miércoles, 10 de noviembre de 2021

Un gran trabajo


 Caparrós es uno de mis autores favoritos y así lo he incluido en la serie que dedico al tema en el blog. Para que lo sea ha tenido especial incidencia su libro El Hambre, uno de los libros mejores que he leído en los últimos años y, seguramente, estará entre los mejores que se han escrito sobre el tema. Caparrós es un grandísimo periodista, pero también un gran escritor de narrativa de ficción aunque reconozco que en eso me gusta menos.

Esta Ñamérica está escrita en forma bastante similar a la de El Hambre y utilizando más o menos el mismo tipo de materiales: la experiencia del autor en su viajes, multitud de entrevistas con todo tipo de gente incluyendo mucha gente de la calle, lecturas que aunque no se citan a pie de página se intuyen, informaciones estadísticas, claro que en menor cantidad que en el otro libro, y muchas reflexiones y opiniones del escritor.

El libro se compone de dos tipos de capítulos: por un lado, los dedicados a una serie de capitales que ya fueron publicados (no sé si exactamente de la misma forma) en la revista semanal del periódico El País y que incluyen desde ciudad de México a Buenos Aires, pasando por Caracas o La Habana hasta un total de ocho, y, por otro lado, siete dedicados a una visión de diferentes aspectos del continente que son: el continente inquieto, partido, violento, creyente, mache, pop y real. Estos capítulos, completos o en parte,  también fueron publicados en su mayoría en diferentes medios, algunos recientemente y algún otro hace treinta años.

No me atrevo a decir qué parte me ha interesado y gustado más. De las ciudades hace muchas descripciones, pero también entra de lleno en muchos problemas que tienen que ver con el país en el que están y que le sirve para hacer agudas reflexiones. Del continente ofrece una visión muy completa y caleidoscópica como se puede apreciar por los títulos mencionados, pero por si esto no bastase, añado que se tratan temas como: las diferentes, cinco para él, oleadas migratorias, las desigualdades económicas y sociales, el papel de la clase media, el hambre, la violencia, las drogas, las cárceles, las barbaridades cometidas por la iglesia, el auge de los movimientos evangélicos, la desigualdad entre hombres y mujeres, el turismo sexual, el feminismo, la situación de las personas LGTBI, la lengua, el mestizaje, el fútbol, la corrupción o los políticos y la política de los últimos años.

Como se ve, Caparrós toca prácticamente todos los aspectos necesarios para obtener una visión general del “continente” al que se le ha ocurrido llamar, con un gran acierto, Ñamérica.

En todos los temas, como ya he comentado anteriormente, hay informaciones valiosas, entrevistas y agudas reflexiones y opiniones la mayoría de las cuales comparto, aunque en algunas yo matizaría algo más como, por ejemplo, cuando habla del movimiento LGTBI.

Es difícil destacar cosas de un libro que, por cierto que no lo he dicho hasta ahora, tiene 674 páginas en una edición no precisamente de bolsillo. No obstante sí me gustaría dejar constancia de algunas que o bien me han llamado especialmente la atención o me han hecho reflexionar más. Así: el debate, tan actual en nuestro país últimamente, sobre indigenismo y colonización; la aparición poco a poco de las diferencias de clase en el Alto (La Paz) entre los propios migrantes; cómo se produce la creación de un “barrio” (me ha recordado el que yo vi surgir en el gran Buenos Aires hace muchos años); la escalofriantes cifras de la violencia que aporta; la situación de Caracas ; las manifestaciones y la represión en Managua en 2018; el varapalo que se lleva la Iglesia católica o un par de parrafadas sobre el fútbol.

Sobre alguno de estos temas dejo dos fragmentos como ejemplo: 

“El fútbol es Efecto Patria en todo su esplendor: esos momentos en que ser ciudadano del mismo país se convierte en un valor por encima de todo lo demás: esos momentos espantosos en que celebro el mismo gol que personas que odio, que desprecio, que no querría saludar en mi vida: dictadores y vivos, violadores y bobos.” (p.532)

“(Los poderes necesitan mantener las amenazas que los justifican. En 2018, en todo el mundo el famoso terrorismo global -por el cual pasamos horas frente a controles de rayos y policías sin control, por el cual los gobiernos gastan fortunas públicas- mató a 15.952 personas, menos de la mitad que la violencia mejicana, y, con perdón, la mitad de esas muertes sucedieron en Afganistán y el resto en Irak, Nigeria, Somalía, Siria, Pakistán, Yemen, Congo. Entre Estados Unidos y Europa -casi 800 millones de señoras y señores- los ataques “terroristas” -perturbaditos de extrema derecha, casi todos- mataron a 49 personas. O la policía global es extremadamente eficaz o es perfectamente innecesaria.)” (p.302)


Este último texto me parece un ejemplo magnífico para entender cómo está el mundo en general. Viajando siempre se tiene la impresión de que ese enorme gasto en seguridad es solo para dar la sensación de que esta existe, cuando no hay realmente inseguridad y, si la hubiera, no bastaría con esas medidas.

Desde otro punto de vista, hay un fragmento, muy típico además de la forma de trabajar de Caparrós,  que me parece muy bueno como síntesis del manejo del poder político. Analizando a los presidentes de los dieciocho países que incluye en el “continente”, afirma: 

“Sobre los dieciocho, seis son empresarios, otros tantos economistas o abogados; casi todos se han pasado la vida en puestos políticos en sus países o en organismos internacionales; la mayoría estudió algo en Estados Unidos y varios son hijos o sobrinos de jefes políticos. Hay un López, un Fernández, un Díaz, un Piñera, un Alvarado, un Hernández, un Ortega, un Benítez, un Lacalle, un Medina, un Duque, un Cortizo, un Maduro: otra vez la lengua vence. Otra vez todos son hombres. Otra vez todos son blancos.” (p.590) 

Para terminar, hay un tema que trata sobre todo al final del libro que sería el de las posibles soluciones a tanto despropósito, a tanta injusticia,…Sobre esto dice cosas como:

“El problema, una vez más, - y la razón por la cual los más ricos siguen imponiéndose, la razón por la cual tantos soportan lo que soportan- es que no se ven alternativas. Para que muchas personas decidan arriesgarse para cambiar un régimen presente deben tener una idea convincente de cómo sería el régimen que construirían a cambio.” (p. 662

“Es temprano. Todavía, por no tener esa nueva utopía no tiene siquiera un sujeto que pueda sostenerla. Era fácil pensar una revolución cuando tenía un sujeto claro. (…) Ni sabemos cómo se armará ni en qué consistirá.

(…)

Mientras tanto, suena antiguo decir que, sin cambios radicales, Namérica seguirá siendo la tierra de la desigualdad, de la violencia, las migraciones, las materias primas, las drogas, el machismo, la pobreza de tantos.

Suena antiguo, pero es difícil de negar” (p. 632)

No solo es totalmente acertado lo que dice, sino que es de aplicación universal. Es lo que sucede en todos los lugares en los que se necesita cambiar, es decir, prácticamente en todo el mundo, pero también reflejan, con bastante razón, el pesimismo de quién no atisba que algo así se esté produciendo.

No es demasiado importante, pero afea algo la edición los errores sobre las cifras del PIB que se dan en las páginas 25 y 28.

Un libro absolutamente recomendable y, desde luego, imprescindible para conocer a fondo la realidad de esa zona del mundo con la que compartimos idioma pero poco más; una zona que apenas se estudia en nuestra secundaria más allá del “descubrimiento” y la “civilización”. Además, un texto escrito con su particular estilo, por un periodista que no se casa con nadie, que si tiene que repartir culpas no se fija en la procedencia ideológica ni se arredra ante ella.

 

Martín Caparrós, Ñamérica.

 

 

 

jueves, 4 de noviembre de 2021

Gran descubrimiento


Efectivamente, digo que ha sido un gran descubrimiento el de este magnífico periodista salvadoreño, sin embargo, aunque no lo recordaba, ya había leído algo de él. En el conjunto de artículos que publicó Leila Guerriero como editora bajo el título de Los malos, hay uno, Miguel Ángel Tobar. El Niño y la Bestia, que estaba escrito precisamente por Óscar Martínez. De él anoté en el libro: “Magnífica narración. Lenguaje difícil a veces. Violencia. Te llega a dar pena un terrible asesino”. Es curioso pero estas frases las puedo repetir en el comentario al libro de hoy.

Y no es el único conocimiento del autor. En estos momentos estoy leyendo Ñamérica, el último, y otra vez espléndido, libro de Martín Caparrós. Ayer mismo eché un vistazo a los agradecimientos  y cuál fue mi sorpresa al encontrarme en el primer párrafo con el nombre de Óscar Martínez.

En definitiva, he leído un libro de alguien del que tienen alta consideración dos de los periodistas mejores que hay hoy en lengua castellana.

Entrando ya en el libro, lo primero que tengo que decir es que lo compré por el título. He escrito ya muchas veces en el blog lo mucho que me interesa el periodismo y todo lo que se escriba sobre él y, claro, este lo lleva ya en el título y con toda la razón porque de periodismo se habla en él todo el tiempo y, obviamente, de muertos, pero no de cualquier tipo de muertos, sino de aquellos producidos por la violencia policial a partir de “enfrentamientos” (eufemismo que utilizan para hablar de los asesinatos).

Martínez creó en el periódico El Faro junto con otros periodistas, alguno hermano suyo, la Sala Negra, esto es, un equipo que se encargaba de las investigaciones de los movimientos migratorios de los salvadoreños y otros centroamericanos hacia el norte y de las muertes que se producían principalmente de miembros de las diferentes pandillas del país.

En este libro lo que hace el autor es analizar la profesión periodística a partir de su propia práctica. Para ello cuenta en detalle varios casos en los que intervino y, al mismo tiempo, va incorporando reflexiones sobre la profesión en general y sobre su propio trabajo en particular.

Los casos son realmente terribles y Martínez los expone con toda su crudeza y sin ahorrar a veces detalles de la enorme violencia ejercida. Siendo esto muy importante, a mí lo que más me ha interesado es todo el conjunto de reflexiones sobre el trabajo periodístico, incluyendo la tremenda sinceridad con la que hace autocrítica de alguna de sus actuaciones, una autocrítica como no había visto hacer nunca. Tan es así que la magnífica reseña y entrevista que Patricia Simón publica en lamarea.com se titula: “Óscar Martínez, el periodista de la brutal honestidad”. 

A quien esté interesado en el contenido de la parte más narrativa del libro, le remito a la reseña mencionada. Por mi parte, prefiero centrarme en reproducir alguna de las frases del texto que hacen referencia a la profesión periodística:


“Entrevistar a un asesino no es proponerle: “Hable, diga su versión.” sino, como a todos, decirle: “hable, yo lo cuestionaré.” A todos: a las víctimas también, aunque esto guste poco y se aleje de las condescendencias buenistas” (p.43)

“A mí -y recalco ese “A mí”- no me importa mucho si un periodista lo hizo porque es un buscador de la justicia o porque quiere ser famoso. A mí me importa mucho si lo hizo bien.

(…)

Si alguien se quiere colgar una capa y excitarse viéndose en el espejo me parece un pendejo, no necesariamente un mal periodista.” (p. 45-46)

“Las señoras pueblerinas y los campesinos iletrados son fuente todos los días en noticieros, periódicos, radios. Los que casi nunca son fuente son los otros, los poderosos. Rara vez los cuestionamos, rara vez se dejan cuestionar, rara vez las cámaras entran a sus residencias con un propósito distinto a elogiar sus jardines y sus muebles. De alguna manera, el periodismo cuenta la historia desde las fuentes oficiales y los pobres.” (p.31)

“Nuestro trabajo no es estar en el lugar indicado a la hora indicada. Ese es el trabajo de los repartidores de pizza o de los trenes. Nuestro trabajo no es decir cosas. Nuestro trabajo son otros verbos: entender, dudar, contar, explicar, desvelar, revelar, afirmar, cuestionar. Ninguno de esos verbos se alcanza solo con lo que sale de la boca de un policía tras un “enfrentamiento”” (p. 26)

“Mentir no es parte del periodismo. Interpretar, sí: opinar, también, pero en todos los idiomas existen las palabras necesarias para decirle al lector que uno, en cuanto aquello, interpreta esto; y que, en cuento a lo otro, opina esto”. (p. 184)

“Es curioso, pero casi todo lo que este gremio reclama a los malos políticos lo imitan los malos periodistas. Estos verbos: inflar, distorsionar, descontextualizar, simplificar, inventar, minimizar, malograr. Mentir. Todos cunden en el oficio.” (p.40-41)


Esto es una breve muestra de las muchas e importantes afirmaciones que hace al autor y que, de alguna manera, le llevan a cuestionar determinadas actuaciones de sus colegas e incluso de él mismo. No las comento porque no creo que sea necesario.

Hay que advertir que al principio cuesta algo seguir el texto por la forma en la que lo estructura Martínez de la que, por otra parte, es plenamente consciente. No importa porque, poco a poco, se entra en él y se van descubriendo las diferentes historias que refiere.

Si digo que es un libro recomendable, creo que me quedo muy corto. Desde luego para quienes estén interesados en el periodismo es un texto imprescindible de un escritor al que me comprometo a seguir con mucha atención. De hecho ya he encargado alguna de sus anteriores publicaciones.

Para terminar otro fragmento que indica de qué tipo de persona se trata:

“Es curioso cómo la gente suele encontrar a Dios en la calamidad. Dios acostumbra a revelarse en las cárceles, guerras, bancarrotas y pandemias. Casi nunca se lo encuentra nadie en los campos de golf o en las casas de playa y los cócteles.” (p.219)

 

Óscar Martínez, Los muertos y el periodista.

 

 

 

 

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Recuperando a un viejo conocido


 Hasta la publicación de Sefarad en 2001 había leído prácticamente todo lo publicado de Muñoz Molina. Desde entonces solo lo he hecho con el ensayo de 2013 sobre la crisis Todo lo que era sólido. Con este escritor me pasó lo mismo que, por ejemplo, con Amis, Auster o Barnes; me cansé de sus historias y de su forma de escribir. Sé que me he perdido libros interesantes de todos ellos, pero también que he podido descubrir otros escritores que han cubierto muy bien esas ausencias y me han seguido haciendo disfrutar mucho con la literatura.

Sin embargo, a pesar de lo dicho, de vez en cuando me he acercado a alguno de sus libros, pocos, y eso es lo que me ha pasado con este de Muñoz Molina.

El libro tiene tres partes diferenciadas: una especie de diario en el que recoge sus impresiones y su vida cotidiana en la época del confinamiento por la pandemia; otra en la que, terminada esta época, sigue haciendo lo mismo, pero no con esa estructura de diario, y escribe sobre el verano y otoño de 2020; la otra parte la dedica a narrar recuerdos de su infancia y adolescencia en Úbeda y a mostrar de alguna manera cómo era la España de los años sesenta y principios de los setenta. Estas partes están entremezcladas a lo largo del texto lo que hace que sea más entretenida su lectura.

Una primera consideración que se me ocurre es que estamos ante un libro que, dependiendo del momento en que pille al lector, puede gustar o ser de esos que se abandona una vez leídas 50 o 60 páginas. Yo no lo he abandonado aunque reconozco que estuve tentado de hacerlo.

Muñoz Molina escribe muy bien, pero también resulta un tanto pesado y reiterativo en lo que cuenta. Este libro con 150 páginas menos habría resultado seguramente un libro magnífico; las 343 que tiene creo que son excesivas.

¿Qué es lo que me ha hecho continuar con su lectura a pesar de lo dicho?

Creo que fundamentalmente dos cosas: por un lado, al compartir muchas de las vivencias que cuenta sobre la época del confinamiento, leer sobre ellas me ha hecho revivirlas y repensarlas; unos momentos tan especiales y seguramente irrepetibles en la vida de una persona merece la pena no dejarlos en el olvido tan pronto y, por otro lado, lo mismo me sucede con muchas de las cosas que describe de la vida en el campo en los años sesenta ya que, aunque yo era un habitante de Madrid, pasé varios veranos con la familia de mi abuela materna en un pueblo de la provincia de Toledo y allí ayudaba en la mayor parte de los trabajos agrícolas.

De lo primero puedo dejar dos fragmentos como ejemplo:

“Después, ya encerrados, en ningún momento me sentí vulnerable”. (p. 31)

“Todas las noticias eran malas. Todas eran peores al cabo de una hora, en el siguiente informativo”. (p. 57)

Y de lo segundo: 

“He visto a un hombre apalear a un burro atado e indefenso hasta que ya no le quedaban fuerzas o se la había partido la estaca con la que lo golpeaba. (…) He visto ahogar dentro de un saco a gatos recién nacidos y he visto cómo los mataban golpeando el saco contra una pared”. (p. 282)

Además, el autor va tratando temas interesantes como: la vejez, la familia, la inconsciencia de mucha gente en la pandemia, la desorganización del país, la falta de investigación, la situación de la educación, etc. También es muy recurrente a lo largo del texto la crítica bastante dura de los políticos (aquí los independentistas se llevan la palma) con razón unas veces, pero también un tanto exagerada otras.

Hablando de educación cuenta que su hermana le dijo que a la altura del mes de agosto de 2020 aún no tenían instrucciones de qué hacer para iniciar el curso. Me ha parecido bastante extraño porque en Baleares los centros tenían ya hecho un trabajo sobre los tres posibles escenarios y cómo organizar el curso en cada uno. Debe de ser que Madrid no siempre es la mejor Comunidad en todo.

En la misma línea, me ha llamado la atención que narrando los aplausos a los sanitarios del día 28 de abril, y ante el hecho de que desde unos de los balcones alguien gritara “¡Gobierno dimisión!”, Muñoz Molina dice: “Pero la bronca española ya ha infectado la tarde” (p. 144), aceptando así esa idea de la presidenta de su comunidad para la que Madrid es España.

Con estas apreciaciones me he desviado un tanto. Volviendo a lo importante del libro diré que tiene muy buenas descripciones, incluyendo las de los estados de ánimo, y también algunas interesantes reflexiones sobre el paso del tiempo que le llevan a decir algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: “Pero lo que no puedo ni quiero de pronto imaginar para mí es una monstruosa vejez de noventa y cuatro años. Prefiero la tranquilidad de haber desaparecido”. (p. 235)

En definitiva, un libro recomendable con las matizaciones que he hecho a lo largo del comentario.

Hay una entrevista muy buena de Andrés Seoane en elcultural.com.

 

Antonio Muñoz Molina, Volver a dónde.

 

 

 

martes, 2 de noviembre de 2021

ANDAMIO

 

En esta entrada hay cosas muy interesantes y una curiosa: solo hay una producción estadounidense aunque para mí es, precisamente, lo mejor de la entrada. Las películas tienen un buen nivel medio si bien tampoco hay ninguna que sea magnífica. Entre las series, por el contrario, sí hay una que destaca bastante no solo sobre las de esta entrada, sino sobre las que he visto en esta temporada, y otra que también merece mucho la pena.

 

Películas


Cambio de turno. Coproducción italo-belga. Narra un atentado terrorista y el posterior traslado de uno de los que atentan en una ambulancia. Está realizada prácticamente en tiempo real (dura 80 minutos) y  muy bien conseguida la tensión con lo que sucede en el interior de la ambulancia.

 

Nuevo orden. Una película mexicana muy interesante. Especie de distopía en la que los “indígenas” toman el poder, al menos provisionalmente, y extorsionan mediante secuestros a los ricos. Unas secuencias de inicio realmente magníficas y en general una buena puesta en escena. Muy dura y violenta aunque parece todo tan natural que el espectador lo asume todo con relativa normalidad. ¿Puede suceder algo así en un futuro no muy lejano? Quizás.

 

Regreso a Ítaca. Una película francesa pero que cuenta como coguionista con Leonardo Padura autor, junto con el director francés Laurent Cantet, de un libro del mismo título en el que se recoge el guion junto a otros temas interesantes (libro que comenté en su día en el blog). Una reunión de amigos en La Habana en la que hablarán de lo que ha sido de su vida y que sirve para analizar de forma crítica la realidad cubana. Unas interpretaciones realmente espléndidas hacen que sea una gozada de ver.

 

Bac Nord. Película francesa basada en unos hechos reales ocurridos en la ciudad de Marsella en 2012 aunque los personajes, avisan,  no son los reales. Tres policías trabajan juntos con métodos no siempre ortodoxos y, cuando llega el momento crucial, no serán apoyados por sus superiores que conocían lo que estaban haciendo. Esta película ha abierto un debate muy grande en Francia ya que Marine LePen ha recomendado a la gente que vaya a verla. Desde luego es difícil saber las repercusiones que puede tener sobre según qué público francés. Está claro que lo que refleja de la situación de determinados barrios, controlados por los delincuentes de la droga, es muy preocupante como lo es que la policía no pueda ni entrar en ellos. Sea como sea, la película está magníficamente hecha.

 

La batalla olvidada. Producción de los Países Bajos que se centra en la batalla que se produjo en 1944 en las bocas del Escalda para permitir la entrada de los barcos aliados. Muy bien realizada y ambientada, resulta entretenida e interesante. Ya son pocas las películas de un género que tanto me gusta que se hacen y por eso procuro no perderme ninguna. Además, esta tiene el interés añadido de ser la primera que veo producida en ese país.

  

Series

 

La ciudad secreta. Serie australiana de 6 episodios de unos 55 minutos. Un thriller político con elementos de geopolítica por el choque entre China y USA y el papel de Australia. En medio, asesinatos y la investigación de una periodista. Está realizada siguiendo la técnica que se suele utilizar en Estados Unidos. Aunque el guion es demasiado enrevesado a veces, la serie resulta entretenida. Hay una segunda temporada.

 

La caza del asesino. Miniserie sueca de 6 episodios de unos 45 minutos. No es el típico thriller nórdico. En 1989 se produjo la desaparición y posterior asesinato de una niña de 10 años y luego de una prostituta. La serie cuenta los pasos de la policía hasta 2004 para descubrir quién lo hizo. Está centrada por lo tanto en la parte interna de la investigación, incluyendo hasta los problemas de presupuesto que tuvo la policía. Tiene un buen guion y, sobre todo, una magnífica ambientación. Eso sí, es para espectadores que no tengan prisa porque es detallista y de lento desarrollo.

 

La delgada línea azul. Serie sueca que es una especie de actualización de la magnífica Hill Street Blues y que se desarrolla en la ciudad de Malmö. Es interesante porque ofrece una mirada sobre algunos aspectos de la sociedad sueca, una mirada que no es maniquea sino que suele reflejar más de una versión aunque también es cierto que suele tomar partido por la más progresista. Hay una gran insistencia en el tema del racismo y la xenofobia porque, supongo, es de los más importantes en estos momentos. Obviamente, una parte relevante la ocupan las relaciones personales de los policías que, como suele ser habitual en las series y películas, no tienen una vida demasiado organizada y feliz.

 

La asistenta (Maid). Serie estadounidense basada en un libro autobiográfico. Una historia muy interesante como reflejo de lo que es ser trabajadora pobre en ese país. La protagonista huye de la casa que compartía con el padre de su hija ante los malos tratos psicológicos que sufre y solo encuentra trabajo como asistenta. Vemos los problemas para obtener ayudas, los bajos salarios, etc., pero también la solidaridad de sus iguales y, algo un tanto increíble, la amistad de una señora en muy buena posición económica  que la contrata y termina haciéndose su amiga. No es lo único difícil de creer en la serie, pero está tan bien interpretada por todos, con una actriz protagonista realmente espectacular, y tiene un guion y una gradación de la historia tan buena que se pueden saltar esos aspectos menos creíbles y dejarse llevar por lo que sucede y padecer con todo lo que le pasa a la asistenta. Creo que será una de las mejores series de la temporada.

 

La infamia (Three girls). Miniserie británica que en tres capítulos resume unos hechos reales que sucedieron en una ciudad cercana a Manchester en 2008. Un grupo de chicas de entre 13 y 16 años sufrieron abusos sexuales por parte de un grupo de británicos de origen pakistaní. El primer capítulo se dedica a mostrar cómo fueron los hechos y resulta duro de ver. En el segundo se cuenta la reacción de la policía y los dos años posteriores en los que dos de las jóvenes tuvieron hijos y la otra abortó. En el tercero asistimos a los momentos más importantes del juicio con diferentes intervenciones cuyos textos están sacados directamente del sumario. Una serie con un guion magnífico y muy buenas interpretaciones.

jueves, 28 de octubre de 2021

Gran crónica de los últimos años

  

¡Me cago en Godard!, el anterior libro del autor, es uno de los pocos libros que he leído que no he comentado en el blog. La razón principal es que, aunque había visto una parte importante de las películas que menciona y comenta, soy incapaz de acordarme de ellas y, por lo tanto, me perdí muchas cosas de lo que deducía Vallín del contenido de esas películas. De hecho, me ha pasado en más de una ocasión que al salir del cine y comentar con la gente la película ya no me acordaba del final.

Viene esto a cuento del libro que ahora comento porque ya desde el título se anuncia que va a haber otra vez cine, que se van a comentar películas. Sin embargo, me he atrevido a su lectura y menos mal que lo he hecho porque, efectivamente, se utiliza el contenido de algunas películas como introducción o refuerzo de lo que se cuenta a continuación, pero solo en algunos capítulos. En todo caso, aunque también he visto la mayoría, una vez más no he sido capaz de recordar ni siquiera lo más básico de las historias. No importa, se puede seguir perfectamente el libro sin esas alusiones; yo en más de una ocasión me las he saltado. Espero que el autor sepa perdonar mi falta de respeto a su sistema.

Después de este excesivamente largo preámbulo, entro en el contenido del libro, un libro que no solo es magnífico por los temas que trata, sino que es imprescindible lectura para quien quiera buena información y, sobre todo, buenos análisis de algunas de las cosas que nos pasan. Por si esto no bastara, hay que decir también que está muy bien escrito y que se sigue con gran facilidad (bueno, salvo lo ya dicho para mi caso).

Se recogen un conjunto de artículos que en su mayoría ya han sido publicados, pero que así juntos creo que adquieren más sentido al reforzarse unos a otros. Están divididos en dos partes: en la primera, Leviatán desatado, se tratan temas más generales, mientras que en la segunda, El liberalismo pop en la mesa camilla, se centra más en algunos aspectos más concretos y hay bastantes páginas dedicadas a Podemos.

A mí me ha interesado más la primera y me ha parecido que está más trabajada o, simplemente que al tocar temas más generales y conflictivos, arroja más luz sobre asuntos como: el CGPJ, el modelo territorial (aquí hay reflexiones fundamentales), la corrección política o su hipótesis sobre el auge de la ultraderecha. Hay un artículo, en concreto el 8, España una pesadilla…, que me ha hecho pensar y dudar de algunas certezas que tenía. Ya con esta parte se justifican sobradamente las siguientes palabras del autor:

“Algunas historias de este libro de cuentos son caprichosas, injustas o están movidas por un desmelenado propósito de armonía. Pero lo que cuentan es cierto. Ocurrió así. También así. Y deberían operar – al menos para el autor lo hacen- como las luces nocturnas de una pista de aterrizaje, pequeños puntos de luz dispuestos en el vacío de la oscuridad que delimitan un espacio cierto pero invisible al que hemos de encomendarnos”. (p. 329)

También en la segunda parte hay artículos muy interesantes. Así el 17, Gramática parda, me ha aclarado muchas cosas de un tema que, aunque he leído bastante, me seguía pareciendo confuso; también el 18, con el palo que reciben tanto jueces como periodistas, y desde luego el que dedica a la figura de Pablo Iglesias ante el que Vallín parece rendido, o en el que usa a Tom Ripley para analizar el enfrentamiento entre Iglesia y Errejón (aquí me ha vuelto a pasar lo que con las películas porque, habiendo leído toda la obra traducida de Patricia Highsmith, no he sido capaz de recordar lo que cuenta). Finalmente, el planteamiento de la lucha generacional a partir de las reflexiones de Juan Cueto me ha hecho plantearme muchas y cambiar alguna que otra idea.

A lo largo de sus páginas se citan también varios libros de los que yo destacaría, quizá porque los he leído, los de Bernabé, a propósito de las identidades, y Lassalle, con su defensa del verdadero liberalismo. Al primero lo critica con bastante severidad, y creo que también con bastante razón, mientras que del segundo no tiene sino buenas palabras, creo que también con razón.

Quizá el autor más citado es Jorge Dioni López del que reproduzco un fragmento que me parece realmente magnífico y un gran acierto el neologismo que inventa:

“Divertirse siempre ha sido pecado. Los atrasistas, los que no soportan tener que respetar a todo el mundo, los que se cabrean cuando otros adquieren derechos, los que añoran perseguir o ridiculizar a los demás. Los atrasistas hablan de historia o tradiciones sin tener ni idea de historia o tradiciones. Son los que no  saben vivir sin tocar las narices a los demás, sin odiar a alguien, sin insultar… De vez en cuando, alguien se cuestiona los motivos del atraso español. Lo tiene delante. Esta gente, la que habla de toros, caza y procesiones, es la que ha gobernado siempre. Los atrasistas. “. (p. 44)

Y puestos a reproducir fragmentos interesantes, no puedo dejar pasar el siguiente por su gran actualidad:

“La duda de por qué los jueces de carrera larga y eventualmente prestigiosa están dispuestos a hozar en las miasmas, de forma tan evidente que cualquier lego en derecho puede ver la chapuza judicial y la evidente intención política, con arbitrariedades transparentes como el agua clara, reside en el asunto principal de estas páginas: la batalla que el Estado Profundo español ha lanzado contra la indispensable puesta al día de sus estructuras y usos semidemocráticos”. (p. 301) 

Como se ve estamos ante un libro del que no basta una sola lectura. Varios de sus artículos hay que volverlos a leer porque sus análisis ayudan a comprender mejor muchas de las cosas que nos están pasando. Un libro que confirma que Vallín es uno de los grandes periodistas de la actualidad (otro de los grandes es, precisamente, y seguro que no por casualidad se encarga del prólogo, Enric Juliana). Confirma también que se puede ser capaz de  escribir magníficos tuits de solo 240 caracteres y al mismo tiempo textos largos donde esas ideas sintetizadas en tan poco espacio se desarrollan.

Un libro imprescindible para quien quiera conocer el sentido más profundo de muchas informaciones que se leen a diario. Un gran libro. ¡Ah!, y por supuesto, un libro muy comprometido y pacíficamente combativo.

 

Pedro Vallín, C2PO en la corte del rey Felipe. La guerra del Estado Profundo contra la democracia liberal.

martes, 26 de octubre de 2021

Sigue la racha con Melchor


En apenas dos meses he leído los tres libros que se han publicado en España de esta magnífica escritora mexicana, lo que indica lo mucho que me han ido gustando, e impactando, los que iba leyendo. La culminación es esta de hoy que es el último publicado hasta ahora y, al menos en mi opinión, el mejor que ya es decir dada la enorme calidad de los anteriores.

Melchor tiene varias cosas que hacen tremendamente atractiva la lectura de sus libros: los temas que toca, los personajes que crea y el lenguaje que utiliza. Sobre esto dice Montuenga en su muy buena reseña en unlibroaldia.blogspot.com:

 

“(…) su prosa es rica, compleja, descriptiva, colorista, arraigada a la tierra y llena de matices. La impresión de autenticidad se consigue gracias tanto a vulgarismos y expresiones populares como a un dominio excepcional del idioma, (…)”

 

A lo que yo añadiría simplemente lo bien adaptada que está a cada uno de su personajes, tanto que siendo una novela narrada en tercera persona, se tiene a veces la impresión de que es Polo, su principal protagonista, quien la narra precisamente por el lenguaje que utiliza Melchor.

En una novela de 158 páginas, y teniendo en cuenta la historia que narra, apenas se puede hablar de su contenido porque se corre el riesgo de destripar aspectos fundamentales. Sí se puede decir que está dividida en tres partes. En la primera, vemos la relación entre el Gordo, un joven de buena familia que vive en la urbanización Páradis, y Polo, que trabaja como jardinero en la urbanización. Nos enteramos de cómo se conocieron y cuáles son las pretensiones del primero. La segunda está casi exclusivamente centrada en Polo y en la relación con su abuelo, su prima Zorayda, su especie de primo Milton y algo, poco, con su madre. En la tercera vuelven el Gordo y Polo. En la narración, sobre todo en la segunda parte, Melchor vuelve de vez en cuando hacia atrás en el tiempo para darnos a conocer algunas cosas de los personajes.

Es cierto que dicho así no parece gran cosa, pero puedo asegurar que a medida que se avanza en la lectura esta se hace cada vez más intensa y resulta difícil dejar el libro. Este carácter casi hipnótico de la escritura de esta autora creo que es una de sus señas de identidad, como lo es también el dar una visión de su país bastante negativa sobre todo por las enormes diferencias sociales que existen.

No me atrevo a decir mucho más del libro. En la reseña citada hay algo más de información aunque siempre evitando el spoiler.

Para finalizar el comentario reproduzco un fragmento que da una idea de lo precisa que es la prosa de Melchor y de lo bien que caracteriza a sus dos protagonistas:

 

“ (…) al bato todo se la hacía fácil porque tenía la suerte de ser medio güero, pálido como fantasma a pesar del sol de la costa, con ojos bordeados de espesas pestañas soñadoras y una mata de cabello ondulado que el bato siempre se estaba quitando de la frente con gesto de galán de telenovela, mientras que Polo, bueno, Polo era prieto, no  había otra manera de decirlo, y feo como pegarle a Dios en la cara, decía su madre –y eso que se parecían un chingo- y había nacido con una mirada torva que claramente lo delataba como alguien que carecía de una meta en la vida”. (p. 85-86)

 

Absolutamente recomendable, y hasta creo que podría decir que imprescindible, porque no hay hoy por hoy muchas narradoras que sean capaces de manejar tan bien el lenguaje y de contar historias tan crudas. Obviamente, también son muy recomendables los otros dos libros ya publicados en España.

Por cierto, se me ha olvidado decir que hay muchas palabras que no conozco. Algunas las he entendido por el contexto y de otras me quedo con la sonoridad y la fuerza aunque no sepa del todo lo que significan.

 

Fernanda Melchor, Páradais.

 

jueves, 21 de octubre de 2021

Biografía de un revolucionario


Este libro está dedicado a un personaje del que se suele conocer bastante poco. Desde luego es mi caso pues solo conocía lo que se lee en los manuales de historia del periodo y alguna cosa más a través de algún documental. Además, son fundamentalmente su secuestro y posterior asesinato lo que le ha hecho algo más conocido.

Por eso me llamó la atención este libro que, por lo que se ve en el índice, se ocupa de todos los momentos de su vida, es decir, se trata de una biografía. Ya el propio autor dice muy al final del libro:

“Sería un error continuar tratando como en un segundo plano su producción periodística y sus libros de comentarios de actualidad política. Poner el acento sobre esa producción u obra no suficientemente valorada ha sido uno de los empeños de esta biografía: corregir el desequilibrio entre la muerte y la vida de Nin, para insistir más en su vida que en su muerte, eso fue lo que nos propusimos.” (p 327)

Y es efectivamente así. El libro está dividido en 8 capítulos. Los tres primeros abarcan desde su nacimiento en 1892 hasta 1930, incluyendo su época moscovita. En los tres siguientes, que van de 1930 a 1937, se narra sobre todo su actividad política en la República y la guerra civil. El 7º está dedicado principalmente al año 1937 con su secuestro y asesinato. En el último se hace un repaso de algunos aspectos relevantes y también se valora al biografiado.

Son bastante impresionantes algunas informaciones que se dan en esos primeros capítulos como, por ejemplo, el hecho de que ya publicase artículos en revistas a los 14 años o la gran cantidad de libros que tradujo del ruso tanto de política como de literatura. Precisamente al leer esta información fui a mi biblioteca y vi que la edición de la Historia de la Revolución rusa de Trotski que tengo es la traducida por Nin.

No obstante, siendo interesante toda la información que ofrece, y que creo responde al objetivo que manifiesta Navarra en el párrafo antes citado, me parece algo excesiva la cantidad de reproducciones de fragmentos que hace y lo prolijo de las informaciones sobre las revistas en las que participó y cómo estas se iban creando y desapareciendo. Es algo que puede interesar sobre todo a los especialistas, pero que resulta un tanto farragoso para un lector normal y corriente como es mi caso.

Puestos ya a criticar, hay otra cosa que tampoco me ha gustado y que hace el autor en varios momentos. Se trata de dar saltos en el tiempo de forma un tanto brusca. Así, por ejemplo, está hablando del neutralismo de Nin en la Primera Guerra Mundial y pasa a la crítica que hace a la CNT reproduciendo un texto de 1933. Seguramente tiene su sentido, pero yo no lo he sabido ver en varios casos y me ha provocado una cierta confusión.

Evidentemente, esto no disminuye el interés de un libro de 342 páginas en el que tengo que destacar, sobre todo, la actuación política de Nin antes y después de la creación del POUM. Esta parte es para mí la más interesante porque, además, refleja muy bien los conflictos que se produjeron dentro del bando republicano en plena guerra civil. Siempre he sido favorable a la hipótesis de que uno de los principales factores que explican el resultado del conflicto era el enfrentamiento político, y militar, entre distintas fuerzas del bando republicano. En este libro se ponen de manifiesto de una forma muy clara y llega a su extremo con la explicación que da Navarra de por qué Negrín toleró el asesinato de Nin:

“Negrín no debió de tolerar el asesinato de Nin por razones ideológicas, sino porque con el POUM operando en España el bando republicano se iba a quedar sin armas con las que combatir. ¿No se comprende mejor la postura de Negrín, dependiente de los envíos de Stalin, sin los cuales la República había tenido que rendirse inmediatamente? Es así de simple, así de brutal” (p.25) 

Es decir, fue el antiestalinismo de Nin y del POUM, y su consiguiente enfrentamiento con el PCE y el PSUC, lo que causó su muerte.

Navarra da por lo general una idea bastante positiva del biografiado tanto en su faceta periodística como en la de un revolucionario consecuente. En el siguiente fragmento hace un buen resumen de una vida intensa:

 “Andreu Nin vivió largos años en la clandestinidad, sufrió atentados, pasó una década en la Unión Soviética formándose como revolucionario profesional, lideró la CNT y contribuyó a crear un partido de acción leninista que quería encaminarse hacia la creación de una Internacional de partidos socialistas a la izquierda de Stalin y Trotsky. ¿No parece una tarea excesiva para alguien que se sintiera básicamente un literato? Parece que la revolución fuera la auténtica vocación de Andreu Nin por lo menos desde 1919 (…)” (p. 328)

Un libro recomendable para quienes estén interesados en ese periodo de la historia e incluso en la política en general porque también es muy interesante, incluso desde la actualidad, ver los enfrentamientos tan habituales dentro de la izquierda.

Hay una muy completa e interesante entrevista de Sebastian Faber con el autor en ctxt.com.

 

Andreu Navarra, La revolución imposible. Vida y muerte de Andreu Nin.

 

 

 

 

 

martes, 19 de octubre de 2021

Buen inicio de una trilogía

 

No hace ni dos meses que comentaba El vínculo más fuerte, el primer libro que leía de Haruf que ha sido curiosamente el último en traducirse. Todo lo que decía en ese comentario lo podría reproducir ahora solo que aumentando los aspectos positivos.

No es fácil encontrarse con novelas como esta, novelas en las que prácticamente no hay conflictos y los dos que hay se resuelven de una forma muy natural; obras en las que se refleje con tanta naturalidad la vida cotidiana de un conjunto de personajes que no tienen nada excepcional y que están magníficamente caracterizados como son: Guthrie, un profesor de historia de América en un centro de secundaria; sus dos hijos de 9 y 10 años que reparten el periódico por las casas y que van despertando poco a poco a la ida con vivencias fuertes como asistir a la autopsia de su caballo; la joven Victoria, estudiante del centro, que se ha quedado embarazada de alguien que ni siquiera vive ya en Holt (por cierto, el lugar imaginario de Colorado en el que transcurren todas las novelas de este escritor); los hermanos McPheron, dos granjeros solteros amigos de Guthrie que acogerán a Victoria cuando su madre la eche de casa; Ella, la mujer del profesor que se va a vivir a Denver porque está en plena depresión y Maggie Jones, una profesora del instituto que tiene relaciones con Guthrie y facilita que Victoria sea acogida por los hermanos McPheron.

Con estos mimbres Haruf construye una historia en la que no hay sobresaltos y, como decía antes, apenas un par de conflictos. Uno del profesor con un alumno y su familia, y el otro de Victoria con el joven de cuya relación quedó embarazada. Esa falta de conflictos e incluso de momentos de tensión, la suple el autor a través de una escritura en la que destacan, por una parte, la gran facilidad para la creación de escenas que reflejan muy bien diferentes aspectos de la vida cotidiana y, por otra, sobre todo unos diálogos que creo que son el fuerte de este escritor, diálogos totalmente creíbles y que manifiestan muy bien el carácter de los personajes.

Por detrás de todo se encuentran una serie de temas como la necesidad de la familia entendida en un sentido extenso, la solidaridad, la bondad, la vida rural (esta a partir de dos escenas muy desarrolladas, una con el nacimiento de una novilla y la otra con la autopsia de un caballo), etc.

Estamos ante un ejemplo de lo que ahora algunos llamarían “buenismo”, pero que, sea como sea, lo es sobre todo de buena literatura, de esa que se lee con gusto y que deja un buen recuerdo en el lector, un tipo de lectura que no es demasiado habitual y que quizá por eso impacte más. A mí desde luego me motiva para leer el resto de la trilogía.

Hay una reseña muy buena y muy completa de Marc Peig en unlibroaldia.blogspot.com


Kent Haruf, La canción de la llanura, Traducción Agustín Vergara.

jueves, 14 de octubre de 2021

El fotoperiodismo a examen



Que soy un apasionado del periodismo lo puede comprobar cualquiera que se acerque a este blog y vea la cantidad de entradas de libros sobre periodismo o escritos por periodistas. Si me interesa tanto es porque creo que es uno de los lugares donde se está dando la mayor batalla política en los últimos años, y prefiero no decir quién la está ganando por ahora. Precisamente por esto estoy suscrito a cuatro medios digitales a pesar de que apenas los leo por las dificultades que tengo para leer en la pantalla del ordenador. Uno de esos cuatro es la revista 5W que es la editora del libro que hoy comento.

Esta revista, que descubrí no hace mucho y a la que me llevó el saber que estaban en ella gente como Mikel Ayestaran o Xavier Aldekoa que son dos de los periodistas más interesantes de la actualidad, está editando una interesantísima colección de libros en pequeño formato, que aprovecho para recomendar encarecidamente, en la que se establece un diálogo entre dos periodistas de dos generaciones diferentes y en el que hablan de la profesión, de sus trabajos antiguos y actuales, de los problemas existentes, etc. El último publicado es este dedicado a la fotografía o, de forma más concreta, al fotoperiodismo.

Tengo que reconocer desde el principio que no suelo ni siquiera mirar las fotografías que acompañan los textos y que, por lo tanto, cuando veo la palabra fotoperiodismo casi tengo que acudir al diccionario para saber en qué consiste. Esto ha tenido un doble efecto sobre mi lectura del libro: por un lado, no he sido capaz de seguir bien varios de los debates que tienen los autores, no he terminado de entender en más de una ocasión cuál era realmente el problema, pero, por otro lado, este total desconocimiento me incita a dedicar más tiempo a investigar sobre esa profesión y a buscar imágenes y reportajes visuales.

Surinyach, por cierto una de las fundadoras de 5W, y Tomasi hablan de multitud de temas, de muchos de los conflictos en los que han intervenido, de sus reportajes sobre otros aspectos, de sus trabajos en Médicos sin Fronteras, donde se conocieron y donde Tomasi ha trabajado durante gran parte de su carrera. En todo ello se manifiesta de forma muy clara el gran compromiso de ambos con la profesión y, sobre todo, con su especialidad: el fotoperiodismo. Un compromiso que, viendo los temas a los que han dedicado los mayores esfuerzos, se amplía a las personas que sufren por diferentes razones. Por poner solo un ejemplo, me ha parecido muy interesante y significativo el proyecto en el que está embarcada Surinyach, #Boza, que es la realización de un documental sobre las migraciones hecho con los materiales que graban los propios migrantes en sus travesías.

No quisiera finalizar este comentario sin dejar constancia de dos intervenciones de Tomasi que me parecen muy interesantes viniendo además de alguien que conoce muy bien ambos temas:

“-Eso es básico, la acción humanitaria tiene que ser profesional, porque hay unos estándares que hay que seguir. Es tal el caos que se forma, que como no tengas unos protocolos de actuación básicos todo se descontrola. He visto mucho caos en alguna crisis humanitaria en la que he estado, pero al segundo día de llegar MSF, si hay una buena gestión y una buena coordinación, vuelve el orden. Si el equipo es profesional, las cosas salen bien”. (p. 91)

“-Siempre digo medio en broma, que debo de ser uno de los fotógrafos que más hospitales ha fotografiado en África. En 25 años no ha cambiado nada, o muy poco. Siguen siendo las mismas caras. He visto cómo no se erradica la desesperanza, el dolor, la miseria. Seguimos estando como hace muchísimo tiempo. Mira el precio de los alimentos. Cuando ya se puede jugar en bolsa y los alimentos pasan a ser un elemento de transacción económica en la bolsa de Chicago, es una tragedia.”. (p. 121)

Esa defensa de la profesionalidad me parece muy importante ante la proliferación de onegés fundadas muchas veces simplemente para sacar algo de dinero para viajar y, al mismo tiempo, lavar conciencias. El pesimismo que desprende la segunda cita, seguramente es matizable, pero creo que tiene bastante de fiel reflejo de muchas realidades.

Un librito muy recomendable, como lo son los que forman el resto de la colección, sobre todo para quienes se interesen por esa profesión y quieran conocer más a fondo cómo trabajan los profesionales y qué les preocupa.

 

Anna Surinyach y Juan Carlos Tomasi, El compromiso de la fotografía.

 

martes, 12 de octubre de 2021

Una buena historia


Hace unos años titulaba mi comentario sobre otra novela de la autora, Wakolda, “Leída de un tirón”, tal es la capacidad narrativa y de tensión que tenía Puenzo en ese libro. Con este que ahora comento pasa algo parecido.

Puenzo además de una buena escritora es también directora de cine y como tal ha cosechado más de un premio, incluidos el del jurado de Cannes o el Goya a la Mejor película Extrajera. Esta segunda dedicación se nota bastante a la hora de escribir. Me pasó ya con la lectura de Wakolda que, por cierto, se llevó al cine con una buena película, y me ha vuelto a pasar con estos invisibles, según se lee los paisajes y los personajes toman cuerpo con bastante facilidad, es decir, favorece mucho que el lector tenga una visión de todo lo que sucede.

La historia es bastante sencilla: unos niños de la calle, en concreto un niño de 6 años, su hermana de 15 y otro chico de 16, son “contratados” por una persona para que roben pequeñas cantidades en casas de Buenos Aires. Dada su habilidad, “vende” sus derechos a otro que los llevan a Uruguay para que sigan robando en este caso en una urbanización de nueve chalets de alto standing. Aquí se toparán con algunos problemas.

Anécdota, pues, sencilla, pero magníficamente contada, con algunos momentos muy originales y con unos personajes muy peculiares como, por ejemplo, esa niña que habita en uno de los chalets que no habla porque no quiere, un personaje que habría dado seguramente para más de lo que le permite la escritora.

Una lectura entretenida e interesante porque es también un buen reflejo de las diferencias sociales en esa zona.

Hay una interesante entrevista de Julio Diz con la autora en elrevisionista.blogspot.com.

 

Lucía Puenzo, Los invisibles.

 

jueves, 7 de octubre de 2021

Un relato vivo y vivido del pasado reciente

Errejón demuestra con este texto que estamos ante un político diferente, guste más o menos lo que diga o haga. En este su primer libro en solitario hace una combinación muy interesante de autobiografía política; análisis de los distintos momentos de la política española desde 2014; descripción, y valoración en algunos casos, de los principales problemas que tuvo Podemos y él dentro del partido y aportación de reflexiones sobre su forma de entender temas esenciales; también incluye algunos aspectos humanos de las repercusiones de la actividad política y no podía faltar, lógicamente, algún pequeño ajuste de cuentas, es verdad que menos de los que se podía esperar, aunque creo que sí ha tenido que suponer una cierta catarsis decir las cosas tal como él las vivió y sintió.

Para ello, el autor ha dividido el libro en cinco capítulos. En el primero describe su activismo, sobre todo libertario,  hasta que llega Podemos. Los dos siguientes los dedica a toda su época en Podemos. Los dos que cierran el libro están centrados en Más Madrid y en las últimas elecciones autonómicas. Además, como ya anunciaba más arriba, hace unos “excursos” a temas como: Política (y democracia), Hegemonía y pueblo,

Patriotismo (y plurinacionalidad), Transversalidad, Transición ecológica y Green New Deal y Libertad. Estos son textos teóricos muy interesantes porque son, en forma muy sucinta, la reflexión básica de un político sobre algunos de los temas clave de ahora.

Hasta aquí he hecho una mera descripción del contenido de un libro que me ha traído muchos recuerdos, y no todos buenos, pero que me ha hecho pensar bastante sobre los distintos problemas que ha tenido y sigue teniendo la política en España.

Un par de datos personales para que se entiendan algo de lo que luego diré. Milité en el PSOE entre 1975 y 1983 del que me fui porque la política que se hacía era siempre hacia dentro del partido. Cuando entré, en Madrid había algo más de setecientos afiliados, un año después éramos más de siete mil. Creo que algo parecido sucedió con Podemos. Hasta que apareció este partido no estuve en ningún otro grupo político. Me limité a ir a decenas de manifestaciones. Cuando apareció Podemos recuperé algo de la ilusión perdida hace tiempo, me inscribí, fui apoderado en las elecciones autonómicas de 2015 y en las generales siguientes y también colaboré con microcréditos para las campañas y luego, durante algo menos de dos años, aportaba una cantidad mensual. Eso sí, mi única actividad fue votar en las distintas internas y tener alguna participación en discusiones en Plaza Podemos donde recibí más insultos y actitudes despectivas que en ningún otro lugar. Nunca se me ocurrió acercarme a ningún círculo (mi mujer sí lo hizo y pronto se cansó). Para terminar esto, que me ha quedado muy extenso, diré que he estado prácticamente siempre de acuerdo con Errejón en los distintos debates y enfrentamientos que ha tenido dentro de la organización.

Lógicamente en el libro se da una versión de los conflictos, una versión de parte, claro. Así, por ejemplo, cuando hubo primarias en Madrid con Espinar como contrincante, Errejón deja la siguiente afirmación: “Ellos saben moverse en ese terreno más endurecido y sucio, más correoso de la pelea del fango. Nosotros no. Nuestra reacción instintiva es no entrar a la pelea y ser elegantes. Creo que está bien serlo, pero perdimos”. (p. 211-212)

Me imagino que alguno de los otros protagonistas tendrán otra interpretación, pero no es eso lo que más me ha interesado del texto, de hecho hay muchas páginas que dedica a la “interna” (por cierto, qué argentino queda eso) que me han aburrido, me han parecido muy reiterativas y sin que aportasen nada nuevo ni interesante, aunque comprendo que las haya tenido que relatar.

Sí me ha interesado mucho el planteamiento de la política que va trazando Errejón casi desde el principio y su evolución hasta terminar en lo que significa hoy. Hay muchos fragmentos que se pueden extraer sobre el particular, el siguiente me parece que refleja bien un aspecto crucial:

 

“De Venezuela vuelvo pensando que la revolución no es tomar el Palacio de Invierno, sino ser capaz de recoger la basura de la calle y que haya agua y comida el lunes siguiente. La vida cotidiana no puede ser heroica. En Ecuador hay mucha menos épica, pero las cosas funcionan razonablemente bien.”. (p. 75)


Seguramente no es para emocionar, pero es que si no es así, ¿para qué sirve todo lo demás? En la misma línea hay otra frase que se repite en el libro: “De nuevo, mejor un paso de cientos de miles que miles de pasos de diez”. (p. 361)

Creo que la idea “errejonista” de la transversalidad era la mejor para romper con ese esquema derecha- izquierda que cada vez estaba quedando más anquilosado. En la misma línea se mueve la idea de lo “nacional-popular” por más que es algo que no termino de captar, o por decirlo mejor, que no termino de saber cómo se puede llegar a articular. De todas formas, todo esto fue arrasado por la facilidad que tiene para mucha gente centrarse en el enfrentamiento de siempre que facilita la comprensión de las cosas y

conseguir una identidad reconocible fácilmente. En este sentido es muy interesante lo que cuenta sobre el manifiesto Mover Ficha propuesto por los anticapitalistas y la postura de Errejón ante el mismo.

Hay muchísimas cosas que merecerían un comentario. El libro tiene 375 páginas sin desperdicio, pero ya me ha salido un comentario demasiado largo para lo que acostumbro. No obstante, no quisiera dejar sin mencionar un par de cosas. Por un lado, el tema de la bandera. Insiste Errejón que incluso hoy no hay que dejarla en manos de la derecha. La idea me parece muy acertada, pero tengo que decir que no me puedo reconocer en esa bandera, no he podido nunca y no porque prefiera la tricolor, sino porque me eduqué en la época de Franco y muchos que venimos de esa época no podemos soportar la rojigualda. Finalmente, una de las cosas que más me gusta del libro es ver a un político que tiene dificultades para dormir o  problemas estomacales, porque siempre procuran dar la sensación de estar a tope aunque las ojeras se vean desde lejos.

Nací en Madrid, en Chamberí, y allí viví hasta que en 1984 me destinaron a Mallorca donde decidí quedarme hasta hoy. Es decir, más de la mitad de mi vida la he pasado ya fuera de esa ciudad, pero siempre me ha interesado lo que en ella pasa porque, además, cada año la visito varias veces. Hago esta aclaración porque me ha parecido enormemente interesante el siguiente fragmento:


“Madrid no es ya un laboratorio neoliberal; después de más de veinte años de gobiernos ininterrumpidos tenemos que hablar ya de una fortaleza neoliberal. Una fortaleza construida en torno a la economía financiera, el dumping fiscal y el desmantelamiento de los servicios públicos y de cualquier idea de comunidad como herramienta útil para la supervivencia colectiva. Pero también con una gestión neoliberal del deseo, como carrera contra uno mismo para satisfacciones cada vez más efímeras y por el deseo aspiracional de ser como las élites al imitar en barato sus estilos de vida y reproducir su imaginario. Es verdaderamente un bloque histórico sólido, a cuyo favor funciona la geografía económica y política española, que nutre esta fortaleza irresponsable”. (p. 355-356)


En fin, un libro que he leído con mucho interés y también con mucho gusto. Creo que Errejón, si no se tuerce como se han torcido ya tantos, puede ser alguien con un interesante futuro y al que merece la pena apoyar porque plantea temas cruciales y se sale de los esquemas ya muy trillados, pero, desgraciadamente, me he llevado ya los suficientes desengaños como para tomármelo con distancia. (Un añadido: en mi época del PSOE estaba en la “sensibilidad” de Joaquín Leguina: Sin comentarios).

 

 

Íñigo Errejón, Con todo. De los años veloces al futuro.