stefan Zweig, El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Traducción J. Fontcuberta y A.Orzeszek.

 

 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Crónicas mexicanas


Hace apenas tres semanas dejaba el comentario del primer libro que leía de esta escritora mexicana que descubría en ese momento, y ya estoy con el segundo leído y el tercero entre los pendientes de lectura. Está claro que es una escritora que atrapa tanto por el fondo como por la forma.

Es este libro recoge doce crónicas y relatos que escribió entre 2002 y 2011, esto es, entre sus ¡veinte! y sus treinta años. De los doce ninguno tiene desperdicio, sean más cortos o más largos, más realidad o con algo más de ficción, lo cierto es que Melchor sabe dotarlos de tal fuerza e intensidad que hay que leerlos poco a poco y dejar que vaya sedimentando lo que se está leyendo.

Dice la autora en la nota que precede a los textos:

“Sé que la subjetividad humana es quizás el campo menos periodístico que puede existir, y que algunos de mis relatos corren el riesgo de aparecer, a pesar de este chorro mareador, como ficciones. No me queda sino asegurarle al lector que mi intención al escribirlas fue siempre la de relatar una historia con la mayor cantidad posible de detalles y el menor de ruido, que las palabras que utilizo provienen del conocimiento íntimo de mis informantes, de la explotación total, a veces despiadada, de sus percepciones, y, por supuesto, de mi propia participación en los hechos y lugares descritos”. (p. 11-12) 

Aparece ahí una idea que creo fundamental a la hora de analizar la obra. Me refiero al lenguaje que utiliza y sobre todo a cómo sabe recrear el lenguaje popular; bien sea por sus “informantes” o por su “propia participación” en los hechos, lo cierto es que me parece algo muy definitorio de la obra de Melchor y, desde luego, de los textos que aquí se recogen. Eso sí, hay momentos en que no resulta fácil entender lo que se dice, pero no importa por la fuerza que tienen las expresiones.

Los temas de las diferentes crónicas  son muy variados aunque predominan los que deben de ser más habituales en la Veracruz en la que se desarrollan: droga, violencia, machismo, corrupción policial, justicia deficiente, etc. Para ello cuenta historias como la de una avioneta de narcos que confundieron con un ovni; la llegada de unos emigrantes al puerto de Veracruz creyendo que llegaban a Miami (en la que da título al libro); la terrible historia de Evangelina Tejada y cómo fue contada por la prensa; un linchamiento que terminó quemando vivo al linchado o todo el proceso de un exorcismo en el relato más largo del libro.

En fin, todo un muestrario de horrores tratados siempre con una escritura muy directa, carente de adornos y, como decía antes, utilizando mucho el lenguaje de la calle. Un libro muy recomendable.

Hay una reseña de Miguel Ángel Gómez Reyes en tierraadentro.cultura.gob.mex muy completa en la que se cuentan más cosas del contenido de algunos capítulos, y otra también interesante de Francesc Bon en unlibroaldia.blogspot.com.

 

Fernanda Melchor, Aquí no es Miami.

 

 

 

sábado, 4 de septiembre de 2021

Historia(s) del Tour de Francia



Hace apenas unos días comentaba en el blog Los sótanos del mundo, el libro por el que he conocido a este magnífico periodista y ya decía en el comentario que había empezado a leer este dedicado a la historia del Tour (se puede obviar lo de Francia porque “le Tour” no puede ser otro).

Dice Carlos Arribas en el Prólogo:

“La mirada de Ander Izagirre, ladrón fugaz de decenas de vidas de ciclistas, de sus recuerdos, la mirada con la que da vida, palabra, imagen, a decenas de momentos del Tour de Francia, es la mirada voluntariamente ingenua de la fascinación. Es la única mirada que admite el ciclismo  considerado como una pasión”. (p. 7). 

Y desde luego si algo rezuma cada página del libro es la fascinación y la pasión que por ese deporte siente el autor quien, por cierto, lo practicó de joven a nivel prácticamente profesional. No sé si al dejarlo se perdió algo importante el ciclismo, pero sí que lo ganó el periodismo.

No he sido un gran aficionado al ciclismo, pero sí que he visto innumerables finales de etapa retrasmitidos por la televisión, sobre todo en la época en que se cortaba la imagen a cada rato en las subidas a los puertos máxime si había algo de niebla. De todas formas sí tengo el suficiente conocimiento para que todos los nombres que aparecen desde finales de los cincuenta me resulten conocidos y algunos incluso familiares.

En mi infancia y adolescencia uno de nuestros juegos favoritos era reproducir las carreras ciclistas. Para ello, con las chapas de las botellas de cerveza y refrescos, elaborábamos nuestros “ciclistas” con su correspondiente foto y los colores del equipo. Luego, construíamos los circuitos bien en la tierra de un parque, dibujándolo con tiza en la calzada o aprovechando el borde de las aceras. Horas y horas de juego y clasificaciones que incluían el premio de la montaña. De ahí surge mi posterior afición a ese deporte. Por cierto que en esa época fui acérrimo seguidor del equipo Kas dirigido por Dalmacio Langarica que no recuerdo ahora haberlo visto en el libro.

Volviendo al texto de Izagirre tengo que decir que es un libro muy entretenido, aportando datos muy curiosos, enormemente divertido en algunas de sus anécdotas, emocionante también en algunos momentos y a partir de algunos personajes, y siempre escrito con mucha agilidad y buena escritura. Evidentemente un placer para aficionados a este deporte, pero creo que incluso puede disfrutar quien no lo sea demasiado.

Me limitaré a poner algunos ejemplos: antes de plantear la subida al Tourmalet la probaron en coche; un ciclista francés, Lapize,  llamó asesinos a los organizadores de la prueba; otro ciclista, Walkowiak, se arrepintió de ganar la carrera; retrata magníficamente la rivalidad, no exenta de camaradería a veces, de Bartoli y Copi; aparece también un Anquetil muy desconocido para mí (era el ídolo de casi todos mis amigos; uno llamaba a su bicicleta “anquetila”) y entre todas las anécdotas me quedo con la de El Cojo, un ciclista de Bilbao que se presentaba en las salidas sin nada para avituallarse (en esa época esto corría a cargo de cada participante), pero que había dejado cazuelas de bacalao a lo largo del recorrido o, también, que iba a París en bicicleta para participar en el Tour, lógico siendo de Bilbao, aunque también lógicamente terminaba abandonando y, por último, también relata muy bien algunas de las carreras tanto de Delgado como de Indurain.

En fin, un libro muy variado y del que se sale más aficionado que antes de su lectura. Hay otro sobre el Giro del mismo autor, pero no me animo porque es una carrera que apenas he seguido. Eso sí, insistiré en otros trabajos suyos.

Quien quiera más informaciones puede acudir a la buena reseña que hay en varadoenlallanura.blogspot.com

 

 

Ander Izagirre, Plomo en los bolsillos. Malandanzas, fanfarronadas, traiciones, alegrías, hazañas y sorpresas del Tour de Francia.